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Muere Irving Harper, el último gran diseñador estadounidense de los cincuenta

El salón de la casa de Irving Harper - www.hermanmiller.com

El salón de la casa de Irving Harper – www.hermanmiller.com

Su hogar desde 1983 —la antigua casa de un granjero, construida en el siglo XIX— transmite elegancia en cada objeto que contiene: cada rincón es un ejemplo de buen gusto libre del esnobismo y de la artificiosidad hipster que aqueja en el presente a tantos pseudoamantes del buen diseño.

Irving Harper (1916-2015) murió el 4 de agosto a los 99 años en la exquisita vivienda campestre que habitaba, en Rye (Nueva York). Creador de muebles y objetos tan bellos como prácticos, era el último gran diseñador vivo de una generación que en los años cincuenta salía de la II Guerra Mundial estimulando a la clase media estadounidense con artículos de una belleza minimalista y limpia.

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Tiendas de los años 50 para ayudar a los enfermos de Alzhéimer

'Memory Lane'

En el rinconcito hay una oficina de correos, una tienda de alimentación y un pub. Los tres pequeños locales, cada uno pintado de un color, forman un paseo nostálgico  que recuerda al aspecto de una calle comercial de cualquier pueblito inglés en los años cincuenta.

Dentro de los límites del pequeño rincón se puede llamar por teléfono (hay una cabina), mandar una carta, comprar comida y beber cerveza. El diseño, las tipografías, los carteles publicitarios, los productos a la venta… Todo está pensado para que, quien acuda a esa esquina, sienta la comodidad de encontrarse en un contexto que domina.

El emplazamiento del decorado dice mucho del sentido que tiene el rincón. Memory Lane (Traducible por El camino de la memoria o El camino del recuerdo) está en Grove Care, una residencia de ancianos en Winterbourne (Briston, Inglaterra), y se ha creado especialmente para los que sufren de demencia o Alzhéimer.

Se trata de que los pacientes activen sus recuerdos a través de tareas que ejercieron en su juventud, de marcas de productos que consumieron el pasado… En el escaparate de la tienda de comestibles hay hasta cartillas de racionamiento. Memory Lane es un experimento creativo “diseñado para parecer verdadero”.

Memory Lane - Post Office

Un artículo del periódico británico The Guardian destacaba en 2011 los beneficios de decorar las residencias de ancianos con elementos del pasado. Sin pretender que las instalaciones parezcan el escenario de una película de los años cincuenta, sí descubrieron que los pequeños guiños a la época en que los ancianos fueron jóvenes (los años posteriores a la II Guerra Mundial) les permite evocar momentos de su vida y recordar tareas básicas.

El aroma del jabón Pears (un clásico desde el siglo XIX, el jabón de referencia para varias generaciones de británicos) es un recuerdo olfativo para quien lo reconoce y activa el pensamiento de que es necesario lavarse las manos. Los viejos anuncios de alimentos como el café o el té sirven para identificar con mayor rapidez el producto en el armario de una cocina. El ejemplo del teléfono es definitivo: si una persona con demencia o Alzhéimer se encuentra con un viejo aparato de baquelita es más probable que sepa hacer una llamada que si le dan un móvil. Aunque haya sido capaz hace tan solo unos meses de utilizar el teléfono moderno, el recuerdo del viejo sistema es más profundo y proporciona la seguridad de lo conocido desde hace tiempo.

Helena Celdrán

Memory Lane - Grove Care

Recuperando horrores gastronómicos de los años cincuenta

Pineapple Olive Salad

Aperitivos, platos principales, bebidas, postres, guarniciones y ensaladas… Las categorías abarcan una variedad de recetas ideales para formarse una idea general de la tradición culinaria estadounidense de mediados del siglo XX, en particular de la comida de la mitificada cultura suburbana: amante de la fórmula sencilla, de las gelatinas, las mezclas desconocidas sepultadas en mayonesa y los pasteles salados.

The Mid-Century Menu (El menú de mediados de siglo) es un blog en el que su autora practica una interesante arqueología de la cocina. Apodada Retroruth, la valiente cocinera se atreve con recetas de libros estadounidenses de los años cincuenta y sesenta. Es fiel incluso en las presentaciones de los platos y fotografía con impunidad y crudeza los resultados de sus experimentos.

Frozen Valentine Rounds - Mid Century MenuConsiderados en su día atractivos y apetecibles, los platos no encajan en los gustos y modas actuales y provocan ahora cierta repulsión. Hay páginas y grupos de Internet (algunas reseñadas anteriormente en este blog, como Gee, That Food Looks Terrible!) que dedican especial atención a las ilustraciones y fotografías que acompañan a estas recetas añejas, ahora cómicas, mal presentadas y poco apetitosas. The Mid-Century Menu lleva esta atracción por el horror culinario al extremo de hacerlo realidad en el presente.

“La cultura de los EE UU tras la guerra estaba plagada de un entusiasmo por lo nuevo y lo mejorado, el aparato que lo hace todo, comida preparada y en lata. Esta actitud lo invadía todo y las amas de casa se daban el gusto de hacer algo que nunca antes habían hecho: tomar atajos para preparar la cena“, dice la autora, contraria a renegar al olvido o esconder “los atajos que no funcionaron”.

El proceso no se queda en reproducir la receta. Retroruth y su marido Tom han establecido un día a la semana para cocinar un arriesgado plato del pasado y después cenarlo o tomarlo de postre. Cada entrada del blog documenta también las impresiones de la pareja al probar el resultado.

Unas veces hay sorpresas agradables y la gelatina verde con tropezones resulta estar buena. Otras, cuesta un poco atreverse a dar el primer vocado bocado a la peligrosa mezcla de atún en lata, rosada y compacta, que parece mirarte a los ojos con desdén. Otras veces pagan caro el atrevimiento, como en el caso del enigmático y colorido White Mystery Fruit Cake (que se podría traducir por Pastel de frutas Misterio Blanco) de una receta de 1958, tan feo como desagradable al paladar.

“Algunos dicen que es una pérdida de tiempo y energía, pero Tom y yo no pensamos eso. ¿Por qué? Bueno, te guste o no, esas horribles recetas son parte de la evolución culinaria de nuestro país (…). Sí, en un momento dado era lo máximo tener en tu fiesta crema agria mezclada con polvos de sopa de cebolla. Reconozcámoslo y sintámonos orgullosos de ello”

Helena Celdrán

Rosy tuna ring - Mid Century Menu

Cheezy Beans Casserole - Disgusting Thanksgiving

Spaghetti Sub  - Mid Century Menu

Pickle and Pineapple Salad - Mid Century Menu

Checkerboard bake with kraft dinner and spam - Mid Century Menu

El fracaso del elefante mecánico

Pocos inventos tienen tanto romanticismo como los que parecían en su día destinados al triunfo y sin embargo terminaron bien pronto en el trastero del mundo. Cuanto más tiempo pasa, más obsoletos e ingenuos parecen ante los ojos del espectador avanzado, que los juzga sin piedad.

Uno de esos deliciosos fracasos es el elefante mecánico, un divertimento aparatoso que causó expectación en la Inglaterra de la posguerra cuando el británico Frank Stuart fabricó el primero en 1947, inspirado en el negocio de los paseos en burro por la playa, típicos de la época. No fue el pionero. Antes hubo otros intentos, como se puede comprobar en este fragmento de película de 1932, ahora cómico por lo precario del modelo, la cantidad de humo que suelta por el tubo de escape y la reacción del pobre elefante de carne y hueso con el que se encuentra.

El elefante pasea a unos niños por Essex (Inglaterra) en julio de 1950

El elefante pasea a unos niños por Essex (Inglaterra) en julio de 1950

Hay datos poco precisos sobre la trayectoria y el paradero de los elefantes autómatas y ni siquiera se conoce con certeza cuántos se crearon. Stuart, inventor y autodenominado visionario, tuvo una compañía llamada Mechanimals de la que poco o nada se sabe. Parece que fue creada expresamente para los elefantes y poco después quebró.

El animal robot costaba 3.000 dólares (unos 2.243 euros) y se esperaba que fuera un éxito para la economía nacional, que los propietarios de parques, circos y otros centros de ocio se vieran atraídos por lo práctico de no tener que cuidarlo demasiado ni darle de comer. Funcionaba con un motor de una potencia de 10 caballos y estaba cubierto de un material gris que asemejaba con bastante acierto la piel de un elefante.

Se fabricó tras la II Guerra Mundial, en 1947. Medía más de dos metros y medio de alto, más de tres y medio de largo y constaba de 9.000 piezas: en su cuerpo había mecanismos hidráulicos que le permitían mover las patas con cierta gracilidad y en los dos siguientes ejemplares los mecanismos fueron mejorando y el tamaño del autómata fue aumentando hasta llegar a los seis metros de altura.

Recorte de prensa sobre el 'colapso' de Jumbo, en julio de 1951

Recorte de prensa sobre el 'colapso' de Jumbo, en julio de 1951

La página web Cyberneticzoo (dedicada a la historia de los robots y animales cibernéticos) recopila una serie de asombrosos recortes de prensa de los años cincuenta que arrojan pistas sobre Jumbo, uno de los elefantes, el primero en emigrar a los Estados Unidos.

En 1951 Cunningham Drug Stores, una cadena de farmacias de Míchigan compró a Jumbo para pasearlo por 100 de sus tiendas, por parques y colegios de Detroit para publicitarse con viajes gratis para los niños. Podía llevar a 10 pasajeros y alcanzaba los 43 kilómetros por hora. Según la prensa local, llevó a unos 10.000 niños en las primeras cuatro semanas.

Pero poco después de un mes de trabajo, el elefante comenzó a resentirse. Una de sus patas falló cuando seis niños iban sobre él. Resultaron heridos leves y le dieron un descanso al invento para revisarlo. Entre las pocas imágenes que hay posteriores al accidente, hay una que parece indicar que le hicieron un apaño. En todo caso, dos años después, en julio de 1953, lo pusieron a la venta.

Las entrañas del invento de Stuart

Las entrañas del invento de Stuart

En septiembre apareció otro elefante autómata en Nueva York, paseando por Times Square a un cómico y a Miss Nueva York. Se decía que acababa de llegar de Londres, pero las malas lenguas especulaban con la idea de que era Jumbo disfrazado. Un auténtico culebrón.

Todo indicaba que era el mismo, solo que ahora se llamaba Wendy, en honor a su dueño el actor cómico George Wendelken. Un año después volvió a ponerse a la venta. A lo largo de la década todavía se puede seguir el rastro del robot, que fue de un lado para otro poniéndose a la venta en numerosas ocasiones, tal vez por costosos fallos mecánicos, tal vez porque era un peligro.

Parece ser que poco a poco los tres ejemplares que fabricó Frank Stuart terminaron en Estados Unidos, algunos después de haber viajado mucho, como Nelly, la elefanta que compraron en Australia poco después de que el invento viera la luz en Reino Unido.

Rebotando de venta en venta, adquiridos en subastas y restaurados, siguen por allí escondidos, esperando que alguien los devuelva a la calle para ser una vez más el centro de atención.

Helena Celdrán