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Kodak quiere que regreses a la película Súper-8 (pero solo si eres rico)

Prototipo de la cámara - Foto: fuseproject

Prototipo de la cámara – Foto: fuseproject

La empresa Kodak se aventura por el camino de la nostalgia que tanto frecuentan, y lo saben bien los administradores de la empresa, aquellos que pueden permitirse cualquier capricho. De ese derecho, porque encapricharse no es criticable en principio, estamos desheredados la inmensa mayoría de los demás.

La firma, que en el pasado llegó a controlar el 90% de la venta de aparatos de fotos en el mundo pero que desde 2012 no fabrica cámaras de ningún tipo, acaba de anunciar que trabaja en el desarrollo de un gadget que califican, con bastante desvergüenza, de asombroso: un tomavistas de película Súper-8, el formato de película de cine que se expandió de manera prodigiosa en la década de los años setenta del siglo pasado y con el que comenzaron a trastear muchos cineastas que ahora son estrellas. Una década y media más tarde el film dejó de producirse con normalidad —se puede encontrar, pero no en todos los mercados y siempre a precios altos—.

Con el eslogan de Super 8 Filmmaking Revival Initiative (Iniciativa para revivir la cinematografía en Súper-8), Kodak comunica al mundo que está “rehaciendo” la cámara y que en el otoño de 2016 estarán a la venta las primeras unidades.

Atención al uso de dos palabras-fuerza que suelen poner las registradoras a funcionar, revivir e iniciativa, y que permiten a los promotores de la maniobra eludir los términos negocio y venta, porque mentar el dinero en público es sucio y los poderosos dejan la pelea explícita a muerte por un billete a filipinos, afroamericanos, griegos, ancianos, yonquis y la ya casi inexistente clase media… Los ricos no hablan de dinero: lo degluten.
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Recuperando horrores gastronómicos de los años cincuenta

Pineapple Olive Salad

Aperitivos, platos principales, bebidas, postres, guarniciones y ensaladas… Las categorías abarcan una variedad de recetas ideales para formarse una idea general de la tradición culinaria estadounidense de mediados del siglo XX, en particular de la comida de la mitificada cultura suburbana: amante de la fórmula sencilla, de las gelatinas, las mezclas desconocidas sepultadas en mayonesa y los pasteles salados.

The Mid-Century Menu (El menú de mediados de siglo) es un blog en el que su autora practica una interesante arqueología de la cocina. Apodada Retroruth, la valiente cocinera se atreve con recetas de libros estadounidenses de los años cincuenta y sesenta. Es fiel incluso en las presentaciones de los platos y fotografía con impunidad y crudeza los resultados de sus experimentos.

Frozen Valentine Rounds - Mid Century MenuConsiderados en su día atractivos y apetecibles, los platos no encajan en los gustos y modas actuales y provocan ahora cierta repulsión. Hay páginas y grupos de Internet (algunas reseñadas anteriormente en este blog, como Gee, That Food Looks Terrible!) que dedican especial atención a las ilustraciones y fotografías que acompañan a estas recetas añejas, ahora cómicas, mal presentadas y poco apetitosas. The Mid-Century Menu lleva esta atracción por el horror culinario al extremo de hacerlo realidad en el presente.

“La cultura de los EE UU tras la guerra estaba plagada de un entusiasmo por lo nuevo y lo mejorado, el aparato que lo hace todo, comida preparada y en lata. Esta actitud lo invadía todo y las amas de casa se daban el gusto de hacer algo que nunca antes habían hecho: tomar atajos para preparar la cena“, dice la autora, contraria a renegar al olvido o esconder “los atajos que no funcionaron”.

El proceso no se queda en reproducir la receta. Retroruth y su marido Tom han establecido un día a la semana para cocinar un arriesgado plato del pasado y después cenarlo o tomarlo de postre. Cada entrada del blog documenta también las impresiones de la pareja al probar el resultado.

Unas veces hay sorpresas agradables y la gelatina verde con tropezones resulta estar buena. Otras, cuesta un poco atreverse a dar el primer vocado bocado a la peligrosa mezcla de atún en lata, rosada y compacta, que parece mirarte a los ojos con desdén. Otras veces pagan caro el atrevimiento, como en el caso del enigmático y colorido White Mystery Fruit Cake (que se podría traducir por Pastel de frutas Misterio Blanco) de una receta de 1958, tan feo como desagradable al paladar.

“Algunos dicen que es una pérdida de tiempo y energía, pero Tom y yo no pensamos eso. ¿Por qué? Bueno, te guste o no, esas horribles recetas son parte de la evolución culinaria de nuestro país (…). Sí, en un momento dado era lo máximo tener en tu fiesta crema agria mezclada con polvos de sopa de cebolla. Reconozcámoslo y sintámonos orgullosos de ello”

Helena Celdrán

Rosy tuna ring - Mid Century Menu

Cheezy Beans Casserole - Disgusting Thanksgiving

Spaghetti Sub  - Mid Century Menu

Pickle and Pineapple Salad - Mid Century Menu

Checkerboard bake with kraft dinner and spam - Mid Century Menu

Una galería de atrocidades culinarias

Pastel de carne atrapado entre costillas con adornos

Pastel de carne ''atrapado' entre costillas con adornos

“Aquí gatito, gatito… Hora de tu cena”, “Ese relleno no aguantará si tratas de comerlo con la mano (como se haría en un picnic). Claro que ese es el menor de los problemas en este caso”.

El paso del tiempo puede ser cruel incluso con algo aparentemente anodino como la presentación de un plato, aunque a veces el problema sea la receta entera y no exista justificación alguna para el experimento.

Sobre una cama de asépticas lechugas y unos gajos de tomate, en un plato alargado de porcelana blanca descansa un pan de molde que por fuera parece como cualquier otro. La terrorífica diferencia está en el interior: el bollo entero está relleno de una masa indefinida entre la que sólo se pueden identificar granos de maíz y algún guisante.

Cangrejo diabólico

Cangrejo diabólico

Los comentarios dedicados al malogrado pastel aparecen en Gee, That Food Looks Terrible! (¡Vaya! ¡Esa comida tiene un aspecto horrible!), un grupo de Flickr con 431 miembros que se dedica desde 2008 a recopilar las fotos de comida más espeluznantes del pasado.

La administradora y fundadora del grupo se hace llamar Charm and Poise (Encanto y elegancia). Es una ávida coleccionista de recortes de revistas de amas de casa, anuarios escolares, manuales de etiqueta y todo lo que pueda contener un vestigio kitsch del pasado, especialmente desde los años cincuenta a los setenta.

La única premisa para contribuir a este recetario del infierno es que las fotos sean antiguas. “Si hiciste algo horrible para cenar o descubriste algo terrible en tu plato en un restaurante, entonces tendrás que encontrar otro lugar para compartir esas imágenes”, aclara la administradora.

Los colores arrebatados y la vajilla trasnochada sirven de escenario a peligrosas gelatinas con tropezones y gambas que parecen pertenecer a las sobras de una fiesta, a un confuso bol de piña pasada con arroz blanco o a un peligroso pastel de carne rodeado de costillas y con un huevo incrustado. La colección es ideal para hacer dieta.

Helena Celdrán

Psicodelia de boutique vintage

Neil Krug - "On the Road"

Neil Krug - "On the Road"

Todo este asunto de lo vintage empieza a oler tan mal como el meconio de un recién nacido.

Neil Krug, por ejemplo. Tiene 25 años. No los suficientes para ser notable. Rimbaud sólo hubo uno.

Dado que los agentes de Krug, también saben, como usted y yo, que el único privilegio de la juventud es que puedes llevar una camiseta con el logotipo de Atari sin caerte muerto de vergüenza, pintan la dentadura del caballo regalado. Krug, nos dicen los vendedores, “tiene ojos jóvenes en un alma vieja”.

Va de eso, ¿no? Puedes ser joven y jugar a mirar como un viejo, pero no se te ocurra ser viejo y mirar como un joven. Terminarás en las listas de pedófilos.

¿Cómo mira Krug? En principio, en cantidad. Se pelean por él.

Ha firmado editoriales de moda, campañas de promoción y vídeos para grupos musicales, digamos, modernos (Ladytron, DRI, Boards of Canada, White Flight…); ha montado un proyecto difuso titulado Pulp Art Book con una modelo rubia muy guapa; ha retratado a Devendra Banhart medio en pelotas -no tiene mérito, lo sé, D.B. ya nos ha enseñado sus partes tantas veces que cansa, pero lo apunto a título informativo-  y está preparando un primer largometraje, Invisible Pyramid.

Vamos, que Neil Krug no se pasará por la plaza Zuccotti de Nueva York para reclamar que le devuelvan lo que es suyo. Está ocupado acaparando.

Neil Krug - "Pulp Art Book"

Neil Krug - "Miles Davis - Blue Flame"

Los admiradores de este joven fotógrafo -“con alma antigua”- destacan que utiliza un lenguaje muy vintage (supongo que hablan del desenfoque de la mayoría de las imágenes, porque los trapitos son de boutique y las localizaciones, de producción de alto presupuesto), que prefiere las cámaras analógicas (ya te digo, como casi todos los buenos fotógrafos) y que tiene una mirada muy psicodélica.

Con la expresión mirada psicodélica deben referirse a los brutales contraluces mal resueltos, las múltiples exposiciones, la cámara lenta en los clips y la ropita de náyades que le coloca a todas sus modelos femeninas, porque lo que se entiende por psicodelia -percepción ampliada, estimulación intensa de los sentidos y salida al exterior de los elementos ocultos de la psique-, hay poquita. A no ser que poner un Winchester en manos de una chica destapada, con dos rayajos en la cara y una pluma colgando del lóbulo afecte la percepción de alguien. Lo cual es posible, no lo discuto.

Neil Krug - "Miles Davis - Blue Flame"

Neil Krug - "Miles Davis - Blue Flame"

Krug acaba de colocar en su Facebook el montaje de la derecha. Dice: “Si amas la música de Miles Davis tanto como yo, vota por mi obra de artepara que sea su próxima portada”.

¿Qué le haría Miles de estar aquí? El negro boxeaba, pintaba y sabía algo de psicodelia. La presunta cubierta que propone Krug permite suponer al menos una rotura de tabique nasal.

En fin. He traído a Xpo a este chaval que ha pillado Zabriskie Point en la videoteca de papá y mamá y se ha quedado colgado, quizá pensando que Antonioni era un director italiano de segunda (de culto, dicen los vintage) del que no nos acordamos.

Mi compañera de blog no para de decirme que para elevar a los cielos a unos siempre condeno al infierno a otros. Mi compañera de blog siempre cala mis defectos. Por tanto, lo dejo aquí. Sin meterme con nadie más que con el miserable Krug y quienes aplauden su mirada. Peyote en el Kellog’s les servía yo a todos como dieta única.

Ánxel Grove

Disquetes convertidos en lienzo

Era increíble guardar documentos en esos cuadrados de colores poco atractivos y etiquetas con rayas vacías, listas para rellenar. Todavía recuerdo consejos tipo: “pon la pegatina después, que no es bueno escribir sobre el disquete” o “no juegues con la lámina metálica”. Ahora, no muchos años después, cuando vemos uno, se nos dibuja una tonta sonrisita de superioridad. Somos desagradecidos.

Next Generation - Nick Gentry

Next Generation - Nick Gentry

Nacido en 1980, el londinense Nick Gentry creció utilizando casetes, cámaras Polaroid, cintas de VHS y -por supuesto- disquetes.

Todos estamos un poco orgullosos de los gadgets que nos acompañaron en el pasado: el fiel walkman que se caía de la litera cuando te quedabas dormido, la Game Boy-ladrillo que traía el juego del Tetris incluido…

Gentry utiliza disquetes para crear arte, como reflexión sobre los ciclos vitales y la identidad: se siente unido al floppy disk de modo generacional. Son sus Artefactos.

En sus retratos de gente guapa los utiliza como lienzo, a veces incluso le hacen falta 300 por obra. Empezó comprándolos en eBay, pero ahora no le cuesta demasiado encontrar donantes que quieren deshacerse de los pequeños dinosaurios.

The Immortal - Nick Gentry

The Immortal - Nick Gentry

Al observar cada recuadro por separado, se aprecia que Gentry aprovecha las posibilidades de las etiquetas que rotularon los anteriores dueños.

Los ojos que a veces hace coincidir con el centro metálico del reverso son perturbadores: globos oculares entre robóticos y tuertos que transforman la expresión en vacío.

Gentry, que también ha trabajado con cintas VHS, declara que “los trastos viejos tienen un encanto único y una historia que no se puede encontrar en lo nuevo”.

Le fascina la idea de que en cada uno de esos disquetes, bajo la pintura, haya información personal encerrada para siempre.

Helena Celdrán