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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Bajo ‘La sombra de una duda’ de Hitchcock

En blanco y negro

La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943)

( ©Sony )

Del falso culpable al falso inocente. Hitchcock consagraba por primera vez el protagonismo de una de sus películas al villano. Le atrajo la idea de poner a un ser abyecto, el mal, en un apacible pueblo de esos en los que nunca ocurre nada o casi nada. En este caso un seductor asesino de viudas, Charlie (Joseph Cotten) para quien el cerco, con la policía y un par de detectives pisándole los talones, se le va estrechando. Su respiro será buscar refugio en casa de su hermana (Patricia Collinge), los Newton, en Santa Rosa (California). Quien le recibirá especialmente con los brazos abiertos es su sobrina (Teresa Wright), apodada “Charlie” en su honor y una joven que le idolatra.

La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943) tuvo su primicia mundial hace 75 años, un 12 de enero en Nueva York, y ponía en escena el contraste entre el bien y el mal, el asesino y el inocente, el perverso y el ingenuo, materializado en dos personajes similares. Charlie, que mata por dinero y por placer, tiene su reverso luminoso en la muchacha. De hecho, Hitchcock presentó a ambos personajes del mismo modo, tumbados en la cama.

En la escena de Charlie/Joseph Cotten, este se encuentra recostado en un discreto motel de segunda categoría y lo que destaca son montones de billetes de dólares esparcidos en la mesilla de noche y por el suelo. En la de Charlie/Teresa Wright la vemos recostada en su confortable habitación del hogar familiar. Ella tampoco tiene aún necesidad imperiosa de ponerse a trabajar, de la misma manera que su tío tampoco necesita matar para conseguir más dinero. Lo que se resalta de ella es que la joven Charlie está cansada de su día a día anodino, así como el carácter ingenuo y soñador, pensando que puede ser una visita de su amado tío la que le puede sacarla de su tedio. Con la llegada de Charlie, tío, a Santa Rosa será el humo negro del tren lo que anuncia la llegada de algo anormal, maligno, en ese lugar bucólico donde nunca pasa nada.

La sombra de una duda (1943)

( Joseph Cotten, imagen superior, Henry Travers y Hume Cronyn en la imagen inferior ©Sony )

¿Qué al director británico le encantaban los personajes oscuros, complejos? ¿Qué tenía animadversión por trabajar con niños y animales? El tío Charlie es el villano, la sobrina una buena persona, pero la tranquila localidad de Santa Rosa es como un calabozo par ambos, sin alicientes, sin futuro, y en ese modelo de clase media que representa los Newton, los dos hijos menores, un chico y una chica, no aparecen retratados excesivamente encantadores. La niña, Ann (Edna May Wonacott) es distante y algo repelente como niña sabelotodo; y su hermano pequeño Roger (Charles Bates) tampoco es el típico retoño estadounidense como para comérselo a besos.

En cambio, sí que le escapó otro detalle indicativo sobre quiénes se posicionaban sus simpatías. Y es que muchísimo más entrañables resultaban otros dos adultos secundarios: el padre (Henry Travers), que trabaja como empleado de un banco, y su amigo Herbie (Hume Cronyn, en su debut en el cine), un crítico literario que no parece ganarse demasiado bien el sustento con su trabajo (tiene la virtud de aparecer casualmente en el hogar de los Newton precisamente a la hora de las comidas). Los dos son como niños grandes que tienen su principal pasatiempo en las novelas de intriga y en fantasear con los distintos modos de asesinarse mutuamente cometiendo el crimen perfecto.

El mismo hobby que nuestro venerado Hitch, la mente enferma capaz de inocularnos pesadillas como la de la silueta de un psicópata acechando tras las cortinas de nuestra ducha, hacernos contemplar con cierto recelo a un grupo de aves posando en cables o postes, despertarnos el morbo de espiar al vecino de enfrente tras nuestra ventana o hacernos dudar, por momentos, sobre cuál de los dos “Charlies” preferimos. Hitchcock también se refería a La sombra de una duda como su “película favorita” porque era su obra más “lógica” y “verosímil”. En realidad una sutil manera de mofarse de todos aquellos (críticos o espectadores) que buscan “verosimilitud” en las películas. Lo detestaba. “Seamos lógicos: si se quiere analizarlo todo y construirlo todo en términos de plausibilidad y de verosimilitud, ningún guion de ficción resistiría este análisis y sólo se podría hacer una cosa: documentales (“El cine según Hitchcock”, págs. 83 y 84). Y razón no le falta, pero esto sería otra historia.

 

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Joshua

    Agradecemos un blog en 20 minutos en el que se hable de buen cine y no de bazofia tipo Paquita Salas. Gracias.

    11 enero 2018 | 16:54

  2. Dice ser Lola

    Hola, me encanta esta película. De Hitchcock mi película preferida es Náufragos.

    11 enero 2018 | 20:31

  3. Artículo muy interesante. Gracias por compartirlo.

    16 enero 2018 | 11:31

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