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Esta ‘mujer’ es el pintor Francis Bacon travestido

19 junio 2014
Unknown Woman 1930s © John Deakin Archive

Unknown Woman 1930s © John Deakin Archive

Mujer desconocida, años treinta. Publicamos esta foto hace unas semanas en un artículo sobre el fotógrafo inglés John Deakin (1912-1972), a quien llamamos el “más loco, borracho y brillante de la bohemia del Soho londinense”.

La pieza destacaba que Deakin, “inquietante, alocado y dictatorial”, fue el “gran cronista de los antros” artísticos más hirvientes de la capital inglesa durante las décadas de los años cincuenta y sesenta y fabricó una íntima amistad con el pintor más salvaje del siglo XXFrancis Bacon, a quien retrató con dos piezas de carne de vacuno en la más intensa y descriptiva imagen nunca tomada del artista del chillido y la sangre.

Mediante el programa Animetrics, desarrollado con fines forenses y crimonológicos por la CIA, han comparado los rasgos faciales de la mujer desconocida de Deakin y con los de Bacon.

El resultado, revelado por el diario The Guardian, demuestra lo que ya habían anotado algunos biógrafos del pintor: entre los muchos juegos lúbricos del homosexual Bacon —algunos duros, como el sadomasoquismo— estaba también el travestismo y su colega Deakin camufló los datos del pie de foto para ocultar la pasión privada de su amigo. Paul Rousseau, gestor del archivo del fotógrafo, ha sido el primero en comprobarlo: localizó el negativo de la mujer desconocida en un grupo datado en los años cincuenta, no en los treinta.

Antes de 1967, el travestismo era considerado legalmente como una evidencia en las acusaciones contra los homosexuales en Inglaterra, de modo que tal vez Deakin deseara proteger a Bacon, aunque hay quien opina que mantuvo la foto oculta con intención de jugar una de las proverbiales bromas que gastaba a sus amigos. El fotógrafo, a quien Lucian Freud definió como “la Cenicienta y sus malvadas hermanastras en una misma persona”, arrastraba un alcoholismo abrasivo y pernicioso que no lograba ser empañado por su genio y que le empujaba a las malas artes.

En 1972 a Deakin le diagnosticaron cáncer de pulmón, fue operado y murió a los pocos días de un ataque al corazón a los 60 años. En una póstuma decisión de mala baba, declaró en el hospital que su familiar más cercano era Francis Bacon, por lo que el pintor debió acudir a la morgue a identificar el cadáver. “Me pareció muy adecuado hacerlo”, dijo el artista, “y muy de John la salida”.

La vida privada de Bacon —que solía usar a menudo ropa interior femenina bajo la pana o el tweed— está plagada de rincones opacos sobre los que el artista nunca arrojó demasiada luz: a los 18 años vivió en el Berlín vicioso de la República de Weimar unos meses de decadencia y disolución, en los que probó por vez primera, dicen, los placeres que obtenía del travestismo, el sexo hardcore y la dominación (de niño era castigado con azotes de fusta por su cruel padre, un fracasado entrenador de caballos de carreras que perdió totalmente el control cuando descubrió al hijo, a los 16 años, con la ropa interior materna).

George Dyer retratado por Bacon en el estudio del pintor

George Dyer retratado por Bacon en el estudio del pintor

El autor de algunos de los cuadros más alarmantes (por lo que revelan de nosotros mismos) del siglo XX, tuvo muchos amantes ocasionales —”hombres con traje”, les llamaba en genérico, sin otorgarles la mínima dignidad de un nombre—, con los que buscó siempre ser el dominado. Cimentó tres o cuatro relaciones duraderas, la más atormentada con George Dyer, que se suicidó con alcohol y barbitúricos en 1971, dos noches antes del estreno de la primera gran retrospectiva de Bacon en París, a la que el artista asistió sin aparentar las consecuencias de la tragedia, que luego plasmaría en uno de sus cuadros más desasosegantes: Triptych para marcharse a continuación a otro fin de semana de frenesí sexual en Tánger.

Cuando murió en Madrid en 1992, Bacon había viajado a la ciudad por varias razones: visitar de nuevo el Museo del Prado, donde permanecía horas ante los cuadros de Velázquez que se encargó de trastornar y reinterpretar; comer pescado en el restaurante La Trainera del barrio de Salamanca; emborracharse temerariamente para un tipo de 82 años en el Bar Cock de los divinos; ir a una corrida de toros a Las Ventas y, sobre todo, intentar recuperar el amor del joven de alta sociedad, José —nadie ha dado su apellido en público— con el que estaba liado. No lo consiguió.

Ánxel Grove

Leonardo da Vinci: “Ciertos presuntuosos piensan que pueden ridiculizarme”

08 febrero 2012
'La dama del armiño' (c.1485)

'La dama del armiño' (c.1485)

La reciente presentación en sociedad de la copia de La Gioconda que posee el Museo del Prado basta para reavivar la llama del pintor, escultor, filósofo, escritor e inventor que estudió con un ansia innata la anatomía, la arquitectura, la geología, la cartografía, la astronomía y cualquier ciencia que saliera a su encuentro. Sus obsesiones por el estudio de la perspectiva o el tratamiento del color dejaban lugar a otras, como su afán por conseguir que el ser humano volara.

560 años después de su nacimiento, cualquier novedad sobre Leonardo da Vinci (1452- 1519) sigue causando revuelo. Es el estandarte de la inteligencia, la curiosidad y la intuición, vivió en una época revolucionaria tanto para el arte como para la ciencia y pintó La Gioconda, La Última Cena, El Hombre de Vitruvio

Su mente no era capaz de adormecerse. “Como el hierro se oxida por el desuso y el agua estancada se pudre o se hiela con el frío, así se echa a perder nuestro intelecto a no ser que lo mantengamos en uso”, decía en su Códice Atlántico.

La biografía y la obra están disponibles en Internet para todo aquel que desee saber algo más del genio: con Leonardo no tiene sentido ser completista. Este Cotilleando a… es sobre la persona tras el ser humano universal que deseaba saberlo todo, que estudiaba con la misma dedicación la anatomía de la pata de un caballo o los métodos más modernos de la época para extraer agua de los pozos.

'San Juan Bautista' (c.1509)

'San Juan Bautista' (c.1509)

1. Su apariencia física aumentaba el aura de inteligencia que poseía. Era delgado, alto, guapo, llevaba el pelo -una cuidada melena- más largo de lo que era habitual en su tiempo y vestía ropa de colores vivos. Cuidaba de que su casa siempre estuviera limpia y llenaba las paredes de cuadros. Sus coetáneos lo recuerdan “a menudo acompañado de música o de la lectura de hermosos libros”.

2. Nada se sabe de la educación que recibió hasta que a los 15 años ingresó en el taller del pintor y escultor Andrea del Verrocchio (1435-1488). Leonardo era el hijo ilegítimo de un notario y una humilde campesina, había nacido en Florencia y se crió con su rico padre. Parece ser que aprendió matemáticas básicas, a leer y a escribir como para manejarse en la vida y dedicarse -por ejemplo- al comercio, pero recibió una educación no demasiado especializada.

3. Su período de aprendizaje en el exitoso taller de Verrocchio duró cinco años y pasó cuatro más  -hasta los 24- trabajando para su maestro. Fue entonces  cuando, junto con otros trabajadores del taller, fue acusado y más tarde absuelto de sodomía. Aunque se dice que era homosexual, no hay pruebas claras de que tuviera encuentros sexuales ni con hombres ni con mujeres. Nunca se casó ni se le conoce descendencia. No hay diarios, cartas ni documentos personales que esclarezcan la incógnita. Leonardo escribió mucho, pero casi nada sobre sus sentimientos.

'Estudio de la estructura de un ala' (1490)

Uno de los estudios de Leonardo sobre la estructura de las alas (1490)

4. Era consciente de su falta de conocimientos tradicionales. No saber latín le coartaba el acceso a los textos científicos. En la corte de Milán se relacionaba con intelectuales que dominaban el idioma a la perfección y eso aumentaba su frustración por no poder leerlo. Avanzados los treinta años, intentó aprender con libros que utilizaban los niños de la corte. Se conservan algunas traducciones que hacía como ejercicios, que muestran que el conocimiento de la lengua muerta terminó siendo relativamente bueno, pero nunca perfecto.

5. Despreciaba la capacidad de memorización y repetición de los intelectuales de la corte, que solían impresionar así a la audiencia. Leonardo creía en la idea renacentista del hombre que asciende de rango por los propios medios, sin una condición de noble que lo ayude desde el principio: “Sé bien que al no ser un hombre de letras, ciertas personas presuntuosas piensan que pueden ridiculizarme alegando que soy un iletrado. ¡Estúpidos! (…) Esos que se adornan con la labor de otros no derrotarán a mi ser. Dirán que, no habiendo aprendido, no hablaré con propiedad de lo que quiera dilucidar. ¿Acaso no saben que mis temas se  ilustran mejor con la experiencia que con más palabras?”

Diseño para un carro con guadañas (c.1487)

Carro con guadañas (c.1487)

6. Su memorándum estaba lleno de tareas relacionadas con la indagación en todo tipo de campos: “Preguntar al maestro Antonio cómo se aplica el conglomerado en los bastiones (…). Preguntar a Benedetto Portinari qué medios utilizan en Holanda para desplazarse por el hielo”. Da Vinci tenía fama de molestar a sus amigos en busca de conocimientos. Preguntaba el por qué de todo como descubriendo el mundo en la infancia, pero demandando la profundidad en las respuestas como el adulto que era.

7. Su gusto por los mecanismos le llevó a diseñar armas, entre ellas hay carros con guadañas que trocean a su paso al enemigo. Se sentía atraído por la posibilidad de perfeccionar armas porque el reto técnico implicaba principios físicos. Desde un punto de vista humano, sin embargo, veía a las armas como objetos que esclavizaban al hombre y consideraba la guerra una abominación.

El único autorretrato de Leonardo (1512)

El único autorretrato de Leonardo (1512)

8. Hay testimonios que dicen que fue vegetariano. Sentía un profundo respeto por los seres vivos y la integridad de los animales, tanto que se cuestionó si era moral comerlos cuando no era absolutamente necesario para la salud. En escritos de la época se describen escenas de Leonardo comprando pájaros enjaulados para después liberarlos.

9. Estudiaba previamente todo lo que iba a pintar. El escritor y filósofo Giovanbattista Giraldi (1504-1573) relata de primera mano el proceso: “Cuando Leonardo quería representar una figura consideraba su cualidad y su naturaleza. (…) Iba a donde sabía que la gente de ese tipo se congregaba y observaba diligentemente las caras, las maneras, la ropa y el lenguaje corporal, anotándolo en un pequeño libro que siempre guardaba en el cinturón“.

10. Alternaba periodos de intensa actividad social con la soledad más absoluta. De la misma manera podía alternar días de trabajo sin pausa con otros de exclusiva contemplación. El escritor renacentista Matteo Bandello (1490-1560) fue un atento testigo de estos procesos: “He visto a Leonardo ir a trabajar por la mañana temprano y trepar por el andamio, porque La Última Cena está sobre el nivel del suelo, y trabajar allí desde la salida del sol hasta su puesta, sin bajar el pincel, continuando sin acordarse de beber o comer. Después podía haber dos, tres o cuatro días en los que no tocara el trabajo. Cada día podía pasar una o dos horas mirando la obra, considerándola y examinándola, criticando las figuras para sí mismo”.

Helena Celdrán