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Una escuela reabre sus puertas en Sudán del Sur, pero los riesgos persisten

Por Claire McKeever desde Bentiu, Sudán del Sur, para Unicef.

William, que trabaja como maestro en Bentiu, en el estado de Unity, en Sudán del Sur, no deja de sonreír. Ha esperado este momento durante largo tiempo. La escuela donde enseñó hasta hace un año empieza a funcionar de nuevo, y él se encuentra en su antigua aula, listo para recibir a sus alumnos.

Cuando se iniciaron los combates en Bentiu, hace casi un año, miles de personas huyeron a la cercana base de las Naciones Unidas, donde se había establecido un campamento para proteger a los civiles que escapaban de la violencia. El pueblo permanece sorprendentemente tranquilo, a pesar de algunos focos de actividad alrededor del mercado. La inseguridad, que no cesa, ha impedido que muchas familias regresen, y todavía quedan niños y niñas abandonados y vulnerables, incluyendo algunos que han sido reclutados por grupos armados.

Un niño escribe en su cuaderno en la escuela que empezó a funcionar recientemente en Bentiu, Sudán del Sur. Además de rehabilitar escuelas y proporcionar suministros esenciales, UNICEF está capacitando a los docentes en la prestación de apoyo psicosocial. (© UNICEF South Sudan/2014/Razafy)

Un niño escribe en su cuaderno en la escuela que empezó a funcionar recientemente en Bentiu, Sudán del Sur. Además de rehabilitar escuelas y proporcionar suministros esenciales, UNICEF está capacitando a los docentes en la prestación de apoyo psicosocial. (© UNICEF South Sudan/2014/Razafy)

William y los demás profesores han estado recorriendo el pueblo con megáfonos para anunciar la reapertura de la escuela, y ya se han registrado 150 estudiantes (100 niños y 50 niñas).

“Los niños y las niñas del pueblo están sufriendo”, dice William. “Un día bueno es aquel en que pueden volver a la escuela”.

FELICES DE REGRESAR

A fin de preparar la escuela para el regreso de los estudiantes, el terreno se limpió de maleza y escombros. Gran parte de la madera de los pupitres se convirtió en leña; no obstante, el director y los docentes hacen lo posible por salvar lo que queda. Además, se ayudó a reubicar en condiciones de seguridad a 12 familias desplazadas que estaban viviendo en las instalaciones.

Samuel, de 14 años, espera con ilusión el regreso a la escuela –tan es así que se presentó un día antes. Su materia favorita son los estudios sociales. A su lado se sienta su amiga Mónica, también de 14 años, con su madre, Mary. La escuela ha sido su hogar desde principios de año.

“Me siento feliz de que la escuela esté funcionando otra vez, porque realmente deseo que Mónica estudie”, dice Mary, que desempeña un papel importante como nuevo miembro de la recién creada Asociación de Padres y Profesores.

Los ojos de Mónica brillan cuando habla sobre su regreso a la escuela. “Yo estaba en el mercado cuando estallaron los combates, y todos corrimos. Mucha gente se escondió aquí [en la escuela]. Oí disparos y me tendí en el suelo”, recuerda. “Esta solía ser mi escuela. Luego, vivimos aquí. Ahora, la situación es mejor”.

UN FUTURO ROBADO

La escuela, que anteriormente se llenaba con la algarabía de más de 1.000 estudiantes a la hora del recreo, hoy en día es un lugar mucho más tranquilo. Aun cuando en la zona hay varias escuelas abandonadas u ocupadas que podrían volver a funcionar, esta resultó elegida por su ubicación y por su valla perimetral –un recordatorio de los peligros que siguen acechando a los niños y las niñas que aspiran a recibir educación, en zonas de Sudán del Sur afectadas por conflictos.

Mónica (izquierda), de 14 años, junto con sus amigas, en la escuela que empezó a funcionar recientemente en Bentiu. Cuando se vieron obligadas a huir de su hogar durante los enfrentamientos, Mónica y su madre buscaron refugio aquí. “Esta solía ser mi escuela. Luego, vivimos aquí. Ahora, la situación es mejor”. (© UNICEF South Sudan/2014/Razafy)

Mónica (izquierda), de 14 años, junto con sus amigas, en la escuela que empezó a funcionar recientemente en Bentiu. Cuando se vieron obligadas a huir de su hogar durante los enfrentamientos, Mónica y su madre buscaron refugio aquí. “Esta solía ser mi escuela. Luego, vivimos aquí. Ahora, la situación es mejor”. (© UNICEF South Sudan/2014/Razafy)

“Queremos lograr cambios positivos en las vidas de los niños y las niñas, tanto dentro como fuera de los campamentos”, explica Luel Ding, Oficial de Educación de UNICEF para el estado de Unidad. Durante la primera semana del año académico de 2015 se matricularon 5.007 niños (el 40% niñas) en Bentiu y Rubkona, justo al otro lado del río. La meta sobre matriculación que se ha trazado la campaña Vuelta al Aprendizaje para los dos pueblos es de 10.800 niños, niñas y adolescentes.

“Muchos de estos niños han vivido experiencias traumáticas y proporcionarles un espacio seguro para aprender es una medida de protección crucial”, dice Ding. “Cuando no pueden acceder a la escuela, los jóvenes pierden la esperanza y se vuelven vulnerables a la explotación y el abuso”.

Aparte de ayudar con suministros escolares esenciales, como libros de ejercicios, tiza y lápices, UNICEF está capacitando a los maestros en la prestación de apoyo psicosocial a los niños que están a su cargo.

Para una generación de niños y niñas a quienes un cruel conflicto ha robado la infancia, esta podría ser su única oportunidad de tener esperanza en el futuro.

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