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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

¿Es la novela histórica de derechas y la negra de izquierdas?

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Pablo Iglesias regala un libro a Pedro Sánchez (EFE)

La semana pasada, ¡oh, feliz coincidencia!, entre todo el parloteo inane de la clase política nacional, se colaron algunos comentarios curiosos de novelas. Primero, el presidente en funciones, Mariano Rajoy, respondió en una entrevista radiofónica a la pregunta de qué había leído en Semana Santa. Su respuesta: la última de Mario Vargas Llosa (Cinco esquinas, de la que dijo que “está bien”) y una novela de Eduardo Mendoza de la que no recordaba el título (“algo de una modelo”, El secreto de la modelo extraviada) pero que alabó de una peculiar manera: “Relaja, descansa mucho y es bonita”. Rajoy ya había comentado que había leído con anterioridad Victus, de Sánchez-Piñol o que se consideraba seguidor de Jesús Sánchez Adalid, otro autor de éxito de la novela histórica.

Días después de la reunión entre los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y del PSOE, Pedro Sánchez, el líder de los morados arrancó su comparecencia hablando de los temas ‘blandos’ sobre los que habían hablado: series, baloncesto y libros. Parece ser que hablaron de las novelas de Don Winslow, El poder del perro y El cartel, de las que ambos son admiradores. Hace meses, Iglesias ya confesaba que temía que la última novela del escritor estadounidense le quitara demasiado tiempo.

Podemos considerar que Vargas Llosa tiene algo de cultivador de lo histórico y Don Winslow es un grandísimo autor de thriller. Ambas ideas me llevaron a un tópico algo tontorrón, pero que he visto alguna vez (afortunadamente no demasiadas). Eso de que la novela negra es de izquierdas (en tanto que es social, apegada a los problemas reales, crítica) y la histórica de derechas (exaltación del pasado, mitificadora, etc.). Idea que se tambalea rápidamente: podemos pensar que Winslow no es solo negra sino también histórica (idea por ejemplo que comparto con Javier Olivares), que Mendoza es algo policiaca (Y por ejemplo, en una entrevista a Albert Rivera en este periódico el año pasado aseguraba estar leyendo el thriller de moda, La chica del tren).

Pero, venga, le damos una oportunidad…

  1. Es verdad que algún motivo hay para abrazar esa idea. Sobre todo, valga la redundancia históricos:  La novela histórica contemporánea hunde sus orígenes en el Romanticismo y en su intento de combatir el racionalismo con las emociones ligadas del pasado mítico, de la exaltación de los valores históricos y así respaldar las ideas nacionalistas (soy de los que piensan que los nacionalismos de izquierda tiene algo extrañamente paradójico).
  2. Al leer, al explorar, novelas tanto negras como históricas esa idea se va al garete. Hay novelas policíacas de tono progresista y otras corte fascistoide (o que intentan justificarlas) y novelas históricas con visiones muy críticas del pasado y otras muy dulces. En los dos géneros hay de todo y,en mi opinión, es marca de cierta madurez en ambos. En la novela histórica escriben Antonio Pérez Henares o José Javier Esparza, como, lamentablemente hasta hace poco, José Luis Serrano. Y se pueden disfrutar de todos ellos sin votar lo mismo que ellos.
  3. Sí claro, hay autores de novela histórica de muchas ideologías. Pero ¿realmente sus visiones del mundo se ven reflejadas en sus obras? Seguramente algo. Pero resulta que al leer interviene tanto el autor que escribe como el lector que lee. Podemos leer, reflexionar y coincidir o no. La ficción dialoga con el pasado, y nosotros con ella. ¿O todavía confiamos tan poco en nosotros mismos que pensamos que vamos a caer cautivados por las ideologías de los escritores, aunque no coincidamos, como si de un virus zombi se tratara?
  4. ¿Por qué preocuparse de estas memeces? ¿Hay que coincidir con las opiniones de Arturo Pérez-Reverte para disfrutar de sus novelas? ¿O ser un republicano militante para admirar las películas de Clint Eastwood? No creo que haga falta responder.
  5. Disfrutemos de las lecturas críticas. Aceptemos lo que nos parezca bien y entendamos que hay otras posiciones en el mundo. Uno de los grandes valores de la literatura es que nos hace vivir, sentir y empatizar con los que no son como nosotros.

 

¿Vosotros qué pensáis?

¡Buenas lecturas!

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3 comentarios

  1. Dice ser ciudadanokane

    ¿De verdad te pagan por esto? XD

    04 Abril 2016 | 23:19

  2. Dice ser RayosxXx

    Bueno, yo creo que cada cual lee lo que quiere, pero por otro lado la teoría tiene un cierto componente lógico…
    pero yo creo que seguro que Rajoy leerá más bien el folleto informativo para formar una nueva empresa offshore panameña, Iglesias leerá el estudio de la Penn University sobre formas de revolcionar pacíficamente a la población resistiéndose a la autoridad o si acaso al padre de la filosofía de la educación, el mismísimo John Dewey y su esposa… Y Rivera no sé… de filosofía seguro que no, pero tal vez un libro de esos del tipo “guía para dummies sobre política para ser de derechas”

    En fin, fuera de eso, puede ser que los de derechas tengan una cierta melancolía sobre cuando hacían muchas más trapichondas que hoy, y nadie las veía porque se pensaba que al ser de la “élite” ellos tenían derecho a abusar de la “plebe” (nótese que no he dicho ciudadanía, porque seguro que antaño a la mayoría del pueblo no se la consideraba ni siquiera como seres humanos). Y en el mismo tono, la izquierda tendiese más a aprender de la revolución francesa, pero ¡ojo! éso también es historia….

    En fin, viva la lectura para los que puedan leer…

    A mi me gusta la historia, pero también otras cosas y otros temas, pues hay un tiempo para cada cosa… (si no me gustase la historia seguro que el propio autor de este blog me asesinaría, jajaja)

    05 Abril 2016 | 09:31

  3. Dice ser Roberto Losa

    Cuando estudiaba en la facultad siempre se repetía como un mantra aquello de que el historiador no tiene ni tiempo ni lugar. Lamentablemente ni siquiera los historiadores respetan esa premisa, así que no se puede esperar que la observen los escritores de novela histórica (que no tienen que ser, obviamente, historiadores). No comparto la distinción de novela negra-izquierdas / histórica-derechas (hasta me ofende, en cierto grado), y entiendo que es idea poco generalizada. Como escritor de novela histórica (por ejemplo, ‘El infante de la sonrisa triste’) intento adentrarme en el pensamiento, en las costumbres, en las ideologías de la época; ahí está precisamente lo divertido del asunto. Como lector de novela histórica, no daré oportunidad alguna a aquel que traslade, tal cuales, nuestras miserias contemporáneas hasta doscientos o dos mil años atrás sin ningún criterio histórico.

    11 Abril 2016 | 09:46

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