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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Valerio Massimo Manfredi: “La literatura crea emociones, una vida sin ellas no merece la pena”

FOTO: Francisco José Villacañas

“Yo no quería escribir la trilogía de Aléxandros y al final fue la obra que me cambió la vida”, el destino, al final, parece que se impuso en la carrera literaria de Valerio Massimo Manfredi. Así me lo explica cuando charlo con él en Úbeda. Es la segunda vez que le entrevisto este año: la primera vez fue por teléfono y hablamos en profundidad sobre su última novela histórica, Teutoburgo (Grijalbo, 2017). Ahora, ya en persona, conversamos sobre su carrera, sus grandes éxitos, el cine, su visión de la historia y la actualidad.

Faltan aún horas para que una pequeña unidad de legionarios romanos escolten a Manfredi hasta un abarrotado salón de plenos del Ayuntamiento de Úbeda para presentar su última novela en el Certamen Internacional de Novela Histórica de la ciudad. Me encuentro con él en la última planta de un torreón acristalado de un palacio renacentista reconvertido en hotel de lujo. A nuestros pies, el espectacular casco histórico de la localidad jienense y, más allá, los célebres cerros cuajados de olivares. El escritor italiano desborda pasión y no elude ningún tema. Ni siquiera Cataluña, cuyo movimiento secesionista considera “una locura, un error”.

Pero no nos adelantemos. Empiezo preguntándole sobre su doble faceta como escritor de ficción y arqueólogo, labor esta, quizá más desconocida para el gran público.

Nunca he dejado la actividad científica. De hecho ahora estoy trabajando como director de una empresa arqueológica. Está claro que mi carrera académica ya concluyó años atrás, pero mi actividad prosigue. Son actividades paralelas y con muchos aspectos en común. No tienes que dejar de estudiar si empiezas otro tipo de labor. Soy muy curioso, me gusta tener nuevas experiencias. Ahora tengo una posibilidad importante en el cine, porque hay un productor norteamericano que ha leído todas mis obras y se han interesado mucho por asegurarse la disponibilidad de todas las que no han sido vendidas ya. Es algo que me despierta mi curiosidad. En la vida es importante tener la mente abierta, no hay que cerrarse en el mismo lugar y en el mismo tipo de interés. Eso sí, reconozco que el éxito de mis novelas, sobre todo la trilogía de Aléxandros, cambió mi vida y no me deja tiempo para mantener el máximo nivel científico. Pero creo que tengo un importante nivel de conocimiento científico y arqueológico. Y lo pienso porque todavía me siguen invitando a citas importantes.

Habla del interés del mundo del cine por tus novelas. Sin embargo, recuerdo la adaptación de La última legión y no salió muy bien…

Sí, aquello salió fatal. Pero piensa que libro y película son distintos medios de comunicación. Un libro de 470 páginas tiene que ser comprimido en un guión de 50 hojas equivalentes. Sólo el viaje de Rómulo Augústulo hasta Britania de aquella obra daba para una película. Hay que simplificar al máximo, también los personajes: tienes un hora y cincuenta minutos para que el público disfrute de todo y reconozca a los personajes. No tienes tiempo, así que difícilmente el lector del libro quedará satisfecho al ver la película. También hay casos de lo contrario, donde la película es mejor que el libro. Pasa eso por ejemplo con El resplandor de Stephen King y la película de Kubrick; y Blade Runner, de Ridley Scott, y el relato de Philip K. Dick en el que se basa. Aunque en este caso lo tenían fácil: siempre es más fácil dilatar una historia que contraerla.

¿Cuál es la novela que más le gustaría ver adaptada a ese formato?

Estos productores de los que te hablaba están muy interesados en El Oráculo. Es una novela muy loca, pero tiene de todo: violencia, misterio, herencia cultural… La idea de que el héroe nunca muere es muy sugerente. De todo eso puede salir una película muy potente.

FOTO: Francisco José Villacañas

Se cumplen 17 años de la llegada de su gran éxito Aléxandros a España. Después de ese tiempo, ¿cómo recuerda y valora esa trilogía?

Fue algo muy curioso. Yo no quería escribir la trilogía de Alejandro Magno. En aquellos años tenía mucho éxito Christian Jacq y mi editor, que lo publicaba en Italia, me pidió escribirla. Yo no quería porque pensaba que me iban a acusar de imitar a Jacq. Pero el director general de Mondadori me dijo: no puedes perder esta oportunidad y, si aceptas, voy a invertir un millón de euros -al cambio hoy, entonces era en liras- en el libro. Le pedí que me dejara pensar y probar. Si me conquista lo que hago, te llamo, le dije. Me fui de vacaciones a los Alpes a casa de un amigo mío y empecé a escribir. Después del deporte, me ponía en mi habitación, con mi música, a escribir. Y continué así durante un mes tras las vacaciones: escribí cien páginas. Telefoneé al editor y le dije: vamos con ello. Fue una idea conjunta del editor y mía, aunque la obra que resultó fue totalmente personal. Fue la obra que me cambió la vida: 73 países, 29 lenguas,… Y piensa que todavía se sigue reimprimiendo en España, en Inglaterra… El libro sigue vivo después de casi veinte años. No es poco.

Era una novela bastante experiencial, te trasladaba a la época de una manera bastante cercana.

Esa es la ventaja de la novela: que te permite disfrutar de esas cosas pequeñas, de la comida, de los olores… La historia no tiene tiempo para esos detalles, no puede producir estudios sectoriales sobre el comercio de los perfumes en la Roma imperial. Pero en una novela pones a una señora con ese olor maravilloso. La historia es la tentativa de la humanidad entera de construir una memoria común, aunque esté dividida. Por eso la historia tiene la obligación de la prueba, como ante un tribunal; por eso en esas obras hay un apartado de notas y una bibliografía. El objetivo es la verdad, aún sabiendo que es imposible porque es un concepto abstracto. Es como intentar acercarse al horizonte: lo sigues pero nunca lo encuentras. Su fin es titánico por eso mismo, persigues una verdad que sabes que nunca lograrás alcanzar. La literatura comunica, no conocimientos como la historia, sino emociones. La historia crea memoria, la memoria crea identidad. Nadie puede vivir sin ellas. La literatura crea emociones. Nadie puede vivir sin emociones. Una vida sin emociones no vale la pena ser vivida.

Y ¿ese punto emocional no puede tener un punto negativo al hablar de la historia?

No lo creo, porque es un tribunal donde los jueces y abogados son de todo el mundo. No se puede ocultar nada. Todos, en todo el mundo, trabajan para perseguir la verdad. Antes o después, la verdad posible se manifiesta. La historia es un punto de vista, pero la honestidad intelectual es la base de investigación histórica. Hay muchas opiniones y un balance continuo. Todo esto es bastante para controlar esa deriva: tu escribes algo, y otro lo lee y te contesta. El enfrentamiento es continuo en la historia. Esto no pasa en la literatura, porque el autor es el único testigo de lo que narra.  Sin embargo, una persona como yo, que ha visitado las fuentes históricas de forma continua durante toda la vida, tiene elementos, hipótesis, que no se te pasan porque controlas el método histórico y la crítica de las fuentes.

Por ejemplo, nosotros sabemos hoy en día sabemos muy bien que el nacionalismo alemán fue una locura total, una destrucción de la razón, una violencia sin justificación. El veredicto de la historia ya se ha pronunciado, también en Alemania.

Sí, pero actualmente están volviendo a resurgir los nacionalismos…

El nacionalismo es la derivación de una consideración exagerada de la identidad. Es natural y no podemos cancelarlo. En Francia el espíritu del nacionalismo fue atemperado por la Ilustración, pero en Alemania también hubo un desarrollo filosófico muy interesante que no fue suficiente para frenar la catástrofe.

¿Conoce lo que está ocurriendo en Cataluña?

Estoy perfectamente informado sobre este asunto. Admiro muchísimo a los catalanes, son personajes interesantísimos. Comprendo el catalán al 90%, sin haberlo estudiado, porque es muy parecido a los dialectos del norte de Italia, también en su musicalidad. Me gusta mucho Barcelona, pero yo pienso que lo que proponen es una locura. No quiero ser ofensivo, pero es un error. No pasa nada con la independencia. No van a tener nada que ya no tengan, tienen una capacidad de autonomía muy fuerte. No se puede fundar una independencia solo porque son más eficientes, más ricos. Es como ocurre con la Liga Norte, que ahora se llaman solo Liga porque no tienen futuro. Los catalanes son importantísimos como parte de España y de Europa. Los necesitamos. Las grandes empresas se van porque no puedes estar fuera. Mira a los ingleses, están en una situación muy difícil y peligrosa: si hicieran otro referéndum, el brexit perdería.

Quizá porque vendieron una imagen de lo que ocurriría que era falsa…

Claro que sí. Europa necesita a Inglaterra: es una gran cultura, es una parte importante y es el sueño de Augusto, de la unificación de Europa hace 2000 años. La UE es el experimento político más audaz de todos los tiempos: todos lo pueblos que se han combatido durante trece siglos, cubriendo de sangre el continente, dicen basta y se sientan y proyectan un futuro diferente. Es maravilloso, es una utopía fantástica. No debemos crear un fraccionamiento que no tiene futuro, está fuera del tiempo. ¿Y después qué? ¿Cataluña va a competir con EE UU, China o la Unión Europea? No tiene sentido. Con todo el afecto que tengo a los catalanes les digo: por favor, no lo hagáis.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser ISB

    ¡Y qué importante es educar y sacar partido a nuestra inteligencia emocional!
    Inteligencia emocional y social https://dametresminutos.wordpress.com/2017/11/11/inteligencia-emocional-y-social/

    07 diciembre 2017 | 11:38

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