Hormigas: ¿cómo se construye un matriarcado?

Por José Manuel Vidal-Cordero (CSIC)*

“¡Empieza el matriarcado!” es una de las contundentes frases que Nairobi, el personaje interpretado por Alba Flores en La casa de papel, declama en la primera temporada de esta exitosa serie. Una expresión, y una trama, con las que el equipo de guionistas muestra su apoyo a la figura de la mujer en la sociedad. La palabra matriarcado (del latín māter, madre y del griego archein, gobernar) se refiere a un tipo de sociedad en la cual las mujeres asumen un rol central de liderazgo político y de autoridad moral, además de tener el control de la propiedad y de la custodia de sus hijos. No se han encontrado evidencias claras de que exista o haya existido este sistema social en lo que a seres humanos se refiere. ¿Es posible entonces un mundo con el predominio o mayor autoridad del sexo femenino en la sociedad? La respuesta es sí; de hecho, esa organización social ya existía incluso antes del origen de la existencia humana.

Ejemplares de hormigas Cataglyphis rosenhaueri. / Fernando Amor

Es de sobra conocido que los seres humanos no somos los únicos animales que viven en sociedades compuestas por muchos individuos. En el mundo animal existen insectos, crustáceos e incluso mamíferos cuyas sociedades se caracterizan por formar agrupaciones en las que la mayor parte de sus integrantes no dejan descendientes, sino que trabajan en beneficio de sus reinas, de los machos que las han fecundado y de la descendencia de estos. Este tipo de organización social se conoce con el nombre de eusocialidad (del griego eu, bueno o real + social), y es una palabra derivada del término eusocial, creado en 1966 por la entomóloga estadounidense Suzanne Batra para referirse al nivel más alto de organización social dado en el reino animal.

El mejor ejemplo de animales eusociales lo constituyen las hormigas, donde el sistema de vida social de muchas especies se ha llevado hasta el extremo. Pertenecientes a la familia Formicidae y al orden de insectos Hymenoptera, que engloba a más de 13.000 especies repartidas por todos los continentes a excepción de la Antártida, las hormigas han dado un paso más en este modo de vida social. Muchas especies, las más recientes evolutivamente hablando, viven en lo que en entomología se llama eusociedades avanzadas, para diferenciarlas de las primitivas. Estas últimas están compuestas por al menos dos grupos de individuos o castas: la casta reproductora y la casta trabajadora, las cuales tienen un aspecto muy similar. Ambas forman pequeñas colonias y la casta trabajadora puede sustituir a la reproductora en momentos de necesidad. En cambio, las eusociedades avanzadas pueden estar compuestas por miles de millones de individuos y en ellas es posible distinguir las distintas castas a simple vista. Además, cada una de las castas cumple una función específica en la colonia que solo sus integrantes pueden llevar a cabo.

Primitivas o avanzadas, las dos eusociedades funcionan en la actualidad, llevando a cabo algunos de los comportamientos más complejos e interesantes registrados en el reino animal. Lo más curioso es que la casta trabajadora está compuesta exclusivamente por hembras. Son aquellas a las que llamamos obreras, más o menos estériles, encargadas del cuidado de la cría, la defensa y mantenimiento del nido, el abastecimiento de alimentos y, en definitiva, todas y cada una de las funciones necesarias para asegurar el éxito de la reproducción de la casta reproductora. Dependiendo de la especie, la casta reproductora la conforman una o más reinas cuya función es asegurar la perpetuación de la colonia produciendo numerosos huevos de los cuales saldrán obreras, futuras reinas y machos. Y en último lugar, están los machos que, si bien pertenecen a la casta reproductora, no tienen ni voz ni voto en esta monarquía. Una vez adultos, deambulan por el hormiguero como zánganos siendo alimentados por las obreras y esperando el momento de salir al exterior para copular con futuras reinas de otros hormigueros, momento tras el cual terminan muriendo al poco tiempo.

Ejemplar de hormiga Messor barbarus./ Fernando Amor

Monarquías ganadas a pulso

¿Y cuál es el secreto para fundar un matriarcado tan eficaz? Para contestar a esta pregunta debemos abandonar la idea preconcebida de una reina cuyo cargo vitalicio se le ha cedido exclusivamente por derecho y de forma hereditaria. En un esquema general (pero no único) de este proceso de fundación, la regente de seis patas se ha tenido que ganar a pulso su lugar dentro de la colonia. Tras muchos años de crecimiento y prosperidad, en los hormigueros se empiezan a producir individuos sexuados. Machos y futuras reinas que, a diferencia de las obreras, tienen alas para salir al exterior y dispersarse.

En determinadas épocas del año, todos los hormigueros de la misma especie que frecuentan la zona se sincronizan para liberar princesas y machos que llenan el aire de los conocidos vuelos nupciales. En estos, machos y reinas vírgenes de diferentes nidos copulan entre sí, evitando de este modo la consanguinidad. Esta será la única y última vez en su vida que la futura monarca disfrute de la ‘noche de bodas’. Tras haber copulado con uno o varios machos y haber guardado en un ‘saco especial’ (espermateca) todo el esperma que necesitará a lo largo de su vida, la reina emprende una arriesgada aventura en la que tendrá que sortear numerosos peligros que comprenden desde el parabrisas de un coche, hasta la depredación por diversas especies animales. Y todo para encontrar un lugar idóneo donde establecer la colonia sabiendo que, por cada reina que inicia una, cientos o miles de ellas mueren en el intento.

Ejemplares de hormigas Cataglyphis-hispanica./ Fernando Amor

Arrancarse las alas y poner huevos para labrar el futuro

La mayoría de especies nidifican en el suelo, aunque también hay algunas que prefieren una vida arborícola e incluso existen valientes que deciden vivir en tu casa o la del vecino. Una vez encontrado un lugar donde excavar una cavidad, la reina fecundada se arranca las alas por la base, pues ya no las volverá a necesitar nunca más. En el interior de la cavidad, lejos de los peligros del exterior, la monarca se entrega por completo a la ardua tarea de poner huevos para fundar y mantener su matriarcado. Los ya inútiles músculos alares de la soberana se disuelven proporcionándole una fuente energética muy necesaria durante este periodo de su vida. De los huevos salen larvas que son cuidadas y alimentadas por la regente gracias a la producción de otros huevos especiales alimenticios (sin embrión). Así estarán hasta que pupen y de ellas eclosione la primera generación de obreras. Entonces, estas últimas empezarán a buscar alimento en el exterior y a cuidar de las siguientes generaciones de hermanas. De esta manera, con el paso de los años la colonia irá creciendo en número y el hormiguero se irá agrandando, hasta alcanzar la madurez y cerrar el ciclo con la producción de nuevos machos y princesas.

¿Y quién tiene la autoridad para tomar todas y cada una de las decisiones vitales para la prosperidad de estas sociedades? Las hembras. La reina decide qué huevos serán fecundados y cuáles no, gracias al esperma que guardó de su última y única cópula y que conserva en su ‘saco especial’. De los huevos no fecundados saldrán los machos, mientras que de los fecundados saldrán las hembras: obreras y futuras reinas. Por otro lado, las obreras decidirán si sus hermanas pertenecerán a su casta o, por el contrario, a la casta real. Esto dependerá esencialmente del alimento que se les proporcione durante la fase de larvas y de la temperatura y humedad en la que estas se desarrollen.

* José Manuel Vidal-Cordero es investigador de la Estación Biológica de Doñana del CSIC.

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