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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Doce novelas históricas que llegan en septiembre: Ken Follet, Guerra Civil, esclavitud, Nerón…

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¡Saludos lectores! ¿Cómo ha sido el verano? Espero que hayáis disfrutado, leído mucho y vengáis con ganas de descubrir más libros que nos hagan dialogar con la historia. Comienza septiembre, vuelve el curso y se nota en el aluvión de novedades literarias que llegan a las librerías. Y el otoño arranca con mucha fuerza: muchas novedades (por lo cual, como siempre, he hecho una selección) y muchas de las que van a hacer mucho ruido. Nada de depresión postvacacional, llega un otoño muy muy lector, ¿comenzamos el repaso?

Una columna de fuego, de Ken Follet (Plaza & Janés). Llega el rey del bestseller y el rey de la novela histórica para el público más amplio. Follet no engaña, da lo que se espera de él y ha logrado entretener desde hace décadas a millones de lectores. Ahora, con su tercera obra ambientada en la ficticia Kingsbridge (sí, la de Los pilares de la tierra) visita una época que todo novelista británico de género acaba visitando: la de los Tudor. ¿Saldrá con éxito Follet de esta época? Pronto lo sabremos, pero lo que es seguro que es encabezará todas las listas de más vendidos este otoño.

Una columna de fuego arranca cuando el joven Ned Willard regresa a su hogar en Kingsbridge por Navidad. Corre el año 1558, un año que trastocará la vida de Ned y que cambiará Europa para siempre. Las antiguas piedras de la catedral de Kingsbridge contemplan una ciudad dividida por el odio religioso. Los principios elevados chocan con la amistad, la lealtad y el amor, y provocan derramamientos de sangre. Ned se encuentra de pronto en el bando contrario al de la muchacha con quien anhela casarse, Margery Fitzgerald. Cuando Isabel I llega al trono, toda Europa se vuelve en contra de Inglaterra. La joven monarca, astuta y decidida, organiza el primer servicio secreto del país para estar avisada ante cualquier indicio de intrigas homicidas, levantamientos o planes de invasión. En París, a la espera, se encuentra la seductora y obstinada María Estuardo, reina de los escoceses, en el seno de una familia francesa con una ambición descomunal. Proclamada legítima soberana de Inglaterra, María cuenta con sus propios partidarios, que conspiran para deshacerse de Isabel. Entretanto, Ned Willard busca a Jean Langlais, un personaje escurridizo y enigmático, sin saber que tras ese nombre falso se esconde un compañero de clase de su infancia, alguien que lo conoce demasiado bien. A lo largo de medio siglo turbulento, el amor entre Ned y Margery parece condenado al fracaso mientras el extremismo hace estallar la violencia desde Edimburgo hasta Ginebra. Isabel se aferra precariamente a su trono y a sus principios, protegida por un pequeño y entregado grupo de espías hábiles y agentes secretos valerosos. Los auténticos enemigos, tanto entonces como ahora, no son las religiones rivales. La verdadera batalla es la que enfrenta a quienes creen en la tolerancia y el acuerdo contra tiranos dispuestos a imponer sus ideas a todo el mundo… y a cualquier precio.

Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes (Tusquets). Grandes sigue con su homenaje a Galdós y sus Episodios Nacionales con esta interesante serie sobre la Guerra Civil y sus consecuencias. En esta Los pacientes del doctor García, se adentra en un asunto apasionante: las redes de ayuda que tuvieron en la España franquista los nazis que huían de la derrota del III Reich. Otra obra que va a marcar el otoño.

Tras la victoria de Franco, el doctor Guillermo García Medina sigue viviendo en Madrid bajo una identidad falsa. La documentación que lo libró del paredón fue un regalo de su mejor amigo, Manuel Arroyo Benítez, un diplomático republicano al que salvó la vida en 1937. Cree que nunca volverá a verlo, pero en septiembre de 1946, Manuel vuelve del exilio con una misión secreta y peligrosa. Pretende infiltrarse en una organización clandestina, la red de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich que dirige desde el barrio de Argüelles una mujer alemana y española, nazi y falangista, llamada Clara Stauffer. Mientras el doctor García se deja reclutar por él, el nombre de otro español se cruza en el destino de los dos amigos. Adrián Gallardo Ortega, que tuvo su momento de gloria como boxeador profesional antes de alistarse en la División Azul, para seguir luchando como voluntario de las SS y participar en la última defensa de Berlín, malvive en Alemania, ignorando que alguien pretende suplantar su identidad para huir a la Argentina de Perón. Thriller y novela de espías, Los pacientes del doctor García es tal vez la historia más internacional y trepidante de Almudena Grandes, su narración más ambiciosa, en la que conecta acontecimientos reales y desconocidos de la segunda guerra mundial y el franquismo, para construir las vidas de unos personajes que no sólo comparten la suerte de España, sino también la de Argentina.

El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead (Literatura Random House). Después de los luctuosos hechos de este verano en Charlottesville nos llega una novela sobre la esclavitud en EE UU que acumula premios (el National Book Award, el Pulitzer, el Arthur C. Clarke, etc) y que será llevada a la televisión por el director de la oscarizada Moonlight, Barry Jenkins, y Amazon. Dará que hablar que hablar.

Cora es una joven esclava de una plantación de algodón en Georgia. Abandonada por su madre, vive sometida a la crueldad de sus amos. Cuando César, un joven de Virginia, le habla del ferrocarril subterráneo, ambos deciden iniciar una arriesgada huida hacia el Norte para conseguir la libertad. El ferrocarril subterráneo convierte en realidad una fábula de la época e imagina una verdadera red de estaciones clandestinas unidas por raíles subterráneos que cruzan el país. En su huida, Cora recorrerá los diferentes estados, y en cada parada se encontrará un mundo completamente diferente, mientras acumula decepciones en el transcurso de una bajada a los infiernos de la condición humana… Aun así, también habrá destellos de humanidad que le harán mantener la esperanza. Whitehead nos brinda una historia universal, onírica y a la vez brutalmente realista, sobre la libertad y las ilusiones truncadas, que nos habla de la fuerza sobrehumana que emerge ante la determinación de cambiar el propio destino.

Os salvaré la vida, de Joaquín Leguina y Rubén Buren (Espasa). Llega también el último premio Alfonso X el Sabio de novela histórica que se dedica a novelar un interesante personaje de la Guerra Civil: Melchor Rodríguez, El Ángel Rojo.

Os salvaré la vida es una sólida y emocionante novela que recrea la vida de Melchor Rodríguez, personaje histórico y singular absolutamente apasionante con un papel infravalorado hasta ahora durante la Guerra Civil y en la trayectoria del anarcosindicalismo español. El Ángel Rojo, como es conocido, defendió a ultranza siempre, aun a riesgo de su propia vida, todo aquello en lo que creía y puso fin a las lamentables sacas producidas a principios de la guerra, sacas que se cobraron la vida de miles de españoles. Director de Prisiones, evitó vejaciones en las cárceles y ejecuciones irregulares y arbitrarias. Tras la guerra, fue detenido y juzgado. En uno de los consejos de guerra al que fue sometido, en una escena casi de película, solo el testimonio del general del bando nacional Muñoz Grandes y miles de firmas de personas a las que había salvado, de todo sesgo político, evitaron que lo condenaran a pena de muerte. El relato de la figura de Melchor, ficcionalizado aunque apoyado siempre en testimonios históricos, permite a los autores de la novela mostrar una parte de la historia de España; primero, centrándose en el microcosmos del palacio de Viana, donde conviven refugiados de toda índole y tendencia, los verdaderos protagonistas, y entre ellos, de forma destacada, la joven comunista Juana, herida en las calles y recogida
por Melchor durante las revueltas entre cenetistas y socialistas contra los comunistas que siguen al golpe de Estado de Casado contra Negrín en las postrimerías de la guerra. A esta parte le siguen las dos restantes, en las que se ponen de manifiesto las luchas encarnizadas y también la vida personal y familiar de Melchor, a través de su hija Amapola

Toda una vida, de Robert Seethaler (Salamandra). Atentos a esta pequeña (por breve) – gran (por lo que avanzan las críticas) novela que nos trae Salamandra y que nos hará revisitar el siglo XX desde una pequeña aldea de los Alpes y ver cómo el progreso irrumpe en ella. Quizá no sea novela histórica tal cual, pero tiene pinta de que nos hará mirar al pasado de otra manera.

La práctica totalidad de los seres humanos que han transitado por este mundo desde el inicio de los tiempos apenas han dejado huella alguna en los anales de la Historia. Sin embargo, hasta la persona más opaca e insignificante acumula en su existencia una suma casi infinita de vivencias estrictamente personales, instantes únicos que conforman una experiencia tan plena como la del más ilustre de los personajes. Esta excepcional novela ―Libro del Año 2014 en Alemania, con casi un millón de ejemplares vendidos y traducido a treinta y tres idiomas―, es una invitación a compartir la vida de un hombre que, desde su total irrelevancia, proyecta un halo de vitalidad tan intenso como el del más brillante de los mortales. A principios del siglo XX, llega a una pequeña aldea perdida en los Alpes el pequeño Andreas Egger, tras ser abandonado por su madre con apenas cuatro años. El niño crece sometido a la férrea disciplina de su tío, y su horizonte se agota en la cadena de enormes montañas que rodean el valle. Así, entre esas cimas de nieves perpetuas y esas paredes rocosas de fiereza salvaje que en su juventud laceraron su corazón con gélida impiedad, la vida de Andreas discurre entre la rudeza del entorno y una forzosa adaptación a los cambios que impone el progreso. Y aunque la construcción del teleférico y la irrupción del turismo de masas, con el consiguiente aluvión de excursionistas y esquiadores, desfiguran el microcosmos mudando las costumbres ancestrales, al final de sus días el octogenario Andreas permanece fiel a su naturaleza, contemplando una puesta de sol o bebiendo leche recién ordeñada con el mismo arrobo con que cincuenta años antes observaba embobado a la única mujer que le fue dado amar. De una concisión y una pulcritud extremas, Toda una vida es una novela bellísima, una fábula sobre el sentido y el sinsentido de la existencia. Las pulsiones básicas del ser humano, la generosidad y el egoísmo, el amor y la muerte, son los pilares de un relato que fortalece el espíritu como un singular antídoto contra el desasosiego que invade al hombre moderno.

La voz de los árboles, de Tracy Chevalier (Duomo). Regresa la autora de La joven de la perla y lo hace con una novela sobre inmigrantes del siglo XIX, sagas familiares y manzanos.

La familia Goodenough ha dejado atrás la Nueva Inglaterra del siglo XIX para instalarse en los pantanos de Ohio y lleva consigo algunas ramas de su manzano favorito. Pero en el huerto que plantan se hunden también las semillas de la discordia entre James y Sadie Goodenough. Mientras James adora las manzanas dulces, Sadie prefi ere refugiarse en la sidra. Esas diferencias irreconciliables afectan a sus hijos y obligan al menor de ellos, Robert, a abandonar Ohio y buscar fortuna. El amor hacia los árboles, heredado de su padre, le acompaña en su viaje hacia el Oeste. Allí descubre el amor de la mano de una vivaz cocinera y, gracias a un comerciante de semillas, los secretos de las poderosas secuoyas. Entre estos árboles centenarios de California, encuentra consuelo y, con el tiempo, algunas respuestas.

El pájaro carpintero, de James McBride (Hoja de Lata). Y otra novela premiada sobre la esclavitud en los EE UU del siglo XIX que nos llega este mes. James McBride nos adentra en una visión en primera persona y con mucho humor que dará una visión bastante crítica del rebelde antiesclavista John Brown.

Henry Cebolla Shackleton es un pícaro niño esclavo en cuyo camino se cruza el legendario abolicionista John Brown, «el más americano de todos nosotros», en palabras de Henry David Thoreau; «el hijoputa asesino más infame y retorcío que jamás hayáis visto», a ojos del Cebolla. Comienza así la hilarante autobiografía de Henry, envuelto contra su voluntad en la cruzada antiesclavista del ejército de John Brown y obligado a hacerse pasar por una niña para sobrevivir. Una aventura libertadora de incierto resultado junto a un líder mesiánico, de quien los negros del Sur huyen porque prefieren la tranquilidad de sus tres comidas al día en casa del amo. McBride ganó el National Book Award con esta inteligente, audaz y sorprendentemente profunda comedia que indaga sobre la capacidad del ser humano para adaptarse y actuar según lo que considera correcto.

El espartano, de Javier Negrete (Espasa). Aunque ya nos la anunciaban para el otoño del año pasado, parece que ahora sí llega la nueva novela de Negrete. Y, como ya dije en su momento, tras la espléndida Salamina, ésta tiene toda mi atención.

Año 480 a. C. Antes de morir en las Termópilas, el rey Leónidas entrega una carta sellada al oficial Perseo y le ordena que regrese a Esparta y se la entregue a su esposa, Gorgo. ¿Por qué decide que el mejor guerrero de la ciudad abandone la batalla, cuando la ley espartana prohibía retirarse o rendirse? Esta es la historia del hombre que nació y se crio como Perseo, hijo del rey Damarato. Víctima de conjuras palaciegas, perdió el derecho al trono y debió aprender a sobrevivir como un simple guerrero. Mientras se olvidaba de quién había sido y quién estaba destinado a ser, soportó mil pruebas que lo convirtieron en otra persona: Perseo, un espartano más… y a la vez un campeón entre campeones. Y mientras tanto tuvo que ver cómo Gorgo, la mujer que amaba, se casaba con un miembro de la familia que había hundido su vida.

Bajo la estrella polar, de Stef Penney (Harper Collins Ibérica). De Stef Penney leí hace tiempo La ternura de los lobos; con alguna pega fue una novela que me gustó, sobre todo por sus personajes y ambientación. Ahora regresa con una historia de exploraciones en el siglo XIX…

Flora Mackie cruzó por primera vez el Círculo Polar Ártico a la edad de doce años. En 1889, esta hija de un capitán ballenero de Dundee (Escocia), apodada por la prensa «La Reina de las Nieves», se propuso convertirse en científica y exploradora. Tras luchar con ahínco para hacerse respetar, su determinación y una serie de circunstancias fortuitas la conducen de nuevo al norte de Groenlandia al frente una expedición británica, pese a que muchos opinan que no hay lugar para una joven en ese inhóspito mundo dominado por hombres. El geólogo Jakob de Beyn nació y se crio en Manhattan. Deseoso de ampliar sus horizontes, se une a una expedición rival encabezada por el ambicioso Lester Armitage. Será en el Ártico donde su camino y el de Flora se crucen fatídicamente. Flora, Jakob y Armitage comparten una pasión obsesiva por el Polo Norte, una región en la que se dan los contrastes más violentos: la noche perpetua y el día infinito; el mar helado y las praderas costeras; la deslealtad y el heroísmo. En su afán implacable por liderar la exploración del Ártico, Armitage conduce a sus hombres a una misión cuyo trágico desenlace seguirá dando que hablar durante años.

El emperador destronado, de David Barbaree (Roca Editorial). Desde Canadá, este autor novel nos trae una propuesta arriesgada y juguetona en clave de thriller: ¿qué habría pasado si Nerón no hubiera muerto como ha contado la historia oficial? Y el resultado es un thriller adictivo que inicia una trilogía.

El emperador Nerón se encuentra recluido en su habitación con varias heridas. Está siendo interrogado por unos soldados que beben y se preguntan qué hacer con él. Nerón ha sido derrocado del poder y dado por muerto por sus antiguos súbditos. Once años después ―y mientras otros hombres fingen ser Nerón (aquellos «falsos Nerones» que aparecen en varios anales históricos de la época) ― él regresa a Roma en compañía de un joven esclavo llamado Marco.

Varios expertos en historia de la Antigua Roma aseguran que Nerón fue un emperador «bárbaro» y sumamente violento. El emperador destronado desafía estas presunciones históricas. La novela relata la historia desde el punto de vista del propio emperador Nerón y de su sirviente Marco. El lector se cuestionará si Nerón fue injustamente condenado por los historiadores y seguirá todos los acontecimientos: desde su caída hasta su resurrección y regreso a Roma.

La corona de los tres reinos, de James L. Nelson (Pàmies). Antes de verano os recomendé la primera novela de esta serie de Vikingos, como una apuesta aventurera para el verano. Ahora Pàmies nos trae la segunda entrega. Y no me la voy a perder, a ver si mantiene el nivel de la primera.

Irlanda. Mediados del siglo IX. Dubh-Linn acaba de ser reconquistada a los daneses por la flota vikinga noruega comandada por Olaf el Blanco. Thorgrim Lobo Nocturno solo piensa en volver a sus tierras en su Noruega natal, pero se encuentra atrapado en Dubh-Linn sin barco y sin dinero. No le queda más remedio que aceptar participar en una última incursión en tierras irlandesas bajo el mando de Arinbjorn Diente Blanco, un hombre en el que no confía. Pero las cosas se complican; Brigitnic Máel Sechnaill, la heredera del trono de Tara, tiene que huir precipitadamente y se refugia en Dubh-Linn, donde le pide a Arinbjorn que la ayude a recuperar su corona. Flann mac Conaing se proclama nuevo rey de Tara con la ayuda de su intrigante hermana Morrigan, que tiene en su poder la Corona de los Tres Reinos, que, según dice la leyenda, quien la ciña será el rey supremo de Irlanda. Thorgrim, su hijo Harald, su suegro Ornolf el Incansable, el berserker Starri el Inmortal y el resto de sus hombres, se verán inmersos en la batalla por el trono de Tara, una batalla que pondrá a prueba su fuerza y su lealtad como nadie jamás lo había hecho.

Corocotta, el cántabro, de Santiago Blasco (Algaida). Y no podía faltar una novela sobre algún personaje mítico de nuestra historia nacional más antigua. Este mes le toca a Corocotta y lo firma el autor de novelas como El mercader de Alejandría y La palma del indiano.

Aquel guerrero de casi dos metros de músculos bien proporcionados, y dotado de una fuerza descomunal, en cuanto se encontró frente a los soldados de imperio se aplicó con una furia inusitada en destrozar con su hacha de doble filo los cuerpos de los legionarios que se atrevieron a desafiarle. No había escudo ni armadura que pudiera soportar aquella contundencia de golpes; ni hombre que aguantara un solo envite de sus brazos. Manejaba aquella pesada arma con la misma habilidad y rapidez que un romano su espada corta, lo que rápidamente provocó entre las filas enemigas un lógico temor a ser alcanzados por uno de aquellos mortales hachazos. Las sacudidas eran iniciadas desde el punto más alto de detrás de su cabeza, para acabar con un rápido movimiento de las caderas hacia adelante, lo que imprimía una terrible descarga sobre la víctima elegida. Y ese proceder daba ejemplo y ánimos a sus compañeros de armas, a la vez que acobardaba a esos que ya se veían sucumbir materialmente descuartizados bajo las afiladas hojas. Daba igual donde golpeara, pues los efectos resultaban devastadores.

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