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Entradas etiquetadas como ‘insulto’

Lo guay es ser idiota

Por Miguel Gisbert

Dos chicas haciéndose un selfie (Gtres).

Las mayorías más visibles controlan el mundo o, al menos, los micromundos en los que se expresan. Lo hemos visto en la estrategia de Suecia para superar el acoso escolar. No actúan sobre el agresor para corregir su comportamiento ni sobre la víctima para que se defienda, sino sobre la mayoría expectante. Saben que son todos esos espectadores silenciosos los que pueden, con su opinión y reacción, influir de manera más eficiente en el agresor.

Pues bien, por desgracia parece que este efecto de influencia masiva está teniendo repercusiones negativas en la cultura, el arte y el conocimiento humano. Resulta muy común ver a los más jóvenes escuchar, o mejor dicho poner de fondo, música de base percutiva redundante, por no decir idéntica, y letras de aportación nula en el mejor de los casos o misógina en el peor.

Muy rara vez se puede ver a alguien salirse del estándar, decir que le gusta otro tipo de música, que utiliza el móvil para algo más que snapchat y selfies, que ve vídeos que duran más de dos minutos, incluso ve películas o lee libros. Resulta muy valiente apartarse del rebaño, ser el raro del grupo, opinar de temas que se salen de la simpleza o banalidad extremas. Parece que antes “interesante” era un adjetivo positivo y ahora es justo al contrario, se usa casi como insulto.

En algunos grupos, peligrosamente en algunos muy jóvenes, se pasa de idiota a pedante sin término medio, no se deja espacio a la curiosidad ni al enriquecimiento cultural o artístico. Parece que, como decía Carlos Ruiz Zafón en su novela La sombra del viento: “Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo”.

El compromiso de fidelidad es una fantasía

Por Rodrigo Solís

Una mujer besando (Gonzoo).

Los labios de una mujer (Gonzoo).

Una pareja decide contraer nupcias. Se pacta fecha para el evento, se prepara la iglesia para la ceremonia religiosa y el local para celebrar la fiesta. El siguiente paso es la despedida de solteros. El hombre se marcha con sus amigos a un destino desconocido. La mujer, a la playa con sus amigas. Justo en esa fecha, el matrimonio más famoso del mundo, anuncia su divorcio a la prensa. En realidad, a nadie le importa mucho. Las celebridades cada día son menos populares desde el instante en que los mortales empezaron a tener acceso a sus cinco minutos de infamia en la palma de la mano.

Tememos y condenamos al estado islámico por sus actos barbáricos, pero nos parecemos a ellos más de lo que creemos. Observamos indignadísimos en la pantalla imágenes y vídeo de la fiesta de despedida: la futura novia se besa con un hombre. En las redes sociales aún no existe la opción “lapidar”, pero lanzamos insultos y burlas más filosas que las piedras. La presión social acorrala al novio y le obliga a cancelar el compromiso de boda.

¿Por qué? Siendo justos, ella no incurrió en ninguna falta. Las despedidas de solteros, no nos engañemos, son el buffet al que asistimos antes de comenzar una dieta que durará (en teoría) toda la vida. Si no es así, para evitar malos entendidos y penosas rupturas, deberíamos cambiarle el nombre a, por ejemplo, “otra aburrida fiesta con amigos”.

Enfundado en el traje del abogado del Diablo, si me permiten agregar, el compromiso de fidelidad en pareja es una fantasía tan grande como una catedral. Más temprano que tarde, alguno de los dos caerá en la tentación de sentir o imaginar entre sus brazos a otro cuerpo distinto al que juraron exclusividad. Nos ahorraríamos millones de pesos en juzgados, abogados y demandas (y escarnio público), si nos enfocáramos en descifrar si poseemos la capacidad del perdón antes de prometer algo contra natura.

Carmena, “institucionalizada”

Por Verónica Castro Mulder

Manuela Carmena.

Manuela Carmena en una rueda de prensa. (EFE)

El 29 de abril, Carmena respondió con un rotundo “por supuesto que no” cuando le preguntaron si la Corporación asistiría a actos religiosos.

Por el contrario, seis meses después, ya alcaldesa de Madrid gracias a los votos de quienes confiamos en su palabra, ha asistido como tal “con mucho gusto” a un acto religioso, e incluso ha sido su protagonista, que ha renovado el voto de la Villa a la Virgen de la Almudena, teniendo el cinismo de mentir de nuevo al decir que lo hace también en mi nombre: “Tanto creyentes como no creyentes, queremos expresar todos al unísono con nuestro voto nuestro compromiso ante ti, la Almudena”.

Y encima se pavonea de asumir de ese modo una “actitud institucional”. No solo es chaquetera, sino que cree que los demás lo somos también. Une así a la traición a sus votantes y a la aconfesionalidad oficial que exige nuestra Constitución –nuestra institución fundamental- el insulto a quienes no somos como ella.

‘Ma Ma’, un trabajo muy bien hecho infravalorado por la crítica

Por Alejandro Mulero Serralta

Penélope Cruz en 'Ma ma'

Penélope Cruz en ‘Ma ma’.

El pasado lunes fui al cine a ver Ma Ma de Julio Medem y me pareció una gran película. Otra obra maestra del séptimo arte, grandísimo Medem, gran Penélope Cruz, gran Tosar, fotografía, guion, música… toda la peli tan bien hecha, tan tierna. Fui contra todo pronóstico ya que las críticas son del tipo: «Cursi, blanda y llorona» (Luis Martínez en El Mundo), «Falsa poesía» (Jordi Costa en El País), «No tiene lógica» (M. Torreiro en Fotogramas), «Se mueve entre lo sublime y lo ridículo» (Beatriz Martínez de Fotogramas).

De lo que quiero dar constancia es de todo el daño que hacen los críticos de cine al propio cine y a los espectadores con esos comentarios que hacen, tan desproporcionados, insultantes y malintencionados. De cine se habla en otro tono, con respeto, sin descalificar y sin intentar hundir un trabajo que, por cierto, en este caso está muy bien hecho.

Así que les propongo que se olviden de todo lo que han leído sobre Ma Ma, incluyendo esta carta, y que vayan a verla, sin prejuicios. Medem les tiene preparado un camino de dos horas que es cine en mayúsculas, de disfrute y crecimiento personal.