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¿Qué fue de? ¿Qué fue de?

"Si eres una estrella del deporte, eres una estrella del deporte. Si no lo consigues, te conviertes en entrenador. Si no eres capaz de entrenar, puedes ser periodista". Desmond Lynam, comentarista deportivo.

Qué fue de… Gabriela Andersen-Schiess

El jueves pasado os hablé del héroe de la maratón olímpica masculina de Los Angeles 84. No vamos a cambiar de prueba ni de cita, ya que la protagonista de hoy es otra maratoniana que compitió en los Juegos de la XXIII Olimpiada. Pero no fue la ganadora, ni mucho menos. Quedó en el puesto 37. ¿Por qué la saco entonces? Pues porque su imagen es una de las más famosas de los Juegos Olímpicos. Es Gabriela Andersen-Schiess.

Gabriela Schiess nació en Suiza en marzo de 1945. Criada en los Alpes, en 1973 emigró a los Estados Unidos, en concreto a Idaho, para convertirse en instructora de esquí. Junto al deporte de la nieve, Andersen-Schiess era atleta  su especialidad era la maratón. De hecho, antes de la cita olímpica, corrió y ganó dos maratones, ambas en 1983, en California y en Minnesota.

Llegados los Juegos de Los Angeles, Andersen-Schiess, casada con el estadounidense Dick Andersen desde 1975, participó representando a su país natal, después de solicitar a la Federación Suiza su inclusión en el equipo olímpico, petición que fue respondida afirmativamente.

Pero cuando llegó a Los Angeles, la veterana atleta no contó con las altas temperaturas y humedad del ambiente (en torno al 96%). Más tarde se arrepentiría de no haber pasado más tiempo entrenando y aclimatándose a la ciudad californiana.

Más o menos a la mitad de la carrera, la suiza tuvo la mala suerte de pasarse sin querer el puesto de agua y su físico empezó a venirse abajo. Y a su llegada al Estadio Olímpico fue cuando se produjo una de las más famosas imágenes de la historia del Olimpismo. Todo el estadio emitió un largo suspiro cuando vieron entrar a Andersen-Schiess, tambaleándose, la gorra ladeada, con los brazos colgando, como muertos, víctima de un esfuerzo sobrehumano. Nada más llegar, los médicos de la carrera se acercaron a ella, pero la atleta rechazó su ayuda. Si la tocaban, sería descalificada. Los médicos aceptaron dejarla seguir porque se fijaron en que todavía sudaba, es decir, que todavía su cuerpo tenía reservas. Así, parándose, haciendo eses, y a punto de perder la verticalidad, dio el giro completo a los 400 metros de la pista del estadio olímpico en un tiempo de 5 minutos y 44 segundos, una eternidad para ella y para los sobrecogidos espectadores. Pasó la línea de meta y se derrumbó. Había acabado en el puesto 37 (otras siete atletas llegaron después), con un tiempo de 2h48m45s, que curiosamente, hubieran sido oro en las cinco primeras maratones olímpicas.

Durante más de dos horas, Gabriela Andersen-Schiess fue atendida en el estadio olímpico con suero intravenoso y toallas húmedas. No tuvo que ser hospitalizada por suerte, y así entró en la historia del Olimpismo.

Tras los Juegos, Gabriela Andersen volvió a correr una maratón en Nueva York, en la que acabó undécima, y se distinguió en pruebas de veteranos de cross, triatlón y esquí.

Tras una operación de rodilla dejó el deporte de alto nivel y ahora reside en un resort de esquí de Idaho, donde posee una floristería, si bien sigue saliendo con su bicicleta de montaña, hace senderismo y también practica la natación.

Como no podía ser de otra forma, os dejo el vídeo de la llegada de Andersen en este enlace (a partir del minuto 2.00). Está en griego.

Esto es todo, amigos. Mañana voy a empezar a sacar los descartados de la Euro…

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