Archivo de septiembre, 2019

‪Mucho ánimo a todos esos padres que tienen que llevar a sus hijos a diario llorando al colegio‬

Llevar todos los días a tu hijo a rastras al colegio es duro. Llevarlo a diario entre llantos, con pataletas y protestas, dejarlo por un buen puñado de horas en un sitio en el que no quiere estar, es muy difícil.

No es lo habitual. La mayoría de los niños van con normalidad o incluso contentos. Pero siempre hay algunos a los que les cuesta especialmente. A ellos y a sus padres.

Empiezas el día imponiéndote a la persona que más quieres, viéndola infeliz. No es precisamente la mejor manera de arrancar la jornada. Te mina por dentro, te hace cuestionártelo todo. Los motivos por los que no quiere ir con tanto empeño, lo que puede estar pasando entre esos muros, el que tenga que empezar el colegio con tan solo tres añitos,  la suerte que tienen los adultos que llevan niños felices de la mano por el mismo camino, si habrás errado eligiendo centro…

No funcionan las promesas de premios y castigos. Tampoco intentar razonar: “ya eres mayor”, “tienes que ir a aprender igual que yo tengo que ir a trabajar”. No queda más remedio que apretar la mandíbula, encoger el corazón y dejarle en el colegio a la fuerza.

La necesidad obliga. A todos.

A veces no llora, a veces su pequeño cuerpo rebosa triste resignación. Puede que indignación. No es mucho mejor.

Suele suceder así con los niños más pequeños. Y da igual que hayan ido o no a guardería o que sus padres hayan estado con ellos en casa o lejos, trabajando. También con niños con discapacidad, cuya capacidad para adaptarse a los cambios o expresar sus preocupaciones es limitada. Con niños mayores y adolescentes el no querer arrancar el curso se manifiesta de otras formas. Es preciso estar más vigilantes, las estrategias son otras, las causas y los riesgos también.

Sabes que ahí dentro no está experimentando nada malo. Todos los niños sobreviven a los primeros días de colegio. Cuando está dentro del recinto lo pasa bien, o al menos eso te han dicho. No te preocupes y no pierdas los nervios. Mucha paciencia, porque nuestros hijos merecen nuestra empatía, nuestro cariño, pero jamás violencia física o verbal. Que no pasa nada si perdiste los nervios puntualmente. Sabes que no es la manera y procurarás que no suceda de nuevo.

Te lo repiten y te lo repites. Ya, ya. Está clara la teoría. No lo está tanto cuando te ves envuelto cada mañana en el mismo pequeño gran drama cotidiano.

No queda más que hacer acopio de fuerza y ánimos.

Pasará.

Ánimo.

GTRES

‘La búsqueda de la felicidad’, un juego de mesa con el que aprender que nada tiene más valor que el tiempo

Este verano hemos disfrutado de numerosas partidas a un buen puñado de juegos de mesa con mi hija de diez años. Un disfrute que continúa durante este arranque de curso. Ayer mismo, sin ir más lejos, fue a lo que más nos dedicamos. El mal tiempo invita a ello.

Uno de los títulos que más hemos jugado estas últimas semanas es La búsqueda de la felicidad, de David Chircop y Adrian Abela.

Fue mi santo el que lo descubrió y pensó que podría ser interesante para jugar con niños. Llegó un día hablando de un juego en el que tenías que vivir una vida con el objetivo de ser feliz, estudiando, teniendo hobbies, trabajando para conseguir dinero con el que poder comprar cosas, encontrando una pareja, etc.

Hemos podido constatar que, efectivamente, puede tener buenas enseñanzas para los niños. La más importante es que lo más valioso que tenemos, es nuestro tiempo. Nuestras acciones están designadas por el número de relojes de arena que tenemos, que disminuyen cuando llegamos a la ancianidad hasta terminar muriendo.

Tener una pareja consume mucho tiempo. También las aficiones (que suelen ser individuales pero también en algunos casos grupales para todos los jugadores) y la formación. El trabajo, por supuesto, gasta muchos relojes de arena, sobre todo si ascendemos. Ganaremos más, pero tendremos menos tiempo para otras actividades o nuestra familia.


Gestionamos nuestro tiempo, nuestro dinero, pero también otros conceptos: el conocimiento, la sociabilidad y el ingenio. Los distintos aprendizajes, oficios y parejas requerirán que tengamos más de unas características que de otras. Y hay aficiones, compras y parejas que nos procurarán también estos tres conceptos.

Es un juego que tiene mucho sentido del humor. Si escoges como afición la equitación, empiezas montando en pony y acabas en unicornio. Si haces artes marciales, el último nivel es ninja.

Es divertido además ver en qué nos estamos convirtiendo: un profesor aficionado a los juegos de mesa que va a concursos de la tele y tiene una tartana como coche; un crítico de arte con una pareja que buscaba en él sus conocimientos que escribe poesía y colecciona sellos; un cirujano sin pareja que escribe novelas y que no para de comprar cosas.

En La búsqueda de la felicidad Nuestro enemigo es el estrés. Forzarnos a alcanzar más de lo saludable acortará nuestra vida. Hay aficiones, no obstante, que la alargarán, como comer sano o correr maratones. Al principio nos hará un poco infelices, pero a la larga merecerá la pena.

Al final la felicidad es lo que cuenta. Ganará aquel que haya muerto siendo más feliz, no aquel que lo haga más tarde.

El juego de Artipia es una puerta abierta a muchas reflexiones, muchas conversaciones con nuestros hijos mientras o tras jugarlo. La necesidad de estudiar, de elegir bien tu camino, de aprovechar el tiempo… Es una idea estupenda, que desgraciadamente no se ha traducido en un juego sobresaliente. Sí notable. Coincido con el 7,3 que tiene adjudicado en la BGG.

Por ejemplo, el sistema de jubilación es mejorable. Alcanzar la jubilación es algo muy poderoso porque aunque se reducen tus ingresos vuelves a disponer de tanto tiempo como en la adolescencia al mismo tiempo que tienes unos ingresos asegurados. El problema es que es obligado a ascender en tu trabajo para llegar a ese retiro. Hay tres niveles en distintas rutas laborales, científicas, artísticas y sociales. Si quieres jubilarte, aunque tengas los requisitos necesarios, estas vendido a que salgan las cartas que te lo permitan y eso es fácil que no pase. Jubilarse es demasiado complejo. Y poco realista que requiera del obligado ascenso.

Tras varias partidas nuestra impresión también es que tener pareja no es algo que compense especialmente. El juego invita a la soltería o a buscar pareja en el ocaso de la vida, porque el tiempo que consume no se traduce en demasiados beneficios.

Permite hasta cuatro jugadores y cada partida, una vez ya sabemos jugar, dura en torno a una hora. Está recomendado para mayores de doce años, pero niños más pequeños que tengan el suficiente interés pueden jugarlo perfectamente. Ya os he contado alguna vez que la edad recomendada de las cajas es solo orientativa. Se puede encontrar por algo menos de 50 euros.

La política e intereses aledaños deberían quedar al margen de los libros de texto

Muy hartos tienen que estar los editores de libros de texto de cómo las comunidades autónomas gestionan sus competencias educativas queriendo meter mano al contenido que llega a nuestros hijos. Tienen que estar muy hartos, porque el director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, se ha quedado a gusto soltando todas las barbaridades que les piden desde las consejerías y denunciando que “los políticos presionan y además utilizan mecanismos bastardos para que los libros digan lo que ellos quieren y no lo que la ciencia dice”.

Ahí es nada. Un buen mazazo verbal dirigido a los que se supone servidores públicos. Pero de impacto relativo, porque a pocos les (nos) sorprende que estén obrando así.

Algunos de los ejemplos que facilitó: resulta que en Cataluña quieren que no se hable de los Reyes Católicos y que se aluda a una “corona catalanoaragonesa” que jamás aparece en ningún documento de la Edad Media.; e Valencia quieren censurar a Fernando Lázaro Carreter, escritor que llegó a ser director de la RAE, porque dijo que el valenciano era un dialecto del Catalán; en las Islas Canarias no quieren que aparezcan los ríos.

Lo piden en reuniones de viva voz, asegura Ávila, porque no se atreven a ponerlo por escrito.

Todo eso se traduce en 450 normas autonómicas y 51.528 libros diferentes. Un carajal de cuidado.

José Moyano, presidente de la Asociación Nacional de Libros de Enseñanza (Anele), quiere un “currículo homogéneo de sentido común”. Y no parece en absoluto una petición descabellada dado lo que cuentan.

¿Deberían los libros de texto ser iguales en toda España? Pues sinceramente, no veo inconveniente. No voy a pedir el retorno de las competencias transferidas a las Comunidades Autónomas, pero en demasiados casos deberían ejercerlas con más sentido común y ánimo de acordar soluciones comunes a todo el territorio.

¿Ponerse de acuerdo pensando en lo mejor para la población y no en lo mejor para las instituciones autonómicas y sus represenantes? Ya. Soy consciente de lo imposible de esta petición.

Los libros de texto no deberían ser instrumentos para aleccionar a futuras generaciones, para reescribir la historia, para defender estrategias o impulsar conceptos nacionalistas mal entendidos. Los libros de texto son, o deberían ser, instrumentos para que nuestros hijos afiancen conocimientos que les sean útiles en un futuro, conocimientos ciertos y relevantes.

No debería ser demasiado pedir que en la elaboración de los libros de texto participen técnicos, expertos bien preparados, y que la política e intereses aledaños queden al margen.

Aunque al final tal vez lo deseable va a ser que los libros de texto apenas existan en los primeros ciclos y no se sigan al pie de la letra, sino de manera flexible, en los siguientes.

Los niños de Infantil no los necesitan y los de Primaria en corta medida si el centro educativo apuesta por otros sistemas como el trabajo por proyectos o la elaboración de materiales propios y otras estrategias educativas. En cursos posteriores pueden ser solo una guía que seguir de manera flexible en manos de un profesorado al que queremos bien formado, motivado e intencionado.

Por pedir…

(GTRES)

Ludo Ergo Sum, unas jornadas solidarias dedicadas a los juegos de mesa y de rol

Este fin de semana (viernes tarde, sábado y domingo), tienen lugar las jornadas Ludo Ergo Sum (LES) en Madrid. Una cita clásica para los aficionados a los juegos de mesa y de rol que se repite cada mes de septiembre. En este caso en un nuevo emplazamiento, en La Nave de Villaverde.

Nosotros vamos sin falta desde hace varios años. Un día del fin de semana está dedicado por completo a las LES. Vamos con Julia, que ahora tiene diez años, y allí coincidimos con amigos y familia que van con sus hijos. El sábado o el domingo pasan volando descubriendo nuevos juegos de mesa y jugando al rol, en las partidas que allí se organizan, para niños y mayores.

Son solidarias porque a sus organizadores, a los voluntarios de camiseta naranja, lo que les mueve es la pasión por difundir y disfrutar de este tipo de entretenimientos y también porque buscan recaudar recursos para el Banco de Alimentos. La entrada es gratuita (mejor inscribirse desde su web previamente que en el momento) pero solicitan que llevemos al menos un kilo de comida para donar. Y organizan un mercadillo solidario al que podemos llevar juegos y también comprarlos a buen precio.

Y hay mucho más, siempre hay charlas y actividades paralelas recomendables, tiendas con todo tipo de productos relacionados con estas aficiones y otras aledañas, un bar con cosas ricas y baratas, torneos, miniaturas, etc.

Este año me ha llamado la atención El juego de la ciencia, una mesa redonda con científicos, divulgadores, autores de juegos y docentes (hay mucho profe en las LES), una yincana y una zona de demostración de juegos de mesa con base en la ciencia.

Y también este concurso infantil de creación de juegos:

En definitiva, es un fantástico plan familiar si estáis por Madrid. Os animo a acercaros a conocer juegos de mesa y a disfrutar de alguna partida de rol en un ambiente sano y constructivo. En la web oficial tenéis más información.

Hay que acercarse a vivir las LES sin prisas para entender todo lo que son y nos pueden aportar.

Y termino dejándoos un par de lecturas sobre la diversión y los beneficios para los niños de los juegos de mesa y de rol.

Las fotos usadas en este post son de la web de las LES.

Pasar más tiempo ante una pantalla no se traduce necesariamente en hacer menos ejercicio físico

Estoy leyendo los resultados preliminares del Estudio PASOS (Physical Activity, Sedentarism and Obesity in Spanish Youth) de la Fundación Gasol.

Los datos que arroja, obtenidos de más de 3.000 niños de centros educativos de toda España, los tenéis en esta noticia perfectamente explicados, pero os resumo las tres conclusiones más obvias:

  • Casi el 65% de los niños y adolescentes españoles (entre 8 y 16 años) no llega al mínimo de 60 minutos diarios recomendados  de actividad física moderada o vigorosa.
  • Casi el 80% exceden en fin de semana y el 54% entre semana las dos horas diarias máximas recomendadas por la OMS ante las pantallas (teles, móviles, tablets, ordenador y consolas).
  • Casi el 35% de los niños adolescentes presentan sobrepeso u obesidad.

Más tiempo del debido dedicado a las pantallas y poco tiempo dedicado al deporte, a jugar, a moverse. Y, además, más kilos. No sorprende demasiado.

(GTRES)

Pero no se puede saltar precipitadamente a la conclusión de que las pantallas son causa de que hagan menos ejercicio y, por tanto, engorden más de lo saludable, como en esta gráfica:

Correlación no implica causalidad. Es un básico al leer cualquier estudio y mi compañero Javier Yanes lo explicaba maravillosamente en este post de su blog Ciencias Mixtas:

De hecho, si miramos los datos diferenciados por género, los que más actividad física hacen son los varones. Las niñas y, sobre todo, las adolescentes, se mueven bastante menos. Una constante que se repite desde hace años en todos los estudios que miran la actividad de los menores.

Por otro lado, los que más tiempo pasan ante pantallas son los niños y, sobre todo, los adolescentes.

Es decir:

  •  Los chicos adolescentes son los que más tiempo pasan ante las pantallas, más que las chicas (y que los niños y niñas más pequeños). Y son los que más ejercicio hacen.
  • Las chicas adolescentes son las que menos actividad física tienen, menos que los chicos (y que los niños y niñas más pequeños). También pasan menos tiempo ante las pantallas.

A lo mejor es que la obesidad de los chavales no la podemos achacar entonces únicamente (o por encima de todo lo demás) a consolas, móviles y demás. Lo digo sabiendo que también es una correlación y sin discutir la recomendación de la OMS de que haya un máximo de dos horas al día, ojo, pero también preocupada porque esas tres conclusiones del estudio hiladas (más obesidad, más pantallas, menos actividad física), deriven en demonizar injustamente móviles, tabletas, televisión o videojuegos. Lo nuevo, claro. Como siempre.

El sobrepeso y la obesidad tiene un origen multifactorial complejo.

También me preocupa que se asocie que sedentarismo es igual a pantallas. No es cierto. Leer libros, dibujar (que por cierto, pueden estar leyendo o dibujando en sus tablets), hablar sentaditos del chico o la chica que te gusta o de la última jornada de liga o estar en la academia de inglés, aprender guitarra o cualquier otra extraescolar, o jugar al Catán o al rol también son actividades sedentarias (y no necesariamente nocivas, sino incluso enriquecedoras, igual que pueden serlo las pantallas).

Hay que contrarrestar el sedentarismo al que nuestro mundo moderno nos empuja a todas las edades, cierto. Hay que controlar el tiempo que nuestros hijos pasan ante las pantallas. Por supuesto que sí. Pero tal vez dónde más habría que poner el foco es en la alimentación . Esa variable tan importante que protagonizó el informe global de la ONU en julio no se menciona en el estudio PASOS.

Y en la nuestra. La mejor manera de educar es dando ejemplo. Comiendo, bebiendo, haciendo ejercicio y limitando también nuestra exposición a las pantallas.

El ¿deseado? retorno a la rutina de la vuelta al cole

Terminó el verano, terminó un mes de provechosa desconexión en el que hemos jugado a muchos juegos de mesa de los que os iré hablando y también han caído un buen puñado de libros; en algún caso también aparecerán por aquí.

Un mes en el que hemos estado felizmente en familia y durante el que Jaime ha cumplido trece años, entrando oficialmente en la adolescencia. El mismo Jaime que, siendo un bebé y sin saber aún que tenía autismo, propició el nacimiento de este blog.

No pude elegir peor el nombre, no es la primera vez que lo digo. Enfilo la etapa de ser madre de adolescentes, porque Julia tiene ya diez largos, y tengo poco ya de madre reciente. Aunque una siempre se siente recién llegada a esto de acompañar a tus hijos en su crecimiento y estoy deseando compartir los próximos descubrimientos con los que me vaya encontrando.

Jaime ha tenido un verano estupendo, el mejor que recuerdo. Tranquilo, feliz, centrado, sin ponerse nervioso ni tener ninguna crisis. Y ha vuelto a casa contento. Tengo la convicción de que la vuelta al colegio, que será dentro de una semana, también la afrontará de manera positiva.

En nuestro caso la ruptura de la rutina no ha supuesto un problema, pero no es la norma para muchas familias con niños como el nuestro. Hay muchos casos en los que el retorno a la rutina, a colegios y trabajos, es una bendición.

No solo porque las dificultades para conciliar se incrementen.

También porque a muchos niños con autismo, a muchos niños con discapacidad, el cambio de horarios, lugares y actividades propio del verano les descentra mucho.

Aunque la vuelta al cole implique sus propios retos.

Y me consta que, a otro nivel, también en familias con niños normotípicos lo de volver a la rutina habitual es algo deseado. No es raro encontrar a padres y madres expresando en voz alta el deseo de retomar la rutina.

¿Es vuestro caso?

(GTRES)