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El miedo a la paciente experta embarazada

Por Lorena Moncholí

Los “Pacientes Expertos” están de moda. Basta con escuchar la Conferencia TED de Dave deBronkart, el famoso “e-paciente” (paciente empoderado) por excelencia. Se trata de pacientes con enfermedades crónicas formados para asumir su autocuidado. Las “Escuelas de Pacientes”(originarias de EEUU)  siguen en aumento en España y ya se han desarrollado en Comunidades como  Cataluña  ,  Andalucía, Asturias, Galicia, País Vasco o Castilla La Mancha.  Ya nadie pone en duda que los “pacientes empoderados” son necesarios para mejorar el sistema sanitario actual, porque reducen costes sanitarios e inciden positivamente en la salud de toda la población.

LECCIÓN CLÍNICA

Lección clínica en la Salpêtrière (1887). Pierre Andre Brouillet. Musée d´Histoire de la Médecine. Universidad Descartes. París (Francia)

Y sin embargo hay una “e-paciente” (mejor dicho, una e-usuaria, porque no está enferma), cuyo saber parece que sí ocupe lugar y moleste. A la que se le intenta vetar el acceso a la información y a la que, ni por asomo, se le permite asumir la responsabilidad de su salud. Se trata de la mujer embarazada informada de sus derechos y de sus opciones en relación a su gestación y parto, que ingresa en un Hospital cualquiera.

En un momento dado, pide que se respeten sus decisiones, que no ponen en peligro al bebé o su propia salud, pero que, de repente, sí ponen en peligro el sistema establecido, los protocolos desfasados seguidos durante décadas a ciegas o la mera comodidad o “modus operandi” de los profesionales que trabajan en aquel lugar. En ese instante, suenan las alarmas de toda la planta, pueden incluso oírse.

Una “mujer subversiva” se ha colado y hay que reducirla como sea, amenazarla con miles de miedos y de muertes de bebés, y, por supuesto, aislarla de su acompañante, que es el que tiene más peligro. Unos profesionales que deberían mantener en calma a la mujer que les ha pedido asistencia médica (nada más que eso), le rodean para presionarle y generarle una ansiedad inaceptable en el momento en que se encuentra.

Le muestran “panfletos” llenos de normas del Hospital que, además, va y resulta que son ilegales (es decir, que contienen normas opuestas a las que dice una ley) y contrarios al Código Deontológico Médico. Incluso en algunos casos hay advertencias de “posibles” llamadas a no sé qué Juez. Y, además, nadie parece percatarse (mejor dicho, a nadie parece importarle) que lo que solicita esta mujer está completamente avalado por la evidencia científica más actual. Ella sabe leer. Pero eso es lo de menos.

Todo esto es lo que genera una “Usuaria Experta” haciendo efectiva la Ley de Autonomía del Paciente, asumiendo la responsabilidad de su proceso biológico y del bienestar del hijo que está gestando. Soy testigo a diario.

Mientras los demás “Pacientes Expertos” son aplaudidos por sus conocimientos e incluso se les paga para transmitirlos al resto de personas que se encuentran en su misma situación, ella y lo que sabe se perciben como una amenaza, como una irresponsabilidad, como el “capricho de la niña histérica”, aunque lo que esté pidiendo no sea más que lo que recomiendan la OMS o el Ministerio de Sanidad.

Y esto es intolerable y discriminatorio. Y debe cambiar ya.

lorenaLorena Moncholí Badillo. Abogada colegiada nº14084 ICAV. Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y el EVES.

Nicaragua: hay derecho

Por Flor de Torres Flor de Torres + nueva

Juana Antonia Jiménez Martinez tiene fuerzas, empuje, solidaridad, empatía. Su herramienta principal es la entrega a un compromiso: los derechos de la mujer. Tiene la voz suave pero la fuerza y la calidad de una avanzadora. Y es que ya ha entregado casi la mitad de su vida como abogada defensora de los derechos de la mujer en Nicaragua. Les ha regalado más de 22 años . Y 30 años de activismo en defensa de la igualdad y la dignidad de la mujer.

Acumula acciones positivas y luchas que le han supuesto dos intentos de criminalizacion de sus actos en su país. Fue perseguida por razones políticas y por su entrega a tan noble causa como es la dignidad y la igualdad de mas de la mitad de la población nicaragüense. Un 52%: las mujeres.

Juana Antonia Jiménez Martínez, abogada nicaragüense, Imagen: Laura Martínez Valero/Oxfam Intermón.

Juana Antonia Jiménez Martínez, abogada nicaragüense, el pasado martes en Madrid.  Imagen: Laura Martínez Valero/Oxfam Intermón.

Nicaragua ha despertado a la igualdad. Existe una Ley Integral contra la Violencia a las mujeres que se publicó en la Gaceta ( Diario Oficial)  el 22 de Febrero de 2012. El sueño integral ha durado poco, pues apenas un año después de su publicación se reformó para romper con la prohibición de la mediación y la especialización judicial, dos principios básicos en la lucha judicial contra la violencia de genero.

Pero Juana Antonia no se desespera. Porque tampoco han sido ni van a ser gratuitas sus cruzadas por los derechos de las mujeres en su país. Ni sus 30 años de activismo social. Previamente ha caminado por la Red de Mujeres contra la Violencia, por la Comisión Nacional de lucha contra la Violencia, en el Comité Técnico del Programa Nacional de las Comisarías de Mujeres y la niñez; y el Consejo social de Planificación económica y social.

Ha expuesto informes en la ONU por las distintas Comisiones de Derechos Humanos y su activismo en el Movimiento Autónomo de Mujeres ha sido el cauce de reivindicación de derechos donde la igualdad y la libertad de la mujer sean un edificio sólido en su país. Y ello le ha valido ser en el año 2011 una de las 100 lideres mundiales para la celebración de los 100 años de la declaración del Día Internacional de la Mujer ( 100 años, 100 mujeres)

Y hoy Juana Antonia tiene herramientas legales además de su activismo. Prosigue sus cruzadas también en los tribunales donde aún hay mucho que construir y que enlazar con la perspectiva de género que debe de presidir el proceso en todos los casos de violencia a la mujer. Y nos enseña una importante lección: que una vida sin compromiso es una vida vacía.

Juana Antonia es mujer de mujeres en Nicaragua. Ella condensa a las mujeres invisibles de Nicaragua, a las que no tienen voz, a las que no pueden hablar o las que ya no lo harán nunca, a las que les arrebataron sus derechos, a las que violaron y agredieron sexualmente, a las víctimas de violencia de genero, a las que son objeto de explotación sexual y objeto de trata, a las que se han sometido a matrimonios forzosos, a sus hijos y a las madres de sus madres.

Nicaragua es un país de 6 millones de habitantes donde más de 3 millones son mujeres y que cerró el año 2013 con 73 feminicidios. El martes, cuando hablé con ella, me decía abatida y casi quebrándosele la voz que son ya 33 mujeres las víctimas de 2014.

Y es que Juana Antonia, mi querida Juanita, tú representas a todas en ella y tienes su voz. Y en ti se apoyan para sustentar esa palabra tan inmensa que es la igualdad. Porque tú llevas esas voces a los Tribunales, colaboras con la Comisaría de la Mujer y la Niñez de Nicaragua, con la Fiscalía, con los Juzgados de Distrito Especializados en Violencia de tu país, con sus unidades y equipos interdisciplinarios, sus psicólogas y sus trabajadoras sociales. Eres responsable de que esas voces no se apaguen y les devuelves ante la justicia la dignidad que han perdido. Y es ahora cuando pienso en nuestro encuentro, mientras escribo estas palabras me emociono. Pues te admiro por esa entrega íntegra a una causa enorme y casi inabarcable.

Vivimos muy lejos. No nos conocimos hasta hoy y siento que tu lucha y la mía son idénticas en distintos países. Pero es que la violencia de genero es la misma en tu país y en el mío. Y el transitar por los mismos caminos nos hizo posible el encuentro. Que nunca te falten las fuerzas, compañera. Ellas, nuestras mujeres de Nicaragua, necesitan heroínas de la igualdad y de la dignidad como tú. Como la tuya. Sencillamente inmensa.

 

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de violencia a la mujer y contra la discriminación sexual y de género en Andalucía.