Pioneras del Salvaje Oeste

Pearl Hart, armada y vestida como un hombre (Historian Insight / Dominio Público / Wikipedia)

Silvia Coma (Barcelona, 1990), escritora y profesional del márketing en el sector editorial, publica su segunda novela Pioneras (Esfera de los Libros, 2020), una saga familiar en clave de western que recuerda a las españolas que migraron al Oeste de los EE UU durante el siglo XIX y participaron en ese territorio histórico y mítico que supone la colonización de esa parte de aquel país. En el siguiente artículo, la autora recuerda el papel español en la Conquista del Oeste y, sobre todo, el de las mujeres que vivieron y sufrieron aquel inhóspito paisaje, las que rompieron moldes y las que relataron sus vidas para que su memoria no desapareciera.

 

«El hecho de ser mujer nunca hizo que mis ambiciones de  convertirme en Papa o emperador se vieran perjudicadas

Willa Cather

A lo largo del siglo XIX y a principios del XX, miles de españoles emigraron a Las Américas. Fueron muchos los europeos que cruzaron el océano hacia el nuevo continente, con la promesa de hallar una vida mejor para sus familias.

América ofrecía nuevas oportunidades de negocio, así como tierras vírgenes para cultivar y levantar nuevos hogares. Algunos de los destinos más habituales eran Argentina, México, Cuba o Brasil, aunque también hubo emigrantes que llegaron al Oeste de los Estados Unidos de América. Lamentablemente, se ha perdido gran parte de los registros de los movimientos migratorios, aunque la relevancia del papel que tuvimos los españoles es incuestionable.

Cómo los españoles revolucionamos el Oeste de los Estados Unidos

Un dato revelador que cambió el curso de la historia fue la introducción del caballo por parte de los españoles. Su importación revolucionó las formas de transporte y negociación, así como las leyes y estructuras sociales entre los nativos americanos y los europeos. Incluso cambiaron las estrategias de guerra. Acostumbrados a luchar a pie, los nativos americanos encontraron en el caballo una nueva arma para combatir a sus enemigos. La tribu de los comanches creó una estrategia que siempre conseguía desarmar a sus contrincantes: atacaban con una estructura aparentemente caótica que resultaba incomprensible para la mentalidad europea, educada en el orden y la disciplina militar. Solo hace falta ver películas como Cuna de héroes (1955) o Murieron con las botas puestas (1941) –en las que se muestran los rígidos reglamentos y entrenamientos de West Point– para comprender el choque entre ambas formas de abordar la batalla.

Las mujeres en el Lejano Oeste

«Si una mujer desea convertirse en leyenda,

debe ir a por todas hasta conseguirlo.»

Calamity Jane

Cuando hablamos del Oeste, solemos referirnos a vaqueros, rangers, sheriffs, pero ¿qué hay de todas las mujeres que cruzaron medio mundo y conquistaron esas tierras salvajes? Desgraciadamente, se escribe y se habla poco de ellas, cuando su papel fue fundamental. No podría comprenderse el Lejano Oeste sin las mujeres. Tanto en el caso de los europeos como en las tribus nativas americanas, eran las que se encargaban de sostener a la familia y el hogar: criaban y educaban a los hijos; cocinaban, labraban y cultivaban la tierra, cuidaban de la casa; despellejaban a los animales para coser mantas y ropas que les permitieran mantenerse en calor durante los meses más fríos del invierno; sabían cazar y eran las responsables de defender el hogar mientras sus maridos, hijos o hermanos estaban ausentes, algo habitual en la época con los traslados de ganado, guerras y redadas.

Karl Malden y Maria Schell en ‘El árbol del ahorcado’ (1959) © Warner Bros.

La lucha feminista

«Cuando un hombre dispara al blanco, se le considera un tirador.

Cuando yo acierto, dicen que es un truco.»

Annie Oakley

Hoy en día, constantemente hacemos referencia a iconos del siglo XIX, pero muchas de las mujeres que se rebelaron contra las convenciones sociales en el Oeste de los Estados Unidos parecen haberse olvidado de estas listas. Sean o no españolas, todas ellas influyeron en las vidas de los que vivían en el Far West, y muchas de ellas constituyeron toda una revolución en la época. Annie Oakley, Pearl Hart, Belle Starr, Laura Bullion, Calamity Jane son solo algunos de los nombres que podrían citarse, aunque hubo muchas más: pioneras europeas que dejaron atrás sus hogares para instalarse en tierras indómitas; bandidas que cortaron con sus raíces y se rebelaron contra las leyes machistas del momento; cautivas de las tribus nativas que se negaron a regresar con sus familias… Todas ellas marcaron un antes y un después en la reivindicación por la igualdad y la lucha feminista.

Una de las declaraciones más célebres fue la que pronunció Pearl Hart en 1899, después de que la capturaran tras asaltar una diligencia: «No dejaré que me juzgue una ley que ha sido constituida sin la voz de mi sexo».

Podría decirse que las mujeres se vieron obligadas a adoptar roles supuestamente masculinos para sobrevivir. Laura Bullion solía vestirse con ropas de hombre y participó en varios de los atracos junto al famoso ‘Grupo Salvaje’. Belle Starr se convirtió en uno de los nombres de bandidos más notorios junto a Jesse James, Frank James o los Younger Brothers. En los periódicos se la comparaba con la figura de Robin Hood, y se la llegó a bautizar como ‘La reina bandida’. Posteriormente, se le dedicó la película Belle Starr (1941), dirigida por Irving Cummings, y protagonizada por Gene Tierney y Randolph Scott.

Las voces de las mujeres en la literatura

«Después de todo, los hombres que escriben sobre la Frontera tampoco estuvieron allí. Todos hemos cogido el material histórico de las mismas fuentes impresas. La inclinación para escribir sobre la frontera no es una característica ligada al sexo, como el pelo al pecho.»

Dorothy M. Johnson

Más allá de las bandidas, estaban también las pioneras que consiguieron hacerse oír en un lugar donde apenas se las reconocía. Un claro ejemplo de esto lo encontramos en la obra de Willa Cather o en las cartas que Elinore Pruitt Stewart escribió a una amiga de Inglaterra y que se publicaron bajo la compilación Cartas de una pionera: un magnífico testimonio de la vida de una mujer que decide abandonar sus raíces europeas y debe enfrentarse a las tierras de Denver.

No podemos olvidar tampoco a Dorothy M. Johnson, la autora de relatos como El árbol del ahorcado, Un hombre llamado caballo o El hombre que mató a Liberty Valance: una de las historias más conocidas del género del western y que inspiró uno de los films más aclamados del cine, dirigido por John Ford y protagonizado por John Wayne, James Stewart y Vera Miles.

En sus obras, Johnson y Cather nos brindaron un retrato crudo y real del papel de la mujer en una de las épocas más salvajes de la historia americana. Johnson renovó el género, rechazando los típicos arquetipos: introdujo personajes masculinos más verosímiles, con sus dudas y tribulaciones, así como mujeres más fuertes e independientes que debían enfrentarse y sobrevivir en una tierra hostil.

Los que emigraron al Oeste eran diferentes de los del Este. Alguien dijo en un largo poema que los cobardes nunca empezaban la ruta hacia el Oeste, y que los débiles caían por el camino, declaró. Johnson dio voz y protagonismo a los personajes femeninos, y fue una de las grandes defensoras de la literatura del western escrita por mujeres.

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