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La casa de Guita

Por Júlia SerramitjanaJulia Serramitjana

Guita es nepalí y acaba de perder su casa. Cuando la tierra tembló el pasado 25 de abril, estaba en una reunión de la comunidad en la que vive, en la zona rural de Champi, en el noroeste del país. Estar fuera de su casa la salvó. Sus dos hijos también consiguieron salir ilesos de la vivienda, antes que se desmoronara y se convirtiera en un montón de piedras y polvo. Están vivos y son afortunados por ello, pero todo lo que tenían se ha esfumado en segundos.

Guita está sola tratando de sobrellevar este drama. Su marido Ramés no puede estar con ella. Trabaja en la construcción en Dubai y les manda dinero cuando puede. Pudieron hablar días después del seísmo pero no podrá venir para ayudarles. Guita deambula por los escombros de lo que hace apenas minutos había sido su casa, intentando recuperar algunas de las cosas que han quedado sepultadas: cuadernos de texto de sus hijos, un jarro de agua y un plato.

Curiosamente, lo hace vestida con un ‘punjabi’, el vestido que los nepalíes tienen reservado para las fiestas y celebraciones. La imagen roza lo surreal. Es obvio que no hay nada que celebrar, pero es lo único de ropa que tiene ahora. La pudo recuperar porque la había llevado al costurero una semana antes del terremoto y ese edificio no sufrió daños. Así que fue a buscarlo y se lo puso.

Además de su casa, Guita a ha perdido las semillas para la próxima cosecha. Se ha quedado sin su medio de subsistencia.

Además de su casa, Guita a ha perdido las semillas para la próxima cosecha. Se ha quedado sin su medio de subsistencia. (C) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Ver esta imagen me hace estremecer. Hace años una máquina excavadora derrumbó en escasos minutos la casa en la que había vivido mi familia durante varias generaciones. En un abrir y cerrar de ojos desapareció todo lo que se había construido allí durante años y años. Las paredes, las habitaciones, los muebles, los olores y los sonidos a los que uno se acostumbra. Todo lo que habíamos vivido, compartido y aprendido en esa casa dejó de exisitir para transformase sólo en recuerdos que, de vez en cuando, rescata nuestra memoria. Recuerdo que, con la mirada clavada en el suelo, aún en shock y como si fuera un último intento para rescatar nuestro pasado, tratábamos de recuperar  objetos que se habían quedado dentro: un cuadro, unos platos de porcelana y una baldosa. Y es que una parte de nosotros  se quedaba entre esos escombros para siempre.

No sé si Guita habrá tenido tiempo de pensar mucho en eso. Con las lluvias monzónicas al caer, en su comunidad se apresuran para acondicionar cobertizos que les protejan hasta que puedan levantar edificaciones más sólidas. No pueden perder tiempo.

Además, Guita ha perdido todas las semillas de cereal que guardaba en su casa para la próxima cosecha y no tiene nada con lo que poder subsistir. Cuenta que su marido tratará de mandarle dinero y que sus vecinos la están ayudando. Ella también está ayudando en lo que puede para poder volver a la vida que tenían antes. Enfundada en su ‘punjabi’ de colores alegres en un escenario triste y gris, ahora le toca empezar de cero para volver a tener su casa, luchando para seguir adelante.

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

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