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Este es tu altavoz

Lo guay es ser idiota

Por Miguel Gisbert

Dos chicas haciéndose un selfie (Gtres).

Las mayorías más visibles controlan el mundo o, al menos, los micromundos en los que se expresan. Lo hemos visto en la estrategia de Suecia para superar el acoso escolar. No actúan sobre el agresor para corregir su comportamiento ni sobre la víctima para que se defienda, sino sobre la mayoría expectante. Saben que son todos esos espectadores silenciosos los que pueden, con su opinión y reacción, influir de manera más eficiente en el agresor.

Pues bien, por desgracia parece que este efecto de influencia masiva está teniendo repercusiones negativas en la cultura, el arte y el conocimiento humano. Resulta muy común ver a los más jóvenes escuchar, o mejor dicho poner de fondo, música de base percutiva redundante, por no decir idéntica, y letras de aportación nula en el mejor de los casos o misógina en el peor.

Muy rara vez se puede ver a alguien salirse del estándar, decir que le gusta otro tipo de música, que utiliza el móvil para algo más que snapchat y selfies, que ve vídeos que duran más de dos minutos, incluso ve películas o lee libros. Resulta muy valiente apartarse del rebaño, ser el raro del grupo, opinar de temas que se salen de la simpleza o banalidad extremas. Parece que antes “interesante” era un adjetivo positivo y ahora es justo al contrario, se usa casi como insulto.

En algunos grupos, peligrosamente en algunos muy jóvenes, se pasa de idiota a pedante sin término medio, no se deja espacio a la curiosidad ni al enriquecimiento cultural o artístico. Parece que, como decía Carlos Ruiz Zafón en su novela La sombra del viento: “Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo”.

El pensamiento profundo no está de moda

Por Elena Trius Béjar

Fotograma del documental ‘La Llave Dalí’

Se inaugura una exposición: Dalí, Picasso, Sorolla… Acudimos en masa y recorremos los pasillos, extasiados con la colección. Nos hacemos ‘selfies’ y los colgamos en las redes. Sin embargo, se nos escapa un importante aspecto de este fenómeno: el reconocimiento de los artistas y sus obras responde a un mecanismo ideológico, casi siempre político.

El arte nunca es neutro. Los autores de renombre salen a discusión pública porque a alguien le interesa debatirlos. En las escuelas y universidades nosotros, profesores, podemos tender a reforzar las imágenes de siempre, a crear consumidores de cultura.

La superficialidad y el estereotipo facilitan que se nos manipule a través de las imágenes, a través del arte. El pensamiento profundo, adquirido a través de la lectura y la lentitud del estudio, no está de moda. ¿Será porque a algunos no les interesa?

 

Hazte vegano y pierde peso

Por Sascha Camilli

Comida vegana ( LA GULATECA).

Mucha gente se propone perder peso cada año, pero llegan a julio con el mismo peso que tenían en enero. Esto puede ser profundamente frustrante, pero simplemente haciendo ejercicio y comiendo alimentos saludables, podemos vernos mejor por fuera y sentirnos mejor por dentro.

Los alimentos veganos no solo son deliciosos, sino que también están libres de colesterol y la mayoría son bajos en grasas saturadas y también bajos en calorías. Estudios han demostrado que quienes comen carne son nueve veces más propensos a ser obesos que los veganos.

Los veganos también tienen menores tasas de muchas de las enfermedades con riesgo de muerte, como cardiopatías, diabetes y ciertos tipos de cáncer. Y cuando eliges alimentos veganos, también estás ayudando a evitar que los animales tengan una espantosa muerte en el matadero, a proteger el medioambiente y combatir el cambio climático.

Somos unos yonquis del móvil

Por J. David Collazo

Notificación de chat en el móvil, llega un nuevo email, un aviso en la red social y otro del grupo que hemos formado los colegas para quedar en los bares, pero que ahora nos sirve de excusa para no hacerlo. Luces, pitidos, alarmas, más luces, y nueva información que ocupa la pantalla manteniéndome informado de todo lo que sucede al momento. Guardo el móvil, doy unos cuantos pasos y vuelvo a sacarlo para mirarlo de nuevo, no hay lucecitas, ni pantallas flotantes, ni vibra, ni suena… Eso me decepciona, vaya bajón de moral. Vuelvo a introducirlo en el bolsillo y antes de llegar al final de la calle el cacharro vibra, lo miro y compruebo que alguien ha subido nueva información al chat de grupo. Menos mal, ya comenzaba a preocuparme. Por un momento creí que me estaba quedando sólo.

Varias personas se distraen con sus teléfonos móviles mientras esperan sentados en un centro comercial en Tailandia (EFE).

Inmediatamente respondo, y de paso, entro en la red a buscar alguna noticia de última hora. Información, más información y mucha más información desde todos los puntos de vista, algunos más interesados que otros. Entro en los artículos y comento con entusiasmo, porque quiero estar presente, quiero que me tengan en cuenta esos desconocidos, necesito más popularidad, quiero que me quieran o me odien. Necesito más luces, alarmas y pitidos con cada notificación de respuestas.

Ávido de estímulos me decido a comentar un artículo más. Es demasiado largo, mejor me leo el titular, y lo demás que se lo lea otro gilipollas porque yo no tengo tiempo, ya han salido cuatro novedades más y tengo otras tantas notificaciones.

Necesito encontrar un lugar wifi inmediatamente, así que entro en una cafetería, y sin mirar al camarero le pido un café y la contraseña de la red. ¡Qué gusto tener una buena conexión! Ya puedo ver todo lo que quiera sin preocupación. Alguien habla en el chat del grupo de un partido de fútbol en Nueva Zelanda, la verdad es que no sé ni cómo se pronuncia el nombre de los equipos, pero es una apuesta rápida para ganarme un dinero en esa máquina con luces y botones que me mira al fondo del local.

Cuando ya he acabo mis apuestas, a las que he sumado tenis y baloncesto, deportes de los que no tengo ni idea, y también he actualizado todos los estados que tenía atrasados, me acuerdo del café sobre la mesa.

En el reloj del móvil veo la hora, y al momento recibo un nuevo mensaje en el que se me advierte de que estoy tardando en regresar. Maldito café, me hace perder el tiempo, y además está frío. Lo bebo apurado y observo a un grupo de niños sentados en la mesa de al lado concentrados y en silencio, cada uno con su propia tablet entre manos mientras los padres toman sus cañas tranquilamente en la mesa de al lado. Pero ¿qué clase de padres perturbados tienen para educarlos así? Yo a su edad jugaba en las calles. Míralos, si parecen zombies con los ojos pegados a la pantalla sin decir ni una sola palabra.

Contesto a una nueva notificación del chat mientras pago al camarero o camarera, no tengo ni idea de quién es, estoy demasiado ocupado en mi vida social, estoy introduciendo un nuevo tema en el grupo de chat: “las nuevas generaciones perdidas de la tecnología”.

De vuelta a casa en el coche, me he tenido que detener en el arcén dos veces para contestar. Pero ahora ya estoy sentado en mi sofá, preparado con mi red, mi móvil, mi pc y mi tablet para estar a todo inmediatamente, sin molestias y sin un segundo de retraso.

Maldita comida, qué molesto es teclear y comer al mismo tiempo. No sé de qué están hablando ahora en casa, pero la que se está liando en USA. Seguro que nadie se ha enterado.

Necesito mi chute de luces, avisos y más información actual. Creo que alguien en el salón me ha preguntado qué es lo que voy a hacer mañana. Perdón, estoy muy ocupado con lo que hago ahora.

¿Dónde están los defensores del pueblo cuando se les necesita?

Por Joaquín A. Ruiz

Factura de luz y electricidad (Jorge París).

¿Dónde están? Es lo que nos preguntamos todos los ciudadanos cuando el Sistema nos vuelve a apretar aún más las tuercas. Un método rocambolesco del cobro abusivo en el recibo de la luz nos acorrala contra nuestros cada vez más mal pertrechados bolsillos. Y nos reiteramos en preguntarnos: “¿dónde están los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones del consumidor, los (in)defensores del pueblo, del ciudadano, del universitario, del cliente, del ahorrador…?

En fin, que volvemos a estar solos, sin que nadie mueva un dedo, y nadie lo moverá. Vergonzoso; triste y vergonzoso.

 

El saber realmente útil

Por Elena Trius

Campus de la Universidad de Navarra (Europa Press).

A lo largo de la historia ha existido una selección intencionada de los saberesútiles“: son los considerados esenciales, aquellos que se ofrecen en la universidad como carreras de prestigio. Otros, sin embargo, se mantienen en un segundo plano. Estos “saberes de segunda” acostumbran a pertenecer al campo de las humanidades.

En la actualidad, numerosas empresas patrocinan cátedras, grupos de investigación y becas específicas para los saberes que consideran rentables dentro del sistema capitalista y de consumo. La filosofía, las letras y las artes quedan relativamente aislados y tienden a desaparecer.
Preguntémonos, por tanto, ¿cuáles son los saberes realmente útiles para el ser humano? ¿Los que le convierten en productor/consumidor o los que le enseñan a vivir?

¿Decir palabrotas es signo de autenticidad?

Por Rocío Castejón

Una mujer gritando (Gtres).

Hace aproximadamente una semana leí en un diario un artículo que afirmaba que había una relación positiva entre blasfemia y honestidad. Defendía que el decir palabrotas era signo de autenticidad.

¿Es que tenemos que ser maleducados para ser auténticos? Yo creo que el asunto de las palabrotas va más ligado a la sensibilidad que a una muestra de honestidad. La autenticidad no solo se demuestra diciendo lo que se piensa si no que se demuestra haciendo lo que se dice.

La Rae define blasfemar como: “Decir palabras o expresiones injuriosas contra alguien o algo sagrado”. ¿Ofender a alguien es ser auténtico, honesto? ¿O es simplemente mala educación y una falta de respeto?

La realidad de los cuidados intensivos pediátricos en La Paz de Madrid

Por Enfermeras de la UCIP del Hospital La Paz

Estimado Director General de Coordinación de la Asistencia Sanitaria, César Pascual:

Ante la información sobre la problemática saturación de las unidades de críticos pediátricos por el aumento de la bronquiolitis la Cadena SER publicó un comunicado el 16 de diciembre en el que aparece su nombre y que apunta, textualmente: “[…] Cuando hay tantas fiestas seguidas, como ocurre esta semana, como no está la plantilla de pediatría al completo sino que está sólo la de guardia, si hay camas libres en las UCIS meten bronquiolitis para que los niños estén más vigilados, pero en realidad si hiciera falta la cama porque llega un niño grave el niño con bronquiolitis se va a planta y se ingresa al que se encuentra en estado grave”.

Desconocemos el ámbito asistencial en el ejercicio de su labor como médico, pero evidentemente tendrá usted asistentes que le mantendrán informado de lo que sucede en las gerencias asistenciales de atención hospitalaria que se encuentran bajo su ámbito. Lo que usted dice es una inexactitud, una difamación y una absoluta falta de consideración hacia el trabajo realizado en las plantas de pediatría por parte del personal médico y de enfermería que durante esta época del año se encarga de niños que tendrían que estar en la UCIP, y lo hacen con menos recursos materiales y humanos.

En la UCIP pediátrica que estamos,actualmente más del 50% de los niños ingresados son bronquiolitis, todos menores de un año. Garantizamos que necesitan un soporte que no es viable en planta, tanto recursos materiales (respiradores, alto flujo…), como asistencia médica (medicaciones, necesidad de intubación, canalización de accesos vasculares centrales…) y de enfermería (aspiración de secreciones, fisioterapia respiratoria, manejo de dispositivos como monitores o respiradores…) que sólo es posible en unidades de críticos.

Enhorabuena por ser capaz de simplificar un problema de salud tan grave como son las epidemias de bronquiolitis tanto para las plantas de pediatría como para las unidades de cuidados intensivos pediátricos. Sus comentarios no tienen desperdicio. Porque ya no sólo es la ausencia de sitio físico para atender estos niños, sino que añadimos la precariedad de la situación laboral en sectores sanitarios como el personal de enfermería por culpa de las políticas de contratación, como por ejemplo cubrir bajas por enfermedad a partir de un mes.

Llevamos cubriendo incidencias, desde hace meses, con la pérdida de días libres que supone (y para comprobarlo tienen los historiales de días trabajados, vacaciones y libranzas, hoy en día informatizados) y por tanto periodo de tiempo personal necesario para descansar; estamos en una situación general de agotamiento tanto físico como mental, lo que es un factor más a tener en cuenta al realizar nuestro trabajo.

Las condiciones actuales de trabajo nos ocasionan estrés, miedo e inseguridad sobre las tareas que realizamos, y ya no porque acabemos agotados, sino por el miedo de que a los niños ingresados les pase algo por un error, por un fallo durante la jornada laboral, que sería evitable si el entorno de trabajo fuera el adecuado.

Nuestra máxima preocupación es la seguridad de los niños. Por eso queremos respaldar y defender nuestro trabajo y ya hemos puesto en conocimiento el riesgo para la seguridad de los pacientes a nuestros responsables superiores, y las posibles consecuencias de dichas situaciones como falta de recursos humanos, personal no preparado o trabajadores sobrecargados.

Hemos informado a todos, incluida la Consejería. Opinamos que es necesaria una remodelación de los tiempos de enfermería. Un nuevo enfoque, porque las circunstancias cambian. Es imperiosa una reserva de personal formado para determinadas unidades que, dada su complejidad (tanto patología del paciente como aparataje, necesidad de intervención rápida o procedimientos y técnicas), son necesarias habilidades, aptitudes y actitudes específicas. Además, y por supuesto, que se tenga en cuenta no sólo el número de personal por turno, sino su capacitación para llevar niños de esta complejidad. Porque el eje de nuestro trabajo y profesión son las necesidades de los niños, su bienestar y por supuesto su seguridad.

Dr. César Pascual Fernández, trabajamos con personas, les curamos y cuidamos día a día, acompañamos, enseñamos, aprendemos y, también hay que decirlo, sufrimos y lloramos en ocasiones. Son el eje fundamental de nuestro trabajo. Hay conceptos clave como la humanización de los cuidados, la calidad de la asistencia sanitaria o la seguridad de los pacientes. Esta última, gracias a personal insuficiente, se ponen en peligro día tras día.

Usted trabaja con presupuestos, estadísticas, proyectos, etc., labor que no se cuestiona. Pero sitúese en nuestro lugar, dé la cara con pacientes y padres, quítese el traje de chaqueta y póngase el uniforme de hospital y realice una guardia de 24 horas con los compañeros médicos que tienen que decidir qué niño ingresa y a cuál dan el alta, e informe después a los padres dando la cara.

Gracias de nuevo Dr. César Pascual Fernández, y a su superior, el titular de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, el Dr. Jesús Sánchez Martos, por su falta de conocimiento y poco respeto hacia el trabajo que se realiza en las unidades de Cuidados Intensivos Pediátricos. Por supuesto, queda usted invitado a nuestra unidad, y que decida allí, a pie de cama, a qué niños les da el alta para que ingresen otros.

La moto te puede cambiar la vida

Por Jordi Llorca

Brad Pitt y Angelina Jolie en moto por las calles de Ho Chi Minh (Gtres).

Brad Pitt y Angelina Jolie en moto por las calles de Ho Chi Minh (Gtres).

Tengo una moto desde hace dos años. Para ser exactos, un ciclomotor de 125cc que puedo conducir gracias a la antigüedad del carnet de coche. Podría decirse que me ha cambiado la vida. Por un lado, ahorro tiempo y me desplazo a todos los rincones de Barcelona en cuestión de veinte minutos y, además, no estoy pendiente de horarios o transbordos imposibles.

Pero no todo iba a ser bueno. Al contrario. A menudo me encuentro con situaciones peligrosas por el gran tráfico de la capital. Muchos conductores temerarios me ponen a prueba continuamente, lo que hace que me plantee si realmente vale la pena ahorrar esos minutos. Un descuido con la moto te puede cambiar la vida.

El circo oculto en las redes sociales

Por Andrea Martín

Un hombre con un móvil en sus redes sociales (Europa Press).

Un hombre con un móvil en sus redes sociales (Europa Press).

Un día como otro cualquiera revisas tus redes sociales, esperas encontrarte más de lo mismo: fotos de unos amigos celebrando un cumpleaños, recetas culinarias explicadas paso a paso, paisajes alucinantes de lugares exóticos, nuevas tendencias de moda, etc.

Pero cada vez son más la cantidad de vídeos que se suben a las redes con el único objetivo de convertirse en virales. Muchos de ellos los protagonizan animales. De los grupos que más cameos realiza, aún sin querer ser los protagonistas de estas historias, son nuestros queridos canes. Se le embute al animal en disfraces hechos a medida, se están el tiempo que haga falta en la misma posición hasta que el dueño está satisfecho con el resultado, se les “ridiculiza” y estresa.

Incluso hay vídeos donde se ven a los dueños forzar las extremidades de sus mascotas para así hacer gestos que harían los humanos para hacerlos todavía más “graciosos”. Se les expone de manera vergonzosa, a un público que ni tan siquiera conocen, por unos cuantos likes, unas descargas o que figuren como virales en las preciadas redes sociales.

Reflexionemos. ¿Todo vale? Creo que no. Pero me sorprende enormemente los pocos comentarios reprochando este tipo de acciones.

Parece ser que no avanzamos, volvemos poco a poco hacia tiempos pasados, de prohibir a los animales en los circos por divertimento a crear el nuevo “circo oculto”. Espectáculo gratuito que podemos contemplar cómodamente desde casa y visualizarlo tantas veces como queramos.