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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Archivo de enero, 2018

La importancia del sexo en ‘La forma del agua’

Cápsulas de cine

American Beauty (1999) prácticamente empieza con el personaje de Lester Burnham, un ejecutivo de publicidad en plena crisis de los cuarenta interpretado por el ahora defenestrado Kevin Spacey. Lo muestra en el inicio de una nueva jornada de trabajo, de una rutina que se repite cada día. Suena el despertador, lo apaga desde la cama. Se hace el remolón unos segundos. Pone los pies en las zapatillas y directo a la ducha. Un momento para la higiene corporal y también para un rápido desahogo sexual por la vía de la autoestimulación con la mano derecha.

En La forma del agua (The Shape of Water) a poco de haberse iniciado la película, su protagonista, Elisa Esposito, una trabajadora de la limpieza muda y soltera que también hace tiempo que dejó atrás los veinte años, incluye en su práctica cotidiana desayuno con cereales y su instante de alivio sexual. La película de Guillermo del Toro no se corta un pelo en mostrarla desnuda masturbándose en la bañera.

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Tarzán se hace centenario, en el cine

En blanco y negro

Johnny Weissmüller, excampeón olímpico de natación, es la imagen asociada en cine a Tarzán. Fuera en sus películas en blanco y negro o en color, una docena entre 1932 y 1948 y todas debiendo incluir la palabra “Tarzán” en su título, se convirtió en el verdadero rey de la jungla. Los que interpretaron después al célebre héroe creado por Edgar Rice Burroughs se quedaron en sucedáneos. El más reciente, un esforzado Alexander Skarsgård en La leyenda de Tarzán (2016) que por muchos efectos digitales y acción se quedaría a una diferencia abismal de la popularidad o los logros de las arcaicas cintas con Weissmüller.

El grito, el no menos famoso alarido de victoria de macho alfa simio, se oyó un poco antes, en 1929 y fue en Tarzán el tigre que protagonizó Frank Merrill. Era una película muda a la que se le añadió un sonido, más bien un fallido intento de gritito. Distaba muchísimo de esa potencia, de esa exhibición pulmonar inspirada en los cantos tiroleses, de las pelis de Weissmüller. Las comparaciones son odiosas, y en este caso aún mucho más (al final del texto pueden ver dos ilustrativos vídeos para contrastar). Y antes que ellos estuvo el pionero, Elmo Lincoln (con el joven actor Gordon Griffith para las escenas de la niñez) con Tarzán de los monos (Tarzan of the Apes), estrenada hace ya la friolera de 100 años, el 27 de enero de 1918 en Estados Unidos (cuatro años después de la primera de las novelas publicadas en libro, y cinco años y tres meses de la primera historia impresa en la revista pulp All Story Magazine).

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Los Óscar 2018: ¿Cuándo nos llegarán las nominadas aún no estrenadas?

Cinefilia

La forma del agua

( ‘La forma del agua’ ©Fox )

Todavía tendremos que esperar unas semanas para que se estrene en nuestras salas La forma del agua (The Shape of Water), la película fantástica de Guillermo del Toro que ha acaparado un mayor número de candidaturas en esta edición de los premios Óscar, un total de 13. Su gran rival, en el apartado de mejor película, es el thriller Tres anuncios en las afueras con 7 nominaciones (aunque Dunkerque obtuvo 8) que se estrenó el 12 de enero.

De las nueve películas que optan a mejor película, cuatro están pendientes de estreno. Llegarán pronto, alguna esta misma semana y otras el mes que viene, en febrero.

La ceremonia de entrega de premios será la madrugada del domingo 4 al lunes 5 de marzo, y desde 20minutos.es se puede consultar el listado completo de nominaciones.

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¡Al diablo la madurez! (‘Brigsby Bear’)

En pantalla

Brigsby Bear 2017

( ©Sony )

La infancia como un territorio que debería ser confortable y seguro, en el que puede que percibamos de alguna manera las extrañas “rarezas” del mundo de los adultos o los peligros del exterior. Pero al fin y al cabo, un lugar a salvo donde refugiarnos con nuestros sueños y fantasías, confiando en que el futuro solo nos deparará algo bueno. El paso del tiempo, o los golpes de la vida, ya se irá encargando de pulverizar ilusiones y mitos. También de destrozarnos aquellas películas, series o, ahora, vídeos propios de la época de Youtube que creíamos insuperables, perfectos, para una vez revisadas años o décadas después descubrir que eran más simples y deficientes de lo que nos gustaría.

Sea como sea, de esa añoranza y nostalgia, de esos hábitos y cultura adquiridas que nos pueden convertir en peterpanes maduros, el cómico Dave McCary, otro de los artistas forjados en el Saturday Night Live, ha sabido plasmar una original e inusual comedia agridulce. Brigsby Bear es una apología del orgullo de ser friki, en la que uno puede identificarse en mayor o menor medida, y de la negación a madurar o renunciar a aquello que tanto nos chiflaba cuando aún éramos capaces de creer en cualquier cosa. Y lo hace con la complicidad del actor Kyle Mooney, encarnado en el nerd por excelencia, mezcla de ingenua pasión y adolescente contrariado por la toma de contacto con la realidad y la necesidad de ir tomando responsabilidades.

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El primer orgasmo femenino en el cine, el de Hedy Lamarr en ‘Éxtasis’

En blanco y negro

Hedy Lamarr - Éxtasis (1933

( ©Slavia-Film, Gustav Machatý )

Hace 85 años. Un primer plano de un rostro femenino, bellamente esculpido, tumbado en la cama. Los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Se intuye la excitación de su respiración, sus manos y brazos intentando suavizar los gemidos causados por el placer. A Hedy Lamarr se le recordará por ser una de las actrices más bellas de su generación, “la más bella” según algunos, aunque de entre las poco más de una veintena de largometrajes que protagonizó en Hollywood ninguna mereciera una calificación de diez. Sansón y Dalila (1949), La extraña mujer (1948), Cenizas de amor (1941), Fruto dorado (1940), Esta mujer es mía (1941) o Argel (1935) entre ellas. Pero las escenas que la hicieron inmortal, en el cine, estaban en Éxtasis (Ekstase, 1933), una producción checo-austríaca dirigida por el praguense Gustav Machatý.

Fue la primera película comercial y no pornográfica en mostrar el desnudo integral de una mujer y, ya puestos en el asunto, también un orgasmo, más o menos. Tanto su personaje, como el de su amante, un viril ingeniero interpretado por el alemán Aribert Mog, se mantienen completamente vestidos en el lecho. Caricias, besos y si hubo algo más, no se vislumbra. Hedy aún era menor de edad, 17 años, y dicen que mintió al director para lograr el papel. Éste le entregó un primer guion de apenas 5 páginas y que daban para casi hora y media de metraje. Se rodó en tres idiomas (checo, alemán y francés), aunque, con unas imágenes y una puesta en escena muy deudora del cine mudo, pocos diálogos y frases contenía.

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Dimensiones humanas (‘Tres anuncios en las afueras’, 2017)

En pantalla

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

( ©Fox )

Hay películas que son una oda al inquebrantable espíritu humano, a la superación o el hacer frente a las situaciones más adversas, duras o humillantes. Otras son tenebrosas y oscuras, obligándonos a contemplar todas las atrocidades de las que es capaz el ser humano (no siempre humano) por instinto, mero placer o simplemente porque está en su naturaleza. Por mucho que alguien se imagine lo peor de lo peor que podemos infligir a otro semejante llega tarde, seguro que ya se habrá hecho antes… y volverá a hacerse. De todo un poco hay en Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri), Martin McDonagh, director y guionista, se inventa una localidad norteamericana ficticia llamada Ebbing, ubicada en el estado de Misuri, en el Medio Oeste del país, para reflejar un escenario bucólico e idílico, también inquietante y perturbador. Un pueblo de los que fascinaría a David Lynch, y una comunidad cerrada pero perfectamente extrapolable a otros lugares.

El emplazamiento es casi intemporal, diríase que anclado al pasado, quizás en los 70 u 80, si no fuera porque algún personaje cita a “Google” o hablan por teléfonos móviles, y está habitado por personajes que no se les puede tildar solo de simpáticos o antipáticos, de héroes o villanos, de buenos o malos. Todos están ahí con sus prejuicios y odios, con su lado miserable y luminoso. Con su capacidad para amar o para lastimar al prójimo. Y para ello ni siquiera hace falta usar un rifle o un objeto afilado. Las palabras son el arma arrojadiza con la que intentar noquear al adversario.

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Bajo ‘La sombra de una duda’ de Hitchcock

En blanco y negro

La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943)

( ©Sony )

Del falso culpable al falso inocente. Hitchcock consagraba por primera vez el protagonismo de una de sus películas al villano. Le atrajo la idea de poner a un ser abyecto, el mal, en un apacible pueblo de esos en los que nunca ocurre nada o casi nada. En este caso un seductor asesino de viudas, Charlie (Joseph Cotten) para quien el cerco, con la policía y un par de detectives pisándole los talones, se le va estrechando. Su respiro será buscar refugio en casa de su hermana (Patricia Collinge), los Newton, en Santa Rosa (California). Quien le recibirá especialmente con los brazos abiertos es su sobrina (Teresa Wright), apodada “Charlie” en su honor y una joven que le idolatra.

La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943) tuvo su primicia mundial hace 75 años, un 12 de enero en Nueva York, y ponía en escena el contraste entre el bien y el mal, el asesino y el inocente, el perverso y el ingenuo, materializado en dos personajes similares. Charlie, que mata por dinero y por placer, tiene su reverso luminoso en la muchacha. De hecho, Hitchcock presentó a ambos personajes del mismo modo, tumbados en la cama.

En la escena de Charlie/Joseph Cotten, este se encuentra recostado en un discreto motel de segunda categoría y lo que destaca son montones de billetes de dólares esparcidos en la mesilla de noche y por el suelo. En la de Charlie/Teresa Wright la vemos recostada en su confortable habitación del hogar familiar. Ella tampoco tiene aún necesidad imperiosa de ponerse a trabajar, de la misma manera que su tío tampoco necesita matar para conseguir más dinero. Lo que se resalta de ella es que la joven Charlie está cansada de su día a día anodino, así como el carácter ingenuo y soñador, pensando que puede ser una visita de su amado tío la que le puede sacarla de su tedio. Con la llegada de Charlie, tío, a Santa Rosa será el humo negro del tren lo que anuncia la llegada de algo anormal, maligno, en ese lugar bucólico donde nunca pasa nada.

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Las 10 peores escenas de sexo de la historia del cine

Listas de cine

James Franco ha hecho en The Disaster Artist una muy buena película de una película que era muy mala. Algo parecido, en plan homenaje, a lo que hizo Tim Burton en la igualmente estupenda Ed Wood (1994).

Estrenada el pasado viernes 29 de diciembre en nuestros cines, The Disaster Artist recrea la historia del excéntrico y enigmático Tommy Wiseau y el rodaje de The Room (2003) que él mismo dirigió, protagonizó y financió y considerada por algunos críticos como “la peor película de la historia”. Tan mala que incluso se ha convertido en objeto de culto, con proyecciones especiales en los que los no pocos admiradores de esta “extraordinaria” obra de Wiseau se reúnen para pasárselo pipa. Un gran mérito el conseguir que uno se eche unas buenas risas o carcajadas, pese a que la intención del autor era volcarse en un drama erótico personal e íntimo, o algo así.

No han sido pocos los cineastas que han puesto en escena momentos que llevan a la vergüenza ajena o al ridículo cuando lo que buscaban era envolvernos con la excitación. Repasando el buen o el peor cine de las últimas décadas encontraríamos puñados de escenas de sexo que podrían calificarse como “antisexuales” o de coitus totalmente interruptus. Esta es una posible listas de diez de ellas.

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Los favoritos para ganar en los Globos de Oro 2018 en cine

Cinefilia

La madrugada del domingo 7 de enero al lunes 8 se celebrará una nueva edición de la entrega de los premios Globos de Oro (conocidos popularmente como “la antesala de los Oscar). La forma del agua dirigida por Guillermo del Toro es la mas nominada con 7 candidaturas, seguida con seis por Tres anuncios en las afueras de Martin McDonagh y Los archivos del Pentágono de Spielberg, que entre nosotros se estrenarán el 12 y el 19 de enero respectivamente.

Siete eran también las nominaciones que obtuvo el pasado año el musical La La Land y logró un pleno, y récord en la historia de los Globos de Oro al hacerse con todos los premios a los que optaba (después, en los Oscar, Moonlight le aguaría la fiesta llevándose el de mejor película). En esta edición también se ha producido un caso curioso, el del thriller de terror psicológico Déjame salir, debut del cómico afroamericano Jordan Peele que figura entre lo mejor de lo mejor de las distintas listas anuales que realizan los críticos en Estados Unidos, y que competirá en el apartado de “mejor comedia o musical”.

Los integrantes de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, que votan en estos premios, al igual que los académicos de los Oscar tienen más memoria para los estrenos recientes que para los estrenados hace meses, y las películas de terror tampoco no acostumbran a seducirles especialmente. Así que, para aumentar sus posibilidades de ser nominada en alguna de las categorías de mejor película, los responsables del filme de Peele decidieron hacer campaña en el apartado de “comedia” (de la misma manera que era una “divertidísima comedia” Marte de Ridley Scott, con Matt Damon haciendo de astronauta aislado en el Planeta Rojo, y que consiguió colarse entre las cinco finalistas a “comedia y musical”).

Seguro que habrá alguna sorpresa, pero ¿cuáles son los favoritos en esta edición que contiene una cifra tan notoria como la número 75? Voy con mis apuestas.

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Así era el futuro de 2018 que retrataba la película ‘Rollerball’ en 1975

Encuadres

Rollerball 1975

( ©Fox )

Computadoras líquidas y helicópteros como el medio de transporte más moderno y rápido. Pero lo más relevante de ese futuro año 2018 imaginado en Rollerball (1975) era que los grandes conflictos entre países y las guerras se habían erradicado. Aunque todo tiene su porqué y su precio.

Era un mundo globalizado en el que las grandes corporaciones son las que controlan el mundo, ni gobiernos ni estados. En Houston está la sede de la Energía, además están las de la vivienda, Alimentación, Servicios, Transporte y Lujos. Estos seis grandes monopolios proporcionan a los ciudadanos todo el bienestar posible. Una tecnocracia de científicos y expertos se supone que actuando por el bien común. A cambio “solo” desean el poder total económico y político, y la concesión de alguna que otra libertad individual (por ejemplo, las mujeres son objetos que pueden pasar en manos de unos o otros según los intereses y directrices de los mandamases).

No más guerras, por el momento. Pero la raza humana requiere de seguir encauzando la agresividad hacia alguna parte, una nueva forma de seguir ofreciendo sangre, “pan y circo” al pueblo, y ahí es donde entra en juego, nunca mejor dicho, el rollerball. Una especia de hockey sobre ruedas, rugby y motociclismo considerado “el mejor de los deportes violentos de la época”. Dos equipos enfrentados en una pista circular con la misión de ir anotando puntos con una pesada bola de metal.

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