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Captura de la web oficial de Punk London

Captura de la web oficial de Punk London

La Alcaldía de Londres —ocupada por el clon british de Trump, Boris Johnson— se ha maridado con la Lotería Británica —una unión de severa naturalidad: el gestor de la municipalidad y los juegos de azar— para organizar algo que llaman Punk London y que explican en una línea: “40 años de cultura subversiva”. Las groserías cortas son las peores.

El evento, acudamos al término-cliché para definirlo, se convierte en circo cuando uno despliega la lista de actos que deben celebrarse a lo largo de todo 2016: desde talleres de tatuaje a charlas, exposiciones y películas. Por supuesto hay una tienda virtual que por ahora tiene los estantes vacíos —a no ser que el mensaje “coming soon” de la web sea un guiño al nihilismo punk— y ese aplique de supuesta interconectividad que no puede faltar en la vida moderna, un hashtag, .

“El punk fue siempre algo más que una camiseta o una canción con volumen alto: era una actitud irreprimible“, explican, conjugando en pasado los verbos de la oración, no vayamos a creer que la dinamita todavía tiene mecha.

Los fastos, en los que están implicados, dinero en mano —y mercadotecnia de armamento de repetición en la otra—, el British Film Institute, el British Fashion Council, el Museum of London y la British Library por parte pública y Live Nation y Universal Music por parte de las mafias privadas dedicadas a la explotación del entretenimiento y el lavado de cerebros. No han detallado de qué fondos públicos disponen y quién pone cuánto, pero la fundación de la lotería, que al menos no se esconde, ha soltado casi 150.000 euros para empezar.

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La última vez que pasó algo en Nueva York

Ilustración de la cubierta y la tapa posterior de "Love Goes to Buildings on Fire"

Ilustración de la cubierta y la tapa posterior de “Love Goes to Buildings on Fire”

De tener la suerte de cruzarme con alguna máquina del tiempo tendría muy claro a qué epoca y lugar desearía transportame: Nueva York, entre principios de 1973 y finales de 1977, el lustro del último gran renacimiento.

Estoy leyendo Love Goes to Buildings on Fire, una crónica en primera persona del periodista Will Hermes, bendecido por ser un adolescente que creció en el momento y el espacio exactos. El libro no está traducido al español y hay muy pocas probabilidades de que lo esté algún día dado el desinterés general de las editoriales nacionales por los ensayos musicales.

¿Qué sucedió entre 1973 y 1977 en la ciudad de los rascacielos? “Todo” no sería una respuesta subjetiva. El punk y el hip-hop, la música disco y la salsa, el loft jazz y el minimalismo, la new wave y la no wave nacieron en ese corto lapso temporal y en una misma ciudad, convertida en un laboratorio de reinvención de la música contemporánea donde los artistas se conocían, admiraban y colaboraban entre sí.

Portada del "Daily News" del 30 de octubre de 1975

Portada del “Daily News” del 30 de octubre de 1975

Muchos neoyorquinos todavía guardan en fundas de celofán la portada del Daily News del 30 de octubre de 1975. El  titular, redactado desde la cólera, se refiere a la negativa del entonces presidente de los EE UU, el republicano Gerald Ford, a ayudar a salvar las finanzas de la ciudad de una inminente bancarrota. “Ford a la ciudad: ahí se mueran”, decía el diario, aunque, al parecer, los editores cambiaron su idea inicial, que era: “Ford to city: Fuck Off” (“Ford a la ciudad: que os jodan”).

La quiebra y los recortes sociales consiguientes no eran los únicos problemas. Nueva York se había convertido en una de las metrópolis más peligrosas del mundo, con un índice de criminalidad tan elevado que la Policía recomendaba a los vecinos no salir a la calle tras la puesta del sol y no usar el metro “en ninguna circunstacia” durante la noche. El consumo de heroína se había disparado a niveles nunca antes conocidos y gran parte de los barrios estaban controlados por mafias de narcotraficantes.

Aprovechando lo poco bueno de la tesitura —los alquileres habían bajado drásticamente y por 100 dólares podías pagar un loft para varias personas en Manhattan, y los locales nocturnos emergían como oasis para refugiarse del desastre—, varios centenares de músicos se movieron con urgencia y, por impulsos insensatos y poco reflexivos que eran una respuesta instintiva al apocalipsis, construyeron el movimiento más excitante y plural de los últimos cincuenta años. Hicieron sin pretenderlo la música que cambió el curso de la historia.

Willie Colón, Hector Lavoe y la Fania All-Stars alquilando el Yankee Stadium para llevar la salsa-jazz a las masas; Bruce Springsteen grabando Born to Run la misma semana que Patti Smith grababa Horses y poco después de que Bob Dylan grabase Blood on the Tracks; Grandmaster Flash y Kool Herc convirtiendo los giradiscos en instrumentos musicales; los New York Dolls haciendo punk años antes que los Sex Pistols; los Ramones condensando la adrenalina del pop en una fórmula arrolladora; Television y los Talking Heads mutando el rock en un vehículo para la actitud artística; Phillip Glass construyendo paisajes musicales con elementos mínimos; Lou Reed echando al traste toda su carrera con el radical muro de ruido de Metal Machine Music

Todo esto y bastante más sucedió en Nueva York en los mejores cinco años de la música moderna.

A ese lugar de disparos, peligro, opio y música conectaré los mandos de mi teletransportador.

Ánxel Grove

 



Todd Rundgren, el músico que puso nervioso a John Lennon

Todd Rundgren

Todd Rundgren

La discográfica Edsel sabe aprovechar los huecos temporales que deja la política del o-es-nuevo-o-no-es bueno que campa a sus anchas desde hace décadas en el negocio del rock. Desde hace unos meses la compañía está rellenando un escandaloso vacío, reeditando, a precio bajo y en cajas de dos tres álbumes con material inédito adicional, la discografía de Todd Rundgren (1948), un músico que reúne dos características en pocas ocasiones coincidentes: inteligencia y criterio.

Prolífico y técnicamente superdotado (en 1972 editó el pasmoso doble elepé dónde compone, produce, canta y toca todos los instrumentos, Something/Anything, uno de los discos más bellos de su tiempo), Rundgren ha circunvalado el terreno del pop, se adelantó a la electrónica, se puso al servicio de otros como productor -por ejemplo, New York Dolls, Patti Smith, XTC y Badfinger– y demostró ser valiente y tener voz más allá de la masa al atraverse a decir en público, en 1973, lo que muchos pensábamos pero pocos enunciaban por su carácter incorreccto: que John Lennon era un arribista ridículo intentado sacar partido a la revolución en su etapa de millonario-pero-guevarista (al exbeatle le dolió la certera crítica: su respuesta, en forma de carta abierta, estaba llena de pullas personales contra Rundgren).

"Hermint of Mink Hollow" / "Healing" / "The Ever Popular Tortured Artist Effect"

"Hermint of Mink Hollow" / "Healing" / "The Ever Popular Tortured Artist Effect"

Las siete entregas de las cuidadas reediciones de la obra de Rundgren publicadas hasta ahora (Edsel anuncia que seguirá con el proyecto para completar la discografía) se agrupan así: Runt (1970) y The Ballad of Todd Rundgren (1971); Something / Anything (1972); A Wizard, A True Star (1973) y Todd (1974); Utopia (1974) y Another Live (1975); Initiation (1975) y Faithful (1976); Hermint of Mink Hollow (1978), Healing (1981) y The  Ever Popular Tortured Artist Effect (1983), y A Cappella (1985), Nearly Human (1989) y Second Wind (1991).

Hacerse con la obra íntegra de Rundgren es excesivo e innecesario: algunos discos adolecen de la impaciencia del músico y otros, como los de su banda de rock sinfónico-progesivo, Utopía, son bastante estomagantes, pero al menos un par de las ediciones merecen estar en cualquier discoteca. Hermint of Mink Hollow (1978), Healing (1981) y The  Ever Popular Tortured Artist Effect (1983), los cantos de soledad que grabó Rundgren tras su ruptura con la explaymate Bebe Buell -futura madre de la actriz Liv Tyler-, están llenos de baladas de carnoso sonido de soul de ojos azules.

"Something / Anything"

"Something / Anything"

Si la opción es elegir una pieza única, no hay discusión. Something / Anything no es sólo el pináculo de la carrera de Rundgren, sino uno de los mejores discos de la historia.

Grabado, según el músico, bajo los efectos de la ingesta de Ritalín, la cocaína química, el disco marca la fundación del power pop, con canciones tan inspiradas y fuera del tiempo, es decir, gloriosas, como I Saw the Light, It Wouldn’t Have Made Any Difference o Hello It’s Me.

Ánxel Grove