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La energía contagiosa de Ma’am Ditas tras el tifón de Filipinas

Por Laura Hurtadolaura

Mañana se cumplen 3 meses desde que el tifón Haiyán arrasara Filipinas y no puedo dejar de pensar en todas aquellas personas que, día tras día, se dejan la piel para poder recuperar la vida que tenían antes. Su labor es titánica. El país quedó completamente devastado, la gente se quedó sin casa, sin trabajo. Están empezando de cero.

En este contexto, el empuje de mujeres como Ma’am Ditas es imprescindible. El cooperante Livio Mercurio, que ha estado trabajando en Filipinas con Oxfam Intermón, me contó que cuando la conoció se quedó impresionado. “Me gustó su actitud, su energía”, comenta. Ma’am Ditas es una campesina de unos 50 años, casada y con dos hijos. Tiene una finca grande donde cría animales de granja y cultiva coco, arroz y otras frutas. Además es la líder de su “barangay” (o barrio) en el pueblo de Palo (vecina de Taclobán) y la presidenta de la cooperativa agrícola Kasaganahan (que en la lengua local significa “Hacerlo es fácil”). Ella representa a 350 campesinos y campesinas que, tras el paso del tifón, se han quedado sin su principal fuente de ingresos: la agricultura, y en especial, el coco, una próspera industria de la que vivían más de un millón de familias en las zonas afectadas por la catástrofe.

Distribución de aserraderos en una comunidad filipina tras el tifón Haiyán. Imagen: Livio Mercurio / Oxfam Intermón

Distribución de aserraderos en una comunidad filipina tras el tifón Haiyán. Imagen: Jane Beesley / Oxfam

Para ofrecer una nueva fuente de ingresos a este colectivo, Oxfam Intermón  está distribuyendo motosierras y aserraderos que permiten despejar los cocoteros caídos antes de que se pudran, y convertirlos en vigas de madera en un momento en el que hay mucha demanda para construir refugios temporales. La cooperativa presidida por Ma’am Ditas recibió esta maquinaria y al poco tiempo su presidenta ya había montado una empresa: “Ma’am Ditas fue la primera en ver el potencial. Rápidamente aglutinó a un equipo de trabajadores dispuestos a fabricar vigas de madera, al tiempo que buscaba clientes y negociaba la compra por adelantado de las mismas. De esta forma, pudo comprar los árboles caídos a los campesinos, que a su vez necesitaban limpiar sus tierras para volver a plantar”, explica Livio. Con el nuevo negocio todos y todas salían ganando. Y ella consiguió ponerlo en marcha con el apoyo colectivo. Con su energía y su esperanza consiguió arrastrar al resto.

Livio Mercurio cuenta que el día que entregaron la motosierra a la cooperativa Kasaganahan, Ma’am Ditas invitó a todo el equipo de Oxfam Intemón a comer. “Su casa tenía agujeros en el techo y había charcos de agua en el suelo, pero nos preparó en su horno de leña gallina con arroz, leche de coco y hojas de moringa. Estaba buenísimo y el arroz olía a perfume. Era la primera vez que comíamos caliente desde que habíamos llegado a Filipinas”, recuerda. “Desde entonces, y a pesar de que lo había perdido todo, siempre nos ofrecía algo”.

Gracias Ma’am Ditas.

 

Laura Hurtado es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

2 comentarios

  1. Dice ser Yesus

    Bravo por Ma’am Ditas. Un ejemplo!

    07 febrero 2014 | 10:49

  2. Dice ser panchenko

    el fachismo esta exigiendo la expulsion de femen de francia, creo que ese debria ser el tema que mas deberia preocuparos si es que realmente defienden la igualdad.

    zapatero es el guia,
    lenin el salvador.

    09 febrero 2014 | 05:39

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