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272 horas en Google Maps para los 28.000 kilómetros de “En la carretera” de Kerouac

Las 55 páginas del libro On the Road for 17.527 miles son algo así como la traducción 2.0 de un viaje mítico, el de la novela En la carretera, el tránsito enfebrecido de Jack Kerouac (1922-1969) por 28.000 kilómetros de asfalto.

Muchos años después —63 tras la escritura de la obra y 58 tras la publicación—, el alemán Gregor Weichbrodt ha volcado en Google Maps (a través de las indicaciones de ruta de la aplicación) todos los detalles geográficos que aparecen en la obra. El resultado es un libro de 66 páginas colmado de carreteras, ramales, cruces, ciudades, puebluchos, gasolineras y otros detalles para emular el tránsito de los héroes con sed de camino de Kerouac. La publicación es gratuita y también se exhibe hasta el 30 de marzo en el festival Poetry Will Be Made By All! (¡La poesía estará escrita por todos!) en Zurich.

Dos de las páginas de "On the Road for 17527 Miles"

Dos de las páginas de “On the Road for 17527 Miles”

Los periplos de En la carretera —cuatro recorridos reales de Kerouac y su colega Neal Cassady (1926-1968) entre 1947 y 1950— se quedarían así para un potencial eviajero en 272 horas de camino por la superficie virtual de los mapas electrónicos.

Weichbrodt, una persona que siente curiosidad por la forma en que las palabras y el lenguaje modelan el mundo transformándolo en realidades paralelas o imaginarias que en ocasiones, y En la carretera es un ejemplo, tienen más substancia que la realidad misma, es consciente de que su iniciativa es una perversión. “Si Kerouac hubiera tenido un sistema de GPS se habría sentido menos libre. Me parece bastante desalentador mostrar un montón de direcciones de ruta para ir en busca del autodescubrimiento”.

Por mucho que algunos sectores académicos la sigan tildando de obra menor y mal escrita, no es la primera vez que la deslumbrante novela —que debe leerse cuanto antes para que la bofetada de libertad que recibes sea intensa, digamos, a los 14 ó 15 años, cuando eres receptivo y no estás contaminado por los deberes sociales— demuestra su permanente vigencia (en el blog dimos cuenta, por ejemplo, de una versión para iPad que rezuma patetismo hipster).

Mapa dibujado a mano por Kerouac del primer viaje de "En la carretera"

Mapa dibujado a mano por Kerouac del primer viaje de “En la carretera”

El mensaje primordial de En la carretera, el movimiento es la mejor cura contra la melancolía, es predicado por todas las tradiciones : “Quien no viaja no conoce el valor de los hombres”, dice un proverbio árabe; “el Camino Sin Rumbo, donde los Hijos de Dios se pierden y, al mismo tiempo, se encuentran”, escribió el místico dominico Meister Eckhart; “se resuelve andando”, resumen un proverbio beduinos; “¡seguid la marcha!”, fue el último consejo de Buda antes de retirarse al nirvana. En suma, como sostenían con su anárquica simpleza los cowboys de las praderas, “un hombre de a pie no es un hombre”.

También con Google Maps como plataforma, existe un homenaje mucho más dulce y literario al ir y venir incansable de Kerouac y Cassady por el suelo estadounidense. Lo realizó con paciencia y amor el escritor Dennis Mansker con mapas interactivos de los cuatro viajes narrados en el libro y citas textuales del libro que emergen de la cartografía en cada uno de los lugares citados:

  • Mapa Uno: verano de 1947, de Nueva York a San Francisco pasando por Denver y regreso.
  • Mapa Dos: invierno de 1949, de Rocky Mount (Carolina del Norte) a San Francisco pasando por Nueva Orleáns.
  • Mapa Tres: primavera de 1949, de Denver a Nueva York pasando por San Francisco.
  • Mapa Cuatro: primavera de 1950, de Nueva York a México DF pasando por Denver.

Por mucho fanatismo y amor que se ponga en el empeño, la verdadera experiencia de En la carretera es leer el libro y, si uno es capaz, tiene zapatos y valentía, enfrentarse a la experiencia nómada de dejar que sea el camino quien decida el movimiento para curar la enfermedad primordial a la que se refería Kerouac: “¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable pobre y está ciego y desnudo, y con rostro de fantasma dolorido y amargado camina temblando por la pesadilla de la vida”.

Modelo de Hudson de 1949 como el usado en el segundo viaje de la novela de Kerouac

Modelo de Hudson de 1949 como el usado en el segundo viaje de la novela de Kerouac

Sólo hubo un mecanógrafo capaz de escribir de un tirón una de las novelas más particulares de la historia. Kerouac lo hizo sobre un gran rollo de teletipo de 40 metros de largo porque, como no quería perder el tiempo cambiando de folio, tomó aire y vomitó palabras como un bendito loco.

Hasta el último momento, cuando el alcoholismo le llevó a la neurosis y la paranoia, vivió en la nostalgia de aquella novela fabulosa. Poco antes de morir a los 47 años y con el hígado reventado, resumió así la pretensión antiliteraria de En la carretera: “Tan sólo queríamos follar”.

Ánxel Grove

En busca de la esencia de los EE UU: en la carretera con Google Street View

#83.016417, Detroit, MI. 2009, 2010

#83.016417, Detroit, MI. 2009, 2010

El instrumental para diseccionar la idea espiritual de América (me tomo la grosera, literaria y etnocéntrica libertad de equiparar el término con un sólo país: los Estados Unidos) es variopinto. El viaje epifánico en busca de la esencia última de la land of plenty es polimórfico como ningún otro.

Por citar sólo una obra en cada género, la travesía ha sido fotográfica –Robert Frank y su libro-ensayo Los Americanos-; literaria -la novela infinita En la carretera, de Jack Kerouac-; cinematográfica -por ejemplo, Badlands (1973), de Terrence Malick-; musical -el errar existencial de Woody Guthrie-; pictórica -el aislamiento alienante de los pobladores de los cuadros de Edward Hopper-

#35.750882 Dallas, TX, 2009

#35.750882, Dallas, TX. 2009, 2010

Doug Rickard (1968) se suma ahora a la búsqueda con un artilugio que nunca antes había sido empleado para buscar el alma del país: Google Street View.

A New American Picture, el proyecto fascinante de este renegado de su licenciatura en Historia, es un recorrido por los rincones menos lustrosos de los EE UU (“la América rechazada”, llama Rickard a los escenarios) en un viaje intensivo de 24 horas seguidas y sin interrupción por los laberínticos caminos reales (no del todo, pero reales al fin) retratados y digitalizados por los coches-ojo de Google.

El resultado es “el envés del sueño americano”, opina Rickard, que tomó y catalogó 15.000 fotos durante una “tormenta perfecta” y afiebrada, sin salir de la habitación, utilizando el ordenador como cámara y moviéndose por los mapas tridimensionales del país.

#82.948842, Detroit, MI. 2009

#82.948842, Detroit, MI. 2009, 2010

La selección final de las fotos del recorrido dejó al autor con 80 tomas (algunas se exponen ahora en la muestra New Photography 2011 del MoMA de Nueva York). Son una exploración al azar de los Estados Unidos y acaso también la constatación del final definitivo del momento decisivo predicado por Henri Cartier-Bresson como fundamento del arte fotográfico callejero, para ser reemplazado por lo que algunos críticos llaman el momento en curso, una consecuencia del presente vigilado en el que residimos.

Más allá de consideraciones sociológicas sobre el peligro de que aplicaciones como el Street View se adueñen de nuestra percepción del mundo, las fotos de Rickard tienen una resonancia que procede de lejos. Uno tiene la impresión de que podría estar frente a imágenes similares a los trabajos documentales de Walker Evans durante la Gran Depresión de los años treinta. En unas y otras los personajes no parecen tener futuro y la atmósfera mercurial hiere con consistencia de navaja.

#33.620036, Los Angeles, CA. 2009

#33.620036, Los Angeles, CA. 2009, 2010

En cada foto Rickard coloca datos informativos: una serie de números que se refieren a las coordinadas de Street View para el lugar de la imagen -posiblemente de GPS-; la ciudad y el estado; el año en que la foto fue tomada por Google y el año en que el fotógrafo la extrajo de su ordenador para hacerla suya. Esa ruta también implica una torva concepción cartesiana de la vida encapsulada bajo códigos binarios.

Enganchado a la fotografía como forma más depurada del relato oral milenarista (es el administrador de dos de los sites más interesantes e intencionados del marasmo virtual: American Suburb X y These Americans), Rickard ha abierto una dimensión poética e inesperada a la unificación de la percepción del mundo derivada del mapeo de Google.

En este viaje, como en los de Kerouac, Frank, Hopper o Malick, también hay ángeles subterráneos, estrellas explotando, cadenas intangibles y, sobre todo, como diría el primero, muchas personas “locas por ser salvadas” de una soledad que parece irremediable.

Ánxel Grove

El (mal) poeta Ginsberg era un gran fotógrafo

Allen Ginsberg - "William Burroughs, 11 pm late March 1985, being driven home to 222 Bowery…", 1985

Allen Ginsberg - "William Burroughs", 1985

Siempre pensé que Allen Ginsberg se equivocó de oficio.

Se presentaba como poeta, pero era tremendista y sediento de artificios y estaba esclavizado por el adjetivo.

Además, recitaba de pena.

Howl, la obra que estudian en las facultades de filología españolas pese al olor a cadáver que desprende, es de una torpeza tan infinita que avergüenza a quienes alguna vez la leímos:

He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de
un colérico picotazo,
pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión
celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria de la
noche

El tridente inicial –famélicos, histéricos, desnudos- y la casi Russian Red primigenia conexión celestial hacen tanto daño y presagian tanto calvario que yo le recomendaría dejarlo. Que se ocupen en ganar puntos los profesores agregados de departamento publicando algún articulito en una de esas revistas gremiales y masturbatorias.

Si quieren poesía, compren a Juan Ramón, a Celan, a Vallejo, a Rilke…

Nunca se fien de un tipo que, según cuentan en todas las biografías, estaba deseando que llegase el momento cumbre del recital para desnudarse y permitir a sus testículos entrar en una primigenia conexión con el auditorio.

Como fotógrafo era condenadamente mejor y por eso le traigo hoy a Xpo.

Sabía manejarse con una cámara, sobre todo, porque para hacer fotos no es necesario abrir el piquito (aunque el pobre Allen no era capaz de dejar sin firma ningún papel en blanco y se ponía a garrapatear larguísimos pies de foto para explicar lo que ya había explicado, y mucho mejor, con la imagen).

Allen Ginsberg - "Jack Kerouac", 1953

Allen Ginsberg - "Jack Kerouac", 1953

En esta impagable foto de Jack Kerouac, por ejemplo, anota:

Jack Kerouac vagabundeando por la Calle 7 Este después de visitar a Burroughs en nuestro apartamento, pasando frente a una estatua del congresista Samuel ‘Sunset’ Cox, el amigo de los carteros, en la plaza Tompkins cerca de la esquina de la avenida A, en el Lower East Side; [Kerouac] está poniendo cara de loco a lo Dostoievski o de be-bop ruso o de Om mientras camina por el vecindario preparando ‘Los subterráneos’, lápices y cuadernos asomando de su camisa de algodón, otoño de 1953, Manhattan.

¿Por qué me cuentas todo eso (y tan mal escrito, tan lleno de lugares comunes y ajeno a la caballerosidad de una buena puntuación), viejo? ¿No ves que estoy ante la foto y que me está mostrando que Jack era un torbellino? ¿A quién demonios le importa el amigo de los carteros? ¿Por qué no me cuentas la apertura del diafragma, la velocidad de obturación, la sensibilidad de la película? ¿Por qué no te quedas callado y me dejas ejercer el sentido de la mirada?

Allen Ginsberg - "Jack Cassady y Nathalie Jackson", San Francisco, 1955

Allen Ginsberg - "Jack Cassady y Nathalie Jackson", San Francisco, 1955

La foto de Jack Cassady -el gran protagonista de On the Road, la novela más rápida y furiosa de la historia- merece el cielo y demuestra que Ginsberg era un fotógrafo avispado y de buen ojo.

El abrazo al ligue de turno (Jack era un seductor nato); la marquesina del cine anunciando a Brando en The Wild One (Salvaje), la película de moteros fuera de la ley de Stanley Kramer (1953); todos los personajes secundarios dándonos la espalda, caminando, como sombras, en dirección contraria a los iluminados y radiantes protagonistas…

Cada apunte de la foto, cada punctum, condensa el sueño beat.

Parafraseando a Kerouac, la foto repite, sin decir, con la afásica potencia de las imágenes, la cita-emblema de On the Road:

Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas…

Allen Ginsberg - "W. S. Burroughs", 1991

Allen Ginsberg - "W. S. Burroughs", 1991

Finalmente, esta foto tardía que por sí misma justifica a Ginsberg ante la eternidad.

William Burroughs fue el mejor escritor de la generación beat, un corsé demasiado estrecho para su obra volcánica y su excepcional vida de ruina y genio.

La foto le muestra, quizá adormecido por el láudano, quizá concentrado en un sueño sobre virus y chiquillos con ganas de sexo, tumbado en un viejo sofá. La ropa, como a todos los yonquis, le abraza con elegancia casi mística.

Acaso piensa: “Un hombre podría morirse, simplemente, por no ser capaz de soportar la idea de permanecer dentro de su cuerpo”.

O: “Fue una vieja y sabia marica, a quien llamábamos Bobo, quien me enseñó que tenía el deber de vivir y llevar orgullosamente mi yugo, a la vista de todo el mundo, para vencer los prejuicios y la ignorancia y el odio con el conocimiento y la sinceridad y el amor. Cada vez que una presencia hostil te amenaza, sueltas una espesa nube de amor como la nube de tinta que suelta el pulpo”.

Las bellísimas fotos de Ginsberg fueron expuestas el año pasado por la National Gallery of Art de Washington. En esta web hay algunas más.

“Lo que vemos está en gran medida determinado por lo que oímos”, decía Burroughs en uno de sus libros.

Aún sin admitir esa certeza, el (mal) poeta Ginsberg demostró, haciendo fotos, la verdad plena del axioma.

Ánxel Grove