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Entradas etiquetadas como ‘adiccion’

Adictos al móvil

Por Alexandra Martínez

77624-240-180Ayer por la tarde estaba esperando en un paso de peatones a que el semáforo se pusiera en verde. Al otro lado había una mujer esperando junto a su hijo, que tendría unos 3 años. El niño iba montado en un patinete y no paraba de corretear, mientras su madre estaba distraída chateando por el móvil. Fue tal el descuido de la señora que, de repente, la criatura empezó a cruzar la calle en rojo, mientras los coches prácticamente se abalanzaban sobre él a gran velocidad. Aunque sólo fueron unos instantes, el niño corrió un grave peligro y yo me quedé atónita al comprobar que la mujer ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Fue una chica que pasaba por allí la que tuvo que resolver la situación, apartándolo de la calzada y alertando a la madre, que seguía hablando a través de un programa de mensajería tan tranquilamente. Desgraciadamente, este es sólo un ejemplo de los peligros que conlleva distraerse usando esta aplicación mientras se circula, ya sea como conductor o como peatón. Creo que usar el smartphone en según qué situaciones se está convirtiendo en una adicción que podría pasarnos factura y que deberíamos tomar consciencia sobre ello.

¿Incomunicados por el Whatsapp?

Por Agustín Arroyo

WhatsappImaginen esta escena. Varios adolescentes o jóvenes reunidos esgrimiendo cada uno un teléfono móvil. Hablan, pero lo imprescindible es que teclean como posesos mensajes apocopados e intrascendentes por Whatsapp. Nunca se ha comunicado tanto, pero, eso sí, con intermediación electrónica. Su lenguaje se hace más lacónico, más concentrado, quizás más intrascendente. Estos jóvenes, alevines del “progreso”, casi no saben quién era Gutenberg. Sus dedos cada vez están menos familiarizados con el tacto suave del papel, con la sutil urdimbre de su textura. Muchos casi han olvidado el olor agradable del papel impreso porque del móvil pasan a la tablet.
Dentro de muy poco se extinguirán también los libros de texto tradicionales, se cerrarán librerías y muchas bibliotecas languidecerán hasta su patética clausura. Para no saturar las redes se establecerá, por ley y de forma inflexible, una comunicación máxima de 140 caracteres. Los infractores serán perseguidos con saña por la policía del pensamiento. Serán proscritos discursos, conferencias, opúsculos, panfletos, periódicos y libros. Y hasta la literaria distopía de Ray Bradbury en Farenheit 451, desgraciadamente, se hará una hiriente realidad no deseada.