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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Archivo de la categoría ‘En pantalla’

La vida es una obra maestra (‘En este rincón del mundo’, 2016)

En pantalla

En este rincón del mundo

( ©20th Fox Home )

Algunos animes están empeñados, para deleite nuestro, en convertirse en delicadas obras de arte. En este rincón del mundo (Kono sekai no katasumi ni), financiada mediante crowdfunding, se desarrolla en el Japón de la II Guerra Mundial y con Hiroshima en el punto de mira presagiando la caída de una de las devastadoras bombas atómicas. Son tiempos de guerra y los ciudadanos contemplan con orgullo patriótico los poderosos buques y destructores de la Armada Imperial que reposan en sus aguas, prestos para acudir al combate. Sin embargo, la película de Sunao Katabuchi prefiere detener su mirada en la apacible vida de sus gentes. Coser un kimono, contemplar las nubes, ir de compras al mercado (aunque sea el “negro”) o sentarse la familia a la mesa para regocijarse con un sencillo plato de arroz cocinado como los ángeles. Nos acerca a lo que tenía de sublime el humanismo del cine de Ozu.

No hay villanos ni héroes, ni se trata de mostrar la épica o los grandes hechos históricos del momento sino lo íntimo y personal de personas normales y corrientes, anónimas. Maravillarse en la misma existencia y en unos seres imperturbables e inasequibles al desaliento por mucho que deben enfrentarse a la escasez y racionamiento, cada vez mayor, de alimentos o el tener que convivir con los bombardeos de los aliados. Una supervivencia asumida como un agradecimiento por seguir vivos. Mientras, en el aire sobrevuelan insectos, flotan semillas de dientes de león o caen cenizas. Refuerza el que las imágenes tengan tridimensionalidad, que casi se puedan palpar. Y en todo esto ocurre también que la realidad inspira el arte, y el arte tiñe la realidad. Su joven protagonista, Suzu, tiene un don natural y excepcional para el dibujo. Su cabeza siempre está ida, en otro lugar, habitando en un mundo propio hecho con sueños e inocentes fantasías. Con sus creaciones intenta captar tanto las ensoñaciones más bellas o terroríficas como todo aquello que le rodea. Así, las olas pueden adquirir formas de conejos blancos o las explosiones de la artillería antiaérea se tornan colores sobre un lienzo azul que es el cielo.

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Rutinas que matan (‘Feliz día de tu muerte’, 2017)

En pantalla

Feliz día de tu muerte

( ©Universal )

Una estudiante es asesinada en su cumpleaños. Pero cada día, el mismo día, vuelve a despertarse para repetir su trágico destino. La única manera de romper la maldición es desenmascarando a su verdugo. Que una idea como la de Feliz día de tu muerte (Happy Day Death) funcione dependerá en gran medida de sus escenas iniciales. En este caso el de una joven universitaria, Tree (Jessica Rothe), aficionada tanto al alcohol como a las fiestas y a las aventuras amorosas. Guapa y con carisma, pero egoísta. Se despierta, en la cama de un compañero, y empieza su quehacer diario en el que además de acudir a clase incluye breve paseo por el campus, encuentro con su fraternidad de (falsas) amigas, toparse con alguno de sus antiguos ligues o con su rollo del momento, uno de sus profesores, además casado.

El concepto es un homenaje a Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), esa extraordinaria comedia con Bill Murray haciendo de cascarrabias e igualmente egoísta hombre del tiempo condenado a repetir el mismo día una y otra vez en un pequeño pueblo, Punxsutawney, en Pennsylvania, en una especie de segunda oportunidad con la que reconducir su vida por un camino mejor. Un enunciado que después han seguido propuestas, con otras finalidades, como Código fuente (Source Code, 2011) o Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014), nada desdeñables e incluso la segunda, protagonizada por Tom Cruise, con su puntito de título de culto en el género de la ciencia-ficción. De manera que buena parte de la efectividad de Feliz día de tu muerte se basará en esa repetición de la cotidianidad y en cómo la protagonista intenta amoldarse a esa rutina mientras trata de hallar con la solución. La comedia dirigida por Christopher Landon pisa el terreno del slasher, sobre todo de Scream, y naturalmente otro de los puntales necesarios es que su protagonista dé el pego. Como espectadores también estaremos obligados a ver a Tree en pantalla una y otra vez y, por ello, quizá la mejor sorpresa sea que Jessica Rothe está perfecta, nunca empalagosa ni estridente, y logrando que la evolución de su personaje sea creíble.

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Tristeza para los muertos, melancolía para los vivos (‘A Ghost Story, 2017)

En pantalla

A Ghost Story 2017

( ©Universal )

Puede sonar a chiste, tanto leído como visto en pantalla. En una escena de A Ghost Story, el fantasma protagonista observa afligido a través de la ventana del que fue su último hogar en vida y su mirada se topa con el de otro espectro en la casa de enfrente (y que parece el de una mujer). Se saludan y ella le hace saber que está esperando a alguien. “¿A quién?”, le pregunta. La respuesta acaba siendo tan simple como demoledora: “No me acuerdo”. Inmediatamente un travelling hacia atrás, alejándose, dejando más solo a nuestro fantasma tras la ventana, acrecentando una dolorosa sensación de soledad y olvido, la de él y la nuestra. El tiempo hará desaparecer absolutamente todo aquello que conocemos: el recuerdo de las personas más queridas, las obras de arte más bellas o el mismo sentido de nuestra existencia (idea reforzada después con un monólogo del actor y cantante Bonnie Prince Billy).

La mitología y las creencias acostumbran a envolver la figura del fantasma con el tapiz de la aparición que se manifiesta ante los vivos para atormentarlos o como la alma en pena que se niega a cruzar el umbral de la otra vida. Tiene más connotaciones como las que presenta A Ghost Story, con el espectro de un músico recién fallecido (Casey Affleck) que vuelve a la casa de su mujer (Rooney Mara). La película de muy bajo presupuesto de David Lowery (que repite con Casey y Rooney después de Un lugar sin ley) posee un significado menos usual, el de contenedor de los recuerdos y vivencias ligados a unas personas o a un lugar, y lo hace recurriendo solo a esa imagen sencilla y tradicional de la sábana blanca y un par de agujeros en los ojos, vagando lánguidamente aún por este mundo terrenal.

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