Mario Villén: “Ibn al-Ahmar, primer constructor de la Alhambra, ha sido ignorado hasta ahora”

El escritor Mario Villén (Cedida)

Mario Villén (Pinos Puente, Granada, 1978) era ya conocido en el mundillo de la novela histórica por su participación en las Jornadas de Novela Histórica de Granada o por sus primeras novelas (El escudo de Granada o 40 días de fuego), pero probablemente sea en este 2020 cuando llegue al gran público lector. Lo hará con Nazarí (Edhasa, 2020) una novela centrada en Muhammad bin al-Ahmar, el caudillo musulmán nacido en la actual Arjona (en Jaén), fundador del emirato nazarí de Granada y primer constructor de la Alhmabra.

Un personaje histórico fascinante y al que, sorprendentemente, la literatura histórica española le había dedicado poca atención.

¿Por qué Muhammad bin al-Ahmar y el nacimiento de la dinastía Nazarí pedían una novela?

Porque a pesar de su importancia histórica, este personaje y todo lo que lo rodea han sido ignorados hasta ahora. Ibn al-Ahmar no sólo fundó el emirato Nazarí de Granada e inició su propia dinastía, sino que, además, entre otras muchas cosas, fue el primer constructor de la Alhambra y sentó las bases para que los nazaríes pudieran mantenerse en el poder durante más de dos siglos y medio. Es un personaje muy potente de nuestro pasado, que tuvo que lidiar con reyes tan poderosos como Fernando III y Alfonso X.

Se ha novelado más a los nazaríes en su última época, en la de la caída del reino de Granada, ¿qué encontrarán los lectores en esta época de nacimiento?

Se trata de una época de transición y, como tal, de incertidumbre. Tras la derrota de las Navas de Tolosa y la progresiva retirada de los almohades a África, al-Andalus queda sola y desorientada, sin un poder político ni militar que contribuyan a su subsistencia. Hay varios intentos andalusíes por tomar las riendas, pero sólo la habilidad extrema de Muhammad bin al-Ahmar logrará crear un estado fuerte, capaz de exprimir sus recursos, de guerrear y de practicar la diplomacia cuando las circunstancias lo requieren. En esta situación de inestabilidad nace el emirato nazarí de Granada.

De al-Ahmar ¿hay suficiente documentación para escribir una novela 100% basada en hechos reales o hay suficientes vacíos para dar rienda suelta al novelista?

Sobre Ibn al-Ahmar hay muchas pinceladas, pero no textos completos que hablen sobre él. Digamos que me encontré con un gran armazón que me sirvió de guía, pero con los suficientes huecos como para ficcionar con comodidad. Creo que es el equilibrio perfecto para un novelista histórico. En cambio, sobre la época sí hay documentación muy precisa y abundancia de datos. Parece que la propia historia ha tratado de forma injusta a un personaje que tuvo tanta relevancia en nuestro pasado.

Como personaje literario, ¿cómo ha reconstruido Mario Villén al primer rey nazarí?

De él sabemos que su familia tuvo sus glorias pasadas, pero que estaba en decadencia. Sabemos que cultivaba la tierra con sus propias manos y que peleaba en la frontera como cegrí. Era querido en su pueblo y se convirtió en un ejemplo de moral y disciplina. Su carrera fue fulgurante y, cuando llegó el momento, fue proclamado emir por los suyos. A partir de estos sencillos datos he creado a un personaje decidido, sobrio, fuerte, fiel, comprometido con su fe, ambicioso, capaz de amar, buen amigo… en definitiva, he construido a una persona real, con sentimientos y aspiraciones iguales a las de cualquiera de nosotros.

Relata una época de transición, de grandes cambios políticos y sociales… ¿Es aquella buena metáfora para nuestros tiempos? ¿La novela histórica siempre tiene clave actual?

Por supuesto. La humanidad siempre tropieza con las mismas piedras. El andalusí era un pueblo sometido que se alzó para reclamarse dueño de su propio destino. Ibn al-Ahmar, al igual que todos los emires nazaríes, fue proclamado emir por aclamación popular. El pueblo fue soberano y, después de expulsar a los almohades de su tierra, eligió a su propio líder, sin importar su origen humilde. Esa historia se ha repetido a lo largo de la historia en cientos de ocasiones y, todavía hoy, el pueblo sigue demostrando que anhela libertad y autogobierno.

Es usted de Granada, ¿ese origen marca especialmente al escribir sobre Al-Andalus? Sus tres novelas han estado relacionadas con esa época…

Sí, es cierto. En Granada se respira la herencia andalusí más que en ningún otro sitio. La Alhambra preside la ciudad desde la colina de la Sabika. Al otro lado del río Darro, el barrio del Albaicín conserva la esencia de su pasado musulmán. Muchas iglesias no son más que mezquitas sacralizadas y, más allá de la propia ciudad, la herencia cultural de tantos años formando parte de al-Andalus se ha mantenido en costumbres, tradiciones, expresiones, recetas… conformando un bagaje que todo granadino lleva consigo, incluso sin ser consciente de él.

Hace unas décadas, escribir sobre aquella época era escribir sobre alguno luminoso, multicultural, esa tendencia parece que cambió tras el 11-S y el 11-M y ahora hay hasta quienes quieren sacar esa época fuera del tronco de la historia de este país; la actualidad marca siempre nuestra forma de mirar al pasado, ¿cómo mira al pasado andalusí Mario Villén?

Identificar a los musulmanes andalusíes con el extremismo islámico es tan absurdo como identificar a los católicos con los inquisidores que torturaban sistemáticamente para obtener confesiones. Hay siglos entre unos y otros. Además, son religiones mayoritarias en el mundo, con millones de seguidores. Siempre ha habido y habrá extremistas, que no deben ser identificados con el total de fieles. De eso también hablo en Nazarí. Los andalusíes se rebelan contra los almohades, que se podrían considerar los extremistas musulmanes de aquella época. De hecho, cuando logran expulsarlos de la península, purifican las mezquitas y se refieren a ellos como herejes. En al-Andalus, la población autóctona practicaba una forma de islam bastante particular y laxa. Como ejemplo, yéndome al extremo, se conservan poemas de la etapa omeya en los que se ensalza la figura del copero, un muchacho joven que servía el vino y con el que se solían tener relaciones. En estos poemas, por tanto, se ensalza el consumo de alcohol y las relaciones homosexuales. Impensable en otros ámbitos islámicos.

Su formación en políticas y sociología, ¿también marca cómo escribe ficción histórica?

Cada día estoy más agradecido por mis estudios. No me dieron trabajo, ya que soy funcionario de la Administración estatal, pero me aportaron una visión global y abierta del mundo en el que vivimos, así como técnicas de estudio de la realidad histórica que he aplicado a la hora de documentar mis libros. Rotundamente sí, la política y la sociología están muy presentes en mis novelas.

¿Cómo ha trabajado esta novela? ¿Cuánto ha tardado en documentarse y escribirla?

La idea surgió hace más de diez años, pero entonces no me atreví a desarrollarla por la complejidad de la época. Ahora me alegra haber esperado, porque soy consciente de que en aquel momento no estaba preparado para afrontar un proyecto así. He tardado unos tres años en completarla, de los cuales he dedicado unos ocho o nueve meses a la documentación. Ha sido un proceso largo, pero muy disfrutado.

Como novelista, ¿cómo se define?

Es una pregunta difícil. Deberían ser los lectores los que la respondieran. Pero puedo hablar sobre aquello a lo que aspiro. Me gustaría escribir una novela histórica fiel a la historia, pero que prestara gran atención a los personajes. Intento ahondar en la definición psicológica de los mismos, describiendo sus sentimientos e intereses. No me gustaría que los acontecimientos se convirtieran en los verdaderos protagonistas. Cuando esto ocurre, el texto se convierte en un manual o, peor aun, en una novela de aventuras, sin profundidad ni realismo.

¿Cuáles son sus autores referentes en novela histórica?

Precisamente por lo que acabo de explicar en mi respuesta anterior, mis referentes son dos autores de histórica muy líricos: Amin Maalouf y Tariq Alí. Sus prosas son muy poéticas, y sus personajes están vivos, resuenan dentro del lector.

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