La ruta infinita: el épico viaje iniciado por Magallanes y concluido por Elcano

Detalle de un mapa (1590) de Abraham Ortelius que muestra la nave Victoria. (WIKIPEDIA)

El historiador y novelista José Calvo Poyato (Cabra, Córdoba, 1951) lanza nueva novela en la que narra la gran gesta de la primera circunnavegación del planeta que realizaron hace 500 años Magallanes y Elcano. La ruta infinita es la primera ficción que publica Calvo Poyato en su nueva casa editorial, Harper Collins Ibérica. En el siguiente artículo, Calvo Poyato explica aquella gran aventura.

 Hace quinientos años se iniciaba la expedición que, al mando de Fernando de Magallanes y auspiciada por el rey de España Carlos I, con la aportación financiera de varios inversores castellanos y de forma principal por Cristóbal de Haro, terminaría dando la Primer Vuelta al Mundo. Partieron cinco barcos -cuatro naos y una carabela- del sevillano muelle de las Mulas. Las expediciones transoceánicas, por decisión de la Corona, partían y llegaban a Sevilla donde se había instalado la Casa de la Contratación, como organismo encargado de gestionar el monopolio naval y el control de los viajes a Indias.

El primero de los objetivos de la expedición, una vez que, en 1513, Vasco Núñez de Balboa había descubierto el inmenso mar que se extendía al otro lado de las Indias Occidentales, era buscar un paso que permitiese llegar hasta él desde las aguas del Atlántico. Si quedaba alguna duda de que Colón había llegado a un continente del que los europeos de finales del siglo XV no tenían noticia, quedaba despejado. Pero la búsqueda de ese paso no era el único objetivo de esa expedición que partía en 1519 y que, por una serie de circunstancias, verdaderamente extraordinarias, permitiría a una de las naos dar la Primera Vuelta al Mundo. El segundo era abrir una ruta para llegar a las islas de las Especias o la Especiería.

Había un tercer objetivo, que podemos considerar secreto. Eso no era una novedad. La náutica en aquella época estaba presidida por un mundo de secretos. Poseer portulanos, mapas o cartas de navegación era algo muy codiciado. Aquel era un tiempo donde hacerse a la mar suponía, dado lo limitado de los conocimientos, una aventura llena de peligros. No resultaba conveniente divulgar los conocimientos que se tenían de los mares, los continentes, las corrientes marinas, los vientos dominantes o el perfil de las costas. Menos aún, dadas las fuertes tensiones que había generado en España y Portugal el control de las rutas. En las capitulaciones que se firmaron en Valladolid el 22 de marzo de 1518 para establecer las condiciones y recoger los frutos de la expedición se señalaba que, en ningún caso, la escuadra dejaría de respetar los acuerdos alcanzados por ambos países en el tratado de Tordesillas. (1494).

Ninguno de esos objetivos contemplaba dar la vuelta al mundo, entre otras razones porque suponía un flagrante incumplimiento de ese tratado, al estar la Tierra dividida en dos hemisferios por un meridiano que se situaba, de forma bastante imprecisa, a trescientas setenta leguas a occidente de las islas Cabo Verde.

En La Ruta Infinita llevamos al lector a la Lisboa de los años en que la capital portuguesa se ha convertido en el principal punto del comercio de las especias que llegan de las Indias y Europa necesita. En las flotas que enfilan el estuario del Tajo llegan, junto a las especias, novedades que los lisboetas esperan ansiosos. Proporcionan a sus reyes y a los mercaderes allí establecidos grandes riquezas que, entre otras cosas, permiten construir la Torre de Belem o el monasterio de los jerónimos. En ese ambiente, Fernando de Magallanes, experimentado navegante que considera que sus méritos no han sido debidamente reconocidos por la corte lusitana, y Ruy Faleiro, uno de los grandes cosmógrafos de la época, cuyo carácter díscolo le creado no pocos problemas, elaboran el plan que deciden presentar a Carlos I que acaba de llegar a la Península procedente de su Flandes natal.

Viajan a la Sevilla que ya se ha convertido en cabecera de las Indias y donde se viven, con no menos pasión que en Lisboa, los viajes transoceánicos y los grandes descubrimientos geográficos que se suceden sin tregua. Allí Magallanes encontrará el amor y vivirá, junto a Faleiro, el bullicio del Arenal con la Cestería y la Carretería; el Compás de la Laguna donde está la mancebía; el ambiente de las tabernas en la ribera del Guadalquivir.

En Valladolid la presencia del joven rey en Castilla, adonde ha llegado acompañado de un numeroso séquito de flamencos que buscan repartirse las principales prebendas del reino, ha provocado más de una decepción y amplias protestas. En medio de ese ambiente de malestar, ofrecen sus servicios al rey. Los problemas de índole varia se sucedieron antes de que todo quedara concretado y, en medio de grandes dificultades, la escuadra se aprestará en el puerto de Sevilla. El 10 de agosto de 1519 surcará primero las aguas del Guadalquivir y zarpará después, tras un misterioso retraso de casi siete semanas retenida frente a Sanlúcar de Barrameda, rumbo al Atlántico.

Los tres años durante los que se prolongará la expedición están llenos de complicadas situaciones, graves enfrentamientos, serios problemas y dificultades sin cuento que convirtieron en una aventura épica aquel viaje que marcará un antes y un después en la historia de la humanidad. El lector asistirá a la muerte de Magallanes, al encumbramiento de Elcano y a las decisiones que este último tomará, contraviniendo las órdenes de Carlos I. Todo ello con los portugueses utilizando los medios a su alcance para hacer que la expedición acabara en un desastre. Pero la Victoria entrará en el puerto de Sevilla el 8 de septiembre de 1522, después de haber dado la vuelta al mundo. Elcano tuvo que buscar los medios necesarios para poder remontar el Guadalquivir porque había perdido el velamen y a bordo apenas van los hombres imprescindibles para que el barco pueda navegar. Sorprendieron a Sevilla cuando hacen una extraña petición apenas los representantes de la Casa de la Contratación habían subido a la nao para informarse de lo que ha sido de los demás y conocer detalles de aquel increíble viaje… pero para conocerla tendrán que adentrarse en La ruta infinita.

*Las negritas son del bloguero, no del autor del texto.

2 comentarios

  1. Dice ser Petronila

    ¡Qué época más increíble! Cuando en España se pensaba en hacer cosas trascendentales y no en chorradas y banalidades.
    Nadie con dos dedos de frente querría vivir en el siglo XVI con todas sus penurias e injusticias, pero sí que se envidia esa grandeza de miras, ese plantearse objetivos que cambiarían el mundo a mejor. Ahora el sueño de la mayoría es “petarlo” en Instagram, montar una “startup” para venderla cuanto antes a un gran grupo chino o angloamericano o algún otro modo de vivir sin trabajar de verdad. Cómo hemos degenerado…

    22 septiembre 2019 | 18:30

  2. Dice ser Marta

    Retenidos de forma misteriosa en Sanlúcar de Barrameda. El misterio es que aún hay personas que piensan que no salió de Sanlúcar de Barrameda,pero salió de ahí el 20 de septiembre de 1519, por esa razón los marineros empezaron a cobrar su salario a partir de ese día y no antes. Además, que saliera de ese pueblo de Cádiz no quita que el viaje se gestará en Sevilla, cada uno tiene su lugar y en eso no hay ningún misterio.

    10 de Agosto de 1519, parten de Sevilla las 5 naos que saldrían en busca de la especiería, los pilotos del río con barcos de apoyo y remeros se encargarían de llevar hasta Sanlúcar los cinco barcos vacíos, sin calado, sin Magallanes ni sus capitanes.

    22 septiembre 2019 | 23:55

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