Daniel Fernández de Lis: “Muchas veces se ha despreciado al-Ándalus como si nos fuera ajena, pero Abderramán III es tan historia de España como Alfonso III”

Daniel Fernández de Lis.

Como si fuera una hormiguita de la divulgación, el abogado y bloguero, creador del estupendo Curiosidades de la Historia, Daniel Fernández de Lis sigue trabajando sin descanso y publicando sobre la Edad Media. Tras Los Plantagenet (Libros.com, 2018), cambia la Inglaterra medieval por la Edad Media peninsular en su último libro, De Covandonga a Tamarón (2019), donde propone un apasionante repaso por la historia de la monarquía asturleonesa desde la conquista islámica hasta la batalla de Tamarón, o lo que es lo mismo desde Pelayo hasta Vermudo III. Y lo hace con su habitual sentido de la divulgación, sencillo, directo y claro; donde no busca la polémica, sino plantear hechos y las teorías que hay sobre ellos. Pero el autor ha descubierto que, en comparación con escribir sobre Inglaterra, hacerlo sobre la historia de Castilla tiene algo de campo de minas…

Ya desde el principio de su libro lo avisa: escribir sobre la historia de la Edad Media de la Península Ibérica, su tierra, ha sido más complejo que sobre la inglesa, en su anterior libro Los Plantagenet

Sí. En Los Plantagenet, salvo algún episodio concreto, la mayoría de los hechos son pacíficos. Puedes encontrar un autor que dedique más espacio a un reinado o que lo enfoque desde una perspectiva diferente, pero en general no hay divergencias sobre lo ocurrido. En el caso de lo ocurrido en la Península Ibérica en los siglos VIII y IX, las fuentes son escasas, tardías y muchas veces sacrifican la verdad histórica en beneficio de la propaganda. Puede decirse que la sana costumbre de cuestionarse las fuentes históricas debe aplicarse con especial puntillosidad a la Edad Media peninsular.

La cita que arranca el texto, del historiador Eduardo Manzano, en la que dice que “carece de sentido buscar en la Edad Media la legitimidad  o la génesis de situaciones actuales”, no es casual…

Es una declaración de intenciones. A mí me apasiona la Edad Media peninsular. Me interesa mucho conocer y dar a conocer lo que hicieron los hombres y mujeres que vivieron en esos siglos. Lo que no me interesa es tratar de dar a sus actos un sentido que ellos ni pudieron ni quisieron darle. No creo que les preocupara cómo podían ser interpretadas sus acciones más de diez siglos después. Y aunque les hubiera preocupado, no hubieran podido actuar para dejar satisfechos a quienes trataran de interpretar sus acciones tomando como base parámetros políticos o geográficos que les serían completamente desconocidos. La cita del inicio del libro deja claro desde el principio que quien busque en De Covadonga a Tamarón argumentos para apoyar posiciones políticas actuales (en un sentido u otro) no los va a encontrar.

¿Cuándo decide arrancar este proyecto de estudiar la historia de la monarquía asturleonesa?

Tras terminar Los Plantagenet, que supuso más de un año de trabajo, necesitaba un descanso de la historia inglesa. Por circunstancias personales tengo mucha vinculación con Asturias y como español, evidentemente, me interesa especialmente la historia de España. Si a eso le añadimos que el periodo histórico que más me gusta es el medieval, la elección estaba clara.

¿Cuál ha sido su objetivo en este libro?

Simplemente proporcionar una herramienta sencilla y didáctica a quienes deseen conocer un poco mejor lo que ocurrió (cuando se conocen los hechos) en los reinos de Asturias y León entre los siglos VIII y XI y presentar las diferentes teorías sobre lo que pudo ocurrir (cuando no se conocen los hechos ciertos).

¿Ha cambiado su concepción de aquellos tiempos este trabajo?

Totalmente. Tenía una visión muy general y algo distorsionada de lo ocurrido y el proceso de documentación y escritura del libro me ha descubierto una época apasionante pero mucho más llena de matices de lo que yo pensaba.

Y tras hacerlo, en su opinión ¿existieron Pelayo y la batalla de Covadonga?

Que Pelayo existió parece claro. Quién fue o qué hizo es lo que debe ser muy matizado respecto de lo que nos han contado durante siglos. No está nada claro que fuera de origen godo y parece que tenía alguna vinculación previa con Asturias, bien porque fuera él mismo astur o porque residiera o tuviera propiedades allí, lo que justificaría el apoyo de los naturales de la zona a sus acciones.

Y respecto a Covadonga, creo que se puede descartar que tuviera lugar una gran batalla donde más de cien mil árabes murieron a manos de un puñado de rebeldes. Sí parece (según las propias fuentes árabes) que en la zona de Asturias de la antigua provincia romana de Gallaecia se produjo un enfrentamiento (probablemente poco más que una escaramuza) motivado por la negativa de un grupo de habitantes de la zona a abonar los impuestos requeridos por los árabes, quienes despreciaron a los rebeldes por considerarlos poco importantes. Hechos posteriores como la revuelta bereber del año 740 contribuyeron a que ese grupo de hombres que se había enfrentado a los recaudadores de impuestos unos años antes se encontraran de repente con una gran extensión de terreno para expandir su pequeño dominio.

De covadonga a Tamarón

Ha sido uno de los últimos debates mediáticos sobre historia, así que la pregunta es obligada, ¿qué le parece el concepto de Reconquista?

Es una pregunta complicada, porque es un tema que resulta difícil aislar del debate político actual, aunque creo que es la única forma de intentar un acercamiento histórico a ese periodo. Aquí me va a permitir que me extienda un poco para no dar lugar a malentendidos. El gran problema está en el término Reconquista en sí. En primer lugar porque la respuesta fácil de los críticos es que el Reino de León no pudo reconquistar Toledo ni el de Aragón Zaragoza, porque esas ciudades nunca habían pertenecido a esos reinos, aunque gramaticalmente es correcto, porque así lo recoge la RAE (la segunda acepción del término “reconquista” según el Diccionario de la RAE es: “Recuperación del territorio hispano invadido por los musulmanes en 711 d. C., que termina con la toma de Granada en 1492”). Y en segundo lugar, y más importante, el término Reconquista ha sido tan utilizado desde el siglo XIX con fines ideológicos, ya para ensalzarlo y convertirlo en un mito patrio, ya para denigrarlo y criticar determinadas posiciones políticas, que en la actualidad es un término muy contaminado y al que resulta muy difícil aislar de todo ese ruido político moderno.

Cuestión diferente, sin embargo, es el concepto de intentar recuperar los dominios de la monarquía visigoda. Seguramente ni Pelayo ni sus primeros sucesores tenían en mente nada parecido, pero al menos desde el reinado de Alfonso III (866-910), una época en la que el emirato de Córdoba estaba en plena descomposición, sí se empezó a generar esa idea (con alguna mención ya en el reinado de Alfonso II). Ese es el motivo por el que las Crónicas de Alfonso III (de la década de 880) trataron (con base o sin ella) de vincular a Pelayo y a la monarquía asturiana con la familia real visigoda. Y es un ideal que retomaron otros reyes durante diferentes momentos de la Edad Media.

¿Por qué cree que había que hacer una obra de divulgación en concreto de esta época?

Obras sobre esta época hay muchas y muy buenas, aunque alguna de ellas se ocupan de este periodo dentro de un análisis general de la historia de España. Lo que me pareció que resultaba interesante y novedoso era acometer un libro en el que se recogieran las diferentes posturas y teorías sobre unos hechos controvertidos y polémicos dando al lector la oportunidad de forjarse su propia opinión.

¿Cómo cree que es el conocimiento del público general sobre ese momento?

Desgraciadamente, los comentarios que he leído en las redes sociales a raíz de la publicación del libro me han hecho ver que el conocimiento del público general sobre la época es muy superficial y que muchas opiniones se basan en lugares comunes o en posiciones políticas actuales que predeterminan la visión que se tiene de esos siglos.

Asegura que ha tratado de mantener la objetividad, ¿es realmente posible?

Si lo que realmente te interesa es conocer los hechos acaecidos y no interpretarlos con la bufanda de tu equipo puesta, creo que es posible y es lo que he intentado en esta obra. Si en algún aspecto del libro me he dejado alguna teoría o interpretación habrá sido por omisión involuntaria, pero no por falta de objetividad.

¿Cómo valora la crispación mediática y política existente y que salpica a la divulgación de la historia, por ejemplo en las redes? ¿Le ha afectado a la hora de trabajar?

Me da pena la situación que comenta. Desde que hago divulgación histórica siempre he tenido buena relación con otros divulgadores que he conocido en las redes y hace unos años resaltaba precisamente el buen ambiente que reinaba entre los diferentes proyectos. Me entristece que últimamente se haya enrarecido ese ambiente, pero no me ha afectado a la hora de trabajar, precisamente porque creo que todos los que me conocen saben que siempre busco ser objetivo.

Es su segundo libro, comparando su forma de trabajar para éstos y la labor que realiza en su blog, ¿cuál cree que es la diferencia cuando divulga en libro y en la red?

No tiene nada que ver. El blog consiste en entradas relativamente breves, independientes entre sí y heterogéneas que describen un hecho o un personaje a pinceladas y remiten a las fuentes donde conocerlo más a fondo. Cada uno de mis libros supone meses de investigación y documentación, un gran esfuerzo a la hora de sistematizar el contenido para darle coherencia y un afán por asegurarme que no me dejo ninguna fuente sin analizar y reseñar.

Lo que sí tengo que agradecer al blog es haberme permitido desarrollar un estilo de divulgación sencillo y fácil de entender que he tratado de mantener en mis libros y que, por lo que me dicen mis lectores, les resulta interesante y entretenido.

Hay muchos personajes y sucesos apasionantes en su obra, la conquista del 711, las razias vikingas, el nacimiento del camino de Santiago, Ramiro II, Fernán González… ¿Cuáles han sido los que más le han sorprendido? ¿Y sobre los que más ha cambiado su percepción inicial?

Sobre lo que más ha cambiado mi percepción inicial ha sido, sin lugar a dudas, sobre todo lo referido a la historia de al-Ándalus. Creo que muchas veces se la ha despreciado como si nos fuera ajena, limitándose a hablar de un pueblo invasor al que se iba expulsando, cuando Abderramán III o Almanzor son tan historia de España como puedan serlo Alfonso III o Ramiro II. Y su historia no solo está indisolublemente ligada a la de la parte cristiana de la Península, sino que es tan rica y apasionante como la de esta.

Y un hecho concreto que me sorprendió creo que fue enterarme de que en el año 1003, en una expedición organizada contra el condado de Barcelona por Abd al-Malik (hijo de Almanzor), participó junto al ejército califal un contingente castellano y leonés, ya que el Reino de León y el condado de Castilla habían firmado con el califato una tregua en la que se comprometieron a dar apoyo militar a Córdoba.

Decide terminar el libro con la batalla de Tamarón, con el conflicto entre León y el condado de Castilla, donde ésta todavía no es reino pero está ya cerca de serlo. Y culmina, “esa es otra historia”. ¿La contará también? ¿Será su próximo proyecto?

Sí, de hecho estoy ahora mismo con ese proyecto. Se trata de un libro centrado en las relaciones entre León y Castilla desde la batalla de Tamarón hasta su definitiva reunificación bajo el reinado de Fernando III. Es una obra de la que forman parte personajes y episodios tan interesantes como el Cid, la batalla de las Navas de Tolosa o el tormentoso matrimonio entre Urraca, reina de León y de Castilla y Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. Estoy disfrutando mucho con el proyecto.

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3 comentarios

  1. Dice ser Carmen Herrero

    Ambos son parte de la historia de la península ibérica, no de España, dado que España en ese momento no existe.

    24 febrero 2020 | 14:29

  2. Dice ser perico el de los palotes

    Los musulmanes en la península son para nosotros como los esclavistas durante la esclavitud de los negros en los estados unidos.
    Valíamos menos que ellos, saqueaban ciudades cada dos por tres, tenían miles de esclavas sexuales de antepasadas nuestras que secuestraban para ser violadas repetidamente hasta que fueran viejas y poco atractivas.
    La expulsión fue una de las mejores decisiones que hemos tomado en toda nuestra historia

    24 febrero 2020 | 15:01

  3. Dice ser Jaime Lonero

    Para Carmen Herrero:

    Claro que Abderramán y Alfonso III son historia de España, igual que lo son los celtíberos, la conquista romana o las colonizaciones fenicias. Si limitamos nuestra historia al el momento en el que existe España como nación moderna, habremos de suponer que los reyes católicos son seres prehistóricos. Y que el Devónico no tuvo lugar, dado que en el Devónico no existía el Devónico, ni como concepto ni como término.

    España existe, como concepto y como término, desde mucho antes que «Península Ibérica», tanto en las crónicas cristianas como en las musulmanas (y aun antes) Además, limitar la historia a la Península sería negar, por ejemplo, la conquista almohade de Baleares como parte de nuestra historia. Y la llegada a las Canarias, supongo que la metemos como historia de la Atlántida o algo así. Del descubrimiento de América ni hablamos. Y en los institutos de Ceuta, entiendo, los alumnos están exentos de saber quién fue Miguel Servet.
    Curiosamente, fuera de la acepción geográfica y si nos ponemos tan estupendos, «Península Ibérica» es un término que también deja fuera a los pueblos celtas o a los vascones, que no eran íberos. Dejémonos de tonterías y usemos el sentido común para variar. No le digo que se apunte a las sandeces de Perico el de los Palotes, pero no tenga tanto miedo a nombrar España. Que no pasa nada, que no es de fachas.

    06 marzo 2020 | 09:13

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