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Entradas etiquetadas como ‘carcel’

Derechos humanos de según quién

Por Pedro Blanquer

Creo en la reinserción social de muchas personas que fueron juzgadas por delitos y que merecen otra oportunidad tras cumplir su condena, pero pienso que esto solamente puede suceder cuando son personas. Decir “Buena noticia. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha reafirmado la condena a España por violar los derechos en la Doctrina Parot” queda muy bonito pero sólo cuando en una Estrasburgosociedad no exista el machismo, la homofobia, la servidumbre y exista igualdad de oportunidades para todos, igualdad de derechos, tener derecho a un nivel de vida adecuado y demás artículos de la tristemente utópica Declaración de los Derechos Humanos. Solo entonces se podría cuestionar la aplicación de los artículos 5.1 y 7 de tales derechos “universales” a personas que cometieron masacres. Lo que no se puede hacer es empezar la casa por el tejado y que el Tribunal de Estrasburgo proceda a legitimar unos derechos a personas que acabaron con las vidas de muchas otras porque deberíamos cuestionarnos dónde quedaron los derechos humanos de las personas a las que asesinaron.

 

El Código Penal y el miedo

Por Fernando Crespo

El PP no lo prometió en su programa electoral pero todos sabíamos que podía ir más lejos en el “endurecimiento” del Código Penal y, efectivamente, lo ha hecho. La reforma aprobada “endurece” por enésima vez el Código Penal (que era ya el más estricto de la etapa democrática). Sus propuestas más rancias satisfacen a una opinión pública atemorizada por miedos irreales, intangibles y alentados demagógicamente. La sociedad española no está asustada por la delincuencia —tenemos uno de los índices de criminalidad más bajos de la UE—, sino por otras causas menos controlables judicialmente como son la inestabilidad absoluta del sistema económico y la liquidación política del estado social, que tanto nos ha costado establecer, y que ahora nos aportan sólo inseguridades y riesgos ineludibles. Alberto Ruiz Gallardón

El sistema penal, sobre todo la privación de libertad, supone la agresión más directa que el Estado ejerce sobre el ciudadano como sujeto de derechos y como persona individual. Se trata de mantener una represión continuada sobre los condenados, apartándoles absolutamente de las estructuras de participación y vertebración social. El nuevo CP reduce los beneficios penitenciarios, aumentan las restricciones para acceder al tercer grado y a la libertad condicional y establece un severo paquete de medidas complementarias a la pena.

No podemos limitar por la fuerza los intereses, las motivaciones y las capacidades de nuestros conciudadanos durante espacios temporales prologados (de hasta 40 años) y después seguir dudando, cínicamente, de su capacidad para reiniciar la vida cotidiana con autonomía personal suficiente, imponiéndoles penas añadidas durante años, como es la libertad vigilada. Al negarles su condición humana perdemos también la nuestra.

Jaume Matas, la gallina y los jueces

Por Ángel Villegas

De los cobosPara ser juez y más si se llega a tribunales superiores, Supremos o Constitucionales, hay que estudiar muchísimo y haber demostrado grandes méritos, así que no voy a ser yo, modesto ciudadano del montón, el que me ponga a discutir la sabiduría de sus señorías.

Permitan, no obstante, que muestre mi asombro al haber conocido que hay un ciudadano que puede ir a la cárcel por haber robado una gallina, al parecer con el agravante de haber saltado la cerca del corral en que estaba el animalito.

Así que, al enterarme de la reducción de pena del señor Matas, que había sido condenado a seis años de prisión, y que se ha quedado en nueve meses, no alcanzo a comprender la falta de proporcionalidad entre la gallina y los muchísimos euros “distraídos” por los que ha sido condenado don Jaume.

Por otro lado, un juez que llega a presidente del Constitucional, ocultó su militancia en un partido político cuando fue examinado para el cargo, con lo que se pone en entredicho la apariencia de necesaria imparcialidad. Y sus compañeros del citado Tribunal no dicen ni pío. Además, el susodicho juez ignora aquello de “la mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo” y no presenta su dimisión “ipso facto”.

Será así, ¡qué duda cabe!, sus señorías sabrán muy bien lo que hacen, pero sepan también, que muchos ciudadanos como yo, que pagamos nuestros impuestos con los cuales se atiende a la Justicia y a todas las necesidades del Estado, no entendemos estas cosas tan extrañas; y, a pesar de todo, seguimos confiando en los jueces.

Las maniobras de Bárcenas en la cárcel

Por Agustín Arroyo

BárcenasDurante todo el tiempo que ha durado la instrucción del caso Bárcenas, una eternidad, este Luis Candelas de los ricos ha tenido tiempo de salir, entrar, zascandilear sobrevolando fronteras, bancos, amañando cuentas, falseando contabilidades, pergeñando farsas, en un tira y afloja de : “ahora digo, luego amenazo, más tarde chantajeo”, etc. Siempre con su cara dura de cemento armado, con la impasibilidad que otorga la prepotencia blindada por sus correligionarios populistas, bastante impopulares ya.

Estaba todo planificado. Ante la palmaria imposibilidad de ocultar por más tiempo tanta basura tóxica, el PP y la Fiscalía anticorrupción le han otorgado ancho margen de tiempo para enmarañar todo lo posible ese muladar de fetidez insoportable. Se dice en los mentideros que algún alto cargo o barón del PP ha tenido la oportunidad reciente de entrevistarse varias veces con él. Ya suponemos lo que habrán pactado. Transcribo una intuición en la mente de todos: “ Tú no tires de la manta de lo que sabes y guardas que te garantizamos pocos meses de cárcel y una salida digna a las islas del tesoro que te ha dado tiempo a ocultar para tu vida poscarcelaria”. Bueno, todo esto, claro, es una ingenua fantasía de un ciudadano de a pie. No podía ser de otra manera.

Siempre salen indemnes

Por Agustín Arroyo

BlesaEra esperable. La Audiencia de Madrid ha anulado las actuaciones del juez Silva en el asunto Blesa, expresidente de Caja Madrid. Es inconcebible que mientras países europeos como Islandia o el Reino Unido han redoblado y extremado la vigilancia judicial sobre las malas prácticas de sus banqueros, en España prácticamente se cierra el paso a que los jueces investiguen el expolio bancario por parte de varios de sus más altos responsables.

Si la ejemplaridad es un elemento fundamental para disuadir a los grandes y poderosos banqueros de realizar aventuras financieras temerarias con el dinero ajeno, la noticia de que Blesa y su caso quedan en agua de borrajas habla muy negativamente de nuestro sistema judicial, dispuesto a mirar para otro lado ante tamaños escándalos de prestidigitación financiera.

La argumentación simplista y fácil de que se pretende hacer una causa general contra los responsables de nuestra crisis bancaria demuestra la bochornosa connivencia entre los escualos del agio bancario y los sectores judiciales ultraconservadores, no dispuestos a poner límites razonables a cierta casta de hierofantes del latrocinio de diseño más repulsivo. No aprendemos.

Sin pensar en las consecuencias

Por Francisco Jesús Puente

Duques de PalmaAhora resulta que la infanta Cristina pide que se guarde la intimidad de sus hijos. No lo pensó antes de que ella y su marido se metieran en un berenjenal de narices, robando dinero para vivir como reyes a costa de los tontos de turno, que somos los ignorantes —se creen ellos— del pueblo de a pie.

¿Quién guarda la intimidad de muchos niños que tienen padres en las cárceles por simplemente robar para comer, por necesidad, o porque los bancos les echan de sus casas por no pagar las hipotecas? Esos niños a los que luego sus propios amigos o compañeros repudian porque sus papás son chorizos de poca monta en comparación con lo que roban estos personajes. Lo siento porque son niños, pero ¿por qué antes de pedir clemencia para ellos no piensan en las consecuencias de lo que conlleva robar a un pueblo indignado? Estamos hartos de tanto chorizo de guante blanco y estamos pagando las consecuencias de todo lo que roban estos papás de niños famosos. Por culpa de ellos España está en quiebra.

¿Desiguales o desigualdades?

Por Victorio Martínez

Mapa muncial de la desigualdadLas personas por naturaleza no somos iguales. Hasta ahí bien. Pero a partir de ahí, según el Gobierno de turno y las políticas que desarrolla, vienen los problemas y las desigualdades.

Qué casualidad que siempre perdemos los mismos: el 99% de la sociedad. ¿Cómo es posible que el 1% dominen al resto de la ciudadanía? Pienso que la culpa es nuestra, del 99%. No actuamos cuando nos quitan lo nuestro. Tampoco hacemos nada cuando recortan nuestros derechos que tanto esfuerzo y lágrimas nos han costado. Miramos el fútbol, ¡ojo!

Por eso las élites nos quitan lo nuestro y nos obligan a cumplir so pena de sanción o cárcel lo que ellos incumplen todos los días. Saben que no tienen razón pero su billetera se llena de nuestro dinero. Durante esta crisis provocada, que se inició en aquel verano de 2007. Desde entonces nosotros somos más pobres y ellos, los poderosos, más ricos. A partir de aquí aumentan las desigualdades entre los pueblos y en los pueblos entre los ciudadanos.

No se puede permitir que haya menores pasando hambre y mayores sufriendo necesidades. Es inhumano que se gaste en un retrato de un político más de 100.000 euros, en fanfarrias religiosas y otras inutilidades de alta alcurnia política y que haya niños que no tengan para comer o personas mayores que tengan que dejar de tomar medicamentos que necesitan para vivir. Esto son desigualdades. Que paguemos impuestos y ellos defrauden también son desigualdades.

Es urgente actuar para evitar y prevenir las necesidades en la parte más débil de la población: niños, mayores y personas con discapacidad. La escasez aumenta en la mayoría de la población por culpa de los recortes del Gobierno de Rajoy y por la falta de unas medidas de prevención. Seguimos siendo desiguales por naturaleza, con muchas desigualdades por inhumanidad política.

Prohombres en la cárcel

Por Luis Fernando Crespo

CárcelDíaz Ferrán ya estaba preso, ahora llega Miguel Blesa. La cárcel se puebla de presos “lustrosos”, antes que ellos hubo otros que allí perdieron su prestigio social y algunos que lo mejoraron. Jordi Pujol, al cumplir los 80 años, todavía se acordaba de su estancia en la cárcel. Reconocía que, 48 años después, —a pesar de que no llegó a sufrir los dos años completos de internamiento, durante una etapa histórica en la cual la cárcel otorgaba prestigio, apoyo grupal y hasta representatividad política—, todavía le amargaba su paso por prisión: “antes de entrar era una persona más dúctil, más abierta, más alegre, más franco. Nunca me he recuperado plenamente”. Esto mismo les ocurrió a otros muchos demócratas que, víctimas de la represión franquista, pasaron por las cárceles de la dictadura.

Para superar estas situaciones, tras la aprobación de la Constitución, la primera Ley Orgánica de la Democracia fue la 1/79, General Penitenciaria, que desde entonces intenta humanizar la privación de libertad; y en eso deberíamos estar, hasta convertirla en una oportunidad para la integración social de los penados, tarea propia de la Justicia.

Pero poco a poco las cárceles españolas utilizadas como amenaza, casi universal, contra el terrorismo, la violencia machista, los conductores imprudentes, los jóvenes delincuentes, y otras gentes del malvivir, se han convertido en la sentina de la sociedad de la excelencia que pretendemos ser, urgidas por necesidades políticas perentorias han devenido en almacén de delincuentes, hombres y mujeres marcados de por vida.

No existe una política penitenciaria reconocible, pero esto no causa ningún malestar o inquietud social. Alejando las cárceles de las ciudades hemos conseguido hacerlas invisibles, excepto para quienes las habitamos y las sufrimos: internos y trabajadores penitenciarios, que seguiremos recordándolas amargamente, durante mucho tiempo, después de haberlas dejado atrás. Todo es aparente normalidad y un pellizco a la condición humana de los internos.

Que la cárcel impida repetir el ‘que se jodan’

Por Javier Sanz Ridruejo

El gesto obsceno del gestor económico del PP durante décadas, Bárcenas, que le retrata tal y como es, no fue sólo una deliberada ofensa a los periodistas, sino también a mí y a todos los españoles. Esperemos que pronto no ya sólo una pulsera de vigilancia sino Bárcenaslas esposas y la cárcel le impidan repetir ese gráfico “¡Que se jodan!” que ya pronunciara la provocadora diputada Fabra en pleno Congreso. Y que la Justicia actúe pronto con justicia contra esas aún peores burlas obscenas que nos está haciendo a todos la cúpula del PP, como, hasta sobre Bárcenas, las múltiples y desvergonzadas mentiras que cada día, distintas y contradictorias entre sí y con los hechos, nos echa cínicamente el mismo Rajoy.

Pena sobre pena

Por Luis Fernando Crespo Zorita

El  Código Penal que proyecta Gallardón, respecto  de los condenados a penas o medidas de seguridad privativas de libertad, que sean extranjeros originarios de terceros países, ajenos la Unión Europea,  propone como único tratamiento la expulsión, inicialmente como sustitutivo de la privación de libertad o en cualquier momento durante el cumplimiento de la sanción penal, siempre antes de alcanzar la libertad condicional o definitiva. Se obvian así las tres finalidades (prevención general, retribución social y tratamiento resocializador de los privados de libertad) que hasta ahora se reconocían a las sanciones penales, y se sustituye por una única finalidad nueva: extrañar o hacer completamente ajeno a la sociedad  española al delincuente que no esté protegido previamente por la ciudadanía española o europea, a pesar de que pudiera estar integrado plenamente en la sociedad española, antes, o mejor aún,  después de cumplir la condena. Demagógicamente se pretende esconder el endurecimiento del Código Penal, utilizando a los extranjeros como espejo, que nos devuelve una imagen autocomplaciente, para el imaginario colectivo:  precisamente para ellos, para los extranjeros, el nuevo Código Penal es aún más duro, que para los autóctonos, de España y Europa.