BLOGS
XX siglos XX siglos

"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

La cultura mozárabe en la raíz de las identidades Ibéricas

Detalle del Beatus de El Escorial

El escritor Jesús Sánchez Adalid (al que entrevisté el año pasado en este blog) reedita con Harper Collins Ibérica su gran éxito El mozárabe. La nueva edición ha sido declarada novela oficial del I Congreso Internacional sobre Cultura Mozárabe que  se celebra en próximos días en Córdoba. Aprovechando este encuentro, Sánchez Adalid reflexiona en este artículo sobre el papel de la cultura mozárabe en las identidades de la Península Ibérica.


La cultura mozárabe en la raíz de las identidades Ibéricas

Por Jesús Sánchez Adalid

El I Congreso Internacional sobre Cultura Mozárabe se celebrará en la ciudad de Córdoba entre el 23 y 26 de noviembre del presente año 2017. El encuentro académico está dirigido a estudiar la idiosincrasia mozárabe, afrontándola desde diferentes ámbitos como la Liturgia, Historia, Literatura y Lengua, Música, Arte, Arquitectura, Gastronomía, entre otros. Además se organizarán diferentes actividades paralelas para ampliar la participación pública entorno al evento como exposiciones, conciertos, ceremonias bajo el rito hispano-mozárabe, una travesía del camino mozárabe a su paso por Córdoba e incluso gymkanas culturales. La reina Sofía ostenta la presidencia de honor y estará presente en el acto inaugural.

Tras la invasión islámica de la Península Ibérica una parte de la población cristiana y judía conservó su religión, leyes y costumbres de la España visigoda. A las comunidades de cristianos se les llamó mozárabes. La voz procede del árabe mustarib, «arabizado», «el que quiere hacerse árabe o se arabiza», y bajo diversas formas (muztárabe, muzárabe, mosárabe, etcétera) aparece en los documentos hispanos de la alta Edad Media con la misma acepción que actualmente le damos. El término es inusitado en la literatura hispanoárabe, en la que los mozárabes son llamados con los nombres generales de ayamíes, nasraníes, rumíes, dimmíes, etcétera. Hoy también se aplica el adjetivo mozárabe a la liturgia hispanovisigótica, a la escritura visigótica y al arte hispanocristiano de los siglos IX al XI.

Como es sabido, la doctrina coránica ordena a los musulmanes respetar, bajo ciertas condiciones, las creencias religiosas de la «gente del Libro», es decir, de judíos y cristianos. Al producirse la conquista de España, los vencedores permitieron a las poblaciones que se habían sometido mediante pactos —la mayoría del país— el libre ejercicio de la religión cristiana y la plena posesión de sus iglesias y propiedades.

Más tarde, incluso después de las conversiones en masa de muchos mozárabes deseosos de gozar de un estatuto fiscal preferencial, puesto que los cristianos habían de pagar el jaray o impuesto, pervivía una considerable proporción de súbditos cristianos que formaban florecientes comunidades en las ciudades andaluzas.

En el siglo X los mozárabes formaban un minoritario grupo religioso y jurídico, no étnico ni lingüístico, dentro de la sociedad hispanomusulmana, vivían en barrios propios y poseían cementerios propios. Tres autoridades civiles elegidas entre ellos eran encargadas de la administración y el gobierno de cada comunidad. Un comes, personaje notorio, que ejercía las funciones de gobierno civil, siendo el más destacado el de Córdoba; un judex, llamado por los musulmanes cadí de los cristianos; y un exceptor o recaudador de tributos. En el nombramiento de estas tres autoridades influyó por lo general el gobierno musulmán, bien designándolos directamente, bien aprobando la propuesta presentada por los nobles mozárabes.

A esta minoría el califa le garantizó sin restricciones el libre ejercicio de su religión y culto. Los templos anteriores a la invasión, salvo aquellos que fueron convertidos en mezquitas tras la conquista, fueron respetados, y los mozárabes tenían derecho a repararlos, pero no a construir otros nuevos. Se tiene noticia, por ejemplo, de la existencia en Córdoba de más de diez iglesias, nueve en Toledo, cuatro en Mérida, etcétera. Las campanas podían ser utilizadas, aunque con moderación para no escandalizar a los buenos musulmanes. Abundaron las comunidades monásticas. En los alrededores de Córdoba llegaron a existir más de quince monasterios.

En el reinado de al-Hakam II, tenemos algunas noticias sobre importantes personajes mozárabes: el juez Walid Ibn Jaizuran, que sirvió de intérprete a Ordoño IV cuando éste visitó al soberano cordobés en su capital en el año 962. También sabemos de la labor destacada de los dignatarios eclesiásticos como embajadores en países cristianos, merced al conocimiento que tenían de las lenguas de la época, especialmente del latín culto. Así, la misión que se encomendó a Rabí ben Zayd, el renombrado Recemundo, primero en la corte del sacro Imperio y luego en el Oriente cristiano. Enviado por los ministros de Abd al-Rahman III, se puso en camino en la primavera de 955 y al cabo de diez semanas arribó al convento de Gorze, donde fue bien recibido por el abad, así como luego por el obispo de Metz. Unos meses más tarde llegaba a Francfort, corte del emperador, donde tuvo ocasión de conocer al prelado lombardo Luitprando de Cremona, a quien animó a componer su historia, la célebre Antapodosis, que el autor le dedicó. Más tarde, Rabí ben Zayd siguió desempeñando un buen papel en la corte califal de al-Hakam II, quien tenía en gran estima sus conocimientos filosóficos y astronómicos, y para quien redactó, hacia el 961, el kitab al-anwa, más conocido como «Calendario de Córdoba». Estas labores le valieron ser nombrado obispo de Elvira.

Como vemos, los miembros más influyentes de la Iglesia mozárabe estuvieron próximos al califa, realizando funciones de consejeros, intermediarios, intérpretes y embajadores. Conocemos el nombre de un arzobispo de Toledo, Juan, muerto en 956, al que sucedió un prelado del que sólo sabemos el nombre árabe, Ubaid Allah ibn Qasim, y que parece haber sido trasladado poco después a la sede metropolitana de Sevilla. Como obispo de Córdoba conocemos a un Asbag ibn Abd Allah ibn Nabil.

En los siglos IX y X los mozárabes de al-Andalus tradujeron el Salterio y los Evangelios a la lengua árabe. Se conservan algunos manuscritos de dichas traducciones y algunos glosarios latinoárabes, como el conservado en Leiden (Holanda), que se remonta con toda probabilidades a la misma época.

En Toledo y en Córdoba estuvieron los centros más importantes de la cultura Cristiana y estuvieron relacionados con los cristianos mozárabes del norte de España y con las escuelas más famosas de Europa. En Córdoba y Sevilla se mantuvo la tradición isidoriana y surgieron grandes figuras de los monasterios y escuelas catedralicias. Son de mencionar las figuras como Speraindeo, Eulogio, Álvaro y Sansón. Al primero de ellos se debe un Apologético contra Mahoma; a Eulogio la aportación de libros como la Eneida de Virgilio o la Ciudad de Dios de san Agustín. Esta inquietud mozárabe de Alándalus se propagó por el mundo cristiano, creciendo el afán por hallar buenos libros y leerlos, que además demostraba tener una especial caridad: no guardar el saber para sí solo, sino comunicarlo

Los mozárabes también procuraron a los historiadores islámicos de Occidente el conocimiento —lleno de lagunas— de la historia romana, a través de una traducción árabe de las Historias contra los paganos compuestas en latín a principios del siglo V por el galaico Orosio, discípulo de san Agustín.

No solo se escribía con bella caligrafía, sino que también los manuscritos iluminados (decorados) con oro, plata o colores brillantes. Las iluminaciones podían consistir en miniaturas: letras iniciales, bordes ornamentales u otros elementos decorativos. Servían para ilustrar la narración, indicar divisiones dentro de un texto, contar historias o embellecer simplemente y agregar elementos visuales que encarecían el volumen. Estos dibujos se denominan miniaturas; no por su tamaño pequeño, sino por el uso de minio como pigmento principal.

Los ejemplos sobrevivientes más antiguos datan de la Antigüedad tardía (siglo III al siglo V), pero sería en la Europa medieval cuando la iluminación de manuscritos alcanzó su apogeo. Como en tantos otros lugares, en Alándalus los iluminadores trabajaban dentro de los talleres llamados scriptoria, donde producían obras destinadas a los propios monasterios, las Iglesias, los nobles y los reyes. No debe olvidarse que, en la Alta Edad Media europea, el principal acopio de saber estuvo acumulado en los cenobios. Posteriormente también participaron las escuelas catedralicias. Los principals manuscritos iluminados fueron Biblias, Beatos, Libros de Horas, Salterios, Evangeliarios, Menologios o Santorales, etc. Generalmente se trataba de volúmenes de gran tamaño, pesados y de difícil manejo, que se realizaban a mano sobre pergamino, y compuestos por hojas rectangulares dobladas por la mitad, metidas unas dentro de otras y cosidas por su doblez. Las duras tapas de las cubiertas frecuentemente estaban igualmente decoradas y ennoblecidas por metales preciosos repujados y/o piedras preciosas. El idioma empleado era latín culto y se utilizaban distintos tipos de letra. Al principio se usó la minúscula visigótica y ésta fue posteriormente sustituida por la carolingia.

Los manuscritos llamados “mozárabes” fueron los realizados en la peninsula Ibérica hasta finales del siglo XI e incluso comienzos del XII, hasta que son reemplazados por la nueva corriente románica europea. La letra es visigótica, con buena caligrafía, y el texto se distribuye en dos columnas, a veces tres, ocupando toda la anchura de la página. Al final del texto,en el “colofón”, constan los datos de los escribas, iluminadores, así como el lugar y la fecha en que se escriben. Los más célebres son los Beatos, que son las diferentes copias del libro titulado “Comentarios al Apocalipsis de San Juan” que escribió el monje Beato de Liébana en el siglo VIII y contiene copiosas miniaturas de impresionante expresividad. También está el códice  llamado Vitae Patrum, una recopilación de biografías de santos; el más antiguo datado, que es de tiempos del rey asturiano Alfonso III (año 902) y de manos del copista llamado Armentario, que lo iluminó  para el abad Trasamundo. Actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional. Destacan igualmente la Biblia Vimara o Biblia de la Catedral de León (año 920), ilustrada para el abad Mauro del Monasterio de Albares; el Antifonario de León, libro para el canto de la liturgia mozárabe, un manuscrito de la primera mitad del siglo IX con agradables ilustraciones más cercanas a lo carolingio que a lo visigodo; la Biblia llamada “Codex Gothicus Legionensis“, conservada en la Colegiata de San Isidoro de León. Contiene 561 folios y 300 miniaturas; el Códice Albeldense o Codex Vigilanus, recopilación de concilios hispánicos, del fuero juzgo y de otros textos históricos, jurídicos y patrísticos, que actualmente se encuentra en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial; el Códice Emilianense,  que se empezó el mismo año en que se terminó el Códice Albeldense en el vecino Monasterio de San Millán de la Cogolla, y que cuenta con menos ilustraciones que el anterior, pero algunas de gran expresividad.

El final de los mozárabes es incierto y seguramente trágico. Los almorávides y almohades presionaron duramente a las comunidades cristianas de Alándalus, acabado por convertirlas, eliminarlas o dispersarlas. Hay indicios de un gran éxodo permanente de mozárabes durante los siglos siguientes, hasta que fue culminada la reconquista. Después la jerarquía eclesiástica posiblemente también sospechó de unos fieles que rezaban en árabe y que arrastraban costumbres muy parecidas a las del pueblo islámico vencido.

*Las negritas son del autor de blog, no del escritor del texto.

2 comentarios

  1. Dice ser Eduardo

    He leido someramente el articulo y el término mozárabe me recuerda al termino cristiano viejo. Creu que su cultura quedó plasmada y una bella iconografia plasmada en los Beatos y qiizás semiarrianos.

    20 noviembre 2017 | 13:01

  2. Dice ser Dante

    El autor del articulo nos quiere dar gato por liebre, contándonos el cuento moruno de la bondad del Islam

    Los filoislámicos, como el articulista, están empecinados en volver a llenarnos de moros de 59 cm de falo para que les ayuden a perforar las vaginas cristianas insaciables

    20 noviembre 2017 | 22:27

Los comentarios están cerrados.