El intercambio real de prisioneros en la Barcelona de la Segunda Guerra Mundial ya tiene su novela

Detalle de la primera plana de La Vanguardia del 28 de octubre de 1943.

El 27 de octubre de 1943, en el puerto de la ciudad de Barcelona, tuvo lugar un intercambio de prisioneros entre dos contendientes de la Segunda Guerra Mundial. Británicos y alemanes intercambiaron un par de millares de prisioneros, sobre todo heridos, por mediación suiza. Muy cerca de allí, tres chicos de 14 años observaban todo aquel ir y venir de hombres y barcos desde la montaña de Montjuic con unos “prismáticos baratos”. Se habían fumado las clases de Química para ver aquello. La tarde anterior, un guardia civil “bastante simpático” no les dejó pasar hacia el Club Natación Barcelona donde entrenaban y les había advertido que al día siguiente “iba a ocurrir algo de cierta relevancia” en el puerto. Y aquello fue una propuesta demasiado golosa para aquellos adolescentes. La Vanguardia abría su edición al día siguiente con aquel intercambio y titulaba: “Al amparo de la neutralidad española”.

Setenta y cinco años después, uno de aquellos chicos, Fernando Aleu, debuta con su primera novela y aprovecha aquellos recuerdos para construir una historia de rescates desesperados, intriga, sexo y conjuras en El intercambio (Roca Editorial).

Aleu, tras una vida dedicada primero al mundo de la medicina y después en la industria cosmética en la multinacional Puig -en esa vida larga ha coincido con gente tan celebrada como Severo Ochoa o Carolina Herrera- se ha agarrado a sus recuerdos en su debut literario, a los 89 años. Resulta interesante hablar con escritor tan veterano y “virgen en lo literario” como él dice. Su pasión por lo que ha escrito resulta contagiosa: “Me lo he pasado bomba. Escribir esta novela me ha rejuvenecido no biológicamente, sino psicológicamente. Me da una certeza de que hay un mañana; me gustaría escribir otro libro. Ha sido una terapia que me ha salido gratis y ha sido más efectiva que muchos divanes”.

Aleu repite el placer que ha sentido al escribir -cuenta dicharachero que “hace tres años me pegué una torta contra un árbol esquiando y casi me mato y adquirí hábitos más sedentarios como escribir”- y explica que todo nació cuando su nieta le contó que le había explicado en el colegio “la memoria remota” y le preguntó a él hasta donde llegaba la suya. “Le respondí de manera espontánea que me acordaba de aquel día de octubre de 1943. Recuerdo perfectamente aquel día. Es como si fuera ayer”, asegura.

Además de aquellas ‘pellas cotillas’ para observar el intercambio de prisioneros, Aleu tiene otro recuerdo de esos días que ha utilizado para esta novela. “Mi madre tenía un amigo que trabaja en el hotel Ritz. Y ese amigo llamó a mi madre y le dijo que fuera yo allí para ver cómo vivía la gente que realmente vivía bien. Fui al hotel y allí estaba alojado todo el grupo alemán: estaba lleno  de mujeres rubias despampanantes, champán, un ambiente insólito en la Barcelona de aquellos años tristes. Me contó que tenía que cambiar los nombres de los músicos de la orquesta para aquella noche porque casi todos eran judíos y no querían follones. Todo eso se me quedó en la mente: los judíos, lo bien que vivían los alemanes, el intercambio en el puerto”, rememora. Y al leer la novela, uno descubre cómo ha utilizado aquellas vivencias Aleu para su trama.

Fernando Aleu (Cedida por Roca Editorial)

Y así nace El intercambio, una novela donde un grupo de hombres intentan rescatar a, quizá, el único prisionero alemán capturado por las tropas de Montgomery en Egipto que no deseaba regresar a su país: un joven atractivo de 24 años… y judío.

Aleu explica sobre esta novela -que él, tras tantos años viviendo en EE UU escribió en inglés- que espera que esta novela resulte “provocativa” para sus lectores. “Al protagonista, hoy en día, le llamaríamos de sexualidad fluida”, explica. Y resulta que este autor trata el sexo de forma directa y desacomplejada, bastante más que otros autores más jóvenes: “Eso es porque ellos nos son médicos”, responde socarrón, “a través de la medicina lo ves todo, te da horas de vuelo, perspectiva y hasta un cierto cinismo”.

Y, ¿cómo le gustaría que esos lectores dialogaran con el pasado que recrea y rememora en su novela? “Me gustaría que se dieran cuenta que mucho de lo que ahora consideran normal es un lujo asiático comparado con lo que vivieron sus abuelos o padres. La España de los años 40 era tétrica, pobre, disfuncional… Ahora este país es el paraíso terrenal -aún con sus problemas, con la pobreza existente o con el paro que afecta a los jóvenes- y todo el mundo se entera menos los españoles”, asegura este residente en EE UU -“he vivido toda la vida allí”- que asegura que se “considera más españoles que muchos de los que andan ahora mismo por Madrid”.

Por todo eso ve con tristeza y desde lejos “la estupidez política del independentismo catalán” y le apena la situación de su ciudad natal -“están destruyendo una ciudad que hace unos años era incandescente”-.

Y es que, a pesar de recordar aquella Barcelona gris y triste de los años 40, se le nota a Aleu un amor por su ciudad de origen. No lo oculta ni literariamente ni de viva voz: “Soy más barcelonés que catalán”.

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¡Buenas lecturas!

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