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La mayor colección de uniformes de azafata

Uniformes de Iberia de 1977 a 2005

Uniformes de Iberia de 1977 a 2005

De 1972 a 1977, las azafatas de Iberia llevaron como parte de su uniforme un sombrero que recuerda al de un bobby. De 1977 a 1983 los tonos oscuros del conjunto fueron sustituidos por colores tierra y para la cabeza se optó por un sombrero pillbox abombado y con el emblema de la compañía en un pequeño parche alargado. Ambos modelos eran del prestigioso diseñador cordobés Elio Berhanyer.

A pesar de las críticas (justificadas) a la incomodidad de los aeropuertos, los controles de seguridad, las esperas o el ridículo espacio vital en los asientos de la clase turista, los uniformes de la tripulación de un avión siguen conteniendo la nostalgia del tiempo en los que volar era una experiencia placentera.

La ropa de las azafatas siempre fue la más vistosa, destinada a identificar a las trabajadoras pero, por encima de todo, a transmitir la idea de que su profesión era única y les permitía vivir a diario la elegancia internacional de los aeropuertos y los hoteles. Aunque el glamour ha desaparecido de las aerolíneas, en la memoria colectiva los trajes se asocian a esa época dorada.

El sobrecargo holandés Cliff Muskiet colecciona desde niño elementos relacionados con las lineas aéreas. Confiesa que siempre estuvo “fascinado por el mundo de la aviación” y que atesoraba “todo lo que llevara el nombre de una aerolínea o su logo”: horarios, carteles, postales, modelos de aeronaves, instrucciones de seguridad…

Uniformes de los sesenta de Braniff International y de los noventa de Tyrolean Airlines

Uniformes de los sesenta de Braniff International y de los noventa de Tyrolean Airlines

En 1980 una amiga de su madre le dio un uniforme de KLM (las aerolíneas holandesas) de 1971 y desde entonces se interesó por iniciar una colección. Con un parón entre 1982 y 1993 que lamenta profundamente, a partir de 1993 y hasta ahora se ha centrado en conseguir atuendos de todas las épocas y compañías. Ahora tiene 1259 de 471 aerolíneas, probablemente la colección más grande que existe de uniformes de azafata. Fotografiados sobre un maniquí y catalogados en www.uniformfreak.com ilustran la progresión de los diseños, el avance hacia prendas cómodas, las rarezas del pasado y del presente…

Entre los modelos más arriesgados de los sesenta están los de la sensacional aerolínea estadounidense Braniff International, que en 1965 y 1966 colocó en la cabeza de sus azafatas una futurista cúpula plástica como si fueran astronautas y de 1966 a 1968 las atavió con un conjunto de exagerados estampados pop con gorrito atado a juego. El de Gulf Air (Baréin) de los años setenta —elegante y contenido dentro de su exotismo—  o el de mediados de los noventa de la austriaca Tyrolean Airways (Aerolíneas Tirolesas) —una auténtica venganza— tampoco tienen desperdicio.

Muskiet trabaja para KLM y eso le facilita contactar con empresas y particulares relacionados con la aviación civil que disponen de piezas interensantes para la colección. En su web cuelga con relativa frecuencia fotos de las nuevas adquisiciones: una chaqueta de Pacific Blue, una chaqueta de punto de Emirates, el uniforme de Finnair… En un futuro cercano, el sobrecargo sueña con ver los conjuntos reunidos en un libro y sustituir el maniquí por modelos que los luzcan con la sofisticación que merecen.

Helena Celdrán

Uniforme actual de Singapore Airlines y uniforme de Emirates de los años noventa a 2009

Uniforme actual de Singapore Airlines y uniforme de Emirates de los años noventa a 2009

Uniformes actuales de Malaysia Airlines y uniformes de los años noventa de Kenya Airways y de India Airlines

Uniformes actuales de Malaysia Airlines y uniformes de los años noventa de Kenya Airways y de India Airlines

 

En busca de la esencia de los EE UU: en la carretera con Google Street View

#83.016417, Detroit, MI. 2009, 2010

#83.016417, Detroit, MI. 2009, 2010

El instrumental para diseccionar la idea espiritual de América (me tomo la grosera, literaria y etnocéntrica libertad de equiparar el término con un sólo país: los Estados Unidos) es variopinto. El viaje epifánico en busca de la esencia última de la land of plenty es polimórfico como ningún otro.

Por citar sólo una obra en cada género, la travesía ha sido fotográfica –Robert Frank y su libro-ensayo Los Americanos-; literaria -la novela infinita En la carretera, de Jack Kerouac-; cinematográfica -por ejemplo, Badlands (1973), de Terrence Malick-; musical -el errar existencial de Woody Guthrie-; pictórica -el aislamiento alienante de los pobladores de los cuadros de Edward Hopper-

#35.750882 Dallas, TX, 2009

#35.750882, Dallas, TX. 2009, 2010

Doug Rickard (1968) se suma ahora a la búsqueda con un artilugio que nunca antes había sido empleado para buscar el alma del país: Google Street View.

A New American Picture, el proyecto fascinante de este renegado de su licenciatura en Historia, es un recorrido por los rincones menos lustrosos de los EE UU (“la América rechazada”, llama Rickard a los escenarios) en un viaje intensivo de 24 horas seguidas y sin interrupción por los laberínticos caminos reales (no del todo, pero reales al fin) retratados y digitalizados por los coches-ojo de Google.

El resultado es “el envés del sueño americano”, opina Rickard, que tomó y catalogó 15.000 fotos durante una “tormenta perfecta” y afiebrada, sin salir de la habitación, utilizando el ordenador como cámara y moviéndose por los mapas tridimensionales del país.

#82.948842, Detroit, MI. 2009

#82.948842, Detroit, MI. 2009, 2010

La selección final de las fotos del recorrido dejó al autor con 80 tomas (algunas se exponen ahora en la muestra New Photography 2011 del MoMA de Nueva York). Son una exploración al azar de los Estados Unidos y acaso también la constatación del final definitivo del momento decisivo predicado por Henri Cartier-Bresson como fundamento del arte fotográfico callejero, para ser reemplazado por lo que algunos críticos llaman el momento en curso, una consecuencia del presente vigilado en el que residimos.

Más allá de consideraciones sociológicas sobre el peligro de que aplicaciones como el Street View se adueñen de nuestra percepción del mundo, las fotos de Rickard tienen una resonancia que procede de lejos. Uno tiene la impresión de que podría estar frente a imágenes similares a los trabajos documentales de Walker Evans durante la Gran Depresión de los años treinta. En unas y otras los personajes no parecen tener futuro y la atmósfera mercurial hiere con consistencia de navaja.

#33.620036, Los Angeles, CA. 2009

#33.620036, Los Angeles, CA. 2009, 2010

En cada foto Rickard coloca datos informativos: una serie de números que se refieren a las coordinadas de Street View para el lugar de la imagen -posiblemente de GPS-; la ciudad y el estado; el año en que la foto fue tomada por Google y el año en que el fotógrafo la extrajo de su ordenador para hacerla suya. Esa ruta también implica una torva concepción cartesiana de la vida encapsulada bajo códigos binarios.

Enganchado a la fotografía como forma más depurada del relato oral milenarista (es el administrador de dos de los sites más interesantes e intencionados del marasmo virtual: American Suburb X y These Americans), Rickard ha abierto una dimensión poética e inesperada a la unificación de la percepción del mundo derivada del mapeo de Google.

En este viaje, como en los de Kerouac, Frank, Hopper o Malick, también hay ángeles subterráneos, estrellas explotando, cadenas intangibles y, sobre todo, como diría el primero, muchas personas “locas por ser salvadas” de una soledad que parece irremediable.

Ánxel Grove