XX siglos XX siglos

"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

El desastre de la operación Market Garden, según Antony Beevor

Fotograma de la película ‘Un puente muy lejano’.( Rob Mieremet / Anefo – Nationaal Archief / WIKIPEDIA)

Empujados por el éxito del desembarco de Normandía y azuzados por querer liderar una gran ofensiva a pesar de estar bajo las órdenes estadounidenses, el alto mando británico puso sus ojos en la ocupada Holanda. Fue el mariscal Montgomery quien ideó Market Garden: sembrar los Países Bajos de paracaidistas ingleses, estadounidenses y polacos que tomarían los principales puentes, mientras la infantería mecanizada los iba uniendo por carretera. La idea parecía simple y el plan conducía hasta cruzar el Rin en Arnhem, quedar a las puertas de Alemania y, con seguridad, terminar la guerra a finales de 1944. Algo que, como la historia nos cuenta, no ocurrió.

Esa gran ofensiva es la que centra el nuevo libro, recién llegado a España, del, probablemente, historiador militar de la Segunda Guerra Mundial más famoso y exitoso de la actualidad, Antony Beevor: La batalla por los puentes. Arnhem 1944. La última victoria alemana en la Segunda Guerra Mundial (traducción de Amado Diégez Rodríguez, Crítica). Beevor, tras narrar las Ardenas, Normandía, Stalingrado o la batalla por Berlín entre otras, centra su mirada en el fracaso aliado por reconquistar Holanda al ejército alemán en septiembre de 1944. Una batalla que muchos recordarán por haberla visto en el cine en la mítica Un puente muy lejano (dirigida por Richard Attenborough en 1977 y con un reparto increíble), basada en, hasta la fecha, estudio más conocido sobre la batalla del mismo título y escrito por el periodista Cornelius Ryan -cuya visión matiza y supera en gran parte Beevor, aunque reconoce haber usado parte del archivo del irlandés-, y en los dos capítulos holandeses de la mítica serie Hermanos de sangre (HBO, 2001) -por cierto que Dick Winters y su compañía Easy también aparecen fugazmente en el libro que comento hoy-.

El historiador inglés arranca su relato y lo convierte en la crónica de un desastre anunciado. La obsesión de los altos mandos ingleses -los peor parados del libro, narrados como prima donnas, obsesionados con figurar al coste humano que sea, incapaces de reconocer sus errores, injustos con sus subordinados, sobre todo el mariscal Montgomery y el general Browning- por demostrar a sus aliados que todavía eran capaces de liderar y por vender un gran éxito los lleva a enviar a miles de soldados paracaidistas a una ratonera. Beevor describe todas las dudas y la cantidad de oficiales que eran conscientes de que ese plan no podía funcionar. El optimismo aliado tras Normandía les llevó a confiar que el enemigo alemán no es más que una turba derrotada y en desbandada. Sin embargo, los alemanes reaccionarán con energía y velocidad al ataque aliado transformando la mayor operación aerotransportada de la guerra en la última gran victoria alemana de la Segunda Guerra Mundial.

Beevor ahonda en ese desastre, vendido por entonces como una victoria, y muestra su bestial coste más allá de los miles de soldados muertos por casi nada. La destrucción de las ciudades holandesas, Arnhem, Eindhoven o Nimega, o el brutal coste para la población civil: lo que sufrieron durante la batalla y la represión nazi posterior, con la que pagaron su apoyo y bienvenida a los aliados, que conllevó el llamado ‘invierno del hambre’. El historiador inglés da la cifra de entre 16.000 y 20.000 personas muertas por hambre, aunque matiza que es imposible saber cuántas murieron por enfermedades derivadas o agravadas por aquella escasez. También rescata las palabras del príncipe holandés Bernardo cuando, tras la operación, y viendo que Montgomery la vendía como un éxito dijo: “Mi país no puede permitirse otra victoria de Montgomery”.

Y más allá, Beevor hace gala de las habilidades narrativas que le han hecho famoso: claridad expositiva de los movimientos de tropas, gran cantidad de detalles técnicos y humanos (algunos salvajes), buen relato de las batallas, una visión poliédrica de los dos bandos, los civiles y que salta desde los altos mandos hasta el soldado de pie; ritmo, descripciones crudas… Una auténtica inmersión en la guerra. Aún así, es verdad que, demostrando claridad y dejando claro los principales escenarios, hay momentos en los que el lector puede sentirse confuso debido a los múltiples microescenarioes, protagonistas secundarios y gran número de unidades y oficiales de ambos bandos que utiliza en su narración.

Beevor narra la última victoria alemana y uno de los grandes desastres aliados de la guerra con precisión y tino. En su relato de aquella batalla salvaje (“No es una batalla, es un asesinato”, aseguraba un testigo citado en el libro) y sus consecuencias. El horror y el valor, la cobardía y la estupidez, la humanidad y la crueldad se entremezclan en el relato del historiador inglés, un maestro en lo suyo. Para justificar aquella carnicería, Winston Churchill llegó a afirmar que “no fue en vano”. El relato de Beevor lo contradice. Todo aquel horror, las decenas de miles de muertos fueron inútiles.

Y a vosotros, ¿os gustan los libros de Beevor?

¡Buenas lecturas!

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6 comentarios

  1. Dice ser Casandra

    Batalla de Creta

    La batalla de Creta (en alemán: Luftlandeschlacht um Kreta; en griego: Μάχη της Κρήτης) se produjo entre mayo y junio de 1941 y supuso la ocupación de la isla griega de Creta por parte del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

    El origen de esta batalla se encuentra dentro de la campaña de los Balcanes. Tras el ataque italiano a Grecia y con la conformidad del gobierno griego, tropas británicas se establecieron en la isla de Creta a principios de noviembre de 1940 para impedir que fuese ocupada por las tropas del Eje.

    Aunque los griegos rechazaron inicialmente a los italianos en la Grecia continental, la intervención alemana terminó con la resistencia aliada en el continente, forzando a reembarcar a las tropas británicas que apoyaban a las griegas. Muchas fueron evacuadas a Creta, por lo que en mayo de 1941 había en la isla unos cuarenta y tres mil soldados entre griegos, británicos, neozelandeses y australianos. La posesión de la isla era muy importante para el Reino Unido, puesto que conservaba unos excelentes puertos en el Mediterráneo oriental. Al mismo tiempo, desde sus aeródromos era posible bombardear los campos petrolíferos y refinerías de Ploieşti y constituir un peligro en el flanco suroriental del Eje, en un momento en el que se disponía a invadir la Unión Soviética.

    El 27 de abril de 1941, Adolf Hitler ordenó invadir la isla. La operación la llevaron a cabo las tropas aerotransportadas al mando del General Kurt Student, participando 700 aviones de transporte y 750 planeadores apoyados por la Luftwaffe. La invasión de la isla fue llevada a cabo por 4500 paracaidistas alemanes que tardaron menos de dos semanas en ocuparla. Los británicos evacuaron sus posiciones protegidos por la Royal Navy, la cual sufrió fuertes pérdidas. Creta permaneció en poder de los alemanes hasta que su guarnición capituló en mayo de 1945.

    La invasión de Creta fue la primera vez en la historia en que se realizaba un ataque a gran escala con tropas paracaidistas sin intervención de tropas terrestres.3​ Los alemanes, gracias a contar con superioridad aérea, consiguieron transportar suficientes unidades como para derrotar a la guarnición que defendía la isla —más numerosa que los atacantes— y desbaratar la defensa naval británica, que había impedido hasta entonces a la Armada alemana acercarse a ella.3​ Aunque la invasión se llevó a cabo con éxito, se produjo una gran cantidad de bajas entre las filas alemanas, por lo que Hitler prohibió que se volviera a repetir una operación de este tipo. Sin embargo, los aliados quedaron impresionados del potencial de este tipo de tropas y empezaron a desarrollar sus propias unidades aerotransportadas, que tendrían gran importancia a lo largo de la guerra, por ejemplo en el desembarco de Normandía.

    19 septiembre 2018 | 14:38

  2. Dice ser Casandra

    Batalla del fuerte Eben-Emael

    La batalla del fuerte Eben-Emael enfrentó a fuerzas belgas contra alemanas y se libró entre los días 10 y 11 de mayo de 1940, en el contexto de la batalla de Bélgica y la operación Fall Gelb, nombre en clave de la invasión alemana de los Países Bajos y de Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

    Una fuerza de asalto de paracaidistas alemanes, los Fallschirmjäger, recibió la orden de tomar al asalto el fuerte Eben-Emael, una fortificación belga estratégicamente ubicada y con poderosas piezas de artillería que dominaba varios puentes importantes sobre el canal Alberto. Las carreteras en dirección este llevaban al corazón de Bélgica y el resto hacia los Países Bajos, y eran precisamente estas vías las que los alemanes querían seguir para avanzar sobre Bélgica. Mientras algunas de las fuerzas aerotransportadas capturaban la fortaleza y deshabilitaban sus piezas de artillería, otros paracaidistas se apoderaron simultáneamente de tres puentes sobre el canal. Tras dejar fuera de combate el fuerte, las fuerzas aerotransportadas recibieron la orden de proteger los puentes de los contrataques belgas hasta que consiguieron contactar con las fuerzas terrestres del 18.º Ejército de la Wehrmacht.

    La batalla se saldó con una victoria estratégica de los alemanes porque sus paracaidistas aterrizaron en la parte superior de la fortaleza sirviéndose de silenciosos planeadores y usaron explosivos y lanzallamas para acabar con las defensas exteriores del fuerte belga. Después, los Fallschirmjäger mataron a varios defensores y bloquearon las salidas, encerrando así al resto de la guarnición en las secciones inferiores de la instalación. Al mismo tiempo, otros efectivos de asalto de la Wehrmacht habían aterrizado cerca de tres puentes sobre el canal, destruido varios fortines y posiciones defensivas y derrotado a las fuerzas belgas que los protegían, con lo que lograron capturarlos y ponerlos bajo control germano.

    Las fuerzas aerotransportadas sufrieron numerosas bajas durante esta operación, pero consiguieron conservar al control de los importantes puentes hasta la llegada del ejército alemán, que luego ayudó en el segundo asalto al fuerte Eben-Emael y forzó la rendición del resto de miembros de su guarnición. Las fuerzas alemanas atravesaron dos de los puentes sobre el canal, evitando de esta manera el enfrentamiento con varias posiciones defensivas belgas y penetrando en Bélgica para ayudar a la invasión del país. El puente de Kanne resultó destruido por los belgas y en su lugar se construyó uno nuevo.

    19 septiembre 2018 | 14:45

  3. Dice ser Casandra

    La operación Market Garden no se explica sin la Batalla del fuerte Eben-Emael o la Batalla de Creta pues sin duda fueron una fuente de inspiración para el mando aliado

    19 septiembre 2018 | 15:01

  4. Dice ser Casandra

    1.958 Paracaidistas en la Guerra de Ifni (1)

    Pequeño reportaje extractado del NODO sobre la Brigada de Paracaidistas del Ejercito de Tierra en la Guerra de IFNI 1.957-1.958 contra las bandas del Ejército de …

    youtube.comHace 10 años

    19 septiembre 2018 | 16:33

  5. Dice ser Casandra

    Operaciones en Ifni. Tiliuin

    EL DESEMBARCO AÉREO DE TILIUIN.

    Por el Comandante de Infantería José Blanco Blanco.

    Tomado del libro “Aquellos tres años 1956-1959 y….” de Alfredo Prieto Villota.

    El desembarco aéreo de Tiliuin ha sido la primera acción paracaidista española ante enemigo real. Un nuevo capítulo se ha abierto en la historia de nuestras armas. Y desearía que no se perdiese en el anonimato esta primera página del libro heroico que ya han empezado a escribir con su valor y su sangre los paracaidistas españoles.
    Por cierto que una cosa es el anonimato y otra la exageración, como las que de este hecho de armas se han dado en varios relatos periodísticos contando cosas imposibles en el estado actual del paracaidismo mundial. Por ejemplo, de un periódico español: “Admira al mundo el haber alcanzado tanta precisión en un salto de una Compañía que fue reunida en el patio del fuerte de Tiliuin”. De otro, extranjero: “Cerca de un centenar de paracaidistas españoles caen en un área de treinta metros de lado”.
    Esto no puede ser cierto, al menos por ahora. Y será muy difícil que lo sea mientras el combatiente se lance con paracaídas, como actualmente. Esto lo saben muy bien los paracaidistas de todo el mundo y también los españoles.

    I.- Antecedentes.
    La Topografía.- El Puesto fronterizo de Tiliuin, está situado en la zona más meridional del territorio español de Ifni. Dista de la capital, Sidi-Ifni, unos 62 kilómetros, si se sigue la carretera costera por Sidi Uarsig y Sidi Alí u Yama, y unos 60 si el recorrido se efectúa pasando por el Zoco de T´Zelata.
    Mas, ambas pistas ofrecen grandes inconvenientes para una acción militar en fuerza. La carretera de la costa se desarrolla por una franja llana, que a manera de plataforma costera emergida, viene a tener una anchura media de un kilómetro. Al este de esta franja llana se levanta bruscamente una línea de alturas montuosas, con pendientes que llegan a ser escarpadas en muchas zonas y que se desarrollan en forma de cadena paralela a la costa.
    Resulta así que la acción militar que se desarrollara por esta faja costera carecería de espacio para toda maniobra, quedaría aprisionada entre el mar y la cadena montañosa, y sería lenta y extremadamente fatigosa la progresión, porque el elemental sentido de la seguridad de la maniobra obligaría a ocupar las alturas con fuertes flanqueos para aislar el comportamiento llano de los efectos de los fuegos de las armas del enemigo.
    Y en esta pista, aun la parte costera sería la parte más favorable. Porque después de haber seguido esa faja llana del Sur de Sidi-Ifni en una profundidad de unos 25 kilómetros, la carretera la abandona bruscamente en el vértice Quedia El Hemeira para dirigirse en dirección S.E. hacia Tiliuin por un terreno que se va haciendo cada vez más abrupto hasta alcanzar el valle del río Asaca y pasar por la garganta, verdadero desfiladero, ubicada entre los macizos Yebel el Yuad al norte y Tarnmit al sur. Todo un cañón de no menos de cinco kilómetros, muy apto para la emboscada y donde las fuerzas que siguieran su dirección se expondrían a sufrir bastantes pérdidas ante un enemigo emboscado, aunque no fuera numeroso. Después de pasar por el desfiladero, se abre la gran llanura predesértica de Tiliuin.
    No queremos cansar al lector con descripciones topográficas y apreciaciones tácticas que nos separen de nuestro objeto. Sólo añadiremos que la dirección de la otra carretera, la interior que pasa por el Zoco de T´Zelata, discurre toda ella por un terreno montañoso de grandes dificultades para operar, que solo cesan cuando esta pista empalma con la anterior de Sidi Borya Aserasar para entrar en la gran llanura de Tiliuin.
    Con todo esto queremos significar solamente que el problema planteado para el necesario refuerzo de la guarnición de Tiliuin que se encontraba asediada, no podía hacerse en forma alguna por tierra, en una acción normal; no hubiera sido económico y, sobre todo, exigía efectivos importantes. Efectivos que no se disponía en Ifni el 29 de noviembre de 1957, cuando se adoptó la decisión de de realizar este desembarco aéreo y cuando la seguridad de la propia capital de los territorios reclamaba el concurso militar de todas las tropas y personal civil español disponible.

    El enemigo.-
    De todos es sabido que el llamado “Ejército de Liberación” que actúa dentro de las fronteras de nuestro territorio de Ifni practica la lucha de guerrillas. Y un sentido de justicia nos hace confesar que la practica casi a la perfección. Y decimos casi, porque se ha observado que le falta decisión para el asalto, aun en aquellas ocasiones en que sus efectivos son muy superiores a nuestras fuerzas. Hostiga mucho con el fuego y tira bien. Y sobre todo aprovecha el terreno maravillosamente. Díganlo nuestras unidades, que han desarrollado acciones completas de varios días de duración, sufriendo bajas aun en formaciones muy diluidas, sin haber visto a un solo moro enemigo. La guerrilla es lo suyo en esta raza, que se pega admirablemente al terreno y se arrastra por él como un reptil. Y es preciso reconocer que las partidas de guerrilleros del enemigo, con la misma base táctica y temperamental de nuestras campañas de África, han progresado, sin embargo, mucho. En sus procedimientos, en sus movimientos coordinados, en sus acciones nocturnas, obedecen a un mando, se mueven con facilidad extrema en un terreno sumamente montuoso, cubierto de matorral; poseen abundantes armas automáticas, y algunos morteros. Y hasta se infiltran entre nuestras posiciones. No hay que subestimar a este enemigo, no sería prudente; cuando además de las condiciones dichas se mueve en un ambiente geográfico muy propicio a sus cualidades, en su propio territorio, donde todo le es conocido y familiar, y está mandado férreamente por unos cabecillas sanguinarios y ambiciosos.

    Esta es la perspectiva de conjunto de nuestro enemigo actual. Cuando se planeó el aerodesembarco de Tiliuin, sus efectivos se valoraban en unos 2.000 a 2.500 hombres dispersos en partidas por todo el territorio.
    Desde las primeras horas del día 23 de noviembre último, el fuerte de Tiliuin había sufrido constantes ataques de partidas rebeldes, apoyadas por armas automáticas y morteros. En uno de ellos penetró en el recinto exterior del fuerte y llegó a la alambrada interior del mismo. Fue rechazado tras un duro combate.
    Debió parecerle al enemigo un objetivo fácil y codiciado, un verdadero triunfo político y militar, este puesto de Tiliuin.
    Y además la frontera está ahí mismo: en el río Asaca empieza el Marruecos francés, tan sólo a unas centenas de metros al Sur. Y esa zona es segura. Porque nuestra aviación, respetuosa con los compromisos internacionales, no rebasa aquel río. Durante el día, las acciones de bombardeo dispersan al enemigo, que se refugia en la zona francesa; pero por la noche se concentran para realizar sus ataques, apoyados a veces durante varias horas por el fuego de morteros, que actúan con intervalos regulares.
    Esta proximidad con la frontera de Francia, no obstante la elevada moral de nuestros defensores del fuerte, hicieron temen por la suerte de 40 valientes, que ya tenían siete heridos. No interesa el terreno, ni siquiera el fuerte; pero sí, y mucho, las vidas de los defensores españoles y sus familias. Y es preciso auxiliarles. Por el aire, los paracaidistas españoles van a realizar su primer aerodesembarco para reforzar la guarnición del fuerte. Más adelante, cuando lleguen los efectivos que se esperan de la Península, todos serán liberados.

    II.- La decisión.
    La decisión es tomada a las 22.00 horas del día 28 de noviembre de 1957. El desembarco aéreo se realizará durante las primeras horas del día siguiente, 29.
    Reuniones previas, colaboración estrecha de paracaidistas y pilotos. Con mucho entusiasmo, mucha compenetración y mucha fe en el resultado.
    El aeródromo de Tiliuin se presta al aterrizaje. Tiene poca longitud; pero está inmediato al fuerte, a pie de obra del objetivo y los defensores de Tiliuin dicen que el enemigo no ha dañado al aeropuerto que está intacto y batido por las armas del fuerte, que protegerán con sus fuegos el aerodesembarco.
    La finalidad, pues, de realizar un desembarco aéreo con fuerzas paracaidistas en la zona del aeródromo de Tiliuin, se dirigía a establecer enlace con la guarnición del fuerte, penetrando en su interior y reforzándola. Posteriormente, ya realizado el aerodesembarco, esta misión se completaría así: preparando la evacuación de todo el personal del fuerte y la destrucción de éste y después de enlazar con una Agrupación Táctica terrestre, destruir dicho fuerte y proteger su evacuación.

    Efectivos del desembarco aéreo.-
    Se encarga de realizar la misión la 7ª Cía. Paracaidista, menos una Sección (ésta es la del heroico Teniente Ortiz de Zárate, en aquel día cercada por los rebeldes a tres kilómetros del Zoco de T´Zelata, cuando por tierra iba en auxilio del fuerte con efectivos y medios sanitarios).
    A la 7ª Compañía se unen: una escuadra de morteros de 81 mm. Y un botiquín.
    El total de efectivos de esta Agrupación es de 75 hombres.
    El transporte se realizará en cinco aviones Junker-52 (T-2-B) y el apoyo de aéreo directo lo darán cinco aviones Heinkel 111 (B-2-1).
    El aerodesembarco se realiza en dos escalones. En el 1º, la 7ª Cía., con cinco patrullas de 15 hombres. En el 2º escalón, abastecimientos, un mortero de 50 mm., dos lanzagranadas, un mortero de 81 mm., municiones. En total 6 empaques.

    El lanzamiento.-
    Son las diez horas y dieciséis minutos. Con intervalos de cuatro minutos van despegando los cinco Heinkel (B-2-11), los “Pedros”. No pueden salir en formación. Ello es debido a que la proximidad de los objetivos podía dar lugar a interferencia entre las misiones de bombardeo. Hay pocos medios y hay que aprovecharlos bien. Cada avión lleva una misión de fuego concreta y precisa. Precisión, mucha precisión hace falta. Porque en la zona enemiga en el fuerte, también están los nuestros. Y la zona es pequeña: es la operación Pañuelo.
    Ya están los Heinkel sobre los objetivos, que bombardean intensamente: Intlan, Añadir. Morabtien, Sidi El Ahsen y todas las casas y núcleos de ellas que circundan por el Norte, Oeste y Sur del aeropuerto de Tiliuin y su fuerte, son alcanzados por las bombas. El fuego dura media hora. Se sospecha que en las proximidades del río Asaca, al Sur de Sidi Amar, tienen sus asentamientos los morteros enemigos: por eso se castiga también esa zona.
    Ya lanzadas todas sus bombas, atacan ahora al enemigo con sus armas de a bordo, ametrallándole. Casi un círculo de fuego protege a los paracaidistas que empiezan a descender, apoyados también por el fuego de los defensores del fuerte, que les ayudan con sus armas. Se oye escaso fuego de fusilería enemiga. Solo por la parte de Agadir suena el tableteo de alguna ametralladora enemiga.
    No todo ha salido a pedir de boca. No se conoce todavía el milagro de que todas las Unidades Paracaidistas hayan aterrizado en sus zonas previstas. Ahora es precisamente el Capitán que manda este Comando del Aire el que cae lejos. Al norte de la zona de lanzamiento, cerca del río Asarasar, al Sur de la cota 168, es decir, a dos kilómetros de su zona de aterrizaje. Por cierto que, lejos de perjudicar este pequeño error al desembarco aéreo, parece que lo está beneficiando, porque el enemigo debió pensar que esos paracaidistas lanzados lejos, se proponen envolver Inflan y Agadir. Y desde el aire, los nuestros observan cómo el enemigo se corre hacia el Este y hacia el Sur.
    Al fin, el enemigo, desmoralizado totalmente, desorientado, huye francamente.
    Ya en tierra, los paracaidistas se reagrupan rápidamente por Unidades. Dos patrullas, ya reorganizadas, ocupan posiciones al Norte y al Sur del fuerte para proteger la entrada en él del resto de las fracciones paracaidistas. Ahora, ya dentro del fuerte, observan los paracaidistas cómo una patrulla ha aterrizado bastante alejada. Sin más titubeos, un Oficial que se ha dado cuenta de la situación, sale rápidamente con su fuerza en ayuda de su Jefe. Establecen enlace. Y todos se repliegan sin novedad. Desde el aire, los Heinkel, ametrallando ambos flancos de las fuerzas alejadas, garantizan un callejón de seguridad.
    Ha terminado el desembarco aéreo. El fuerte de Tiliuin ya está reforzado. Existe ahora la seguridad absoluta sobre su suerte hasta que sea liberado por otras fuerzas propias. Los objetivos se han conseguido sin una sola baja. La situación y el futuro próximo del fuerte están asegurados.

    Otro oficial se hace cargo de la recogida de los paracaídas dispersos por el campo. Todo termina bien. Todo se recupera.
    A las 15,30 horas de este mismo día, un avión Junker, volando sólo a 70 m. sobre el fuerte, deposita dentro de su recinto murado toda su carga, consistente en seis empaques de morteros, lanzagranadas, municiones y víveres. Este era el segundo escalón del desembarco aéreo.
    El Capitán de la Agrupación de Combate paracaidista se hace cargo del mando de la defensa del fuerte, y la reorganiza con los nuevos medios.
    Al día siguiente, 30 de noviembre, se observa la llegada de vehículos enemigos que proceden del Marruecos francés. Vienen por la pista de Gulimin. El enemigo se ha recuperado ya, y pretendiendo la revancha, desde las cinco de la madrugada, somete al fuerte a un intenso fuego de fusiles, armas automáticas y también con morteros.
    Y así, con escaramuzas semejantes que se producían al amanecer de cada día, se llega al 4 de diciembre. El enemigo se fue aproximando cada vez más; se llegaron a recoger algunos muertos sobre nuestras alambradas, pero nunca el “Ejército de Liberación” intentó un asalto formal sobre la fortaleza; su impotencia era manifiesta. Ese día 4 a que antes nos referimos, a las 22 horas, se establece contacto con las fuerzas de La Legión y otras Unidades que, después de haber liberado también el puesto de T´Zelata, lo hacen ahora del fuerte de Tiliuin.
    Al día siguiente, 5, se arría la bandera nacional con todos los honores, y un equipo de paracaidistas, incendia y destruye el fuerte.
    El episodio ha terminado y ni un solo español o indígena afecto—que también de estos había en el fuerte—ha quedado en poder del enemigo. Y para no perder ni un solo paracaídas, el Capitán ordena que todos los equipos de sus hombres sean cargados en unos camiones que hay en el fuerte. No importa que estos camiones estén averiados. Por pistas cubiertas por el barro de las últimas lluvias, de trazado difícil y con fuertes pendientes ruedan los camiones: 30 kilómetros empujados por hombres paracaidistas que a ningún precio quieren perder su precioso material característico. Y los camiones entraron en Sidi-Ifni en la última parte ya remolcados por otros que acudieron en su auxilio.

    En resumen, el desembarco aéreo de Tiliuin:
    — Marca el primer jalón victorioso de los paracaidistas españoles.
    — Fue una sorpresa para el enemigo, del que sólo reacciona cuando han transcurrido casi veinticuatro horas.
    — Fue una garantía para el Mando propio de las posibilidades de estas fuerzas para su empleo futuro.
    –Fue un éxito.
    –Y fue, sobre todo, la libertad y la vida para un puñado de españoles sitiados por el enemigo.

    Anexo:
    Por el General de Brigada don Francisco Martínez-Esparza Valiente.

    En la mañana del 29 de noviembre de 1957, 75 paracaidistas de la 7ª Compañía de la II Bandera, al mando de su Capitán D. Juan Sánchez Duque, saltaban desde cinco Junker-52 sobre el aeródromo de Tiliuin, para auxiliar y reforzar a la guarnición sitiada.
    Se llegó a ensayar una “bomba incendiaria” sobre el Zoco de Tiliuin el día 27, con un bidón de 200 litros con gasolina y gasoil y una granada POIII como espoleta. Los pilotos que se prestaron a esta locura fueron los Capitanes Iturrate, como piloto y Villalba como copiloto. Estos abastecimientos y “bombardeos” tenían más de apoyo moral que de efectividad, pero el deseo del Mando era que los puestos no se sintieran abandonados y así mantener su moral.

    La decisión la toma el General Zamalloa a las 22 horas del día 28 de noviembre. Se efectuara un desembarco aéreo en el Aeródromo de Tiliuin, en las proximidades del Puesto, para socorrer, reforzar y prestar atención facultativa a los heridos, manteniendo la defensa del Puesto hasta la llegada de las columnas de socorro que se prevé organizar a partir de la llegada al Territorio de los refuerzos que se encuentran en camino. Esta decisión se toma dado que Tiliuin se encuentra a 60 Km. de Sidi-Ifni, por una pista que discurre toda ella por un terreno montañoso, en un desfiladero entre los macizos de Yebel-Yuad y Tarnmit, y hace imposible, por el momento el socorro terrestre. Además existe el precedente del convoy que se dirigía a T´zelata, al mando del Tte. Ortiz de Zarate que se encontró la ruta barrenada y cortada, que era la misma pista que llevaba a Tiliuin.

    A primeras horas del día 29, Tiliuin comunica que la Meteorología es buena para el salto, y a las 10,16 minutos empiezan a despegar los HE-111, con intervalos de 4 minutos. Poco después empiezan a despegar los Junker-52 con los paracaidistas.
    La 7ª Cia (la Sección del Tte. Ortiz de Zárate) se organiza en 5 patrullas de 15 hombres, con su armamento individual, mosquetones Mauser de 7,92 y Fusiles Ametralladores FAO y un Mortero de 50 mm.
    Las dos Secciones van mandadas por los Ttes. García Andrés y Calvo Goñi, con el Tte. Soto del Río como 2º Jefe. Una Escuadra de Morteros de 81 mm. de la 10ª Cia, más un ATS y un Botiquín de Campaña refuerzan a la Cía. La altura de lanzamiento es de 600 pies, pues hace falta precisión y hay que asumir riesgos para evitar una dispersión excesiva. Los paracaídas son IRVING T-6-R. Además en una segunda oleada se lanzaran seis empaques con las armas pesadas, municiones y abastecimientos a 200 pies sobre el patio central del Fuerte.

    El salto se salda con sólo tres lesionados leves entre ellos el Brigada ATS Jurado Ortiz. El reagrupamiento se realiza con rapidez, ya que el enemigo sorprendido solo tira ráfagas de Ametralladoras muy lejanas, ya que el ametrallamiento de los HE-111 los mantiene sin poder reaccionar. Dos patrullas al mando de dos Ttes., toman posiciones en las dos salidas del Fuerte para proteger la entrada del resto de la Unidad. Una patrulla, la del Cap. Sánchez Duque ha caído muy al Norte de la zona de lanzamiento casi 2 Km. pues en todo lanzamiento ya se sabe que “meigas haberlas haylas”. Un oficial con su patrulla sale en busca de su Capitán, mientras se recogen los paracaídas por el personal designado. A las 15.30 h se realiza la 2ª oleada con el armamento y los abastecimientos, quedando todo el material en el centro del Fuerte.

    La primera operación paracaidista del E.T. ha sido un éxito, a pesar de las limitaciones. La guarnición reforzada, el Cap. Sánchez Duque se hace cargo de la defensa. El enemigo reacciona el día 30. Numerosos vehículos vienen por la pista de Gulimin desde Marruecos, durante la madrugada, iniciando a las 5 de la mañana un ataque con profusión de armas automáticas y morteros. Los ataques se reproducen de la misma forma, al amanecer para evitar el apoyo de la aviación. En uno de los ataques se recogieron varios muertos en la alambrada, pero nunca se decidieron a dar un asalto en regla.

    El día 4 de diciembre, a las 22 h se hizo el enlace con la columna terrestre que llegaba por la pista desde T´zelata Y Sidi-Ifni. Al día siguiente y siguiendo las ordenes recibidas, se arría la Bandera y se destruye y quema el Fuerte, incorporándose los paracaidistas a la columna de socorro. El Capitán que sabe lo limitado de los medios manda cargar los paracaídas en dos camiones averiados, y arrastrados por sus paracaidistas emprende el camino de regreso. A mitad de camino unos vehículos enviados desde Sidi-Ifni, relevan a los paracaidistas en la “tracción” de los camiones.

    La zona de lanzamiento. Era la cooperación del entusiasmo entre tripulaciones del Ejército del Aire y los paracaidistas del ET. Los medios eran escasos, pero la buena voluntad y el espíritu de servicio suplían las muchas carencias, y lo limitado y anticuado de los medios.

    La guarnición del Fuerte de Tiliuin la constituían una Sección de Fusiles de la 13ª Cia del Grupo de Tiradores de Ifni y una Sección del Grupo de Policía de Ifni. Unos 40 hombres, el 30% indígenas. Desde el día 24, al amanecer, que se efectuó el ataque a Sidi-Ifni y a todos los Puestos principales, la guarnición había sufrido continuos ataques apoyados por el fuego de ametralladoras y morteros, llegando en uno de ellos a penetrar en el recinto exterior del puesto hasta la alambrada interior, siendo rechazado tras un duro combate que produce siete heridos en la guarnición. Las llamadas por radio al PC de Sidi-Ifni en demanda de refuerzos y socorro para los heridos son cada vez más apremiantes a medida que transcurren los días. Como la frontera marroquí se encuentra a 300 m. del Fuerte, sobre el Río Asaca, los efectivos que realizan el ataque se relevan desde el cercano puesto marroquí de Gulimin.

    El General Gobernador del África Occidental Española (AOE), con sede en Sidi-Ifni, era el General Zamalloa, que en el mes de Enero había relevado al General Pardo de Santallana, y que a pesar del poco tiempo en el territorio, se había dado cuenta de la difícil “papeleta” que tenía entre manos.

    Los medios eran escasos, como ya se ha manifestado en anteriores artículos publicados, armamento, transmisiones, vehículos y equipos anticuados. Baste para botón de muestra decir que las transmisiones internas de la Bandera Paracaidista eran todavía las persianas y aparatos de luces de la Guerra de Marruecos.

    La Aviación con un Grupo Mixto en Gando, contaba con dos Escuadrones de Transporte Junker-52 y un Escuadrón de Bombardeo con Heinkel-111, y operaba desde la Base de Gando, y los Aeródromos de Sidi-Ifni, Cabo Juby, Aaiun y Villa Cisneros, para apoyar a las fuerzas de Ifni, Zona Sur del Protectorado (Cabo Juby), y Sahara Español. Tampoco los medios aéreos eran los mejores, pero las restricciones en el uso del material de Ayuda Americana, impedían utilizar los mejores existentes.

    Auxiliar a los Puestos cercados y con heridos es la primera prioridad para el General Zamalloa, y dentro de éstos los puestos con menor guarnición. Dentro de estas prioridades se encontraba Tiliuin, ya en la frontera con Marruecos, y con siete heridos sin personal facultativo para su asistencia. Había que realizarlo con urgencia, ya que los refuerzos desde Canarias y la Península sólo empezarían a llegar a partir del 30 de noviembre. Desde el primer momento, se socorre a las guarniciones con lo que se puede, abastecimientos aéreos con paracaídas y “bombardeos” con bombas improvisadas con cajas de granadas POIII. Los Heinkel contaban con antiguas bombas de 50 Kg. con una espoleta de hélice, que requería una altura mínima de 3.000 pies para poder funcionar, con lo cual no eran aconsejables para apoyo a los puestos que debía hacerse a alturas mínimas.
    Las misiones de abastecimiento y “bombardeo” se tenían que hacer con los Junker-52, los cuales en bastantes ocasiones volvían de estas misiones con impactos de fusilería en sus fuselajes.

    Fin de la operación.

    19 septiembre 2018 | 16:41

  6. Dice ser Aliados asesinos

    Suerte tuvieron los “aliados” y lo digo entrecomillado, ante un ejercito de jovenes reclutas y restos de lonque fue la wermacht y unidades ss que apenas contaban ya con efectivos bregados en combate
    El tema es que actuaron confiados, como en las ardenas (gracias a que despejó el cielo y los alemanes apenas tenian aviacion psra enfrentarse a la aliada) y el paso de kasserine….., solo frenada la cobtraofensiva alemana x lo mismo: falta de material, repuestos y soldados…..

    20 septiembre 2018 | 19:15

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