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Detrás de las rebajas

Por Beatriz PozoBea Pozo

Hace un año, en este mismo blog, Sole Giménez se preguntaba por qué algunos productos son tan baratos. Cómo puede ser que paguemos tan poco dinero por un artículo hecho en el extranjero y en cuya producción han participado varias personas. Sole concluía que la única respuesta posible es la injusticia. Un ejemplo de esa injusticia son las maquilas. Las terribles condiciones que soportan las personas que trabajan en ellas, hacen posible que durante las rebajas la ropa se oferte con un 50% de descuento y al mismo tiempo sea rentable para la empresa que la vende.

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Sandra Ramos, activista defensora de los derechos de las trabajadoras de las maquilas. Imagen Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

Las maquilas son empresas extranjeras que instalan sus fábricas textiles en países en vías de desarrollo, aprovechándose de incentivos fiscales para no pagar casi impuestos y empleando a la mano de obra local bajo unas condiciones laborales asfixiantes. No se trata solo de largas jornadas laborales y bajos salarios. También suponen un gran riesgo para la salud, tanto por la exposición a sustancias químicas como por el riesgo de sufrir accidentes. Uno de los países con un mayor número de maquilas es Nicaragua.

Desde hace más de 20 años, Sandra Ramos lucha por los derechos de las trabajadoras de estas fábricas textiles. Su trabajo se centra sobre todo en mujeres, porque cree que las condiciones laborales que soportan ellas son mucho peores: ‘Al principio pensaba que la clase obrera era una, pero me di cuenta de que no. Hay hombres y mujeres’. Sandra cuenta como el gobierno, tras una privatización masiva, permitió la entrada de grandes empresas provenientes de Taiwán, que tenían a las mujeres trabajando prácticamente gratis. Sólo cobraban ‘un dólar a la semana’, aprovechándose del alto paro en el país. Muchas de las mujeres no conocían sus derechos, estaban asustadas porque los inversionistas y el gobierno les hacían creer que donde se acantonaban esas empresas no reinaban las leyes laborales nicaragüenses, sino las leyes del inversionista’.

El resultado fue que, en 2002, y según datos de un informe realizado por Sandra y su organización, el Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas “María Elena Cuadra” (MEC), el 55% de las mujeres empleadas en las maquilas afirmaban haber sufrido algún tipo de enfermedad, lesión o problemas de salud causados por su trabajo, el 43% decía ignorar los convenios laborales y casi el 50% denunciaba haber sido víctima de violencia verbal o psicológica.

En estos años la situación ha mejorado. El trabajo de organizaciones como la de Sandra, ha permitido que ‘las mujeres ya no se dejen como se dejaban antes’. ‘Tuvimos que prepararlas nuevamente en sus derechos, en romper los miedos y los temores. Hoy por hoy, la nueva generación de mujeres jóvenes en este entorno laboral tiene más conocimiento, más poder de decisión y más poder para reclamar sus derechos.’

No obstante, estas mujeres siguen enfrentándose a un empleo precario. Cada día se levantan para ir a trabajar, durante muchas horas y por poco dinero, a un lugar en el que no saben si sufrirán algún tipo de accidente, expuestas a productos químicos, bajo un calor intenso, con malos servicios de higiene y en el que pueden ser sometidas a un trato vejatorio por parte de sus jefes. Activistas como Sandra hacen mucho por ellas, pero quizá con eso no sea suficiente.

Las empresas que las contratan han mostrado hasta el momento muy poca preocupación por el bienestar de sus trabajadores y no parece que eso vaya a cambiar en un futuro próximo. Sin embargo, esas compañías sí que se interesan por sus clientes y por seguir vendiendo. Si esos consumidores presionan, alzan la voz por la situación de estas mujeres, y de todo aquel que está sufriendo por la injusticia de los precios bajos, y ayudan a gente como Sandra a trasmitir su mensaje, a las empresas no les quedará más remedio qué actuar y preocuparse más por las personas que emplean.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora como voluntaria con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

3 comentarios

  1. Dice ser frikinternet

    Es una verguenza el margen de beneficio, pagar 60 euros por una prenda que ha costado hacer posiblemente menos de 4 euros.

    06 agosto 2014 | 09:49

  2. Dice ser Miguel

    Ya está el artículo victimista y sesgado de cada semana; las condiciones laborales son pésimas apra todo el mundo, no son peores para las mujeres; de hecho son los hombres los que soportan las peores condiciones laborales en todo el mundo, sólo hace falta comparar los datos de accidentes laborales para verlo. Los hombres trabajan en minas, en la construcción, en extacción de combustibles fósiles… trabajos que incluso en los paises más desarrollados se cobran víctimas cada año, víctimas en su gran mayoría hombres. En cuanto a las condiciones en la producción textil en los paises subdesarrollados, la peor parte se la llevan los niños, por la simple razón de que un niño debería estar en el colegio y no trabajando.

    06 agosto 2014 | 13:43

  3. Dice ser Eduardo

    No te tomes a mal este comentario, pero las rebajas no funcionan así.
    Que un producto se venda con el 50% o el 70% de descuento no cambia que sea rentable o no. Los comerciantes compran un lote a un precio y comienzan a vender aplicando su margen después de impuestos. Al cabo de un tiempo han ingresado el precio pagado por el lote, y les quedará un numero de productos. Lo que saquen por esos productos restantes será su beneficio. Entonces lo vendan a un euro o a mil será su beneficio. El único caso en el que no será beneficio será si no consiguen venderlo, por eso lo bajan tanto de precio.
    Aunque para el consumidor sea importante el precio unitario, para el vendedor lo importante son los precios de compra y venta total de cada lote
    Un saludo

    07 agosto 2014 | 12:16

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