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Entradas etiquetadas como ‘hombre’

¿Quién ganará, el hombre o la máquina?

Por Rafael De Lecea Jiménez 

Tecnología VS Humanos (EUROPA PRESS).

Tecnología VS Humanos (EUROPA PRESS).

¿Vencedores o vencidos? Se dice que Albert Einstein un vez dijo: “El día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad el mundo solo tendrá una generación de idiotas”. No sabemos si de verdad lo dijo, pero eso no le quita razón a la frase. A raíz de aquí les invito a hacer autoreflexión, yo el primero:

¿Cuánto tiempo empleamos en usar el teléfono al día? ¿Cuántas veces, incluso cuando estamos con nuestros amigos, estamos más pendientes del aparato que de ellos? ¿Realmente hemos progresado con la tecnología?

 

La proliferación de las carreras sexistas

Por Lidia Arribas

Carrera de la mujer en Gijón (Carrera de la mujer).

Carrera de la mujer en Gijón.

Últimamente proliferan las carreras para mujeres y yo, corredora popular desde hace muchos años, no acabo de entender el motivo que lleva a los organizadores a vetar la participación a los hombres.

No estoy dispuesta a participar en esta prueba, cuya base es la discriminación por sexo y aumentar los beneficios de unos pocos, encubierto en carreras benéficas.

 

Quiero correr de rosa en la Carrera de la Mujer y no me dejan por ser hombre

Por Pedro García Moreno

Más de 30.000 mujeres participando en la Carrera de la Mujer de 2014 (EFE).

Más de 30.000 mujeres participando en la Carrera de la Mujer de 2014 (EFE).

Quería comentar algo que a mi parecer va en contra de la idea de la lucha contra el cáncer de mama que plantea la organización de la Carrera de la Mujer que se celebra este domingo.

Mi prima me inscribió en la carrera que se celebra este domingo en Madrid. No tengo intención de competir contra nadie, ni de llevarme ningún trofeo, sólo quiero compartir ese momento con mi madre, mi tía, mi prima Rebeca y la novia de mi hermano. Pagué por mi dorsal porque me parece un evento importante, entiendo que es una competición para mujeres, pero más allá de eso es un evento que trata de concienciar a la gente contra el cáncer de mama; enfermedad que también podemos sufrir los hombres.

Según la organización y pese a haber aceptado la inscripción como varón y el pago de la misma por una buena causa, no puedo correr por ser hombre, y la solución que me dan es devolver el dinero.

Repito, mi intención no es ganar, es pasar un día con las mujeres de mi familia que participan en la carrera. Me quiero poner la camiseta rosa y estar ahí con mi dorsal. ¿Por qué no existe un dorsal cero para los hombres que queremos apoyar esta iniciativa como comenta una participante? Esto debería ir más allá del sexo de las personas, debería ser igualdad ante una enfermedad. En mi familia perdimos a mi abuela muy joven por un cáncer de matriz, y una de mis mejores amigas sufrió un cáncer de mama del que ha logrado salir. Solo quiero apoyar la iniciativa.

 

Humanos contra tecnología

Por María José Viz Blanco

Imagen promocional de la tecnología LiFi (PURE LIFI).

Imagen promocional de la tecnología LiFi (PURE LIFI).

Necesitamos de la tecnología para prácticamente todo en este siglo XXI en el que vivimos. Pero, cuando la máquina falla… ¿es posible encontrar soluciones?

El factor humano parece quedar relegado ante la preponderancia de lo tecnológico, aunque, paradójicamente, haya sido el propio hombre quien la haya creado para hacer la vida más fácil de sus congéneres.

Si pensamos en un coche de los que acaban de salir a la venta, sea cual sea la gama, podemos ver que tienen la mayoría de sus funciones automatizadas. Cuando todo funciona, es maravilloso, pero cuando falla alguno de esos mecanismos, manualmente no se puede conseguir que funcione prácticamente nada. Y quien dice coches dice, por ejemplo, las persianas eléctricas en nuestros hogares que, si tenemos la mala suerte de que se vaya la luz, sin haberlas subido seguimos estando a oscuras, en pleno día.
Más importancia tienen los fallos en maquinarias industriales que suponen un parón en la cadena de producción y grandes pérdidas económicas.
Es necesaria e imprescindible la mecanización en determinadas tareas y ámbitos, pero todo ello no tiene sentido sin la mano de personas físicas que sepan, por un lado, sacarles el máximo partido y, por otro, solventar posibles anomalías. No existe, pues, enfrentamiento, sino una necesidad mutua.  Estamos todos en el mismo barco, con un objetivo común: hacer la vida más cómoda y fácil.

Reacción social ante la copiosa lluvia de comportamientos machistas

Por Alejandro Prieto Orviz

El cantante, Alejandro Sanz, en un concierto a principios de enero en Madrid (Gtres).

El cantante, Alejandro Sanz, en un concierto a principios de enero en Madrid (Gtres).

La radio hace compañía, estimula la risa, crea asombro, imprime ritmo, nutre la mente, exhala esperanza y genera lágrimas de indignación o tristeza.

Escuchando el testimonio de una mujer que, hace más de trece años sufrió el secuestro, la violación, el apuñalamiento y el posterior abandono entre la maleza pensando que estaba muerta, me vino a la cabeza el gesto que tuvo el cantante Alejandro Sanz durante un concierto ofrecido en México, interrumpiendo la actuación para reprobar la conducta de un hombre que maltrataba a una mujer.

Y es que, según lo manifestado en las ondas por la víctima que sobrevivió a la agresión referida anteriormente, además de las secuelas psicológicas y físicas padecidas desde entonces, aún siente las punzadas causadas por la expresión del magistrado (en referencia al violador) que atendió y se hizo cargo de su denuncia, en la que declaró que “perdió la cabeza por ser un chico joven ante una chica bonita”.

Aunque el avance no alcanza la velocidad y profundidad deseada, parece que el tratamiento de impermeabilización social aplicado ante la copiosa y tradicional lluvia de atropellos y comportamientos machistas va arrojando resultados satisfactorios.

 

Ni machismo, ni feminismo, ni hembrismo: igualdad

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Manifestación por los derechos de las mujeres. (Archivo)

Por Ramón Belmonte

Ni machismo, ni feminismo, ni hembrismo, ni radicalismo, ni nada. Como todos somos iguales, igualdad. Porque lo dice la palabra: iguales, igualdad. Deducción lógica. En feminismo aparece la palabra femenino. Y eso es igual que machismo, porque aparece la palabra macho, y claro, eso quiere decir que un género es superior. Pero en igualdad solo aparece igual, así que igualdad. Porque la igualdad, como de todos es sabido, se reproduce por esporas.

Recientemente he comenzado a ver una serie magnífica donde las haya, tanto por su reflejo de la sociedad estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, consumista, capitalista y, curiosamente, represiva respecto a ciertas ideologías (vaya, vaya…), como por el tinte clásico del cine de los 60 o 70, con tanto humo y alcohol de por medio, que quién la haya visto entenderá por qué lo digo. Pero podemos exprimir esta serie algo más. Si observamos la serie desde una perspectiva de género y, como he comentado antes, una realidad social que de verdad ocurría, la mayoría de las personas nos quedamos atónitas y perplejas al ver el grado extremo de cosificación, paternalismo (en el sentido más negativo), menosprecio, marginación y desprecio al que se veían sometidas las mujeres. Y hasta no hace mucho.

Debemos entender, en primer lugar, que la tremenda desigualdad imperante que era visiblemente aceptada no ha desaparecido, únicamente se ha invisibilizado. Porque no nos engañemos, el machismo, al igual que el capitalismo, se transforma, varía y muta según la evolución cultural e histórica, adaptándose y perviviendo. Que tu atareado cerebro embotado por la parrilla televisiva de hoy en día no te permita verlo no significa que no esté. En segundo lugar, debemos entender que la espiral pauperizadora del machismo es histórica, en su primera raíz, más biológica que cultural; en su segunda, más cultural que biológica, consciente, construida, impuesta, basada en los roles reproductivos.

En tercero, comprender que el feminismo no es algo de “unas locas de ahora” que “no tienen nada que hacer” o que “solo saben quejarse” (por favor, eso es machismo…), sino un movimiento político. Sí, político, con una trayectoria histórica continua y de victorias sumativas considerable. En cuarto lugar, aprehender y aprender la diferencia entre el sexo que biológicamente desarrollamos al nacer (nuestro aparato reproductor, a grandes rasgos) y el género, el cual es una construcción cultural puesto que los roles que desempeñan y vienen asociados a cada uno de los dos, hombre y mujer o masculino y femenino (simplificándolos a dos), varían en función de la sociedad espacial en la que nos centremos, y también en el tiempo. Esto es, si existe la idea en el imaginario colectivo de que lo femenino es rosa, muñecas y pastel y lo masculino es rojo, coches y dureza, no es porque venga escrito en unas piedras mágicas entregadas a un barbudo o porque broten las ideas de las flores, sino por ser imposiciones sociales que percibimos y absorbemos desde el momento de la mínima consciencia.

En quinto lugar, y creo que uno de los aspectos más importantes que debe ser fuertemente reforzado, divulgado y comprendido por el grueso más amplio de la población, las conquistas sociales, económicas y políticas conseguidas en favor de la igualdad material, real y efectiva en el género, entre el hombre y la mujer, han sido, sin duda alguna, gracias al movimiento feminista, tanto el original, sufragista y natural, como al movimiento feminista radical. Ojo, radical, de su vertiente latina, radicalis – radix, raíz, que llega hasta la raíz- (no las que queman contenedores); gracias al cual se han conseguido los mayores avances socio-culturales modernos desde los años sesenta y setenta hasta nuestros días.

Por tanto, por tradición, por realidad, por conciencia, por inteligencia y, por favor, por respeto, ya basta. Dejemos de asumir la igualdad como si hablásemos de la polinización de una flor o del crecimiento de una seta. La igualdad no se desarrolla por ósmosis ni crece debajo de las piedras. La igualdad de género, es, ha sido, y será gracias al feminismo, a la fuerza incesante e inamovible de muchas mujeres que, como la marea, han conseguido desgastar un sistema fuerte como las rocas y alcanzar objetivos inimaginables hasta, como decíamos arriba, hace apenas unas décadas.

Gracias a mujeres y a hombres feministas podemos hablar hoy de igualdad y equidad de género. Gracias a personas, que deconstruyen y construyen las identidades sociales y las construcciones culturales para generar un cambio político y personal. Así que no, por si aun cabía duda, el machismo no es igual que feminismo, ni la igualdad es diferente al feminismo, ni el feminismo radical es una vaginodictadura ni cualquier historia que podáis escuchar en los vídeos de Álvaro Ojeda.

Si creéis en la igualdad, creéis en el feminismo; difundir la errónea idea de que el machismo es igual que el feminismo es minar el camino que tan difícil ha sido construir y que solo está a la mitad de alcanzar la verdadera igualdad real.

PD: El hembrismo no existe.

Violencia machista: homicidas que antes amaron con intensidad a mujeres a las que acaban asesinando

Por Agustín Arroyo Carro

Violencia machista.

Precinto policial en la puerta de la vivivenda de una mujer asesinada por violencia machista. (EFE)

¿Qué ocurre en la mente de muchos hombres que pasan de amar intensamente a odiar con la misma intensidad a sus mujeres o exparejas? La frontera entre el amor y el odio o la repulsión más acerba es muy delgada, y es fácil transitarla en muy poco tiempo. Algunos hombres no soportan la frustración de asumir la ruptura con las mujeres que habían creído, falsamente, de su propiedad.

Nadie es propiedad de nadie, porque los seres humanos no somos mercancías ni entes cosificables sometidos al tráfico mercantil o al trueque. Las mujeres cometen tantos errores como los hombres en las relaciones amorosas, pero esto no justifica en absoluto la agresiva y enloquecida criminalidad de la que son objeto cada día a lo largo del año. Ya son 53 las víctimas mortales en España de homicidas que antes amaron con intensidad a esas mujeres a las que acaban asesinando. ¿Y cuántas más son agredidas psicológicamente, semana tras semana, con insultos, desprecios, vejaciones, ninguneos, humillaciones varias y acosos, soportando este calvario en silencio y con una tristeza resignada porque no se atreven a poner fin a una relación que las envilece y amarga?

“El infierno son los otros”, decía Sartre, y en este caso, esas miles de mujeres están viviendo esa condena en vida que no merecen soportar ni un segundo más. La sociedad española debe reaccionar ya ante esta lacra social que parece no tener fin.

No más violencia de género

Por Eva Rodríguez

Tiroteo en Llíria.

Policía acudiendo ante la alerta por el asesinato de las dos mujeres que fallecieron en Llíria (Valencia). (EFE)

Ver el telediario a la hora de la cena se ha convertido en un deporte de riesgo. Con cada bocado que ingiero, introduzco en mi cuerpo una dosis de violencia y odio que no hace más que minar mi fe en la humanidad. Esta vez el fin de semana ha traído nuevas víctimas a la lista de muertes por violencia de género, cuatro más en total. Escucho que los asesinatos han sido cometidos en diferentes localidades del territorio español. Parece que se tratara de una epidemia que está lejana y que no me afectará. Los medios, la sociedad, los psicólogos y, en definitiva, todo el mundo con dos dedos de frente recalcan que el machismo es el nuevo mal que nos rodea y señalan al hombre como brazo ejecutor de esta maldad.

En este momento del discurso es cuando caigo en la cuenta de que la culpa no es enteramente del hombre sanguinario, misógino y desequilibrado que se dedica a cercenar la vida de las mujeres que lo rodean. Dos amigas mías sufrieron maltratos por parte de sus parejas pero esa situación no fue repentina, ellas aguantaron muchos pequeños “gestos” porque los consideraban muestras de amor de sus parejas.

Las “soluciones” propuestas se centran en educar al hombre para respetar a la mujer pero nadie habla de educar a la mujer para respetarse a sí misma y no tolerar faltas de respeto. El «quien bien te quiere, te hará llorar» ha llegado muy lejos y en nuestras manos está pararlo.

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Por Marta Baró

Maifestación contra la violencia de género.

Manifestantes con pancartas reivindicativas en la primera marcha estatal contra la violencia machista. (SERGIO FRANCO)

En menos de 24 horas, dos asesinatos por violencia de género en España, uno en Córdoba, otro en Valencia. ¿Hasta cuando estos asesinatos estarán rodeados de silencio judicial? ¿Cuántas mujeres más tendrán que morir para que sus sufrimientos sean escuchados y tenidos en cuenta por la Justicia? ¿Qué se quiere demostrar con manifestaciones multitudinarias si estas no sirven para atajar sus muertes, su dolor, su día a día? Tal vez en vez de debatir entre asignaturas de ética o religión, debería proponerse la de “Convivencia”, impartida desde la tolerancia 0 hacia el maltrato y con la igualdad de sexos como telón de fondo.

Mientras esto no suceda, las mujeres continuaremos siendo víctimas cada vez que intentemos ser nosotras mismas.

¿Qué pasaría con las leyes si las víctimas fuesen hombres y las asesinas mujeres? ¿Continuarían estancadas en el mismo punto?

Quijotes para guiar a los Sanchos

Por Pedro Argüello Mur

Siempre llamaron mi atención los versos finales de la primera copla de Jorge Manrique, aquellos que dicen: «cómo, a nuestro parecer / cualquier tiempo pasado / fue mejor». Pero Manrique no es el único. Existen muchas otras referencias a este tópico en la literatura, como por ejemplo en el mito grecolatino de las edades del hombre relatado por Hesíodo, en el relato del Génesis, y hasta en el lenguaje coloquial, pues ¿quién no ha escuchado a un anciano decir aquello de «esto en mis tiempos no pasaba»?

(MICHAEL HUGUES)

(MICHAEL HUGUES)

Y sin embargo, aunque se trate de un pensamiento común a todas las generaciones, a mi parecer en la mía es una gran verdad: una generación perdida, carente de ética, sin más dioses que la lujuria y el dinero, una generación de hombres despojados de su alma, máquinas, una masa uniforme de la que nadie se separa no sea que le tachen de loco. Y hacen falta locos, Quijotes que defiendan los más puros ideales del hombre; Quijotes que busquen la verdad, Quijotes honrados, Quijotes humanistas; Quijotes que, ante una sociedad que les tacha de arcaicos o de locos, no renuncien al camino de la virtud, por el cual el hombre alcanza la felicidad y perfección. Quijotes, locos al fin y al cabo, que iluminen, enseñen y lideren a los Sanchos que les siguen.

 

 

 

Soy un hombre nuevo capaz de orinar sentado

Por Pedro Serrano

Cuando siendo chicos nos juntábamos para jugar, algunas veces hacíamos apuestas para ver quién de nosotros llegaba más lejos con el chorro al orinar. Ahora en mi casa, décadas después, intento convencer a mi hijo, que ronda los treinta, de que lo importante no es llegar lejos, sino acertar en el blanco. Por eso le digo que la única manera de que un hombre atine de verdad es hacerlo sentado. Pero él se resiste, y lo entiendo, porque a esta edad todavía se piensa que sentarse para hacer pis es cosas de nenas y que la hombría consiste en hacerlo erguido y llegar lo más lejos posible.

Váter

Imagen de un váter (ARCHIVO)

Por mi parte, asumiendo con humildad que cada vez yerro más el tiro, he decidido predicar con el ejemplo y en casa ya me siento para orinar. Pero no se crean, tampoco a mí me resultó sencillo tomar esta decisión. Decisiones de este tipo necesitan del correspondiente proceso mental que a uno le permita dejar la autoestima en un nivel aceptable. Y es que, cuando uno es joven, le han educado para ser un machote y no ha tenido entre sus quehaceres domésticos la responsabilidad de limpiar el baño, es lógico que te resistas a dejar de mear derecho y, no pocas veces, fuera del tiesto.

Hoy en día soy un hombre entrado en años, pero también un hombre nuevo capaz de orinar sentado sin temor a que la testosterona se me escape por el desagüe; hoy soy un hombre nuevo que colabora en las tareas domésticas y, por tanto, capaz de comprender y valorar el trabajo que ellas, nuestras mujeres, han hecho y siguen haciendo sin el debido reconocimiento y consideración.