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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Miguel A. Delgado: “Los científicos nunca serán ‘rock stars’, y las mujeres de la ciencia, menos”

Pickering y sus ‘calculadoras de Harvard’ (WIKIPEDIA)

Este sábado, 11 de febrero, es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. No se me ocurre mejor día para hablar con Miguel A. Delgado sobre su última novela, Las calculadoras de estrellas (Destino, 2016), la historia de las ‘calculadoras de Harvard’, un grupo de mujeres contratadas por el Observatorio de aquella universidad a finales del siglo XIX para procesar datos astronómicos. Y gracias a ese trabajo menos lucido, lograron numerosos avances, pero su papel ha sido, como el de muchas mujeres ligadas a la ciencia, obviado. El propio autor nos contó en este blog esta asombrosa historia.

Le pregunto a Delgado, cómo surgió la idea de escribir esta historia. “La primera noticia que tuve de las calculadoras fue la historia de Henrietta Swan Leavitt. Descubrí que ella era parte de aquel proyecto de Harvard que tenía Pickering. Y ahí empezó a rondarme la idea: había una historia“, recuerda.

“La otra pieza fue un libro norteamericano de los años 30 sobre las mujeres americanas científicas con el que me topé. Me despertó la curiosidad: la primera mujer que citaban era Ellen Richards, una química y la primera mujer que fue contratada en el MIT. Decían, de pasada, que había estudiado en Vassar College y que había tenido de maestra a la famosa astrónoma Maria Mitchell: ella le había dicho que, más que mirar al cielo, estaba hecha para ver de qué estaban hechas las cosas. Me llamaron la atención aquellos dos nombres: Vassar y Mitchell. Me zambullí en ellos y descubrí conexión con la calculadoras: ella había sido la profesora de algunas. Tenía el cuadro completo”, explica. Pero añade: “Sólo me quedaba una duda, ¿qué hacía con todo esto? ¿Ensayo o ficción? Cada tema te pide una cosa y este me pedía contarlo en clave de ficción: contarlo de manera fiel a lo ocurrido pero con un entramado de ficción que me permitiera llevarlo a más público”.

¿Y eso no sorprendía? No hay muchas novelas que mezclen historia y ciencia. “Sí, cuando estaba con el proyecto y lo comentaba con divulgadores científicos muchos decían: Ah, ¿pero es novela? En España apenas se hace ficción con la ciencia, cuando tiene todos los elementos que vemos que gustan en la novela histórica”.

Tiene razón: su novela se lee como una historia coral, donde la ciencia lo impregna todo, pero donde el hilo conductor es el drama de aquellas mujeres del siglo XIX y su condición de astrónomas, a veces sin saberlo. “La forma en la que abordo temas científicos tiene que ver con el componente humano que con el científico. Me gustan los detalles que humanizan a los grandes de la ciencia y creo, que en el fondo, es lo que interesa al lector. Las hagiografías de científicos o de lo que sea, no interesan”, asegura Delgado.

Las calculadoras, en pleno trabajo, en 1890 (WIKIPEDIA)

“Las calculadoras eran mujeres de su tiempo, avanzadas porque se metían en campos que tenían vedados, pero por lo demás tenían los problemas de todas las mujeres de su época“, reflexiona. “Y por ese aspecto social construí el personaje de ficción de mi novela, Gabriella, que me sirve para mostrar cómo debió ser aquella experiencia para las que no eran de clase favorecida. Hay que recordar que una de las calculadoras era  Williamina Fleming, la criada de Pickering”. Y añade “también Gabriella servía para lanzar una mirada escéptica sobre todo ello: estoy convencido de que habría muchas mujeres que dirían: por qué se mete esta Maria Mitchell en estos líos del cometa”.

Aunque me habla que de algunas de esas mujeres hay abundante documentación y que, por ejemplo, Maria Mitchell escribió mucho y de casi todo, le pregunto si ‘dar vida’ a personajes reales no impone. “Fue mi mayor terror cuando escribí Tesla y la conspiración de la luz. Pero llega un momento en el que para mí son personajes, no personas reales. Es una reconstrucción, es la imagen que tengo de aquel personaje, aunque esté construida con el máximo rigor”.

Comparto con Miguel Ángel mis impresiones de la novela y le digo que, constantemente, parece que habla del presente y no del siglo XIX. “Es lo que pretendo, poner temas actuales sobre la mesa”, responde, “toca temas de absoluta vigencia: el papel de la mujer en la ciencia, la necesidad de que la Educación sea parte de la riqueza de un país… No estás leyendo algo histórico, esto resuenan en nuestros días. Esas ideas desfilan por la novela sin romper el contexto histórico donde sucedieron aquellos hechos”.

Hablar de esas conexiones con el presente, conlleva, inevitable, a preguntar por la situación de la investigación en esta España de crisis y poca atención política. ¿No le apena esta situación de nuestros científicos? “Más que pena, me da rabia. He conocido a muchas científicas y astrónomas. En España tener vocación científica es pensar: menudas ganas tienes de meterte en este lío”. Y ahonda: “Me cabrea mucho que la ciencia tenga tan poco reconocimiento. Que la gente no se lleve las manos a la cabeza porque las mejores mentes, en las que gastamos millones en formación, se van a rendir a otros países. Estamos a niveles de llorar”.

“Las encuestas dicen que los científicos son de las profesiones más valoradas por los españoles”, explica, “pero no hay ninguna presión para que se aumenten los presupuestos en ciencia. Los partidos no llevan nada sobre eso en sus programas porque ni hace falta. Pero la historia nos demuestra que todo acaba teniendo rendimiento, aunque suene teórico o extraño gastar en ello”.

Y concluye: “Los científicos nunca van a ser unos ‘rock star’, salvo excepciones, y las mujeres menos. Si los hombres científicos resultan raros, las mujeres peores”. Le pregunto, si en pleno siglo XXI todavía es así y responde: “Las mujeres tienen las mismas oportunidades, sí, pero hay una presión invisible sobre ellas que todavía está”.

Rebota en la cabeza eso de los ‘rock star’. Quizá por eso sea conveniente llevarlos al campo de la ficción y acercarlos al gran público.

Antes de terminar la conversación le pregunto qué pretende con esta novela, con Las calculadoras de estrellas. “Si logro despertar el interés de los jóvenes por la ciencia, no se me ocurriría recompensa mayor. Parece fácil responder esto, pero es la verdad”.

Por cierto, para los que después de la novela les quede el regusto de saber más, estos días se publica en España un libro de no ficción sobre las calculadoras, titulado El universo de cristal. La historia de las mujeres de Harvard que nos acercaron las estrellas (traducción de Pedro Pacheco González, Capitán Swing, 2017), de Dava Sobel.

¡Buenas lecturas!

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2 comentarios

  1. Dice ser no salen de debajo de las piedras las cosas

    Si no llegan a ser estrellas del rock…, que es posible que algunos lo sean, al menos todos han de tener corazón heavy para seguir luchando contra enfermedades y ampliando el conocimiento humano sin apenas apoyo y muy relativo reconocimiento global. Sólo con las ganas es muy difícil, pero aún así, se avanza. Triste que sea tan lento y se dedique tanto apoyo, en lugar de quienes buscan salud global, por ejemplo, al armamento para aumentar la trinchera del sufrimiento entre contrarios.

    11 febrero 2017 | 12:00

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