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"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

Pagar o no pagar

El último disco de Radiohead, In Rainbows, y la original estrategia del grupo de distribuirlo por Internet pidiendo a cambio la voluntad no para de dar qué hablar. Resulta evidente que la banda de Oxford, pese a no haber contado esta vez con el apoyo de discográfica alguna, es tan grande como para poder permitirse ésta y casi cualquier otra aventura al margen de la industria, con la total seguridad de que sus fans (mucho de los cuales los adoran hasta límites casi religiosos) van a responder al envite sin fisuras. La maniobra ha servido de campo de pruebas, y otros artistas como Madonna, Oasis, Jamiroquai o Justin Timberlake ya han manifestado su intención de prescindir de intermediarios en un futuro próximo. Más allá de propuestas tan mainstream, son cientos los grupos que desde hace años distribuyen su música de forma gratuita por la Red, lo que les ha abierto las puertas a una promoción prácticamente ilimitada. Así que Radiohead, lejos de haber inventado nada, lo que han hecho es darle una vuelta de tuerca al panorama que puede traducirse en un punto de inflexión de cara al futuro.

La última noticia al respecto de In Rainbows desvelaba que el propio Thom Yorke se bajó su disco sin pagar un duro, al igual que han hecho más del 60% de los internautas. Yo hice lo mismo. Ignoro si existe un registro con el país de procedencia de los que conforman ese porcentaje, pero algo me dice que los españoles representamos una buena parte de él. Así somos. (¿Para qué pagar por algo si se puede tener gratis?). La confirmación o desmentido de esta teoría y el definitivo examen a la apuesta de Radiohead llegarán con la edición del álbum en cd y vinilo, que acaba de llegar a las tiendas de discos (alguna queda más allá de las grandes superficies, es cuestión de buscar).

Pese a reconocer abiertamente mi tacañería a la hora de pagar por un mp3, creo que hay un innegable, aunque cada vez menos extendido atractivo en el hecho de poseer un disco en formato físico y palpable. Será su portada, su libreto o su condición de pieza única -más acentuada en el caso del vinilo-, pero se trata de algo mágico que conviene no desterrar al olvido ni al mero refugio del nostálgico. Comprendo al adolescente, estudiante o trabajador precario que no está dispuesto a pagar el excesivo precio de algunos discos (no de todos, ojo), pero aun así invito al melómano a apoyar a los grupos cuyas canciones han significado algo para él en algún momento de su vida. Hay muchos maneras de hacerlo que no se limitan a adquirir su disco. Visitar su web, ir a verlos en directo (el gran beneficiado de toda esta revolución), comprarse una camiseta o simplemente recomendárselo a un amigo son sólo algunas opciones. Y si muchos deciden no hacer nada de ello, que no cunda el pánico: la música no va a morir como pronostican algunos agoreros. Está por encima de todo esto.

1 comentario

  1. Dice ser niño caos

    Y por esta vez hay que quitarse el sombrero con el bueno de Thom Yorke.Trent Reznor, con su último disco Year Zero, también ha usado un modo de distribución de estraperlo bastante curioso. Además, ha montado una red de páginas web super punkis incendiarias al respecto.No desvelo mucho más, si no hay post al respecto, que lo investigue quien le interese 😉

    14 Diciembre 2007 | 09:17

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