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#Cállate .@mujer, o voy a por ti

Por Lola Liceras 

Acaba de recibir una alerta de contestación a su último tuit. En él denuncia el trato recibido por una víctima de violencia de género. No había sido la única tuitera que denunciaba ese caso de violencia, ni era la primera vez que lo hacía. Pero por primera vez recibía una amenaza. Entre quien la sigue hay familiares, personas amigas y conocidas de su entorno más cercano, pero también mucha gente que la conoce por su activismo. Muchas identidades que ella no conoce y que han sabido de ella porque gracias a Twitter puede contar lo que pasa y expresarse de manera inmediata.

Imagen de Alisa Mulder / Unsplash.

Esto es un ejemplo de lo que muchas mujeres sufren en Twitter. Violencia online por manifestar libremente su opinión sobre cualquier tema, da igual que sea de política, de cuestiones sociales, por defender los derechos humanos, particularmente los de las mujeres, por expresarse de manera diferente. Sufren constantemente esta violencia por el hecho de ser mujer.

Movimientos cómo #MeToo y #TimesUp que defienden las libertades de las mujeres han encontrado en Twitter un teórico aliado al haber anunciado públicamente que las apoya para lograr que se escuchen sus voces. Sin embargo, la libertad de las mujeres para expresarse se ve habitualmente silenciada por los comentarios tóxicos en la plataforma. Amparados en el anonimato, los agresores lanzan explícitas amenazas de violación o de muerte, en ocasiones extremadamente gráficas. Los insultos tremendamente ofensivos y las agresiones verbales con una fuerte carga misógina son habituales. En la mayoría de los casos se repiten, y no con un origen único, sino que se llegan a manifestar de manera organizada, pasando a ser acoso desde varias identidades que se organizan para atacar y humillar a las mujeres.

Cuando empieza, la violencia online generalmente no se queda en una sola amenaza. La intensidad de la agresión crece. Y la protección que se tiene desde Twitter es muy pequeña. La violencia no solo son amenazas. También se hacen públicos los datos más personales. Informaciones que son obtenidas por los atacantes de manera ilegal en muchas ocasiones. Y que se difunden para que terceras personas la insulten y acosen, o para censurar sus comportamientos. Números de teléfono, direcciones de correo electrónico, hasta domicilio con la intención de que el miedo se instale en la mujer, intentando paralizar su activismo, hacerla desistir.

Sea política, defensora de derechos humanos, de una minoría étnica o religiosa, las mujeres son objetivo de humillaciones y agresiones racistas, sexistas, homófobas. ¿Qué valiente va a atreverse a tuitear? La violencia online coarta la libertad de expresión y bloquea la vida cotidiana de las mujeres.

Twitter debe proteger a las usuarias de esta violencia que cada vez sufren más. Tiene políticas propias que explícitamente dicen que no tienen cabida en su plataforma ni la violencia online ni los comportamientos abusivos.

Es hora de que aplique sus propias reglas impidiendo la permanencia de los comentarios o contestaciones insultantes o amenazantes e identificando a los autores de las mismas. En muchos casos, estos abusos o acosos son constitutivos de delito y no deben quedar impunes. Además, siempre son ataques a los derechos humanos de las mujeres.

Y debe hacer público cómo está aplicando estas reglas. Las mujeres deben poder expresarse libremente en Twitter sin miedo a verse amordazadas por los prejuicios y el odio. Las mujeres sufren el devastador efecto de la violencia online. Y ésta tiene que desaparecer.

Lola Liceras coordina el Equipo de Mujeres de AI España

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