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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Andrés Pascual, autor de ‘Taj’: “El Taj Mahal es la muestra viva de que a partir de la convivencia surge la perfección”

Taj Mahal, contruido entre1631 y 1653 (GTRES)

El Taj Mahal, contruido entre 1631 y 1653 (GTRES)

Suena un punto naíf quien, al narrar la construcción de un espléndido mausoleo dedicado por un exótico emperador a su esposa favorita muerta, desee dedicarlo a sus anónimos constructores, que, a buen seguro, murieron entre lodo y polvo por esa fútil y hermosa prueba de amor de los poderosos. Quien lo dice, a pesar de ser abogado de profesión, solo puede ser un romántico, un escritor y un viajero. En este caso, Andrés Pascual, que se ha alzado con el premio de novela histórica Alfonso X El sabio con Taj (Espasa 2016).

“Fueron 20.000 obreros, que para mí son héroes”, me explica el flamante premiado, “construyeron el edificio más hermoso del planeta y no hay una maldita novela dedicada a ellos”. Lo dicho, un escritor, un romántico, como prueba que en un momento dado de la entrevista afirme que “hay que escribir lo que te salga del corazón, porque sólo así puedes llegar al corazón de los demás”.

Y viajero. Asegura Pascual que esta “deuda” con los constructores del Taj Mahal, la construcción ordenada por el emperador islámico Shah Jahan en recuerdo a su fallecida esposa Mumtaz Mahal, la contrajo en sus dos visitas al monumento, hace trece y diez años. “Desde aquel día supe que iba a escribir esta novela. Y tengo la prueba: el ticket de entrada al Taj Mahal que, sin ser yo fetichista, guardé hasta hoy”.

La historia de Taj narra la epopeya de Balu, un muchacho del desierto, que gracias a su habilidad como calígrafo y dibujante se adentrará en las obras de construcción del famoso edificio en pos de una misión imposible: encontrar al amor de su infancia, de otra casta y credo, que está recluida en el harén del monarca. Una novela directa, épica y colorista con referentes claros. “No entendía por qué un icono de la arquitectura mundial como éste, no tenía sus propios Pilares de la Tierra, asegura citando a la célebre novela de Ken Follet.

Andrés Pascual con su novela 'Taj' (imagen cedida por el autor)

Andrés Pascual con su novela ‘Taj’ (imagen cedida por el autor)

“Tuve la suerte de irme a vivir a Londres, a tres paradas de metro de la Biblioteca Británica, y así pude sumergirme en la sala de estudios asiáticos”, rememora la laboriosidad de la documentación. “Y al sumergirme en algo tan fascinante como el Indostán del siglo XVII, fueron saliendo cosas que te hacen comprobar que eso de ‘la realidad supera a la ficción’ no es una frase hecha. Te pongo un ejemplo: el trono del pavo real en el que se sienta el Shah Jahan costó tres veces más que el Taj Mahal y estamos hablando de un sillón. Era un universo desproporcionado y fascinante”.

En sus horas de estudio londinense fueron saliendo los datos que iban marcando la ambientación de la novela: “los salarios que cobraban los distintos trabajadores, las marcas de los canteros… Me resultó fundamental rebuscar en las colecciones de miniaturas, las pinturas clásicas del imperio Mogol. Para mí, eran oro puro, fotografías de hace 300 años”.

¿De dónde viene esa fascinación por la India? “La primera vez que puse un pie allí, me di cuenta que estaba en un universo mágico, que a todos nos llama, tarde o temprano”.

Y sin embargo, a pesar del exotismo y la magia, en Taj retrata una región donde musulmanes y hindúes conviven, a pesar de la existencia de integristas, una imagen algo alejada de esa línea conflictiva, que separa la India y Pakistán hoy en día y que el autor ha recorrido. “Basta echar la vista al pasado para lanzar un mensaje al presente: la convivencia y la tolerancia no son fáciles pero son el único camino. En la novela, además de un hecho histórico y una epopeya personal trato un tema muy actual: el conflicto entre diversidad e integrismo. El Taj Mahal es la muestra viva de que a partir de la convivencia surge la perfección. El integrismo y el fanatismo solo conllevan destrucción”.

Porque bajo la documentación histórica y el exotismo ambiental, late en Taj una historia universal, una novela para el máximo público posible que puede llegar a cualquier lector y que no niega su autor al evocar autores como Follet o al Noah Gordon de El Médico. “Me gusta ese punto de épica cuando la madre del protagonista le dice “Nadie puede escapar de su épica, hijo”, y él le dice “Yo soy diferente”. Es una buena prueba del alma de histórico para gran público de esta honesta y emocionante historia: el ascenso social, la lucha contra los tabúes y convencionalismos históricos…

“Todos los seres humanos tenemos los mismos temores, anhelos y pasamos por los mismos momentos de la vida. Con lo cual, estemos situados en el Indostán del siglo XVII o en el nuevo Madrid todas las novelas hablan del ser humano. Y la construcción del Taj Mahal no es ni más ni menos que el homenaje al amor perdido y la historia de superación del protagonista no es otra cosa que el puñetazo en la mesa que afortunadamente algunos héroes cotidianos pegan para cambiar lo que no funciona, para rebelarse contra el sistema”, explica emocionado sobre su obra. “Personajes como Balu, ya sean en la realidad o en la ficción, héroes cotidianos, son muy necesarios para inspirarnos y para demostrarnos que el único camino es hacer lo correcto, independientemente de cuánto nos vaya a costar”, concluye.

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1 comentario

  1. Dice ser naturline

    Estoy de acuerdo con el titulo que le has puesto me parece de lo más acertado que puede haber en esta vida.

    15 septiembre 2016 | 20:46

Los comentarios están cerrados.