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"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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¿Qué debería corregir Pedro Sánchez (no verbalmente) en la nueva campaña electoral?

pedro sanchez 2Todos los candidatos tienen sus luces y sus sombras a la hora de gestionar su comunicación no verbal en el discurso político. En campaña electoral estos factores comunicativos adquieren una importancia fundamental a la hora de transmitir, conectar, enganchar y conseguir votos y, lo más importante, para lograr la confianza y credibilidad de los ciudadanos. Muchos elementos expresivos forman parte de la personalidad del candidato, pero otros muchos pueden (deben) rectificarse, ser conscientes de nuestros puntos fuertes y débiles nos ayudan potenciar lo positivo y corregir lo negativo.

Nos centraremos hoy en el candidato socialista, Pedro Sánchez. En la anterior campaña electoral protagonizó una curiosa evolución, comenzó estable, seguro de sí mismo, y sonriente hasta la extenuación, pero después de los debates (y sus resultados en las encuestas) se desestabilizó notablemente, se tornó altivo en exceso y nervioso. En esta segunda oportunidad debería recuperar la calma y el aplomo que siempre le han caracterizado, potenciar su atractivo, su apariencia juega muy a su favor. Sánchez ejecuta perfectamente la sonrisa, se le da muy bien, transmitir emociones positivas de una forma tan conseguida no es sencillo y debe aprovecharlo.

A evitar: las expresiones de desprecio. Dejaba demasiado evidente su sentimiento de superioridad ante su rival político, no es adecuado proyectar esa imagen soberbia. En la coyuntura política en la que nos encontramos inmersos, la ciudadanía busca la empatía, acuerdos y entendimiento entre partidos, porque parece que serán necesarios para formar gobierno y estas luchas de egos no favorecen esta declaración de intenciones.

Imagen de Pedro Sánchez durante el debate a tres de la pasada campaña electoral. Gesto auto-manipulador.

Imagen de Pedro Sánchez durante el debate a tres de la pasada campaña electoral. Gesto auto-manipulador.

Igualmente, tendría que ‘vigilar’ esta repetición de gesto auto-manipulador, se trata de tocar, agarrar, retorcer o pellizcarnos a nosotros mismos, tal y como aparece en la fotografía adjunta. Este gesto denota mucha inquietud, nerviosismo, tensión y falta de control.

Ahora bien, su mayor debilidad ha sido siempre la falta de naturalidad, esperemos que en esta nueva campaña se relaje; ser espontáneo no resta la dignidad propia de un líder, al revés, solo tenemos que fijarnos en Obama. Sin duda, lo que debería enmendar con mayor ahínco es la artificialidad y la frialdad con la que se dirige a sus contrincantes políticos y a los ciudadanos. Necesitamos ver naturalidad, espontaneidad, emociones, sentimientos verdaderos y preocupación real por la situación de nuestro país. Y todo ello se transmite a través de un mensaje pero también se filtra inexorablemente en el lenguaje corporal.

 

La comunicación no verbal en las reuniones de Rajoy con Pablo Iglesias y Albert Rivera

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Ojalá pudiéramos tener la secuencia en vídeo (y si fuera con cámara oculta mejor) de estas negociaciones de una conmoción emocional muy significativa, y así poder ir enlazando la conducta no verbal con el discurso de ambos. Las instantáneas nos ofrecen menos información, o al menos, más sesgada a la hora de interpretar, pero siempre podemos jugar con las diferencias entre unos y otros para establecer buenas o malas sintonías en comunicación. En este caso, hay numerosos fotogramas que reflejan una posición muy parecida a la de estas dos imágenes que adjuntamos aquí, es decir, que la postura se mantiene en el tiempo y esto ya es válido para realizar inferencias sobre su nivel de rapport (compenetración psicológica en la comunicación).

Tenemos que destacar que existe una mayor conexión entre Rajoy y Rivera que en Rajoy e Iglesias. Esto no quiere decir que ambos estén de acuerdo en el contenido ideológico de lo que comparten, sino que están dispuestos a escucharse, comprenderse y empatizar.

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La agresión a Mariano Rajoy en Pontevedra desde la perspectiva de la comunicación no verbal

En el día de ayer, el actual presidente del gobierno Mariano Rajoy fue agredido por un chico de 17 años, durante un paseo electoral en Pontevedra. Vamos a analizar la secuencia desde la perspectiva no verbal para identificar detenidamente los elementos más relevantes de esta agresión.

Es interesante comenzar por el instante previo al golpe, el agresor (no podemos adjuntar fotogramas puesto que es menor) tiene inicialmente una mirada constante pero de reojo a Mariano Rajoy, y no solo a éste, también al equipo de escoltas que le rodea. Está aquí en un proceso de valoración cognitiva, piensa en cómo hacerlo, consecuencias, elección del momento adecuado, es más, cuando el escolta más próximo aparta la mirada, es cuando elige actuar.

Segundos después ya si fija frontal e intensamente su mirada en Rajoy, y realiza un movimiento significativo: se balancea, es decir, se prepara corporalmente para el ataque, me recuerda a ese pequeño salto que los luchadores de boxeo dan antes del combate. Esta acción tiene un sentido fisiológico, puesto que sirve para activar y aumentar la circulación sanguínea dotando de la mayor fuerza necesaria nuestro movimiento para iniciar el ataque. Justo cuando suelta el puñetazo el rostro del agresor es de odio e ira total, si lo analizamos fotograma a fotograma, vemos cómo hasta abre la boca en lo que parece ser un gruñido. Tras el golpe ya no mira a Mariano Rajoy, éste ya no le interesa, dirige su mirada inmediatamente al escolta que tiene más cerca, ya está preparado para recibir él ahora el contraataque.

Todo esto nos hace dictaminar que el ataque estaba bien meditado por el asaltante, que el golpe iba cargado fisiológicamente de toda la fuerza y energía necesaria para hacer daño, su motivación no era una llamada de atención o un ataque sin convicción emocional detrás, tiene todos los ingredientes de un asalto físico cargado de motivación y afecto negativos, para dañar al otro.

¿Qué podemos observar en Mariano Rajoy? Pues sobre todo, expresión (evidentemente) sincera de dolor intenso y conducta shock tras el trauma físico y psicológico recibido, no olvidemos que estos agravios en público duelen más internamente que físicamente. Se queda totalmente desorientado e inmediatamente baja la cabeza al suelo en un ademán por encontrar rápidamente sus gafas que cayeron al suelo. No lo consigue y mira a su alrededor, busca visualmente saber qué ha pasado, quién le ha atacado. Las personas que le rodean, le dan “golpecitos en la espalda” en señal de apoyo y ánimo, Rajoy los busca, mira a los lados y hacia atrás necesita sentirse rodeado por su gente y sentir de nuevo la seguridad perdida.

Mariano Rajoy intenta sobreponerse, retoma la marcha, lo más visible tras el agresivo suceso es el intenso sudor que se aprecia en su frente, por supuesto, producto de una alta tensión e incluso del miedo experimentado, aunque no podemos corroborarla en la expresión facial de Rajoy, dados los planos laterales y calidad de vídeo.

Inicia el paso con una postura erguida y con los brazos atrás, postura que denota exposición del cuerpo, no es una postura defensiva propia a de un ataque previamente sufrido, y por esto, no puede mantenerla más de unos segundos, aunque es lo que quiere e intenta, su impacto emocional ha sido fuerte y su cuerpo no le deja volver tan rápidamente a la calma, vuelve a posicionar los brazos lateralmente al tronco. Igual ocurre con su rostro, intenta sonreír cuando la gente se le acerca, pero en cuanto se marchan vuelve automáticamente a una seriedad muy marcada, mirada al suelo, algo perdida, sigue procesando lo que acaba de ocurrir. No sabe qué hacer con sus brazos, y se mete la mano izquierda en el bolsillo de la chaqueta, este gesto es un gesto manipulador, es decir, lo hace por hacer, no tiene sentido ya que no va a coger o guardar nada en este bolsillo, no hay utilidad en el acto, y por tanto es muestra de inquietud y nerviosismo. Su rostro sigue perdido, no fija la mirada, la gente se le acerca y le hace preguntas y responde con un “¿qué?” hasta dos veces, su cerebro tras el shock no puede procesar información.

Lo significativo quizás de este análisis es corroborar la sorpresa, la conmoción, el pasmo y la desorientación real de Rajoy tras el ataque. Sin lugar a dudas (y no me suelo mojar tanto) sus indicadores fisiológicos, corporales y actitudinales nos muestran que no se trata un hecho esperado por Mariano Rajoy sino más bien todo lo contrario.

Pasadas unas horas y ya en el mitin de A Coruña se palpa la estabilidad emocional y la reintegración en su conducta no verbal, aún se advierten las secuelas físicas como el hematoma o la sudoración intensa, pero no así ya las secuelas emocionales. Desde luego, es destacable la reposición del presidente en este caso ya que si analizamos el mitin no podemos imaginar (emocionalmente hablando) lo sucedido anteriormente: entra firme, concentrado, nada perdido, sonriendo y saludando, cuando habla no se le percibe acelerado, tiene pausa y rimo coherente en su discurso y ningún indicador nos hace sospechar de la tensión previa que sí que se filtraba a través de sus canales expresivos corporales en el momento crítico del ataque sufrido.

La postura de Rajoy, el atractivo de Sánchez, la rapidez de Rivera y el ritmo de Iglesias, las fortalezas no verbales de los candidatos

El político realiza un esfuerzo emocional constante cuando interacciona con el público o con su adversario en un debate de alta intensidad, en especial cuando sienten emociones negativas que no son adecuadas expresar según en qué foro o ante según qué pregunta, pero tienen un serio problema: esto se filtra irremediablemente a través de su comportamiento no verbal, lo que resulta muy útil para descubrir su verdadero parecer.

Dicho de otra manera: ellos cuidan hasta el último punto de su discurso y nosotros descubriremos esa parte de la comunicación que no pueden preparar con antelación.

Pongo hoy el foco en los cuatro principales candidatos al poder, destacando sus luces y sombras en base los principales canales de expresión no verbal.

En Mariano Rajoy nos encontramos con una de las comunicaciones no verbales más pobres de los cuatro candidatos. Aunque sin duda, su punto fuerte es la apariencia, la postura es buena, normalmente muy erguida, abierta y segura; su imagen se asocia directamente con la formalidad y con la experiencia, aspecto a su favor ya que las fuentes expertas son más persuasivas, creíbles y fiables. Sin embargo, sus expresiones faciales están repletas de tics y muecas que provocan una sensación enrarecida en quién le observa, además ejecuta con frecuencia emociones negativas ante ideas contrarias que provocarán rechazo en el público que las percibe. Su tono de voz resulta algo monótono y carente de emoción, pero el aspecto que menos ayuda a Rajoy a comunicar es su mirada, aunque se sepa al dedillo su discurso tiene total incapacidad para exponerlo sin mirar al papel, lo que le da un halo de inseguridad y falta de compromiso con lo que dice.

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Pedro Sánchez destaca por su atractivo, cuestión que por cierto le desagrada, así lo expresa en su rostro cuando se lo recalcan y también por su sonrisa, aunque en ciertas ocasiones abusa de este recurso, transmite emociones muy positivas y optimistas en su interlocutor y eso provoca cercanía. Por el contrario, es incapaz de hacer autocrítica ni destacar, con sinceridad, cualidades en sus oponentes, son reiterativas las expresiones de desprecio al hablar de sus adversarios políticos lo que denota un exceso de vanidad y superioridad con respecto a los demás. Eso sí, su movimiento es espontáneo, se mueve como pez en el agua en público y sus respuestas normalmente son contundentes, no suele expresar la emoción de duda, su mirada es directa y responde con rapidez, lo que le aporta alto grado de credibilidad y sabiduría.

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En Albert Rivera predomina la gestualidad, su cuerpo habla en total sintonía con sus palabras, ilustra con sus movimientos su mensaje, signo de credibilidad. Su mirada suele ser directa y limpia, pocas veces encontramos vistazos descendentes, sus respuestas rápidas, y su rostro normalmente amable, afectuoso, cercano, podríamos decir casi que no falla… pero esto puede no ser del todo positivo, esta perfección evoca falta de espontaneidad y naturalidad, está robotizado y da la sensación de que “todo está perfectamente aprendido y ensayado”, no le gusta fallar y su lenguaje no verbal se descontrola cuando lo hace o cuando no consigue una respuesta estrella a una pregunta.

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Por último con Pablo Iglesias podemos hablar del rostro del enfado, o al menos eso es lo que parece, pero en realidad, más que ser una representación de la ira reiterada, el ceño fruncido que en numerosas ocasiones le encontramos, da muestra de la pasión y el esfuerzo con que pretende transmitir sus ideas, se concentra en comunicar exactamente lo que quiere. Sus gestos y movimientos suelen ser tranquilos, serenos, al igual que el ritmo de su discurso, controla y gestiona perfectamente los tiempos y los silencios, pero cuando quiere también sabe emitir autoridad y apunta con el dedo en un gesto inquisidor, dotando de dominancia y poder su mensaje que así mismo, entona y carga de emoción cada palabra, con fuerza, y esto engancha a su audiencia, creando fieles incondicionales a su ideario. A pesar de que su apariencia es frecuentemente criticada, podríamos decir que es la adecuada, porque en realidad es “coherente” con sus convicciones, con lo que predica y con su rechazo a los protocolos y cánones tradicionales de apariencia en política, si llevara un traje, corbata y el pelo repeinado nos resultaría falso e incongruente con lo que representa.

* Fotos: GTRES

Los indicadores de nerviosismo y vergüenza de Albert Rivera cuando le preguntaron por un título de Kant

Decía en el anterior post que Albert Rivera suele mantenerlo todo bajo control, es muy consciente de su comunicación y no pierde la calma ni el dominio de su discurso y comportamiento. Sin embargo, las situaciones comprometidas ocurren a todo ser viviente.

Ha sido muy controvertida la respuesta que dio el líder de Ciudadanos a la pregunta sobre un referente para él en política en la que citó a Kant en un discurso rimbombante sobre el filósofo. Todo iba bien hasta que el conductor del debate profundiza sobre su respuesta forzándole a que nombrara un título que hubiera leído de Kant.

Rivera, que suele ser rápido en responder hábilmente, no le queda otra que no demorar su réplica y decir la verdad “no he leído a Kant en un título concreto”.

Si vemos, en las imágenes, acompaña esta afirmación con un leve balbuceo, muestra de nerviosismo, él se da cuenta y todo empeora, se pone aún más nervioso y entra en una vorágine de descontrol total, algo que, conociendo su personalidad, le quitaría el sueño esa noche.

Comprobamos en el primer fotograma cómo pone, lo que se conoce coloquialmente, como “carita de cordero degollado”, su expresión emocional en el rostro es de tristeza, se encoge de hombros y abre las palmas de las manos hacia arriba, en un gesto de “no sé qué puedo decir más”.

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A continuación, entra en un tartamudeo incesante del que le cuesta trabajo salir y reponerse para acabar con el rostro y gesto representado en el segundo fotograma, fiel reflejo de la emoción de “vergüenza”, una profunda sensación de sofoco que no puede reprimir; para él debe ser deshonroso no poder aprovechar el momento habiendo dado una respuesta estrella, un título de Kant que hubiera deslumbrado a su audiencia.

Normalmente Rivera mantiene siempre una mirada directa hacia el entrevistador o público y es difícil descubrir algún vistazo descendente propio del temor o la vergüenza, pero en esta situación no puede evitar caer en este bochorno y éste se filtra irremediablemente, en su cara, gestos y fisiología.

Incluso podemos observar dos indicadores más que lo refuerzan: en ese instante se humedece profusamente con la lengua los labios, señal que denota la sequedad de boca que sufre en ese momento, una reacción fisiológica en respuesta a un estado de nervios, tensión y estrés que sucede porque nuestro sistema nervioso prepara a nuestro organismo para enfrentarse a una posible agresión y la conducta asociada es la “huida”. O sea, se siente atacado y agraviado, si en ese momento le ofrecen un deseo a Rivera sería el de desaparecer.

Por último nos encontramos con ese gesto que “hace como que escribe en un papel” sin escribir absolutamente nada, esta acción la usa como vía de escape, para no enfrentarse a los cientos de personas que tiene delante y ocultar su vulnerabilidad ante la situación.

Fue un verdadero mal rato para Albert Rivera.

Albert Rivera frente a Pablo Iglesias, ¿qué es lo que no nos dijeron con palabras?

Los políticos Albert Rivera y Pablo Iglesias durante el acto " España a debate " en Madrid 27/11/2015

Los políticos Albert Rivera y Pablo Iglesias durante el acto ‘España a debate’ en Madrid (GTRES).

Es indudable, los cara a cara entre Rivera e Iglesias son foco de interés y análisis para el público, examinamos con lupa todo lo que dicen y hacen para estar seguros de que “los nuevos” merecen nuestra confianza y una oportunidad para el cambio, pero en base a la comunicación: ¿quién domina y por qué lo hace en términos de comunicación no verbal?

Ambos tienen una forma muy diferente, yo diría que más bien opuesta, de afrontar un debate y esta cuestión se produce por la personalidad que tiene cada uno.

Albert Rivera se caracteriza por no dejarse llevar por las emociones, por mantenerse frío en sus ideas y actitud. Su ritmo y velocidad en el habla son rápidas, muy rápidas, y esto juega a su favor puesto que la sensación que causa en el foro es de que “él sí que sabe”.

En general, tiene carencias en la parte de escucha y de pausa en su corriente de pensamiento para poder mantener una conversación sosegada. Su comunicación resulta “agresiva” en el sentido de que no suele filtrar, dice lo que se le pasa por la mente, es demasiado directo en la expresión de sus opiniones, y posee una impulsividad bastante alta, no desaprovecha cualquier oportunidad para interrumpir sin piedad si esa interrupción aniquila al discurso de su adversario. Se impacienta constantemente por decir lo que le viene a la cabeza, aspecto muy observable en su lenguaje corporal mostrando continuamente gestos automanipuladores, es decir, se toca así mismo, se frota las manos, se toca el pelo, se rasca las manos, se retuerce los dedos, etc. Hay una muestra muy destacable de ello en este vídeo.

Todo lo contrario nos encontramos en Pablo Iglesias, una persona emocional que se deja llevar por sus estados de ánimo, esto a veces le hace transmitir inestabilidad y perder el control de lo que realmente quiere decir, sin pensar en que puede quedar mal o se puede malinterpretar.

Iglesias necesita más tiempo para expresar sus ideas correctamente, su velocidad es mucho más lenta y le cuesta trabajo seguir el compás frenético que marca Rivera, dando la sensación de sumisión y docilidad ante éste y otros adversarios de similar calibre.

Podemos concluir que la personalidad de Rivera sea la responsable de que éste siempre logre dominar y manejar a su antojo los debates, nunca pierde la calma y mantiene todo bajo control.

Bueno… ¿Nunca?. Las situaciones comprometidas ocurren para todo ser viviente, como se pudo ver cuando le preguntaron por Kant y como analizaremos en el siguiente post.

Bienvenidos al blog en el que aprender del “más allá” (más allá de las palabras de nuestros políticos)

¿Qué es eso del comportamiento no verbal? Nos referimos con ello al conjunto de conductas no expresadas a través del canal oral que un ser humano puede llevar cabo en diferentes situaciones de su vida diaria. Entenderlo y analizarlo en profundidad será de gran importancia en multitud de entornos, y cómo no, en la política, ya que a través de este análisis podremos deducir los verdaderos estados emocionales y racionales de los principales líderes de nuestro panorama político.

Sabemos que un gesto, la apariencia, una mirada o un simple apretón de manos pueden dar lugar a un aluvión de críticas o causar una buena impresión en los demás. Pero no sabemos el porqué de esta sensación, ni siquiera podemos ponerle nombre aunque todos somos capaces de percibir lo que es coherente o lo que nos chirría al escuchar a alguien. Y utilizamos estas pautas continuamente con nuestros políticos, a los que examinamos a conciencia para intentar averiguar la credibilidad o no que tienen.

En los análisis que haré en este blog pondré nombre al motivo de esas buenas o malas sensaciones que percibimos como espectadores ante las luchas de poder, buscaremos las claves que nos indiquen las verdaderas intenciones, creencias, prejuicios e incluso, la personalidad que tienen nuestros representantes políticos y sobre todo, trataremos del “más allá”: del más allá de las palabras, de los gestos, de lo que quieren que creamos a través de su retórica y cuidada palabrería. Nuestra lupa será incesante en la búsqueda de la verdad.

Advertencia: conocer los entresijos del comportamiento no verbal y el engaño marcará un antes y un después en tu vida… ¿te atreves?

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* Las fotos de Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pedro Sánchez son de Jorge París (20minutos), la de Mariano Rajoy es de Francisco Seco (GTRES).