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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

‘Cuando fuimos árabes’, de Emilio González Ferrín: “La conquista del 711 es un cuento que oculta la lentísima arabización del Mediterráneo”

Interior de la mezquita de Córdoba (GTRES)

Emilio González Ferrín, profesor de Pensamiento Árabe e Islámico en la Universidad de Sevilla, acaba de lanzar al mercado su última obra Cuando fuimos árabes (Almuzara, 2018). En esa obra, el autor llama a utilizar una nueva mirada a la historia de España y Al Andalus y “adecentarla”, haciéndola  más inclusiva y “habitable”. En este artículo, el autor expone la propuesta que plantea en este nuevo libro, donde retoma tesis polémicas que ya había defendido con anterioridad como la negación de la etiqueta “islámica” a la conquista de la Península Ibérica del año 711.

[Al Andalus y Narciso: la respuesta del profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva, Alejandro García Sanjuán a las ideas de Emilio González Ferrín]


Cuando fuimos árabes

Por Emilio González Ferrín | Universidad de Sevilla

La clave en la lectura que hace Américo Castro de nuestra historia consiste en trenzar un hilo oriental en la cultura española, que venía a responder a muchas preguntas y a suscitar otras.

Francisco Márquez Villanueva

Cuando fuimos árabes es una declaración de principios, un modo de entender Alándalus como parte de la historia de España, por aquello de reconocer cual fue la lengua materna de la gran mayoría de nuestros antepasados en aquel tiempo. Así, entiendo que en Alándalus fuimos árabes, por más que pudiéramos ser, ocasionalmente, judíos, cristianos o musulmanes, altos o bajos, guapos o feos. No hay una exclusión entre cualquiera de esas categorías y la esencia árabe de aquella cultura común, esas páginas de nuestra historia narrada, que además eran compartidas por gran parte del Mediterráneo, constituyendo la segunda gran globalización cultural del mundo después de Roma, a la que hereda. Ésta es la esencia del nuevo libro con ese título, Cuando fuimos árabes, y la razón de su oportunidad es que la mayor parte de los españoles ha decidido arrancar esas páginas de nuestra historia, muy especialmente en estos tiempos en que el Islam contemporáneo ha perdido su rumbo. Pero, ¿qué tiene que ver el Islam contemporáneo con el medieval? ¿En qué medida relacionaríamos los problemas de la Grecia contemporánea con el legado platónico, por ejemplo? Si no lo hacemos con Grecia, o Roma, o la India, ¿por qué cometemos ese presentismo con la historia del Islam, una civilización que floreció en tanto que ruta comercial y altura cultural de su tiempo, y que se eclipsó en su dimensión árabe a finales del siglo XV?

Comparto con el historiador francés Patrick Boucheron dos ideas: por un lado, que actualmente se está queriendo acabar con las sociedades cosmopolitas y la herramienta más útil para ello es proyectar una sola coloración en la interpretación de la historia, para así utilizarla como fundamento de ese deseado presente monocromático. La otra idea atañe no ya al contenido, sino a la propia tarea de escribir la historia: proliferan los historiadores rancios y parcelarios a los que, dice Boucheron, si les quitas sus notas al pie, se encuentran como el niño al que le han quitado por vez primera los ruedines de la bicicleta. Es decir, los que podrían alimentar un presente cosmopolita mostrando un pasado que no lo fue menos, por ejemplo, se convierten en artesanos del aburrimiento manual, en lugar de artistas de la interpretación histórica. De tal modo que el gran público debe acercarse a la novela histórica o a los sistemas de propaganda ideológica para conocer la historia, dado que en muy pocas ocasiones encontramos al historiador remangado, volcado sobre la compleja maraña del pasado, arriesgando interpretaciones.

Entre otras muchas cosas, España es un territorio, una nación-cultura, aparte de, ocasionalmente hoy día, un Estado. Altamira es España, y lo es Tartessos, como también Numancia o Medina Zahara. Hay una línea directa entre artífices de nuestra cultura como el cordobés Séneca, Isidoro de Sevilla, o los andalusíes Ibn Hazm, Averroes e Ibn Tufayl. Pero a estos últimos los metemos en el OVNI de un extraño Islam que bajó un día, abdujo durante ocho siglos a la península Ibérica, y se marchó finalmente sin más vestigio que algún topónimo o requiebro musical sureño. Y precisamente por eso, por esa enorme patraña de la abducción de ocho siglos, a los que puso fin una salvífica Reconquista, entiendo que era necesario volver a visitar nuestra historia, para ordenarla y adecentarla; para hacerla habitable, que diría Américo Castro, con cuya referencia empieza el libro Cuando fuimos árabes.

Esa Reconquista, ese enorme constructo consistente en colocar el prefijo “re-“ a las palabras para cargarlas ideológicamente, no es una mera explicación histórica: es una toma de partido. Si nos empantanamos en la idea de que España es sólo un Estado, y que su sentido constructivo fue la Reconquista, esta proyección conceptual requiere una conquista previa, un rapto, y ahí comienza el invento de la alteridad islámica que alternan con la árabe en enorme confusión: les aseguro que es completamente imposible calificar a algo de “islámico” antes del año 800 y en Oriente; el Islam no podía hacer nada hasta entonces, porque lo que estaba haciéndose era precisamente el Islam. Y no me refiero solo al islam –con minúscula- referido a religión, sino a toda posible entidad organizada y reconocible como civilización. Así, la narración mítica de la conquista del 711 es un cuento escrito ya cerca del año 900; un cuento que no refleja las causas internas de la descomposición del mundo visigodo, la caótica diversidad religiosa de los cristianismos y judaísmos en el Mediterráneo, la yuxtaposición de conquistas inconexas ante la ausencia de Roma, hasta que vuelva el orden comercial con el Islam. Un cuento, decía, el de la conquista, que oculta la lentísima arabización del Mediterráneo; el uso en latín del título de Rex Hispanae por vez primera en Córdoba en torno al 850, que oculta también la natural y continuada ida y venida de contingentes humanos por el Estrecho de Gibraltar desde siglos antes y hasta siglos después. Un cuento que roza el ridículo cuando eleva a rango esencialista, constitutivo de lo romano y cristiano de nuestro país, a la única región de la península Ibérica que ni estaba romanizada ni cristianizada del todo: el norte. Un cuento a la medida de la obsesión nacional-católica de muchos españoles, provocadores de la exclusión de tantos otros que escribieron y habitaron nuestra historia en términos de inclusión, de diversidad. Porque la narración asfixiante y exclusivista del pelayismo español ha provocado siempre un efecto centrifugador entre los grandes interpretadores de la realidad compleja de ser español y europeo. Una narración que deja fuera a muchas Españas posibles y olvidadas, desde los moriscos y judíos hasta bien entrado el siglo XX, en que el cainismo exclusivista tocó fondo en la más flagrante negación de habitabilidad española.

Cuando fuimos árabes, decía, es una declaración de principios. Una consideración del tiempo en marcha formado por cuotas de autoría, no por compartimentos estancos; cuotas que se van sumando y en las que nos fuimos constituyendo como España merced a numerosas oleadas de orientalización, desde fenicios hasta árabes, sin que puedan excluirse niveles a nuestro antojo, ni dependan de fechas míticas concretas sino de lentos procesos, a menos que pretendamos deformar ideológicamente la visión de conjunto que debe ofrecer toda historia completa.

*Las negritas son del bloguero, no del autor del texto.

11 comentarios

  1. Dice ser juan

    como estan haciendo, poco a poco , pero como algun dia de estos se declare una guerra santa , pues habra mas problemas ………………………………………………………

    05 abril 2018 | 09:03

  2. Dice ser El Fer

    Ración diária de propaganda de la secta de moda.

    05 abril 2018 | 09:15

  3. Dice ser F.Angel

    No somos ni fuimos nunca árabes.
    Como mucho, pueblos árabes vinieron a la península.
    Como mucho, llegamos a hablar mayoritariamente el árabe.

    Con respecto a la “teoría” de que Al-Andalus fue una “arcadia feliz” donde toda religión era bienvenida y que las tres principales vivían en paz y armonía; pues no pasa de ser una teoría, y, según que historiador, pensador, o “líder religioso” te expondrá una cosa o la otra…

    Un par de ejemplos:
    “Sánchez Saus, historiador, sobre Al-Ándalus: «No fue otra cosa que invasión, conquista e imposición»”
    “–¿Convivieron en armonía las tres culturas en Al-Ándalus?
    –No. Hebreos y, sobre todo, cristianos sufrieron una discriminación que historiadores como Serafín Fanjul han equiparado al régimen del apartheid en Suráfrica. Se montó un sistema legal que buscaba la humillación de los no mahometanos, con medidas sin precedente histórico como la prohibición de no poder llevar armas. En la Edad Media, un hombre era libre en tanto que podía defender a su familia.”
    https://www.religionenlibertad.com/sanchez-saus-historiador-sobre-alandalus-no-fue-otra-cosa-que-invasion-47681.htm

    “Ha dedicado Serafín Fanjul varias obras a desmontar la interpretación idílica de la Hispania musulmana, esa que por ignorancia de lo sucedido en la Península entre los siglos VIII y XV quiere ver en Al Andalus una arcadia donde convivían de manera pacífica tres religiones y en la que el arte, la ciencia y la cultura alcanzaron las mayores cotas de desarrollo jamás conocidas. Pero ni hubo tolerancia ni nadie la pretendía.”
    http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/24/599db272ca4741e7198b45ea.html

    05 abril 2018 | 09:19

  4. Dice ser Goik

    Buuuuuuuuuuuuuuuuuf que articulillo más malo!!
    Calro claro……todas las culturas estaban super integradas y contentísimas con la ocupación árabe……por eso estuvimos en guerra varios siglos.

    Ale, a contar cuentos a tus coleguitas.

    05 abril 2018 | 10:19

  5. Dice ser Tarik

    En el 711 no hubo una invasión de moros, lo que hubo es una contraofensiva de tropas de vándalos que residían en las costas de África y que venían a desencadenar una guerra civil entre Arrianistas y cristiano-romanos.
    Los cristiano-romanos perdieron la guerra civil en todo el territorio menos en la costa cantábrica.
    La paz se hizo en Hispania y el arrianismo cortó relaciones culturales y comerciales con el cantábrico y con el imperio franco de Carlos Martel.
    Esto facilitó que se intensificaran las relaciones con los pueblos mediterráneos del sur y poco a poco el arrianismo se fue sincretizando tanto en sus dogmas, costumbres, tradiciones, vestimenta e idioma hasta llegar la islamización.
    No hubo invasiones militares diferentes a las que pudo haber en cualquier otro lugar del mundo con pueblos fronterizos, los rifi-fares propios de la época. No era una conquista planificada. Solo eran personas poderosas peleando por si mismas y su propia gloria.

    05 abril 2018 | 11:37

  6. Dice ser Las cosas como son

    Av ver: Gonzalez Ferrin es un heterodoxo y sus teorias el hazmerreir de la mayoria de historiadores `profesionales.

    Que no os vendan la burra de la convivencia pacifica de las tres culturas, que eso es más falso que los biletes de siese euros, Y que no os engañen con el supuesto esplendor de Alandalus, que es uan mentira fraguada en el romanticismo del siglo XIX

    05 abril 2018 | 11:46

  7. Dice ser Jeryu

    Ya sólo el título resulta ofensivo para la nación española.
    Los españoles somos hispanorromanos, caucásicos y de base católica. No puedes ser algo contra lo que te has pasado la vida luchando hasta expulsarles de tu tierra. No puedes.

    05 abril 2018 | 11:59

  8. Dice ser F.Angel

    #7

    Reduces mucho, muchísimo, el origen de nuestros ancestros…

    http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com.es/2011/09/como-es-el-mapa-genetico-de-europa-y-de.html

    05 abril 2018 | 12:41

  9. Dice ser Luis Fernández

    No… si es que las inscripciones grabadas en los edificios de la España musulmana utilizan el alfabeto árabe porque es más decorativo, pero en realidad los idiomas son el catalán, el euskera, el gallego y el castellano con algo de latín para contentar a los católicos de entonces y solaz de eruditos.

    05 abril 2018 | 20:02

  10. Dice ser Antonio Larrosa

    El revisionismo histórico está de moda en las últimas décadas y en Galicia parece que llegan al máximo puesto ya el gallego Miguel-Anxo Murado y su libro “La invención del pasado” también dice lo mismo con respecto a la penetración de elementos musulmanes en España a partir del año 711 se debe más a un proceso más de influencia y emigración que de conquista por parte del Califato Omeya de Damasco y de paso le da la vuelta a la Historia de la Humanidad dejandola entre “o es inventado o si no es inventado sirve a los intereses de los de arriba”.

    Clica sobre mi nombre

    05 abril 2018 | 20:36

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