El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Archivo de la categoría ‘Clásicos’

Carlito Brigante, 25 años ‘Atrapado por su pasado’

Encuadres:

Las calles siguen colmadas de gente que intenta ganarse unos dólares como sea, trapicheando, robando, traficando con drogas, extorsionando, haciendo pequeños encargos para jefecillos poco de fiar, recurriendo a la prostitución o al dinero fácil que atrae el sexo. Los que dicen que son tus amigos pueden traicionarte, apuñalarte por la espalda o tirotearte al día siguiente. Y si uno ha crecido en todo este ambiente, y más si con el tiempo fue adquiriendo un cierto renombre, dejar atrás todo esto no es fácil ni gratis.

Carlito Brigante, de origen puertorriqueño, vuelve a esos lugares y a convivir con los que eran sus colegas o conocidos en los barrios marginales de Manhattan después de una estancia obligada de cinco años en la cárcel. Se ha prometido a sí mismo, y ante el juez, que está dispuesto a reformarse, a dejar atrás su carrera criminal y sus contactos y habilidades en el narcotráfico de heroína.

Atrapado por su pasado (Carlito's Way)

( ®Sony / Universal )

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La irresistible mística de los rostros: 90 años de ‘La pasión de Juana de Arco’

En blanco y negro:

Dejemos que sean los primeros planos o planos detalle de los rostros los que nos hablen, sin diálogos, sin sonido. Que los decorados se reduzcan a la mínima expresión y si predomina el vacío, con un fondo en blanco, aún mejor.

El horror al vacío en los encuadres, a que “no pase nada” en la historia, a que no haya efectos de sonido para sobresaltarnos o llamarnos la atención sentenciaría hoy en día al suicidio creativo, relegado a mero experimento audiovisual, una obra como La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1928) del danés Carl Theodor Dreyer. Claro que estamos hablando de una película de 1928, pero sustentarse en la sobriedad, en las caras y figuras de sus intérpretes (y sin maquillaje) o en mostrar lo menos posible para comunicar más era rompedor incluso en esos tiempos del cine silente.

La pasión de Juana de Arco (1928)

( ®The Criterion Collection )

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Recordando a ‘Inseparables’ (1988), un Cronenberg fantástico

Encuadres

A finales de septiembre de 1988, concretamente el día 23, se estrenaba en las salas comerciales estadounidenses Inseparables (Dead Ringers) del canadiense David Cronenberg. Al igual que otras películas suyas, como Spider (2002), era una obra maestra que no obtuvo una acogida especialmente afectuosa por parte del gran público. “Todos me dicen que es extraordinaria, pero que no tiene viabilidad comercial en cines”, recuerdo que aseguraba el mismo cineasta a un reducido grupo de periodistas cuando lo entrevistamos con motivo de la presentación de Spider en el Festival de Sitges.

Inseparables se inspiraba en un caso real, el de dos gemelos idénticos ocurrido en Nueva York en 1975, cuando los ginecólogos Cyril y Stewart Marcus decidieron poner fin a su vida y a la tormentosa relación que les unía. Los Marcus se transformaron en los Mantle y Jeremy Irons, arrastrando aún el prestigio de la miniserie británica Retorno a Brideshead (1981), considerada durante años y por buena parte de la crítica como la mejor serie que se había realizado nunca, logró la que quizá es la mejor interpretación de su carrera.

Inseparables (Dead Ringers, 1988)

( ©Fox / Telefilm Canada )

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El infierno de las cárceles turcas: 40 años de ‘El expreso de medianoche’

Encuadres

Billy Hayes tuvo dos ocurrencias, digamos, desafortunadas. Una le conduciría a la perdición, a conocer y vivir el horror en sus propias carnes. La segunda le aportó fama y gloria internacional, a la redención y a convertirse en un icono de la lucha contra las injusticias.

La historia de este norteamericano empezaba en octubre de 1970, cuando a los 23 años fue detenido en el aeropuerto de Estambul por posesión de drogas. Llevaba pegados al cuerpo dos kilos de hachís, que pretendía vender a sus amigos en Estados Unidos. Tres años y medio en una dura cárcel turca y a falta de pocos días para salir, el tribunal acabó dictaminando otra sentencia. Se agravó a contrabando y le cayó cadena perpetua (rebajada a 30 años). Hayes logró escapar mucho antes. Una vez en Norteamérica escribió un libro sobre sus experiencias a modo de catarsis, denuncia y también venganza, que poco después sería adaptado en la que fue una de las más conocidas películas de los 70, El expreso de medianoche (Midnight Express, 1978).

El expreso de medianoche (Midnight Express, 1978)

( ©Sony/Paramount)

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¡Yippee-ki-yay! John McClane y los 30 años de ‘Jungla de cristal’

Encuadres

Unas pronunciadas ojeras y arrugas en la piel delatan su edad, pero aún se le reconoce la mirada agria y el trazo de su sonrisa mordaz. John McClane sin un pelo adornándole la cabeza, la alopecia hacía tiempo que mostraba síntomas en su cuero cabelludo y, de hecho, ya lució una lustrosa calva en La jungla 4.0, de 2007. Sigo vivo pese a todo, y siguen habiendo tipos muy malos allá afuera, o dentro de algún edificio, es lo que debe estar pensando.

Solitario y, donde debería habitar la placidez de un retiro dorado, algo le agita en su interior, mientras unas escenas nos llevan al pasado, a un John McClane jovial y primerizo dando sus primeros pasos en el departamento de policía de Nueva York como azote de criminales y también tormento de sus superiores, reprochándole continuamente sus expeditivos métodos. La escena es fácil de imaginar si tenemos en cuenta que los estudios Fox están pensando en una nueva entrega de sus aventuras, la que sería la sexta, con el guion encargado a los responsables del de Expediente Warren (los hermanos gemelos Chad y Carey Haye) y que se centraría en sus orígenes. Dirigiría Len Wiseman, el realizador de Underworld y de precisamente La jungla 4.0.

Jungla de cristal (Die Hard, 1988)

( ©Fox )

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‘El cebo’, 60 años de un clásico atípico con asesino de niñas

En blanco y negro

Basta con decir “película con asesino de niñas” para que a cualquier amante del cine le venga a la memoria M, el vampiro de Düsseldorf, la obra maestra de 1931 dirigida por Fritz Lang, uno de los mejores directores de la historia del cine. Es lo que tiene ser pionero en tratar un tema nuevo o desde un punto de vista innovador. O en ser el primero en tratarlo de manera magistral.

Pero inmediatamente a la excepcional obra protagonizada por Peter Lorre le debería seguir la imagen de El cebo (1958). Una inusual perversión del cuento de Caperucita Roja con un lobo feroz aficionado a engatusar niñas rubias con trufas de chocolate y burdos trucos de farándula. Pequeñas inocentes que luego aparecerían muertas en los bosques, en lugares cercanos a las carreteras de los idílicos parajes suizos.

El cebo 1958

( ©Divisa red )

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El bebé de Rosemary cumple 50 años, ‘La semilla del diablo’

Encuadres

Un joven matrimonio, un actor sin suerte (John Cassavetes ) y una ama de casa (Mia Farrow), se instalan en su nuevo apartamento de Nueva York haciendo caso omiso de los chismes que se cuentan sobre satanismo y sacrificio de recién nacidos que ocurrieron en ese mismo edificio.

Solo era el punto de partida del best-seller de Ira Levin publicado en 1967 y que el productor y director William Castle se había empeñado en trasladar a imágenes. Pero uno de los mandamases de Paramount Pictures, Robert Evans, prefirió confiar en un joven, brillante, raro y egocéntrico director polaco, un enfant terrible que había sorprendido con absorbentes historias dotadas de una fuerte y original carga psicológica como Repulsión (1965) o Cul-de-sac (1966), o con una delirante parodia del género de terror, El baile de los vampiros (1967).

La semilla del diablo

( ©Paramount Pictures )

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‘Vértigo’, 60 años de una irresistible obsesión

Encuadres

Madeleine y Judy. A ambas las interpretó la misma actriz, Kim Novak. De hecho eran el mismo personaje en Vértigo y representaban una retorcida dualidad, la de la mujer real y la mujer soñada.

La trama creó también a un protagonista masculino con el que el público pudiera identificarse fácilmente. Vulnerable, íntegro, de apariencia normal y corriente, con marcadas limitaciones y debilidades. Y pocos actores más adecuados para este tipo de personaje, cercano, simpático pero atormentado, que James Stewart. Aquí un expolicía, Scottie, que padece acrofobia (miedo a las alturas) y que sin poderlo remediar también quedaba encadenado a una extraña fijación hacia una mujer, hacia Madeleine, la mujer soñada.

Vértigo 1958

( ©Sony / Universal )

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60 años de ‘Sed de mal’ y su magistral plano secuencia

En blanco y negro

Nada más empezar, poco más de tres minutos que dejaron boquiabiertos a los críticos y cinéfilos más exigentes. Es el famoso plano secuencia que abre Sed de mal (Touch of Evil, 1958) de Orson Welles, desde el plano detalle de unas manos preparando un explosivo para colocarlo en el interior del maletero de un coche hasta la explosión final, una vez que el conductor, un empresario norteamericano, y su acompañante, una cabaretera, han cruzado la frontera de México con Estados Unidos. Y de fondo, la música con toques de jazz de Henry Mancini.

Cine negro, muy negro, y rodado naturalmente también en blanco y negro con una fotografía barroca e inspirada en el expresionismo alemán (captada por Russell Metty) que acentuaba los contrastes luminosos y lo grotesco de sus personajes. No era una película de Dreyer, pero el tratamiento de la luz y las tinieblas estaban a la par con su trasfondo, el enfrentamiento entre la integridad y la corrupción. El primer concepto representado por Mike Vargas (Charlton Heston), un influyente agente antidrogas del gobierno mexicano, y el segundo por el capitán de policía estadounidense Hank Quinlan (encarnado por el propio Welles).

Sed de mal (Touch of Evil)

( ©Universal )

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80 años de ‘La fiera de mi niña’, cuando la comedia era pura dinamita

En blanco y negro

Pongamos que uno debe elegir, ¿prefieres que tu obra sea un rotundo éxito comercial, que dé suculentos beneficios inmediatos, aunque poco después quede olvidada o, por el contrario, que sea un fracaso pero con el tiempo se califique como una obra maestra, venerada y de referencia por colegas y expertos?

Los autores de La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, 1938) lo tenían claro. En ese escenario de Hollywood de a finales de los años 30, buscaban sobre todo la atención del público. Sin embargo, fue un quebradero de cabeza. Un bluff sin paliativos. No es que los espectadores le dieran la espalda, es que ni tan siquiera estaban allí para verla. Disgustados por la mala recepción en taquilla, los estudios RKO apartaron a su director, Howard Hawks (uno de los más grandes de la historia del cine) del siguiente proyecto, la película de aventuras Gunga Din (“Aprendí la lección. Nunca más haré una película en la que todos sus personajes estén chiflados” llegaría a decir después, más o menos, Hawks). Para Katharine Hepburn, nada acostumbrada a hacer comedia, coincidió en un momento en el que fue calificada de “veneno para la taquilla; y Cary Grant, bueno, salió algo mejor parado.

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