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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Jesús Sánchez Adalid: “No me gustan las historias de buenos y malos; si a la Iglesia hay que darle caña, se le da; igual con el Islam”

Jesús Sánchez Adalid (FOTO CEDIDA POR EDICIONES B)

Jesús Sánchez Adalid (FOTO CEDIDA POR EDICIONES B)

El islamismo radical se impone en Siria y los cristianos del país huyen ante la presión de los nuevos dominadores. No, no estamos hablando de lo que ocurre en la actualidad en Oriente Próximo, si no de lo que ocurrió en el siglo VIII. Es la historia que rescata el reconocido autor de El mozárabe, Jesús Sánchez Adalid, en su nueva novela En tiempos del papa sirio (Ediciones B, 2016). Una novela que, desde lo histórico, intenta sin disimulo hablarnos del presente. ¿Oportunista? El autor me responde: “Es lo primero que se puede pensar, pero no lo es; es oportuna“.

La novela arranca con la llegada del obispo godo de Toledo a Roma tras caer el reino hispano en manos de los musulmanes. Ese al que la Crónica del 754, calificaba de “mal pastor” y “mercenario” que huía y dejaba abandonada a su grey. Sin embargo, el autor extremeño, una de las voces más reconocibles del género en español, narra algo muy diferente: un hombre derrotado que es despreciado por los romanos -que creen que si su reino ha caído ha sido por sus pecados- y que encuentra solo consuelo en el papa Constatino I. Él le comprende porque ha vivido una situación similar: es un sirio huido de su país tras la llegada de los seguidores de Mahoma. Y de esa comprensión arranca la narración del drama de los sirios cristianos del siglo VIII y su éxodo.

Aprovechando la estancia del autor en Madrid para presentar la novela, pregunto cómo nació esta historia. “El año pasado cuando fui a Roma me encontré con un documento que hacía referencia a la llegada del último obispo godo de Toledo. El papa que había entonces era de origen sirio”, me cuenta. “Me pregunté, ¿cómo era posible que el papa fuera sirio? Así que me puse a investigar y descubrí que pertenecía a los primeros emigrados que abandonaron el país cuando se instauró el primer califato Omeya”, explica, “me pareció muy interesante y comencé a estudiar la época y coincidía con la época de la destrucción de la gran basílica de San Juan Bautista en Damasco, en cuyo solar se construyó la gran mezquita que se conserva hoy en día”.


Esta novela sirve para hacer consciente a un europeo occidental, quizá algo adormecido, que lo que está pasando en Siria tiene que ver con él


“Era contar algo que la gente desconoce”, explica las conexiones de su obra con el presente, “que hubo una gran expansión musulmana entre los siglos VII y VIII hasta tal punto que llegó a la tierra en la que vivimos y aquello fue un gran drama para mucha gente. Sirve para hacer consciente a la gente, a un europeo occidental, que quizá esté algo adormecido y vea lo que ocurre en Siria como algo lejano y que tiene poco que ver con él. No es así, la invasión de entonces vino directamente de allí“.

Resulta refrescante que un autor evite caer en tópicos sobre convivencia medieval e ir al meollo de los conflictos. Trazar semejanzas y diferencias con el pasado. En la novela, Sánchez Adalid  sigue la vida de un joven sirio cristiano que vive la ocupación islámica de los primeros tiempos y cómo esta varía desde la tolerancia a la opresión. Y, no todo iba a ser cargar las tintas sobre unos -aunque el autor sí tome partido-, como algunos cristianos (apoyados por los maronitas de las montañas del Líbano) se aferran a extrañas profecías que los impelen a combatir en una decisión que traerá ríos de sangre y mucho sufrimiento.


Estado Islámico quiere hacer lo mismo que los grandes califas de la expansión como Abdel Malik u Omar


En estos tiempos donde por necesidad oímos una torrencial información sobre Estado Islámico, hay cosas que nos suenan de lo que narra este autor del ideario y actuaciones de los yihadistas. “Estado Islámico quiere hacer lo mismo que los grandes califas de la expansión como Abdel Malik u Omar”, confirma el autor. “Todo lo que hacen apunta directamente a los primeros califatos, por eso su primer objetivo fue controlar Siria, un territorio que creen suyo”. “Los yihadistas han derogado el edicto de Omar que era un pacto con judíos y cristianos, a los que dejaban en paz gracias a un impuesto especial”, asegura el escritor que insiste: “La gente no se da cuenta de la sangre que ha corrido allí, del tremendo drama”.

Le pregunto por un pasaje concreto: uno donde unos musulmanes fanáticos meten vivo en un horno al padrastro del protagonista. ¿No suena a la crueldad salvaje de los vídeos de Estado Islámico?  “No me he inventado pasajes como esos como recurso literario”, me contesta, “lo he sacado de cartas de la época, de documentos históricos… No puedo dejar de mirar al presente, claro, pero si me preguntas si lo he puesto porque ahora este grupo quema a gente, la respuesta es no. Es que ya hubo musulmanes de los primeros tiempos que lo hicieron”, defiende este autor que en otra entrevista reciente aseguraba que el islamismo sufre de “crisis cíclicas de fundamentalismo”.

Reflexiono sobre si la empatía del papa sirio con el obispo godo, que llega derrotado y hundido entre los gritos y desprecios de la gente, no recuerda, también, a la actitud de los occidentales con los refugiados que llegan de países como Siria. “Claro que he pensado en ese paralelismo y creo que esta ficción puede ayudar también a sensibilizar“, me dice. “El éxodo, la huida, los dramas humanos se han repitiendo a lo largo de la historia y cómo no iba a tocarnos a nosotros vivirlo. Ahora, en nuestro mundo de viajes, comunicaciones y aldea global, nos sorprende los desplazamientos, las personas llorosas y hambrientas huyendo de la guerra… Y esto pertenece a la historia de la humanidad”.


Mi fe nunca me ha supuesto un problema. El problema será de quien tenga el prejuicio de que lo escribe un sacerdote será una colección de sermones.


¿Hablar de fanatismos religiosos, de luchas entre credos, no es difícil para un hombre, como él, que es párroco católico? “Mi primera novela de gran éxito fue El mozárabe que se lee en los colegios musulmanes. A mí, personalmente, no me gustan las historias de buenos y malos. Si a la Iglesia hay que darle caña se le da, que he escrito una novela sobre los problemas de Santa Teresa con la Inquisición. Y si la Iglesia o el Islam tienen que quedar bien, pues también se pone. Nunca he tenido ningún problema con ninguna religión”.

“Mi fe nunca me ha supuesto un problema”, me dice, “el problema será de quien tenga el prejuicio de que lo que escribe un sacerdote será una colección de sermones. No creo que sea mi caso: tengo premios literarios a los que me he presentado con seudónimo, así que será que nadie detectó nada raro. Estoy preparado para escribir sobre cualquier cosa: a la gente le sorprende que en mis novelas haya pasajes eróticos, pero bueno, eso es la literatura… y la vida”.


Quiero hacer una reflexión profunda sobre el pasado y ver lo que podemos aprender de él


Así transcurre la charla, hablando de la Historia siempre en relación con la actualidad. Así que, ¿apuesta Sánchez Adalid por una novela histórica militante frente a una novela histórica meramente escapista? El se ríe. “Puedes poner esa afirmación en mi boca”, me dice. “Llevo 17 novelas y no voy a escribir historietas de amoríos. Yo quiero hacer una reflexión profunda sobre el pasado y ver lo que podemos aprender de él. Hay episodios del pasado que son hermosos pese a que tengan un fondo épico y dramático. Y sí, sirven para evadirnos y disfrutar, pero también para aprender, y no en un sentido docente, sino de una manera divertida, intensa, fascinadora. Todo lo que implica un arte”. Un arte el suyo que el autor describe como el “esfuerzo en facilitar al lector el viaje y la posibilidad de que pueda verlo como si hubiera estado allí”.

Como uno de los temas secundarios de su novela es la caída del reino visigodo le pregunto por esa España del siglo VIII y la contemporánea. “No soy demasiado partidario de simplificar el pasado y pensar que la Historia se repite“, me contesta, “pero es verdad que la destrucción del reino visigodo se debió a la incapacidad de ponerse de acuerdo, las rencillas internas… Y se convirtió en un amasijo fácil de asimilar por el Islam, aunque todavía hoy los historiadores no se ponen de acuerdo sobre cómo fue”.

No le dejo sin antes sin pincharle sobre los lectores ‘poderosos’ que tiene como el presidente Mariano Rajoy. “Sí,” me confirma, “él y también el presidente socialista de mi comunidad y hasta el rey, que me lo dijo en una visita a la Academia de Extremadura. Pero te digo una cosa, yo quiero tener lectores de todo tipo, no escribo para una élite intelectual, religiosa o política. Escribo para el español medio, y escribo lo que a mi me gustaría leer, como aquellas novelas que me fascinaron de Mary Renault, Margarite Yourcenar, Ismel Kadaré o Mika Waltari. Yo quiero aportar algo de ese tipo al lector español”.

Me despido de él y me quedo rumiando sus respuestas y comparándolas con la lectura de esta novela, muy entretenida y de original ambientación.

Y vosotros, ¿habéis leído esta novela o algo de su autor?

¡Buenas lecturas!

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5 comentarios

  1. Dice ser Patriota

    Mientras tanto la Derecha traidora sigue haciendo todo lo posible por dividir a la sociedad:

    “El Gobierno implanta la Religión Islámica en Educación Primaria”

    http://gaceta.es/noticias/gobierno-implanta-religion-islamica-educacion-primaria-13122014-0952

    Nada me extraña ya de la Banda Organizada Pepé, y de los que la apoyan. Siempre ladrando contra los inmigrantes, y son ellos los que llenan España de mano de obra barata: Aznar trajo a más de 3.500.000 inmigrantes, contando solo los legales. Siempre apelando a su cristiandad y atacando a la religión musulmana y son ellos los que traen tropas moras para matar españoles, o promueven la implantación del Islam en nuestro País.

    Ahí están los datos, fachas hipócritas y traidores a España.

    17 noviembre 2016 | 09:40

  2. Dice ser Ignacio

    “Varia desde la tolerancia a la opresión” Y nos tendremos que creer que el catolicismo es tolerancia? vamos anda, se lo voy a recordar con la siguiente palabra: Inquisición. Con el cambio del cristianismo al Islam solo ganaraon, ganaron en cultura y organización, dado que era una civilización mucho mas avanzada, incluso incluso se lavaban
    Por cierto el Islam y el cristianismo adoran al mismo Dios, alguno profetas, virgem y santos. Vamos que Dios y Allah es lo mismo.

    17 noviembre 2016 | 10:08

  3. Dice ser David

    Tolerancia quizá sea la que ves tu a día de hoy, por parte del Islam hacia el resto de culturas y religiones actuales, la cual es inexistente, Europa se ha forjado sobre la religión católica muy a tu pesar Ignacio, y mira las diferencias actuales entre nuestra cultura y la suya, cierto es que hay capítulos de nuestra historia, que han sido aberrantes, pero la diferencia es que nosotros hemos avanzado y ellos siguen en la época de la inquisición, recuerdalo

    17 noviembre 2016 | 11:22

  4. Dice ser Boniato

    Y no solo eso, David. Según las estadísticas en todos los países hay una mayoría, desde inmensa a simple, que quiere instaurar la sharia y disfrutar de los “califatos”. Es una realidad que hay que afrontar, dolorosa para aquellos que han sido educados en contra del cristianismo, si queremos seguir teniendo una sociedad libre

    17 noviembre 2016 | 13:13

  5. Dice ser Juas

    Ignacio, no puede ser el mismo Diós, si finalmente existe, porque para los cristianos, como para los budistas Diós está en todo (la triniidad)) mientras que para el Islam no.

    17 noviembre 2016 | 19:22

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