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Si la arquitectura te rodea, deberías empezar a fijarte en ella

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La realidad supera a la ficción: ventanas pintadas en la fachada

¡Maldita sea! En este mundo empeñado en convencerme de que no hacemos más que el canelo día tras día, y que nos pone nuestra estupidez frente a los ojos obstinadamente, hoy una vez más tenemos que decir ¡hemos estado haciendo el pardillo! Teníamos la solución a la vuelta de la esquina y no nos dábamos cuenta.

Y no lo hacíamos porque la luz nos estaba cegando. El resplandor del sol que inunda impúdicamente nuestros lugares para vivir (matadme el día que diga “maquina de habitar”), nos arrebata la posibilidad de hacer casas baratas sin emplear esas malditas ventanas tan caras, con esos aluminios que exigen la generación de CO2 a cascoporro, esos vidrios tan traicioneros que siempre están sucios y esos herrajes que no cierran como dicen en el folleto. WTF.ATPC. Pero eso se terminó: las ventanas las pintamos y se acabó el problema.

Eso es lo que han debido pensar estos muchachos chinos del gobierno de Qingdao en este edificio de vivienda social donde algunas ventanas (no todas, les han faltado relaños a última hora) son pintadas sobre los muros.

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A ver, que perfiladas están bien perfiladas, no creáis que es fácil.

Entre el ahorro en cristasol, cortinas, persianas y lo que te duran de más los muebles que reciben menos sol que Gollum en día de eclipse, puedes de sobra pagarte la luz eléctrica que vas a necesitar y por supuesto unas vacaciones en los Hamptons o en Cuenca a tuttiplen, que se están poniendo las cervezas a un precio que no se puede salir ni de casa, óigame.

Claro, que el gobierno se ha apresurado en comunicar que el edificio cumple con todas las bendiciones y que hay otras ventanas por las que entra la luz necesaria y que solo era por motivos estéticos de la fachada, y yo les creo a pies juntillas, porque en edificios de protección social es frecuente que surjan muros exteriores enormes sin ventanas debido a lo desmesurado de las habitaciones interiores (?) y no es necesario llenarlo con tan incómodos huecos. Mire usted, es que están muy mal acostumbrados en occidente y toman el sol por encima de sus necesidades.

Vosotros veréis, yo ya estoy bajando al chino de la esquina a hacerme con una brocha y unas temperas escolares. Pienso dejar mi casa a la última moda.

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Nota del arquitectador: Conocía las imitaciones de casi todo, suelos que imitan madera, techos que imitan el cielo de Córcega, ventanas que imitan la ducha de psicosis, pero esto no se me hubiese ocurrido ni al cuarto destilado on the rocks. El de uno o dos años quiero decir, el bueno ya no hay quien lo cate.

 

Arquitectura olímpica ¿y después qué?

Salgo de un local abandonado hace años con los pies llenos de polvo y las manos negras. Vamos a convertirlo en vivienda y he estado tomando medidas y datos para levantar los planos. Salgo y observo el portón de entrada, visualizando ya el frente de acero revestido de madera que tengo pensado para la fachada. Sí, va a quedar de muerte.

Cierro la puerta y entro en el bar de la esquina para lavarme. Pido un café cortado mientras la televisión vocea lo bueno que todo va a ser, si Madrid se convierte al fin en ciudad olímpica. El camarero, un dominicano de aire lánguido y yo, cruzamos una mirada escéptica.

-Dentro de siete años….-dice-… vete tú a saber, chico. Si te dicen que dentro de siete años vas a ser millonario….

-¡No puedo esperar tanto! – le interrumpo.

Nos reímos tristemente, sin ruido. No hay nadie mas en el bar, una de esas tabernas antiguas, donde se puede adivinar aún el rancio olor del tabaco fumado hace años que la prohibición no ha logrado arrancar de las paredes churretosas. Me consigo despegar del taburete a duras penas para ir al baño y a mi regreso a la barra el bar sigue vacío y la cochambre no ha resurgido como el ave fénix, a pesar de mis plegarias mientras buscaba un lugar donde secarme las manos.

La foto es a mala idea. La mayoría de las infraestructuras de la olimpiada de Atenas 2004 está en franco estado de abandono

Cuando pierdo mi mirada en el televisor, pienso en los edificios que se harán para el evento soñado por nuestros sucesivos alcaldes y me doy cuenta de que me importa un comino su arquitectura, me resbalan el estilo y el autor, la Olimpiada, si se hace, será espectacular y maravillosa, se inaugurará y abriremos los ojos y la boca para no volver a cerrarla hasta que entre el ganador del maratón, arropado por un griterío ensordecedor. Puede que más de media hora después, cruce la meta  el último participante, con el estadio mucho más silencioso, aunque su esfuerzo haya sido sin duda, mucho mayor que el del primero.

El maratón, como tantas otras pruebas de fondo, no es más que una metáfora de la vida, como lo es también la arquitectura. Una larga preparación hasta que un hombre normal, una ciudad, un arquitecto, deciden presentarse a la prueba de su vida, un maratón, una olimpiada, un edificio. Nervios durante la salida y una larguísima prueba donde la cabeza va tomando protagonismo. Llegado el kilómetro treinta, las piernas dejan de tener la importancia que se les suele adjudicar y el cerebro, pasado el treinta y cinco les arrebata la capacidad de parar. De ahí al final, al momento de la llegada, al momento de la celebración final, de la ceremonia de cierre de las olimpiadas, de la inauguración de la obra, solo queda sufrir y al final, solo muy al final, disfrutar.

Pero ¿que sucede después? ¿Que pasa el día después del maratón? ¿que pasa con esos edificios el día después de la ceremonia de cierre de unos juegos olímpicos? ¿Acaso este decrépito bar, no tuvo su época dorada? ¿Acaso el olor a pintura nueva y los brillos cromados de la barra no llenaron de orgullo y esperanza a un dueño, hace ya años? ¿No hubo un eterno soniquete de conversaciones, solo alteradas por golpes de fichas de domino y risas en sus mesas? ¿En que momento se permitió que se convirtiera en este templo del churrete y de la mugre?

Os diré lo que me preocupa y lo que me importa de verdad desde el punto de vista arquitectónico sobre la celebración de la Olimpiada:

-Que las infraestructuras, deportivas y sociales estén dimensionadas no solo para la necesidad del evento sino también y principalmente para las necesidades de la ciudad y sus habitantes.

-Que edificios, pabellones y residencias no se conviertan en escenarios apocalípticos donde se visite el esplendor perdido de un pasado épico y efímero.

-Que el mantenimiento de todo ello esté pensado desde antes de hacerse para que años después no se descubra que es imposible de acometer la tarea de mantenerlos vivos.

Que la rentabilidad, no solo económica, sino social pueda medirse y sea lo suficientemente buena como para que la inversión merezca la pena. Aquí, no hablo de dinero, hablo de mejora de la comunidad y del beneficio social. Lo cual tampoco significa que se tenga que hipotecar el futuro de dos generaciones para pagarlo.

En definitiva, que el movimiento económico y arquitectónico tenga una repercusión suficiente y mantenida en las vidas de los ciudadanos y que muchos años mas tarde, si procede, recordemos el año de la olimpiada como el año en el que se construyó esa vivienda de alquiler que un día albergó a un campeón de jabalina y hoy sirve de techo a quien lo precise, que sea el año de la inauguración de aquella biblioteca que otrora fue lugar de descanso de deportista y que sea recordado como el año de la inversión pensada e inteligente. Ahí es nada.

-¿Qué le debo jefe?

-Uno treinta, compañero- dice sin retirar la mirada de la televisión.

Tengo que echar unas toallitas húmedas al maletín y el café tomarlo en casa.

Nota del arquitectador: Me debato entre el deseo de albergar una olimpiada en Madrid y la duda sobre su oportunidad. Os diré la verdad, no me decido, aunque como en la vida hay que arriesgar y no hacer nada no nos llevará a mejorar, me declaro abierto a que me demuestren que será bueno. Juro por Akhenaton que me alegraré mañana. En cualquier caso.

 

¿Existe una ciudad subterránea?

El post de hoy iba a versar sobre la ciudad que se repite en nuestras azoteas y crea un paisaje distinto de nuestras calles, convertidas en terrazas, tejados, chimeneas y maravillosos o ruines rincones que coronan nuestros edificios.

Sin embargo, pensando sobre los tres hábitats que estratifican nuestras ciudades, la urbe tal y como la conocemos, la ciudad en sus azoteas y la ciudad subterránea, he recordado un viaje que hice hace más de veinte años a Canadá y donde me impactó profundamente la ciudad que bajo sus calles, permite a los habitantes circular, comer, comprar, acceder a sus trabajos y en definitiva vivir, y he decidido enterrar por el momento las azoteas y sumergiros en los túneles de las ciudades.

Las gélidas temperaturas de la ciudad de Toronto -y también de otras ciudades como Montreal- requerían poder ofrecer a los ciudadanos una protección al frió y un recorrido alternativo y seguro alejado de las nevadas que paralizaban la superficie. La solución fue que bajo las calles y construcciones, se habilitasen superficies comerciales, recorridos que permitían el acceso desde el subterráneo a más de 50 edificios, conexión con las comunicaciones, restaurantes, tiendas,…una repetición de la ciudad bajo ella misma, para su mejor aprovechamiento.

Durante la década de los 90, en la que pude presenciar esto, se estaba extendiendo como la pólvora en España el fenómeno de los centros comerciales, y era espectacular para nosotros, presenciar un centro comercial que tenía decenas de kilómetros de longitud a muchos metros de profundidad y con acceso al exterior por cada edificio.

Yo le hubiese puesto la música de Benny Hill, ganaría mucho

El primer recorrido enterrado de Toronto se creo en 1900 cuando el T Eaton Co. unió a su tienda principal en 178 Yonge St. a su anexo mediante túneles. En 1917 había cinco túneles en el centro de la ciudad. Con la apertura de la estación de la unión en 1927, se construyó un túnel subterráneo para conectarlo a la Royal York Hotel (ahora conocido como el Fairmont Royal York). El crecimiento real del recorrido subterráneo o Path comenzó en la década de 1970, cuando se construyó un túnel para conectar el Richmond-Adelaide y el Centro Sheraton. Desde ahí hasta los 27 km del recorrido subterráneo actual, sus 125 puntos de acceso y sus 371.600 km cuadrados de superficie, que lo convierten según el libro Guinnes de los récords en la mayor superficie comercial subterránea. 

Como podréis ver en el vídeo, uno de los problemas de la ciudad es la ausencia de referencias o hitos que les permitan a esos pobres canadienses orientarse y no depender permanentemente del mapa de los pasadizos. Algo que, debo confesar, este escribano sufre con frecuencia en los centros comerciales.

Es cierto que no es la imagen de ciudad que me gusta, o al menos eso decimos todos, porque luego se nos van los pies hacia las calles comerciales -a unos más que otros- y caminamos como zombies de un lado a otro de los centros comerciales a ver en que escaparate nos vemos menos rollizos, pero no deja de ser una curiosidad que quería traeros para poder reflexionar sobre ciudades diferentes en este mundo globalizado, en el que si no lo evitamos, algún día alguien propondrá repetir una ciudad o ¿por qué no?, que todas las ciudades sean exactamente iguales, con los mismos nombres, las mismas avenidas, las mismas tiendas y los mismos edificios,…¡que escalofriante!

Nota del arquitectador: Años más tarde, cursando la asignatura de urbanismo, propusimos durante un ejercicio de grupo, una ciudad enterrada de manera similar a ésto, donde liberábamos metros cuadrados públicos en superficie como para que no fuese un sueño que los niños jugasen en la calle y enriqueciesen a los fabricantes de mercromina verano tras verano. Yo aprobé de milagro, tras tener que rehacer todo el ejercicio ante la más que reticente mirada de mi profesora, y la mercromina la prohibieron. Soy un visionario.

“No dejes que el minusválido te estropee el proyecto”

Cuenta la leyenda que hubo un profesor de la asignatura de proyectos de una afamada escuela de arquitectura que solía decir

“…no dejes que el minusválido te estropee el proyecto…”

en referencia a rampas, y otros elementos que ayudasen al discapacitado a salvar desniveles o a llegar hasta el último rincón.

Yo, la verdad, no me creo que lo dijese nunca, aunque… ¿quién sabe?. Cuando el ser humano sube a un estrado se le calienta la boca y dice estupideces de todo tipo. Lo que entiendo que querría decir es que no le echásemos la culpa de que el proyecto era normalito tirando a malo a aquellas rampas de largos desarrollos o a aquel hueco de ascensor que se llevaba la mejor parte de las zonas comunes y que no supimos integrar debidamente.

Esta semana, leía un artículo que me enviaron por twitter sobre la conveniencia de que los arquitectos diseñásemos con una pierna rota o los ojos vendados y más allá del impactante titular – que me ha hecho buscar uno de semejante impacto- y tras comprobar durante su lectura que hablaba de edificios bien y mal diseñados desde el punto de vista del buen uso y la accesibilidad de sus habitantes, ya tengan problemas de movilidad o no, tengo que decir que generalmente los legisladores tienen a bien no dejar que los arquitectos diseñemos con la libertad o la aleatoriedad de nuestra condición física el día que nos enfrentamos a un proyecto y que marcan, con bastante rigidez, las condiciones de acceso a personas con limitaciones físicas a las viviendas y sobre todo a los edificios públicos.

Plataforma salva escaleras en portal de mi casa

Plataforma salva escaleras en portal de mi casa

Es verdad que hay detalles, como la altura de buzones y otros elementos que con acierto nombraba el autor del artículo, que son claramente mejorables y en los que conviene revisar además de las normas y reglamentos, otros documentos que mejoran sensiblemente las condiciones, de la misma manera que hoy por hoy, incluso aunque no viva en un bloque de viviendas ninguna persona con problemas de movilidad y durante toda la vida del edificio no se utilice, existen medios que la normativa obliga a colocar para salvar los obstáculos de acceso, como por ejemplo esos incómodos cuatro o cinco peldaños que solemos encontrar en portales de edificios. Es el caso de la foto que coloco, que es el portal de mi propia casa, en la que en siete viviendas y sin existir ningún discapacitado hay una plataforma salva escaleras que jamás se ha usado. Y me alegro de ello, porque no sé muy bien lo que va a ser de este cuerpo que decidió hace tiempo seguir su propio y expansivo rumbo.

Pero, por supuesto, hay en el parque de edificios actual una cantidad importante de edificios que proceden de normativas anteriores y que no dotan al mismo de las condiciones necesarias. Sobre si hay que obligar a los propietarios a actualizar todos los edificios, aunque no exista ninguna persona con discapacidad en ellos, podemos hablar largo y tendido, porque casos hay muchos y todos distintos, pero se están tomando medidas en este sentido, como por ejemplo el plan de ayudas a la instalación de ascensores en Madrid (es el caso que me pilla más cerca) y otros en otras comunidades.

Conozco el caso contrario muy de cerca, una promoción en Guadalajara en la que las únicas viviendas de protección oficial que no se vendieron fueron las dos adaptadas para personas con movilidad reducida que la normativa obligó a hacer, y hechas y terminadas están. Y vacías. Y baratas eran pues ya os digo que eran de protección oficial.

Siempre hay mucho por hacer, pero desde luego no es porque no se piense en ello o porque el arquitecto olvide a la persona con movilidad reducida. Podríamos hacer baños que tuviesen inscrito en ellos el famoso círculo de metro y medio de diámetro y que permitiese en todas las viviendas del país el giro de una silla de ruedas, o hacer las puertas tan grandes y accesibles que la silla pudiese circular por toda la casa sin problemas, aunque me pregunto que dirían los usuarios de esas viviendas cuando sacrificasen metros cuadrados.

Por mucho que critiquemos las normativas y al legislador -este escribano es un experto polemizador sobre ello- tengamos en cuenta que los casos son muy variables y que, aunque haya que seguir mejorando y trabajando en ello, no es fácil hacer una norma que valga para todos, por eso hay cuotas y porcentajes aplicables a los discapacitados y normas que regulan el acceso general al edificio haya o no usuarios que lo necesiten. No todo está tan mal.

Nota del arquitectador: A día de hoy y aunque no me hayan escayolado nunca nada -tocaremos madera- seguiremos proyectando con la norma encima de la mesa y con las recomendaciones de las organizaciones y estamentos que estudian la accesibilidad y lo haremos contentos.

 

 

 

¿Sabes por qué triunfó el hormigón armado?

Arquitectura para dummies I

Para explicar el porqué del uso generalizado del hormigón armado en la arquitectura del último siglo, quizá habría que imaginar como sería la construcción si no existiese el hormigón, esa mezcla de arena, piedra, cemento y agua que está presente en prácticamente todos nuestras casas.

A falta de conglomerantes como yesos, cales o cementos, que unan los materiales entre sí, deberíamos utilizar necesariamente elementos masivos para el soporte de nuestros edificios, muros y grandes masas de piedra o elementos que por gravedad -o por su propio peso, que diría un castizo- conformasen el apoyo de forjados o vigas  sobre ellos.

Estos últimos no podrían tener más longitud sin incurrir en espesores excesivos y poco manejables que la de un elemento que pudierse soportar sobre él al pasearse por su punto un medio, el equivalente a tres o cuatro personas adultas sin deformarse más allá de 1/500 -aproximadamente- de la luz o longitud de esa viga, es decir en una viga de 5 metros (5000 milímetros) no podría deformarse más de 10 milímetros.

Mediante la utilización del hormigón, armado interiormente con elementos de acero que soportan mejor estas flexiones y tracciones en la parte inferior de las vigas, conseguimos por una parte el manejo en la obra de elementos más pequeños que no grandes vigas de madera o acero y por la otra, gracias a la virtud del hormigón de fraguar con la forma del molde que empleemos, lograr elementos arquitectónicos que no están limitados a las lineas rectas o a los arcos de descarga, ofreciendo una mayor libertad en el el diseño de espacios y edificios, además de lograr mayores luces y resistencias con menores espesores.

Pues bien, aunque podemos encontrar distintos materiales conglomerantes desde las antiguas civilizaciones egipcias, griegas o romanas, no es hasta  que se implanta el uso generalizado del hormigón, ya en el siglo XIX, merced a avances industriales tales como  la mejora de los hornos que permitían la fabricación del cemento y la inclusión del acero en la masa del hormigón para aumentar la resistencia a flexión – y así poder utilizarlo en elementos más largos que resistan la flexión- cuando podemos considerarlo un sistema cotidiano de construir arquitectura.

Si hay dos personajes que considero claves en la implantación del uso de hormigón en edificación son Auguste Perret (1874-1954) y Le Corbusier (1877-1965) , el primero por apostar decididamente por el uso del hormigón desde la empresa constructora que creó con su hermano y el segundo por establecer -gracias a que el hormigón se lo permitió- la planta libre  de muros mediante el uso de pilares (1). Algo que de la que ya no somos capaces de prescindir.

(1) El bueno del Corbu los llamó pilotis, pero yo detesto ese vocablo.

Nota del arquitectador: He leído que Perret dijo que “la construcción es el idioma materno del arquitecto”. Me encanta esta definición.

 

Arquitectos: a dos vueltas de foulard de ser trabajadores normales

Os voy a contar algo que no mucha gente sabe sobre los arquitectos. Esos tipos oscuros y distantes a los que uno desea apretarles un poco el foulard a ver sí se les aclara la voz, no son los únicos que ostentan el título, hay muchos otros, tan arquitectos como los primeros, que son verdaderos trabajadores del sector y hasta el momento el trabajador del sector de la arquitectura no ha gozado de ninguno de los derechos que están establecidos para los trabajadores en general.

Decir ésto en un momento en que nombrar el ladrillo remueve inquinas  y efervescentes odios puede parecer temerario, pero si aguantas un par de párrafos, intentaré explicarme mejor.

Para ser trabajador y proletario no hay que estar de grasa hasta la sobaquina

Mientras que en la mayoría de sectores, los operarios y trabajadores gozan de una legislación que los protege ante los abusos que puedan sufrir, en nuestro sector, el de los ratones de pantalla de ordenador, el de los titulados medios y superiores ejerciendo de delineantes a precio de emprendedor, obligados a ser falsos autónomos y a pagarse su cotización a la seguridad social, sin vacaciones pagadas, sin paro, sin indemnización de ningún tipo, ha tenido como protección legislativa un agujero negro del tamaño de la fosa Mariana.

Tengo que decir aquí que he conocido de todo. Arquitectos con estudio que daban a sus empleados la mayor de las ventajas laborales, los que les obligaban a ser autónomos de manera ficticia, los que a mitad  de camino utilizaban este sistema pero pagaban vacaciones  o les mantenían el sueldo cuando no había trabajo, los que cobraban una comisión a los aparejadores que contrataban sobre sus honorarios cuando había honorarios fijados, los que incluso les cobraban a estos una parte de los gastos del estudio, pero sin darles un duro de la parte del proyecto que generaba estos gastos y por supuesto los que con toda la cara del mundo han explotado a los que debían ser compañeros y se convirtieron en mera mano de obra de alta cualificación a precio de mercadillo.

El mundo, amigos, es diverso y no necesariamente maravilloso. Somos de mil raleas y de otras tantas situaciones y la vida, mientras estamos ocupados en sentirnos honestos, nos va llevando a lugares en los que nunca quisimos estar. No los disculpo, pero intento explicarlos.

Ayer, leía con alegría -aunque con el habitual y gruñón escepticismo- que en el año 2013, tras años de que la construcción fuese el motor de este país, los arquitectos asalariados iban a tener por fin un convenio laboral al que acogerse. Tras la alegría inicial, lamenté profundamente que haya sido tan tarde y que solo cuando los convenios, tras las ultimas reformas laborales, son casi papel mojado hayamos sido considerados como trabajadores en lugar de como personal privilegiado.

Y es que por mucho que hayamos estado subidos al carro, sólo uno de cada veinte ha llevado en algún momento las riendas, el resto nos hemos limitado a no caernos en los bandazos del camino y no hemos podido siquiera sujetarlas mientras el cochero en su pescante se sacaba un moco a placer.

Ojalá que a partir de ahora, al menos algún compañero disponga de una protección en su trabajo, al menos igual a la del resto, ¿será pedir mucho?

Nota del arquitectador: Junto a nosotros, compartiendo jornadas de trabajo han operado trabajadores del sector de la construcción con convenios en vigor y alto índice de irregularidades en su forma laboral, es por ésto que las dudas superan a la sorpresa y la alegría, aunque intento con todas mis fuerzas creer que ésta es una buena noticia. Aleluya. Ea.
Nada, no me sale.

¿Pensamos en nuestros perros y gatos al diseñar la casa?

Soy, además y por encima de lo que dice en la presentación de este blog, muchas otras cosas y una de ellas es , quiza de las primeras sin duda , un gran amante de los animales, por lo que convivo con dos cánidos y dos felinos. En un piso, ¿quién dijo miedo?
Cada día más, los animales de compañía pasan a formar parte de nuestra vida y por supuesto de nuestro hogar, aunque les obligamos a adaptarse -o eso creemos- a nuestras arquitecturas sin tener en cuenta ninguna de sus necesidades, lo cual nos lleva a algunos errores y problemas de convivencia, pues mientras los perros son capaces de cambiar esas costumbres y necesidades, los felinos se mantendrán en su naturaleza individualista y harán que seamos nosotros los que cambiemos nuestros hábitos.

Casa pensada tambien para gatos de Asahi Kasei

Durante una temporada mi gata tuvo algún que otro problema de comportamiento que se solucionó al consultar a una especialista en etología felina. Ésta, comenzó por pedirme un plano de la casa en el que detallase las costumbres y hábitos de los dos felinos y de los otros miembros de la familia. Mientras lo hacía, comprendí perfectamente cuales eran las necesidades de mi gata y porqué no podía satisfacerlas debidamente. En ésto, también la arquitectura tuvo mucho que ver. Bueno, la arquitectura y que el gato es un mafioso con botines de dos colores que goza con el sufrimiento ajeno y no la permitía la intimidad que las almas puras requerimos en el escusado.
En una de las últimas reformas que he diseñado y dirigido habitan tres gatos y un perro. Todos ellos han impuesto sus condicionantes en la obra. El perro, de raza pequeña y activa, ha condicionado el diseño de la barandilla de la escalera de tal modo que no pudiese caerse por la parte inferior de la misma, haciendo que los cables horizontales que la forman sean más tupidos en la zona baja que en el resto de la misma. Los gatos, gozan de la capacidad de acceder a lugares que el resto no podemos, lo que ayudado por la gran altura de la que se disponía en la casa, ha hecho que tanto los dueños como yo pensáramos en colocarles una red de pasarelas y accesos a las zonas más altas que se conviertan en un verdadero recorrido a ojos de los mininos, lo que Le Corbusier llamó una promenade o paseo desde el que descubrir la vivienda. Aún lo tenemos en mente y ya llegará el momento de que se construya, sin duda.
Esta entrada, que nace justo después de que la compañera bloguera Melisa Tuya, hiciese esta entrada sobre la clásica gatera, es también consecuencia de la gran satisfacción que da pensar en que algunas de las soluciones que uno propone durante el trabajo diario ayudan a la mejor vida de nuestros clientes y sus familias, incluyendo como no puede ser de otra manera, a nuestros amigos peludos, que quiero recordaros en estos días de irresponsables y miserables abandonos, que son uno más de la tribu.

¿Qué se puede hacer en las plazas que se diseñan actualmente?

Cuando hace algunos meses, no siendo aún escribano en esta aldea digital, leía al compañero Cesar Javier Palacios @lacronicaverde, del blog La Crónica Verde, hablando de la poca gracia que los arquitectos le daban a las plazas y lo malo que era el diseño por ordenador, dónde las líneas rectas en la pantalla, acababan siendo enormes superficies duras en las plazas y lugares comunes de nuestros pueblos y ciudades, quise por este orden, degollarle y abrazarle.

Lo primero, porque, se metía con el pan de mis hijos y eso no se lo consiento ni mucho ni poco. Luego recordé que no tengo hijos, lo que rebajó sensiblemente mi arrebato corporativista, permitiéndome revisar el artículo con mayor detenimiento y objetividad, para llegar finalmente, en una exaltación de la solidaridad bloguera, a querer abrazarle y reconocerle la razón que llevaba en muchas de las cosas que decía.

Imagen utilizada por el compañero bloguero Cesar Javier Palacios con bastante acierto

Y es que si sobre los planos me admira la capacidad que tenemos a veces de crear organizadas geometrías que culminen en un precioso “póster”, que adorne las paredes del estudio, con esas tipografías livianas pero cargadas de contenido simbólico y que tan poco interesan al usuario final, tambien me horroriza, como a todo ciudadano, verme circular por esas enormes superficies soladas sin concesiones a lo natural y lo orgánico, que permita un uso natural por el viandante.

Ese, creo sinceramente, es el verdadero problema. Lo poco que ha figurado durante mucho tiempo en los objetivos de un proyecto o concurso el usuario final.

Y no lo ha hecho por diversas razones. Una de ellas la tendencia desde las escuelas de arquitectura, desde los tribunales de los proyectos finales de carrera, desde los jurados de los concursos y desde las administraciones, ávidas de colocar un hito urbano más rocambolesco que el de la pedanía de al lado. Y en todo ello, como protagonistas y ejecutores hemos estado nosotros. Finalmente un póster precioso nos lleva a plazas sin vida  con enormes superficies alejadas de las necesidades cotidianas y donde se aúna lo que no se puede hacer por la propia configuración de la plaza (tumbarse, sentarse, jugar, patinar, descansar, disfrutar la sombra, disfrutar el sol…) con lo que está prohibido (tumbarse, sentarse, jugar, patinar, descansar, disfrutar la sombra, disfrutar el sol…) y que suele increíblemente coincidir con lo que más nos gusta (tumbarnos, sentarnos, jugar, descansar, disfrutar de la sombra, disfrutar del sol…..)

Os diré lo que creo que debe dirigir un proyecto como premisas básicas de una plaza pública, sin obstáculos para que otras condiciones aparezcan, que estas no son las únicas, ni mucho menos:

-Debe ser usable. No solo observable.

-Debe tener zonas blandas, caminos, zona ajardinada, zona de juegos (no solo de niños).

-Debe ubicar las zonas de descanso en función de la sombra y el sol y teniendo en cuenta el lugar geográfico en el que se encuentra. Utilización de arboles de hoja caduca que permitan sombra en verano y sol en invierno. No a la distribución geométrica regular de los bancos y asientos sobre la planta de la plaza.

-Debe responder a las necesidades de la población en la que se ubica. La pirámide de población del pueblo o ciudad es básica para esto.

-Cada elemento que se ubique debe  estar colocado allí para responder a un uso (si me repito con este término es de manera totalmente intencionada).

-No debe haber elementos urbanos que respondan a que su dibujo en planta queda genial para “equilibrar” o “cuadrar” el plano de planta del lugar. Solo elementos que permitan que la vida de la ciudad sea más apetecible.

-Todas las zonas posibles de la plaza han de estar dirigidas a la vida en común, a actividades y zonas en las que se pueda ubicar un grupo, siquiera sea para charlar cómodamente.

En este sentido, las grandes superficies soladas de pavimentos llamados duros están bastante en contra de estos principios. Me parece -es una opinión muy personal- que zonas verdes más a menudo como protagonistas, que se puedan pisar, donde te puedas sentar, donde te puedas tumbar, pueden además dejar más acotados los recorridos peatonales y no convertir la plaza en un autentico caos de direcciones en las que solo se puede transitar sin parar a disfrutar de la misma.

En fin, las plazas, son una de mis obsesiones y también uno de los elementos urbanos más difíciles de resolver debidamente. En este post, solo me permito un reconocimiento al compañero bloguero, pero prometo buscaros una plaza que me guste y que de alguna manera cumpla con estas premisas, no creáis que hay tantas… ¿Conoces alguna?

Nota del arquitectador: Hace algunos años -demasiados- durante un viaje por el León más rural, y mucho antes de querer siquiera ser arquitecto, observaba a la salida de misa (a la wikipedia, chavales) como hombres y mujeres se repartían la plaza, ellos a un extremo a jugar al frontón y a los bolos leoneses, y ellas al porche junto a la Iglesia a escribir la crónica rosa de la semana. Aparte del evidente cambio en los medios de vida de hoy, aquello me hizo pensar sobre el que diseño la plaza y lo bien que había pensado en la vida del pueblo. Claro, la plaza la habían hecho durante siglos ellos mismos, ¿como no iban a cubrir sus propias necesidades?

 

 

 

 

¿Aceptarías usar toboganes para bajar en nuestros edificios?

Venga, pim, pam, fuera. Post desengrasante del viernes, marchando.

Tengo una sobrina en plena efervescencia de la selectividad. Que le mola la uni, pero no lo suficiente. A ver como la animo yo, que me he pasado media vida en una, sin decirle lo que se sufre ahí dentro. Voy a intentarlo.

Me voyyyy al baaaarrrr

 

Traigo hoy una imagen de la Universidad Técnica de Munich, donde dicen haber formado a unos quince premios Nobel. No me voy a parar a comprobar esta información, porque lo que me interesa es la instalación de toboganes que estudiantes y profesores pueden utilizar para bajar al gran atrio de sus galerías de manera rápida, eficaz y divertida. Sí en la aburrida universidad tradicional está uno desando que toque el timbre, aquí es que debe haber tortas cuando termine la clase para bajar al bar.

 

No os digo nada más. Solo que creo que a poco que incorporemos la vida “infantil” a nuestra vida cotidiana, seremos más felices. Al menos estaremos más contentos, ¿como va a llegar uno a la planta baja cabreado bajando por un tobogán?

Nota del arquitectador: Por Dios, que el Código Técnico incorpore esta solución como obligatoria ya.

Arquitectura y onanismo, no es lo mismo

Durante una visita que recibimos en una obra, nos encontrábamos varios técnicos frente a la fachada esperando al arquitecto de la misma. Uno de los allí presentes, un maño, técnico de calidad de un gran valor profesional, uno de esos hombres de valía, serio y cabal, empezó a hablar de la fachada, alabándola:

-…es potente la imagen que proyecta ese mármol  con ese color sonrosado y esas vetas, que se podría decir que simulan venas, o vasos capilares.….como una piel….

todos mirábamos la fachada absortos, de brazos cruzados

– ….vamos ¡como un pene……! – soltó sin pensárselo.

A la sorpresa general, se unió la carcajada del tipo, que pensé que se iba a morir de la risa, y tras él, todos los demás.
Creo que fue mi primer -y único- contacto con las fachadas orgánicas. Pero el hombre y la arquitectura avanzan y a lo largo de los años he encontrado obras que no solo por su aspecto sino por su composición material o por su funcionamiento, estaban inspiradas en estructuras de origen vegetal o incluso animal o construidas con elementos que, siendo perecederos y cambiantes por su naturaleza orgánica, debidamente tratados ofrecen algunas características interesantes por sus comportamientos bioclimáticos, aislantes o simplemente de integración en el paisaje.

Como sabéis no suelo traer aquí muchas obras – en riguroso cumplimiento de que el blog no se convierta en esas paginas chulas de los dominicales del papel couché más glamouroso- pero en este caso quiero mostraros un edificio que por su sencillez formal, por el material elegido y por la habilidosa mezcolanza entre la construcción tradicional del lugar y las formas más innovadoras merece un lugar entre esas arquitecturas de tipo orgánico de las que hablo.

Se trata de una vivienda en la ciudad holandesa de Zoetermeer realizada por el arquitecto Arjen Reas en la que las fachadas y la cubierta están recubiertas en hierba seca natural y el sencillo volumen y la continuidad de cubierta y muros lo convierten en uno de esos elementos tan bien resueltos que dan envidia y en los que el tratamiento de los huecos con esa manera de rasgar de arriba a abajo todos los elementos de la casa, son simple y llanamente geniales.

No hace falta más.

Ni curvas imposibles, ni jerseys de cuello alto, ni haber nacido en la más profunda Persia.

Chúpate esa, Zaha.

 

Foto cortesía Arjen Reas ®keeshageman

Foto cortesía Arjen Reas ®keeshageman

 

Foto cortesía Arjen Reas ®keeshageman

Foto cortesía Arjen Reas ®keeshageman

Nota del arquitectador: No estoy seguro de que haber escogido la paja como material del día y la anécdota introductoria sean la combinación más adecuada. De hecho el adjetivo introductorio no es una erección afortunada. ¿que se dice elección? ¿seguro? No me suena.