Ficción histórica, cine, literatura e historia: una tensión útil para recrear y divulgar el pasado

Imagen de la película 300

Desde el pasado noviembre,  en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) se está celebrando un interesante ciclo de conferencias titulado: La recreación del pasado: cine, literatura y Antigüedad. Ahí se ha hablado de Yo, Claudio, Sinhué, 300, Espartaco, etc. tanto de sus versiones literarias, como de sus adaptaciones cinematográficas. El próximo cuatro de abril el evento pone punto y final con una mesa redonda con los historiadores y novelistas Santiago Castellanos y José Luis Corral, moderados por la historiadora Esther Sánchez, que debatirán sobre la recreación del pasado.

Tras estas jornadas están Érika López Gómez, profesora asociada de la UAM, y Jorge García Cardiel, investigador Juan de la Cierva en la misma universidad, del Departamento de Historia Antigua, Historia Medieval, Paleografía y Diplomática. Estos dos profesores han tomado el relevo de Esther Sánchez Medina, que dirigió las dos ediciones anteriores, y son los responsables de haber incluido la novela histórica entre su contenido.

“Lo hicimos porque habíamos trabajado anteriormente sobre ella”, explica Érika López, “en mi caso mi trabajo de fin de máster era sobre cómo aplicar la novela histórica para estudiar determinadas periodos. Además, muchas de las películas son adaptaciones de esa literatura”. Por su parte, Jorge García añade que el “hecho de separar ficción e historia es uno de los temas recurrentes en clase. Al ser una carrera tan vocacional, muchas veces los alumnos han entrado en un hecho histórico a través de una película o novela que les ha gustado. En clase nos encontramos constantemente con esa tensión entre la novela como recurso y el peligro que supone no diferenciar entre datos e invención“. “Aún así”, concluyen los dos, “es un buen apoyo para enseñar”.

El poder de las ficciones es que probablemente dejan un recuerdo más duradero…

J.G.: Sí, sobre todo porque nos hace asociar épocas y acontecimientos a una serie de detalles en los que una investigación al uso no se suele centrar. Es lo que hace más fácil de recordar, pero hay un riesgo, un peligro, que es el no saber hasta qué punto esos detalles o gestos están bien documentados.

Series películas, novelas, desde clásicas a actuales… ¿El género histórico está hoy mejor o peor?

E.L: La verdad es que hay películas clásicas excepcionales, incluso habiendo sido hechas hace muchos años y con los medios de entonces, deben ser tenidas en cuenta. Ahora también hay películas muy buenas como la de Ágora de Alejandro Amenábar, sobre Hipatia de Alejandría, que es espectacular, y con los medios actuales saben crear una ambientación muy buena. Pero como en todo, hay buenas y malas. Ahí está el criterio que hemos fijado, donde también hay películas antiguas que merecen ser conocidas y que, seguramente, muchos alumnos no han tenido noticias sobre ellas.

¿En qué hay que fijarse en una ficción histórica para valorar que tenga un mínimo de rigor?

J.G.: Es difícil. El criterio depende del nivel de conocimientos de cada cual. Lo importante, normalmente, es intentar saber hasta qué punto el director o autor se ha documentado de manera sólida o ha contado con buenos asesores, que en el cine y series son fundamentales, aunque con desiguales resultados. La propia visión del espectador marca y le hace esperar que determinados detalles o discursos no son reales, sino que son recursos narrativos; por lo tanto, hay que fijarse más en la ambientación general que en lo concreto.

E.L.: Sí, es complicado. Personalmente, creo que es más importante que una vez vista o leída, se interese y lea artículos o bibliografía sobre ese determinado personaje o esa época que ha podido conocer a través de la película.

Los historiadores de la universidad, y no parece vuestro caso, deberían estar más al tanto de la actualidad cultural  para aprovechar esos ganchos…

J.G.: Esa es la óptica de este curso y por eso nuestra última charla es de dos novelistas que además son profesores de universidad como Santiago Castellanos y José Corral para valorar precisamente eso: el valor y potencial de los historiadores en esta labor de divulgar y popularizar.

E.L.: Es verdad que la universidad tiene ese encasillamiento de hacer divulgación solo para nosotros y no para el público general. Quizá las películas y las novelas sí que tengan esa capacidad. Nuestra idea era mostrar que nosotros mismos nos interesamos por la historia gracias a la lectura de una novela o al visionado de una película o serie que nos enganchó.

¿Fue vuestro caso?

E.L.: En mi caso fueron las novelas de José Luis Corral, que me gustaron muchísimo: el cómo estaban escritas y cómo te transportaban al mundo medieval. Fue a través de él que me enganché a la historia.

J.G.: En mi caso fue el capitán Alatriste, que me supuso un gran descubrimiento. Desde entonces soy un gran adicto a la novela histórica.

A algunos compañeros vuestros no les gustará ese apoyo…

E.L.: Hay novelas y novelas, pero ¿por qué no? Es uno de los géneros que siempre está presente, y por qué no también para los historiadores.

J.G.: Dependerá de con qué perspectivas te acerques al género. Si vas a buscar detalles y errores, siempre los vas a encontrar y, como especialista, te pueden poner muy nervioso. Pero no hay que olvidar que son visiones del pasado que tienen una función pedagógica muy importante y que te pueden ayudar a pensar sobre el mismo.

De las mesas, me han llamado la atención una sobre Agatha Christie y otra sobre el cómic 300, de Frank Miller…

E.L.: La novela Asesinato en Mesopotamia nos parecía interesante por la propia trayectoria de Christie, que había trabajado en excavaciones en Mesopotamia y relataba a la perfección cómo es el trabajo en una excavación. 300 es otro medio de divulgación: el cómic es un punto a tratar, incluso de cara hacia el futuro.

J.G.: En 300 se recoge fuera del ámbito académico el concepto de la visión entre civilización y barbarie representada por el persa, que está en las fuentes clásicas, y que esa ficción la ha transmitido más allá del ámbito académico. Si la gente ha tenido noción de ese conocimiento, ha sido por la película. Más allá de recursos estilísticos y otros, porque ni el cómic ni la película pretenden ser realistas, se perciben algunos detalles de fuentes clásicas que han sido llegado al gran público.

¡Buenas lecturas!

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