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“Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia…” Roy (Rutger Hauer) ante Deckard (Harrison Ford) en Blade Runner.

Condones en serie

En Francia las autoridades educativas, tentadas de promover una campaña para que los villanos en la ficción se adecúen a unas normas de conducta que puedan servir de ejemplo para los escolares, se preguntaban por qué los personajes tienen que fumar tanto en la pantalla. Siguiendo ese patrón, en España quizás deberíamos ver desaparecer de la escena las copas nocturnas  -y no digamos las rayitas blancas-. O sea que los chorizos pidieran en la barra del bar un vaso de colacao mientras deliberan sobre sus fechorías. O los banqueros y políticos corruptos tomaran una horchata, acosados por su conciencia.

¿Y en Estados Unidos? Allí, ya saben ustedes lo que les preocupa más que ninguna otra cosa. Antes de que se desatara la madres de todas las tormentas con las revelaciones que han puesto en la picota a Harvey Weinstein y a un número creciente de sospechosos y acusados de abusos sexuales, este verano algunos medios se hacían eco de otra polémica, otro pequeño terremoto con epicentro en el bajo vientre, aunque la intensidad de éste sólo fuera un tímido presagio del que llegó después. La cosa iba de látex, de condones, o sea.

Siempre que hay una polémica hay un acusado de faltar a las buenas maneras. Esta vez le tocó la china a la cadena HBO, cuya serie Insecure ha hecho gala al parecer –espero la confirmación por parte de Cecilia García Díaz-  en sus dos temporadas emitidas de frecuentes situaciones eróticas en las que ni dios hacía ademán de echar mano al bolso o al bolsillo para extraer un profiláctico… O sea, lo normal, porque que yo sepa, es tan difícil ver una goma de esas en cine y televisión como ver en chirona a quienes ustedes y yo sabemos. Y algunos espectadores, de esos que enarbolan la lupa para examinar y denunciar cualquier mínimo detalle que pueda ser censurable según su muy estricto sentido de la moral, protestaron por tan escasamente saludable costumbre. Vamos, se quejaban de que los personajes se mostraban en sintonía con el título de la serie (Insecure) y no practicaban safe sex (sexo seguro), lo que a su entender es muy malo para la educación de los jóvenes.

Ya lo ven, el adoctrinamiento juvenil de nuevo como pretexto para convertir el reino de la ficción en el patio de recreo de un seminario. Uno de los responsables de la serie, Prentice Penny, aducía en Twitter que sus personajes estaban “protegidos” el 99% del tiempo y que 28 minutos para contar una historia en cada capítulo tampoco daba para mucho. No es que fuera la mejor estrategia defensiva, pero una semana más tarde, tras la emisión del episodio 4, la creadora y estrella de Insecure, Issa Rae, lo empeoró: “Tendemos a colocar condones en el fondo de la escena o que estén implícitos en ellas. Pero prestamos atención a sus comentarios (los de los espectadores quejicas) y lo haremos mejor la próxima temporada “. Parece estar pensando a aplicar una variante del llamado “product placement”, pero en plan campaña educativa, cambiando la Coca Cola o el portátil de Apple por unos preservativos descuidadamente olvidados en un rincón del sofá.

Como ven, todo un despropósito. A este paso se le pedirá a los guionistas de Juego de Tronos que si puede ser no se carguen a tantos personajes porque va a parecer que están haciendo apología de la pena de muerte y en Estados Unidos ya tienen ellos suficiente con la que pregona Donald Trump.  ¿Y qué me dicen de The Deuce? ¿No se estarán pasando con tanta prostitución y tanta palabrota? Estamos llegando a un nivel de puritanismo y tontería que como no lo impidamos entre todos vamos a terminar por echar de menos los tiempos en que se nos advertía en Televisión Española con unos rombos de la clasificación moral de lo que íbamos a ver. Aquello era el reino de la libertad comparado con lo que nos amenaza.

Ni el porno se libra de estas pretensiones. La última marea de los preservativos llegó a las costas del porno californiano hace ahora poco más de un año pero los electores rechazaron una propuesta, la Proposición 60, que pretendía obligar a los actores de tan próspera y al tiempo controvertida industria a usarlos en el desempeño de su profesión. Allí el fantasma agitado era el SIDA, que es ciertamente un peligro serio cuando se trata de intercambiar fluidos a diestro y siniestro, y la propuesta partía del presidente de la Fundación de Salud AIDS. La paradoja del caso es que este señor se llama ¡Michael Weinstein! Aunque no parece que sea el hermano oculto de Harvey y Bob.

GTRES

Los consumidores reales y parte de los potenciales dijeron, por un 54% de los votos contra el 46%, que hasta ahí podíamos llegar, que una cosa es que no hubiera más remedio que tomar precauciones en la vida privada y otra que hubiera que hacerlo hasta en las más íntimas fantasías, que así no había quien calentara motores como dios manda. Pero además, el señor Weinstein no se conformaba con echar agua al fuego de la pasión pornográfica, pretendía también convertir en delatores a los consumidores y les animaba a denunciar a los actores que se saltaran a la torera estas barreras contra la promiscuidad sin protección.

Ya lo sabemos, en lo tocante a desandar caminos de libertad de expresión todo es dejar a los gobernantes ponerse. Y si no que se lo pregunten a los que están pagando con cárcel la aplicación a modo de la Ley mordaza. La censura silenciosa es la Quinta columna del totalitarismo infiltrada en la democracia. Yo no gano para llamar la atención sobre las fechorías de Facebook e Instagram, o viceversa. Mi reciente post, una inocente defensa de quienes reivindican dar la leche materna en su envase natural, también ha sido censurado por el Libro de Caras, o como se diga, de Zuckerberg con este inverosímil argumento:

¡Habráse visto semejante sandez! ¿Ven ustedes algún parecido entre esas normas y el objeto prohibido al que las aplican? ¡No tienen ninguna vergüenza!

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