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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

Los 40 de Médicos Sin Fronteras

En este blog hemos conocido de primera mano el trabajo de Médicos Sin Fronteras en Uganda, Sudán, la República Democrática del Congo, Líbano y Kenia. Una labor sumamente meritoria por su carácter humanitario, pero también por las complejas condiciones en que se desarrolla.

Personal de MSF discute con soldado en la guerra de Angola en 1999. Autor: Hans Jurgen Burkard.

Hay que estar hecho de una pasta especial – tener una profunda vocación y creer férreamente en lo que se hace -, para pasarse seis meses en una aldea perdida de África, o en un campamento hacinado de refugiados, sufriendo tanto sea el aislamiento como la falta seguridad o las dificultades logísticas. A quien escribe estas palabras, una semana en estos sitios le ha resultado siempre una eternidad. Y quizás más.

Pero el trabajo de MSF no sólo se circunscribe a las zonas más olvidadas del planeta, sino que también tiene lugar aquí, entre nosotros, a través de las campañas de sensibilización que realiza y de los informes que pone a disposición de los gobiernos y la prensa. Sus integrantes están cada día más convencidos de que tan importante es actuar en el terreno como incidir sobre los que toman decisiones desde los centros de poder.

En este sentido MSF España me ha servido en numerosas ocasiones de valiosa fuente de consulta, como en el último viaje que realicé a Somalia, a las órdenes de Jon Sistiaga, para el documental “Los señores de la guerra”. Sus consejos, informes y experiencias en el terreno fueron cruciales a la hora de componer una idea fidedigna, de primera mano y actualizada sobre lo que íbamos a encontrar en Mogadiscio. Y sé que muchos otros compañeros han tenido la posibilidad de contar con esa misma suerte.

En la guerra fría

MSF nació de la mano de un grupo de médicos y periodistas que, durante la guerra fría, defendían una acción médica ajena a los intereses y presiones de los dos grandes bloques antagónicos que se disputaban el mundo. Una organización independiente que acudiera allí donde las poblaciones víctimas de situaciones de emergencia lo requirieran, para prestar asistencia médica urgente.

Las primeras intervenciones de MSF dejaron testimonio en la historia moderna de la brutalidad ejercida contra las poblaciones civiles en los campos de refugiados camboyanos en Tailandia a mediados de la década de los setenta o en la guerra civil en Líbano en los ochenta.

Les siguieron otras grandes crisis: Afganistán, Somalia, Ruanda, Zaire/República Democrática del Congo, Angola, Sierra Leona, Liberia, Sri Lanka, Colombia, Chechenia, Bosnia, Kosovo, Darfur, Chad o República Centroafricana. Algunas de ellas permanecen en la memoria colectiva; otras han caído hoy en el olvido.

De persona a persona

Otra característica que he descubierto en estos años de interacción con MSF es su constante proceso de reflexión sobre la realidad en la que se desempeña. Algo lógico en este mundo en constante cambio, pero que no es tan habitual como se podría pensar en organizaciones tan grandes.

Un mundo en transformación sobre cuyas nuevas características hemos escrito hace poco en estas páginas. Un mundo en el que, por el ascenso social de tantas decenas de millones de personas en lugares como Brasil, India o China, se necesita un profundo debate sobre ciertas políticas de cooperación al desarrollo.

Pero lo que no podemos dejar de defender, más allá del torpe y sesgado esfuerzo de periodistas como Linda Polman, es la ayuda humanitaria a personas en situaciones de sufrimiento extremo, se encuentren donde se encuentren, tengan la religión o el color de piel que tengan. Principio cada día más universal cuya claudicación significaría un brutal retroceso para todos.

En este cuarenta aniversario, que la organización cumple mañana día 21 de diciembre, vale la pena rescatar parte del discurso que James Orbinski, entonces presidente de MSF internacional, dio en 1999 al aceptar el Premio Nobel de la Paz:

Nuestros equipos viven y trabajan entre gente cuya dignidad es violada cada día. Estos profesionales deciden utilizar su libertad para hacer del mundo un lugar más soportable. A pesar de grandes debates sobre el orden mundial, la acción humanitaria viene a resumirse en una sola cosa: seres humanos ayudando a otros seres humanos que viven en las más adversas circunstancias. Vendaje a vendaje, sutura a sutura, vacuna a vacuna.

5 comentarios

  1. En muchas zonas del mundo he visto la encomiable labor de MSF en terreno.

    Ojalá en otros cuarenta años venideros las condiciones sean más fáciles para el trabajo en campo de estos profesionales.

    Un saludo.

    20 diciembre 2011 | 17:30

  2. Dice ser antonio larrosa

    VCreo que con los recortes a la sanidad en Epaña ya van haciendo falta que vuelvan los MSF.

    Clica sobre mi nombre

    20 diciembre 2011 | 22:05

  3. Dice ser Carmen F.

    HZ, suscribo tus palabras, y me sumo a la celebración por el aniversario de tan necesaria y encomiable organización… son todo un referente… y como bien dices, en este mundo que cambia y se transforma, hay que replantearse cosas y adaptarse a la nueva realidad, pero sin olvidar nunca lo esencial, lo que es importante, que en este contexto, es ayudar a las víctimas…

    ENHORABUENA Y FELICIDADES A MSF.

    Saludos y Feliz Navidad.

    PD: De qué me suena esa edad?,,, 40 años… casualidad? 🙂

    http://www.mundocooperante.org/noticia.php?id=103
    http://www.ninosdelaindia.es/?page_id=143

    21 diciembre 2011 | 12:08

  4. Dice ser Carmen F.

    Por cierto HZ, me encanta que hayas escrito esta entrada sobre MSF en tu blog… me recuerda que “hay razones para creer en un mundo mejor”, MSF es una buena muestra de ello…

    http://www.youtube.com/watch?v=fiE8KbqQsf8&feature=youtu.be

    21 diciembre 2011 | 14:02

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