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Cuando la pequeña pantalla se comió a la grande

Mosaic descarrila sin Sharon Stone

El estreno de Mosaic (HBO), la nueva serie de Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y cintas de vídeo; Girlfriend Experience) protagonizada por Sharon Stone, se presentó como un experimento narrativo.

La ficción, un clásico whodunit sobre el asesinato de una afamada dibujante y escritora de cuentos infantiles, Olivia Lake, podía verse de forma tradicional y a través de una app que posibilitaba al espectador ejercer detective investigando documentos y eligiendo el punto de vista de la narración.

Sin embargo, la aplicación solo era accesible en Estados Unidos y, por tanto, la novedad que implicaba la propuesta se ha reducido a un visionado clásico que es lo que puedo juzgar.

El cine y las series de Soderbergh tienen un sello muy personal que a mí me apasiona. Sus planos de personajes solitarios en ambientes modernos, asépticos y lujosos logran una atmósfera gélida donde subyacen conflictos y pasiones.

Así comienza Mosaic: con una gran mansión en medio de un paraje nevado y una fotografía azulada donde transitan personajes ricos e infelices como Olivia Lake, una mujer que vive sola rodeada de riquezas y a la que acechan los lobos. ¿Quiénes son los lobos? Personajes que buscan satisfacer sus propias ambiciones intentando hacerse un hueco en su vida.

Los dos episodios iniciales son espléndidos: la presentación de caracteres, la historia de Lake, con una Sharon Stone contenida y creíble en su papel en mujer madura con miedo envejecer; el joven y atractivo aspirante a dibujante Joel Hurley (Garrett Hedlund), que ve en ella la oportunidad de medrar en su carrera, y Eric Neill (Frederick Weller), un timador de alto standing que trata de ganarse la confianza de Olivia, tienen un enorme potencial.

Hasta ese punto Mosaic es impecable con un guion sofisticado que nos introduce la historia con el suspense justo para interesarnos sin revelar demasiados detalles, y que destila la calidad HBO que tanto ansiamos en las producciones de la cadena.

Sin embargo, la segunda parte de la serie, centrada en la investigación del crimen, pierde el estilo de su creador y, sobre todo, pierde a Stone como fuerza motora de la narración para pergeñar un relato policíaco que, pese a que se ve con gusto, parece una serie completamente diferente, con un tono más convencional que el arranque.

A pesar de su fórmula ya vista (no sé si con la aplicación sería más interesante), Devin Ratray, que da vida a Nate Henry, el policía local encargado del caso, logra que veamos la serie hasta el final gracias a su vis cómica y a un encanto que no recuerda a los personajes de los hermanos Coen.

El resultado final es un tanto irregular, aunque solo por las actuaciones de Stone y Ratray, y la fría elegancia visual de Soderbergh, ya merece la pena.

Nota en Mis Puntuaciones


Ya sabéis que he escrito un par de libros que esperan ansiosos que les echéis un ojo. Las series de mi vida, donde hablo de ficciones como The Wire, Los Soprano, Mad Men, Breaking Bad y otras joyas que quizás queráis descubrir.

 

O, si lo preferís, fantasía oscura y terror con deseos, obsesiones, viajes en el tiempo y un lugar más allá del tiempo y el espacio llamado Araneida.

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