‘La importancia de llamarse Oscar Wilde’, los injustos y los inmortales

En pantalla

En la programación del BCN Film Fest, el festival de cine centrado en historia y literatura de Barcelona, han coincidido dos películas sobre dramaturgos y poetas coetáneos, Oscar Wilde y Edmond Rostand, las dos girando también en torno a un año clave para ellos, 1897.

Ambas son notables y totalmente recomendables. La una, Cartas a Roxane (Edmond), es luminosa, divertida y burbujeante, con gracia y chispa, celebrando la creación de la magnífica obra teatral Cyrano de Bergerac. La otra, La importancia de llamarse Oscar Wilde (The Happy Prince), es lo opuesto. Oscura, decadente y lúgubre, solo aliviada por el ingenio de las frases y diálogos del autor de El retrato de Dorian Gray o, precisamente, La importancia de llamarse Ernesto.

La importancia de llamarse Oscar Wilde (The Happy Prince)

( ©Alfa Pictures )

Pero la que se estrena ya en nuestros cines es la segunda, este mismo viernes 26 de abril (Cartas a Roxane tiene previsto hacerlo en diciembre). Retrocediendo más de un siglo, en 1895, el escritor dublinés Oscar Wilde estaba en el punto álgido de su fama, aclamado por crítica y público. Una figura ilustre y emblemática que se fue al traste cuando se hizo pública su homosexualidad, estigmatizada, prohibida y castigada por entonces en el Reino Unido.

Un tribunal le condenó a dos años de prisión y trabajos forzados. Del éxtasis de los aplausos y los elogios a la humillación de los insultos y vejaciones. A su salida, en 1897 (año en el que Rostand, el 27 de diciembre, estrenaba con enorme éxito Cyrano de Bergerac en París) y ayudado por algunos de sus compañeros, se refugiaría entre la capital francesa (donde pasaría sus últimos años) y una villa junto al mar cerca de Nápoles.

La importancia de llamarse Oscar Wilde, dirigida, escrita y protagonizada por Rupert Everett, recoge perfectamente su infierno personal, también el de alguien que en lugar de intentar llevar una vida más recogida, más austera y acorde con sus posibilidades, prefirió seguir disfrutando, aunque el dinero menguase, de los placeres de la vida, de la compañía de jóvenes amantes, del amor y de su inquebrantable fidelidad al consumo de absenta. Lo último que deseaba era contemplar la vida “como si fuera un cuadro. Sin poder tocarlo”.

Es nuevamente el reflejo del artista vilipendiado por el contexto social del momento, atormentado por las pataletas de los injustos, sin que hubiera infligido realmente daño alguno (más allá de en los naturales asuntos del corazón, o de los que chocan con estrictas moralidades).

La película de Everett hilvana su narración recurriendo al poético y triste cuento de Wilde El príncipe feliz (The Happy Prince, que da el título original). Los trágicos destinos de una estatua dorada y una golondrina, y la esperanza de que puede haber una vida mucho mejor más allá. Mientras, por aquí, la certeza es que al menos la obra de Wilde sí se ha hecho inmortal.

(En pantalla: recomendaciones de estrenos en cine, streaming o blu-ray/DVD)

Estrenada en cines el 26 de abril de 2019.

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