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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

‘Ladrones de Tinta’: un detective del Siglo de Oro tras el Quijote de Avellaneda

Porta del Quijote de Avellaneda (WIKIPEDIA)

Porta del Quijote de Avellaneda (WIKIPEDIA)

Seguimos nuestro recorrido sobre obras históricas cervantinas y hoy toca una de las, en mi opinión, tres mejores novelas históricas escritas en España en el siglo XXI: Ladrones de tinta, de Alfonso Mateo-Sagasta (la última edición es de DeBolsillo). Ya me lancé a la piscina. ¿Cómo os habéis quedado?

No lo digo sólo porque hace unos días el especialista en el personaje histórico y la época, el catedrático José Manuel Lucía Megías, la citara como la mejor novela histórica sobre Cervantes o porque en 2005 fuera merecedora de los premios Espartaco y el Ciudad de Zaragoza. Lo digo porque el libro de Alfonso Mateo-Sagasta es una auténtica genialidad, una verdadera lección de lo que debe ser una obra histórica.

Ladrones de tinta sirve para presentar a Isidoro de Montemayor, un empleado de Francisco Robles, primer editor de El Quijote que espera ser hidalgo en breve, que hasta la fecha ha protagonizado dos novelas más (El gabinete de las maravillas y El reino de los hombres sin amor). En ésta, su empleador Robles le encargaba descubrir quién estaba detrás del conocido como Quijote de Avellaneda, una continuación no oficial de la ilustre obra, escrita y publicada antes de que Miguel de Cervantes culminara la segunda parte.

¿Por qué me muestro tan entusiasta? Porque esta historia resulta deliciosa. Mezcla a la perfección lo histórico con una investigación a medio camino entre lo policíaco y lo literario. El autor logra que el lector pasee por el Madrid de la época, de los palacios a los arrabales, lo viva, con multitud de detalles, pero sin aburrir al personal. Lo vive, no lee a alguien que se lo cuenta. En ese viaje al Siglo de Oro, le hace conocer a las grandes figuras literarias (Cervantes, Quevedo, Lope, Tirso…) y con sus apariciones destila amor por ellos. Pero no es un amor platónico, que los idealice como figuras dignas y encorsetadas, que hablen envarado. No, Mateo-Sagasta los humaniza, los acerca y los hace divertidos, paradójicos, malvados,…

Y esto me lleva al gran acierto de la novela: su sentido del humor. Algo que hecho mucho en falta en el género. En Ladrones de tinta, no pocas situaciones hacen sonreír, cuando no reír.

Con esta maravillosa trilogía, histórica pero en clave de novela negra o de suspense, Alfonso Mateo-Sagasta logra dar una visión divertida y cercana de una época tan atractiva y paradójica, tan esclava de las apariencias, como el Siglo de Oro. ¿Alguien pide más?

 

Y vosotros, ¿la habéis leído?

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1 comentario

  1. Dice ser RayozZz

    Bueno, a veces dejo el blog para lo último, sobretodo cuando estoy tan cansado como estos días, para dedicarle más tiempo… pero a veces me pongo peor y soy hasta incapaz de leer ni una página… en fin, paciencia que esto de la salud es bastante exasperante…
    la verdad es que tiene que ser una trilogía impresionante, a ver si alguna vez la puedo leer 🙂 , aunque con un poco de suerte, a ver si al menos la puedo escuchar 🙂
    muchísimas gracias, pues no lo sabía 🙂
    ladrones de tinta…. en aquélla época tengo entendido que se usaba la tinta de calamar o cefalópodo (pota, pulpo, etc)…. ¿robaban la tinta también? jajajaja, bueno, ya me ha picado la curiosidad…

    16 Abril 2016 | 01:04

Los comentarios están cerrados.