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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Iñaki Martínez, autor de ‘La ciudad de la mentira’: “En los vascos hay predisposición a la aventura”

Fotograma de Casablanca.

Fotograma de Casablanca.

Una ciudad fascinante, Tánger, en una época fascinante, la Segunda Guerra Mundial. Tres personajes: Joan Alison, la que será coguionista de la mítica Casablanca; un jesuita vasco, Martín Ugarte; y el secretario del cónsul de EE UU en la ciudad, Stanley Mortimer. Una historia de espías de la vieja escuela. Esos son los argumentos de La ciudad de la mentira (Destino, 2016), de Iñaki Martínez, con la que quedó finalista del premio Nadal 2015.

Charlo con su autor que me cuenta las razones de su fascinación por la ciudad norteafricana en la que ambienta su historia. “Tánger era una ciudad con mucho glamour, se había convertido en centro del espionaje internacional, y estaba llena de refugiados: españoles de la República, rusos blancos, judíos… Era un espacio idóneo para gente que buscaba libertad“. Y recuerda una frase que le dijo un veterano tangerino: “Tánger en aquellos tiempos parecía estar muy cerca del cielo”. Hay que recordar que desde 1923 hasta 1956, Tánger estuvo bajo control internacional, aunque durante la guerra España la integró en su protectorado marroquí. Y es ciudad literaria, claro está, ejemplos, incluido el superventas El tiempo entre costuras.

En esta historia de espías, con cierto aroma a blanco y negro y novela de aventuras, Martínez afirma su fascinación con grandes autores de “aventuras y peripecias” como Conrad o Baroja. “Hay algo de épico en la novela, es de buenos y malos. Es de grandes personajes de distintos orígenes que dan lo mejor. En el límite de ese desarraigo que los ha llevado a Tánger, deciden embarcarse en una aventura que dará sentido a su vida”, analiza a sus personajes. “Casablanca tiene mucho de eso, también, de la lucha contra los totalitarismos.”

Y, aún con épica, intriga y aroma añejo, una historia de espías y refugiados vuelve obligatoriamente al presente. “La novela resalta la buena convivencia que había en aquellos tiempos entre las tres grandes religiosas en aquella época. Durante la investigación, me topé con eventos en los que participaban juntos y hermanados ulemas, rabinos y sacerdotes católicos. Setenta y cinco años después, nos tendríamos que preguntar por qué hemos retrocedido tanto en convivencia y respeto“.

Así que la pregunta queda forzada ¿por qué? “El excesivo individualismo nos ha perjudicado“, responde Martínez, “pensamos más en lo que nos interesa a nosotros y no en el otro, hemos perdido la capacidad de entender al diferente”.

Desde 1994, Iñaki Martínez (nacido en Guatemala, de madre panameña y padre vasco), ha ido madurando esta historia que ha trabajado con al menos 15 viajes a Tánger.  Hijo de un exiliado miembro del batallón Gernika durante la Segunda Guerra Mundial, le pregunto si ha sacado de la vida de su padre material para la novela. “Me he basado mucho en los recuerdos de mi padre”, asegura, “pero más en los míos propios”. Tiene donde elegir, según leo en su biografía, ha sido militante antifranquista, cónsul honorario en Panamá, miembro de la comisión de relaciones internacionales de la guerrilla salvadoreña, representante internacional del gobierno vasco… Como el mismo dice, “hay predisposición en el vasco para la aventura, a no estar entre cuatro paredes y salir al mundo”.

Y la cosa va de vascos porque fue precisamente un veterano del batallón de su padre quien le señaló que un secundario de la película Casablanca tenía apellido de paisano: Ugarte. Y de ahí…

Cuenta Martínez -se le nota pletórico con su novela- que ya está trabajando en la continuación de esta historia  que reunirá en La Habana de 1953 a sus tres protagonistas. Pero eso ya será otra historia, otra ciudad. Hasta que llegue, podemos quedarnos en La ciudad de la mentira y sospechar que la Casablanca del cine era en realidad Tánger.

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