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‘Folium’ podría cambiar el libro de arte tal y como lo conocemos

26 septiembre 2014
Una de las páginas de 'Follium' - Tom Burtonwood

Una de las páginas de ‘Follium’ – Tom Burtonwood

A menudo en los libros de arte la pintura y la fotografía salen bien parados. En cuidadas ediciones, con papel de buen gramaje y un gran cuidado en el balance de colores, las reproducciones lucen esplendorosas. La escultura y el relieve tienen mucho más que perder: las fotos inevitablemente aplanan los volúmenes, se pierde el esmero que el autor puso en cada detalle de la obra, no existe la opción de apreciar desde cada ángulo cómo la luz juega con las formas.

Lo que propone Tom Burtonwood podría terminar con la incapacidad de disfrutar de los relieves de las piezas que escapan a las dos dimensiones. El artista estadounidense se ha especializado en los últimos años en la realización de impresiones en 3D y explora desde un punto de vista creativo y también técnico las posibilidades del apetitoso medio. Escribe en su página web que las impresiones en 3D son a la escultura y al diseño “lo que el sampler fue para el hip hop” y destaca que el rápido progreso técnico del medio acelera la creación de prototipos y acorta cada vez más “la distancia entre la idea y el producto, el problema y la solución, el diseñador y el usuario final”.

En 2013 presentó en Thingiverse —una web en la que los usuarios se intercambian de manera altruista patrones de diseño para crear impresiones en 3D— una idea que podría revolucionar a medio plazo el concepto que tenemos de las publicaciones de arte. Orihon era un libro en forma de acordeón con seis relieves producidos a partir de escaneos de piezas originales tan diferentes entre sí y separadas en el tiempo como una “colosal cabeza” olmeca, el torso de un emperador del Imperio Romano o la escultura de uno de los leones que presiden el edificio del Instituto de Arte de Chicago, la ciudad en la que vive el artista.

Todas las obras procedían de las colecciones permanentes de varios museos estadounidenses y estaban agrupadas en el pequeño tomo sin demasiado criterio, pero el objeto fue el primer paso para entender cómo la tecnología de las impresoras 3D podía ponerse al servicio de la divulgación del arte mediante el tacto.

Con licencia Creative Commons, cualquiera con acceso a una impresora 3D puede seguir fabricando su ejemplar de Orihon, un experimento que sirvió para dar paso a Folium, un libro mucho más refinado y sólo con reproducciones de bajos relieves del Instituto de Arte de Chicago, que concedió al autor un programa de artista en residencia y ha producido el proyecto.

También con licencia Creative Commons y disponible para su descarga, Burtonwood creó la pieza entre enero y agosto de 2014 con una selección de trabajos que abarcan 2.000 años de historia. Un panel arquitectónico del siglo IX procedente de Java (Indonesia), un relieve de la dinastía ptolemaica (año 305-30 a.e.c) que representa a una reina o a una diosa, una piedra que ilustra la coronación de Moctezuma II datada en el siglo XV…

El título, Folium, viene del término en latín para hoja y hace referencia a los elementos plásticos en forma de hoja diseñados para que cada página se pueda pasar y además separar del resto del tomo. Cada reproducción está en positivo y en negativo de tal manera que se puede hasta rellenar la versión hueca con arcilla u otros materiales moldeables. Teniendo en cuenta la potencial utilidad que este sistema puede tener para los invidentes, la lista de obras y la introducción también está en braille.

Helena Celdrán

Portada de 'Folium' - Tom Burtonwood

Portada de ‘Folium’ – Tom Burtonwood

Página tres del libro de relieves 'Folium' - Tom Burtonwood

Página tres del libro de relieves ‘Folium’ – Tom Burtonwood

'Orihon', el libro-acordeón de Tom Burtonwood que sirvió de prototipo para 'Folium'

‘Orihon’, el libro-acordeón de Tom Burtonwood que sirvió de prototipo para ‘Folium’

Contraportada de 'Folium' en braille

Contraportada de ‘Folium’ en braille

Imagen digital del prototipo de 'Folium' - Tom Burtonwood

Imagen digital del prototipo de ‘Folium’ – Tom Burtonwood

Imagen digital del prototipo de 'Folium' - Tom Burtonwood

Imagen digital del prototipo de ‘Folium’ – Tom Burtonwood

¿Un lienzo o una bañera llena de leche?

22 febrero 2013
'Head Trip' - Alexa Meade y Sheila Vand

‘Head Trip’ – Alexa Meade y Sheila Vand

Parecen pinturas, pero la ilusión se esfuma cuando la figura humana que protagoniza los supuestos cuadros mueve los ojos buscando la cámara. Las artistas Alexa Meade y Sheila Vand, residentes en Los Ángeles (EE UU), colaboran en un proyecto en el que juegan a “comprimir espacios en 3D en plano en 2D”.

La técnica es sencilla y efectiva. Meade pinta de blanco a Vand y resalta contornos y sombras con trazos gruesos de tonos oscuros. Después, la modelo se sumerge en una bañera o en una colchoneta hinchable llena de leche: el contacto de la pintura con el líquido hace en resto.

Las imágenes cenitales parecen cuadros en constante movimiento. El fondo blanco, que se tiñe poco a poco con los colores que Vand lleva en la piel, funciona como un lienzo que crea volutas de diferentes tonos y combina con el cuerpo. Cada segundo que pasa, el escenario se transforma. “Los trabajos exploran la fluidez de la forma en relación con el tiempo y el espacio. Despojando al sujeto de la profundidad de la dimensión (…) se demuestra el poder del contexto sobre el contenido“, dicen en su declaración de intenciones.

Helena Celdrán

'Activate' - Alexa Meade y Sheila Vand

‘Activate’ – Alexa Meade y Sheila Vand

'White Out' - Alexa Meade y Sheila Vand

‘White Out’ – Alexa Meade y Sheila Vand

'Doll Face // Who, Me?' - Alexa Meade y   Sheila Vand

‘Doll Face // Who, Me?’ – Alexa Meade y Sheila Vand

'Deviate' - Alexa Meade y Sheila Vand

‘Deviate’ – Alexa Meade y Sheila Vand

Alexa Meade pinta a Sheila Vand - Foto: David Branson

Alexa Meade pinta a Sheila Vand – Foto: David Branson

 

Sheila Vand tras una sesión de fotos

Sheila Vand tras una sesión de fotos

 

Arte callejero en perspectiva

03 agosto 2012
'Domino' - Aakash Nihalani

‘Domino’ – © Aakash Nihalani

El material que usa es inofensivo para las paredes y eso le permite trabajar con tranquilidad en la calle, a la vista de la policía y los servicios de limpieza.

Con cinta adhesiva de colores, Aakash Nihalani ha desarrollado un arte urbano inspirado en la geometría y particularmente en la proyección isométrica, la representación visual de las figuras en tres dimensiones.

Empezó sus incursiones callejeras en Nueva York (su lugar de residencia), en el año 2007, y ha dejado su rastro en varias ciudades europeas y estadounidenses. Nihalani ve el escenario urbano como un sugerente conjunto de cubos que lo animan a “resaltar los contornos inesperados y la elegante geometría de la ciudad“.

'Rainborough' - Aakash Nihalani

‘Rainborough’ – © Aakash Nihalani

Cuando sale en busca de escenarios posibles, armado con rollos de cinta de colores fluorescentes, no hace bocetos previos ni tiene planes e invierte entre 15 minutos y media hora en cada obra. Algunas son puras figuras plasmadas en muros, otras son trucos visuales que sólo se pueden apreciar si se ve la obra desde un ángulo determinado. El artista también se autorretrata jugando con la perspectiva y a veces, a partir de varias fotografías, elabora gifs animados.

En el tiempo que duran sus polígonos fluorescentes, Nihalani ofrece a los transeúntes una visión diferente del paisaje neoyorquino, un instante lúdico lejos de los horarios y las obligaciones. No le preocupa la condición temporal de sus creaciones, le gusta “la destrucción inevitable” de las intervenciones. A veces le da el tiempo justo a fotografiar el resultado antes de que limpieza de un parque quite las tiras de papel; otras veces se encuentra con la grata sorpresa de que un policía se para a admirar cómo un conjunto de cubos hechos a mano son capaces de dar una intrigante profundidad a una pared gris.

Helena Celdrán

 

 

¿Un bodegón interactivo?

10 febrero 2012

El cuadro muestra un bodegón simple: un jarrón de porcelana, dos platos con unas cuantas piezas de fruta, un cuchillo… De cada objeto emana una luz inusual que recuerda al brillo de la pantalla de un ordenador.

Las sospechas de que aquello no es pintura se confirman cuando alguien inclina el cuadro y todos los elementos caen.

¿Lo que echo en falta? Que en lugar de rebotar como la goma en los límites del marco, el jarrón y los platos se rompan, las frutas escapen rodando bajo la mesa… Tal vez me puedan en exceso las convenciones analógicas.

“Es una obra interactiva que lleva el género tradicional de las naturalezas muertas a la cuarta dimensión“, dice su creador Scott Garner, artista del estudio Süperfad. Still Life (Naturaleza Muerta) es un nuevo proyecto del colectivo de diseñadores, animadores, directores y artistas con sede en Seattle (EE UU) que, además de publicidad, también desarrolla ideas creativas personales.

El monitor enmarcado tiene un sensor espacial, el software es una simple aplicación que comunica al sensor los datos del escenario en 3D. La imagen del bodegón está en una cámara unida al sensor y cada objeto obedece al movimiento rotando en conjunto.

Helena Celdrán