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Un homenaje a la estética hortera y caótica de GeoCities

Captura de la web 'Cameron's World', que recupera la estética de las páginas personales de GeoCities - Cameron Askin

Captura de la web ‘Cameron’s World’, que recupera la estética de las páginas personales de GeoCities – Cameron Askin

Había páginas especializadas —educativas, divulgativas, informativas…—, pero GeoCities era conocida desde el principio por su cara más amateur. Aquellos que llevaban ya unos años usando Internet solían tacharlo de subproducto y se resistían a tomárselo en serio. Aquel servicio gratuito de alojamiento web nació en 1994 y muchos usuarios abrían en él su primera página personal, forrada de imágenes escogidas de aquí de allá, como haría un adolescente con las paredes de su cuarto.

Escenarios de fondos lisérgicos, gifs animados con toques New Age, mensajes escritos con la fuente Times New Roman, combinaciones irritantes de colores y abundancia de ventanas y subventanas que marean al visitante… Quien haya navegado por la Red antes del 2009 se ha encontrado alguna vez con esos despropósitos visuales, GeoCities era sólo la plataforma de aquel chapurreo de diseño con que había que lidiar a menudo en la World Wide Web.

El diseñador neozelandés residente en Berlín Cameron Askin fabrica una cápsula del tiempo con Cameron’s World (El mundo de Cameron), un proyecto que define como “una web collage” de textos e imágenes sacados de las catacumbas virtuales, en particular de páginas alojadas en GeoCities, el servicio estadounidense que fue en 1997 el cuarto sitio web más visitado y ahora es una leyenda de aquellos primeros tiempos.

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2,6 millones de imágenes libres de derechos de entre 1500 y 1922

Nativo de las islas Fiji con elefantiasis en el escroto, 1898

Nativo de las islas Fiji con elefantiasis en el escroto, 1898

"Trampa de ratones". Ilustración de un libro de 1911 de cuentos sobre gatos

“Trampa de ratones”. Ilustración de un libro de 1911 de cuentos sobre gatos

Pareje de guardias civiles que ilustran el libro "Wild Spain",  1893

Pareja de guardias civiles que ilustran el libro “Wild Spain”, 1893

Postura de exploración ginecológica en un manual médico de 1907

Postura de exploración ginecológica en un manual médico de 1907

Cuatro ilustraciones de temas dispares [estos son los vínculos a las imágenes originales: hombre con el escroto descomunal por una malformación, gato disfrazado —la moda, ya ven, es preinternet—, una pareja de guardias civiles españoles en un dibujo de finales del XIX y una agresiva postura de examen ginecológico a comienzos del XX]…

El listado podría extenderse hasta lo casi inabarcable. Hablamos de un banco de 2,6 millones de imágenes, todas ellas libres de derechos. Pueden ser bajadas y utilizadas con absoluta discrecionalidad y sin temor: son públicas. Cuando el proyecto de digitalización concluya, el volumen de piezas se elevará a 12 millones.

La colección ha comenzado a ser alojada en el Internet Archive Book of Images, una cuenta de libre acceso de Flickr. Son ilustraciones —fotografías, grabados, dibujos, anuncios publicitarios, pinturas…— que aparecieron en libros, revistas y periódicos editados durante cinco siglos, de 1500 a 1922. Han sido digitalizadas por Kalev H. Leetaru, un empleado de Yahoo —grupo propietario de Flickr— destinado como docente e investigador en la Universidad de Georgetwon (EE UU).

Leetaru explica en una entrevista con la BBC que desarrolló un software para que durante el proceso de digitalización las imágenes tomaran automáticamente de la publicación de la que proceden las etiquetas (tags) pertinentes relacionadas con el tema, lugar, año, disciplina, tipo de formato, etc.

El programa, que es de código abierto y será cedido gratuitamente a todas las bibliotecas que lo necesiten, está basado en el sistema de reconocimiento óptico de caracteres del gran patrocinador del proyecto, el Internet Archive, esa fascinante organización sin ánimo de lucro que ha sido llamada con justicia la Biblioteca de Alejandría del siglo XXI porque está trabajando en la creación de un archivo en línea que garantice el acceso discrecional a toda la memoria de la red —ahora almacena información equivalente a 10.000 millones de libros—.

La novedad del Internet Archive Book of Images, como explica Leetaru, es que “invierte la tendencia” de digitalización de las bibliotecas, que se han centrado en convertir los libros en archivos PDF o, como mucho, en ficheros de texto, pero “se han olvidado de las imágenes”, a las cuales la nueva base de datos da el carácter protagonista.

Esta página interior del proyecto permite la búsqueda directa por etiquetas o términos en la cuenta del banco de imágenes y sin que el rastreo se extienda a todo Flickr. La palabra Spain, por ejemplo, conduce a estos miles de resultados. Tomemos una imagen:

"Dance and guitar", 1893

“Dance and guitar”, 1893

La foto  aparece compañada de una descripción completa del libro del que procede, una amplia leyenda sobre la imagen misma —formada por las 500 palabras anteriores y las otras tantas posteriores que la rodean en la obra impresa—. Para quienes busquen profundizar, un vínculo externo conduce a la edición digitalizada del libro en el Internet Archive. En el caso de la escena de arriba, se trata de Wild Spain… records of sport with rifle, rod, and gun, natural history and exploration, una crónica de viajes editada en 1893 por un par de aquellos ingleses que en el siglo XIX curioseaban fsacinados por la lejanía ibérica.

Cada día el archivo digitaliza un millar de publicaciones y todas las imágenes que contienen pasan a engrosar la pasmosa colección, una especie de proyección de diapositivas que permite navegar, ejercer la curiosidad y perderse en la pasmosa belleza de un pasado sin copyright, que, como debe ser, es propiedad de todos.

Ánxel Grove

Collar para lesiones cervicales. Del "St. Louis courier of medicine" (1899)

Collar para lesiones cervicales. Del “St. Louis courier of medicine” (1899)

Ilustración sobre un método de tortura del libro "The New York Tombs; its secrets and its mysteries. Being a history of noted criminals, with narratives of their crimes" (1874)

Ilustración sobre un método de tortura del libro “The New York Tombs; its secrets and its mysteries. Being a history of noted criminals, with narratives of their crimes” (1874)

Foto del libro sobre criminología "Education, personality & crime ; a practical treatise built up on scientific details, dealing with difficult social problems" (1908)

Foto del libro sobre criminología “Education, personality & crime ; a practical treatise built up on scientific details, dealing with difficult social problems” (1908)

Niño detenido por practicar la piratería. De "The criminal classes, causes and cures" (1903)

Niño detenido por practicar la piratería. De “The criminal classes, causes and cures” (1903)

Un fallo de Flickr dejó al aire fotos privadas durante 20 días

Correo de Brett Wayn

Correo de Brett Wayn

Acabo de recibir un correo de uno de los vicepresidentes de Flickr. El señor Brett Wayn, a quien no tengo el gusto y, estoy seguro, le importo un carajo, me comunica mediante el mail interno de la veterana comunidad fotográfica del grupo Yahoo que mis fotos marcadas como privadas estuvieron a la vista de cualquier internauta entre el 18 de enero y el 7 de febrero.

Como siempre que los amos del 2.0 cometen un desliz la culpa es achacada al culpable más fácil —por inasible—: un “software bug” (fallo de programa informático).

El asunto tiene tela. Flickr, un servicio con 51 millones de usuarios registrados, 80 millones de visitantes únicos y más de 6.000 millones de fotos alojadas (una cifra importante pese a estar muy lejos de los 100.000 millones de imágenes, de otra calaña, es verdad, que almacena Facebook), me cobra una cuota anual (barata, menos de 25 dólares, pero con plena validez jurídica como contrato de servicios y obligaciones) a cambio de la cual me permite guardar fotos sin límite de espacio virtual. Ese es el uso prioritario que me interesa: un cajón donde depositar las imágenes con determinadas claves que le vienen bien a mi mala memoria —fecha, geotag, motivo…—.

El 'organizr' de mi cuenta

El ‘organizr’ de mi cuenta

En estos momentos tengo en mi cuenta, que abrí en diciembre de 2004, antes de que Flickr fuese comprada por Yahoo en uno de los grandes pelotazos de la era de Internet, 5.038 fotografías, pero solamente 28 son públicas. No me interesa que las demás estén al aire. El fallo de la compañía ha puesto mis 5.010 fotos marcadas como privadas en circulación, durante veinte días, en el cotilla y curioso hasta la grosería mundo de la red. Desde luego, las imágenes también han entrado en los rastreos de los motores de búsqueda, como el señor Wayn me comunica en su tan educado como inútil correo.

El clamoroso descuido de la empresa hacia sus clientes —Flickr no ha informado públicamente del problema, ni tampoco ha cuantificado el número de cuentas afectadas aunque los foros internos del servicio revientan con las protestas individuales— sólo me ha dañado como cualquier incumplimiento de contrato podría hacerlo (y tengo derecho a un resarcimiento económico por un fallo en la prestación de un servicio), pero la anomalía seguramente ha tenido efectos mucho más perniciosos para aquellos usuarios que tuviesen marcadas como privadas fotos íntimas, personales, delicadas o, sencillamente, dañinas o dolorosas para terceros.

Captura del blog de Flickr

Captura del blog de Flickr

Con los nervios de punta, a los responsables de la comunidad fotográfica —ya expliqué en el blog mi impresión: Flickr se ha verbenizado y convertido en un inmenso gimnasio para ejercer la egolatría y no la fotografía— no se les ocurrió otra cosa en plena crisis que marcar como privadas todas las fotos de las cuentas afectadas. Con el movimiento espasmódico convirtieron el garajal en garajal y medio: los enlaces en blogs o webs a fotos que antes eran públicas se rompieron para convertirse en caminos hacia el oops, foto no disponible.

“Estamos profundamente apenados porque esto haya ocurrido. Como ávido usuario de Flickr, estoy personalmente comprometido en asegurar que sus recuerdos están seguros. Nuestro equipo ha trabajado duro para ganar su confianza y nos lo tomamos muy en serio. Hemos puesto en marcha una serie de medidas adicionales para evitar que esto vuelva a suceder”, me dice Wyan.

Señor Wyan, no le creo. Me parece que le sigo importando un carajo.

Ánxel Grove

Flickr cambia de interfaz y se ‘verbeniza’

Logotipo de Flickr

Logotipo de Flickr

Contraté mi primera cuenta en Flickr en diciembre de 2004, cuando la compañía, fundada unos meses antes, todavía pertenecía a Ludicorp, la modesta empresa que habían montado en Vancouver (Canadá) Stewart Butterfield y Caterina Fake, que entonces estaban casados.

Sigo teniendo la cuenta activa. Almacena casi 5.000 fotos (más de la mitad no son visibles para los visitantes, no me parece que tengan el mínimo interés que les reclamo para ser mostradas). Mi stream ha recibido medio millón de visitas.

Ha habido muchos avatares en estos ocho años. Algunos han sido buenos sin discusión alguna: he aprendido algo sobre fotografía gracias a la práctica y al feedback con otros flickeros; he conocido en persona a algunos de mis 1.700 contactos (174 catalogados como amigos); me han motivado la determinación, el carácter y la inspiración de otros e incluso logré que una agencia me comprara una foto para una campaña publicitaria, lo cual, siendo un amateur y no anunciando que mis imágenes están en venta, es casi milagroso.

Protesta contra la censura en Flickr

Protesta contra la censura en Flickr

Otras no han sido tan agradables: en 2007 muchos usuarios de Flickr protestamos contra la censura que admitía la empresa en China, Singapur, Hong Kong, Corea y Alemania -en estos dos últimos casos, por leyes nacionales relacionadas con protección de menores, en el resto, por mero control político-. Algunos amenazamos con largarnos a otros hospedajes fotográficos, pero lo cierto es que no lo hicimos.

En 2009, fecha a la que corresponde la foto de la izquierda, la protesta fue contra la amenaza de cierre del stream de la gran fotógrafa Tina Kazakhishvili, porque los jerarcas de Flickr que ejercen el filtrado de imágenes consideraban que su obra era demasiado explícita (simples desnudos artísticos y en contadas ocasiones). Unos cuantos montamos un debate público en los foros y logramos el mantenimiento de la cuenta.

Finalmente, un tercer grupo de peripecias han sido francamente decepcionantes. Cuando Flickr fue comprado por Yahoo, en marzo de 2005 y por 35 millones de dólares, unos 26,4 millones de dólares al cambio de hoy, temí, como tantos otros, que la operación acabase con el espíritu original de la web (“ayudar a la gente a dar a conocer sus fotos a otras personas a quienes les interesen”), que se integraba en un grupo demasiado complejo para preocuparse por la fotografía como tal.

En estos momentos, con unos 40 millones de usuarios de pago y 6.000 millones de imágenes almacenadas, Flickr es demasiado grande como lugar de encuentro para compartir el placer o la afición por la fotografía. Cada vez se parece más a una red social al uso -con los peligros derivados: compadreo, endogamia, control, etiquetado y dirigismo- y menos a una web de fotografía.

El tráfico de visitantes ha decaído en los últimos años en Flickr. Mientras la subida de fotos a Facebook está en rápido ascenso, en Flickr ha bajado un 18 por ciento desde 2009. El año pasado se llegó a publicar que Yahoo estaba dispuesto a sacar al mercado a su filial fotográfica y escuchar ofertas de compra pese a que Flickr cerró el ejercicio con beneficios de 50 millones de dólares (37,7 millones de euros) solamente en ingresos por las cuentas Pro, que son realmente competitivas en tarifas: 24,95 dólares al año, unos 18,8 euros, con almacenamiento ilimitado de fotos.

Captura de pantalla del nuevo aspecto de Flickr

Captura de pantalla del nuevo aspecto de Flickr

Desde el día 28, el martes que viene, Flickr cambia de interfaz: las fotos aparecerán en la home de cada usuario con menos espacio entre una y otra y revelarán datos (día de publicación, etiquetas, localización, Efix…) a medida que el ratón circula sobre cada una. También estrenarán una nueva herramienta para subir fotos.

El nuevo diseño, que ha sido anunciado con cierta cautela (una entrevista aquí, otra alla) por el nuevo chico-maravilla de Flickr, Markus Spiering, jefe de producto de la empresa, trata de imitar sospechosamente al de Pinterest, la nueva sensación en las redes sociales en los EE UU, con 12 millones de usuarios únicos al mes, más que la suma de YouTube, Reddit, Google+, LinkedIn y MySpace (el crecimiento más rápido en tráfico en toda la historia de Internet).

A la nueva fiebre se ha apuntado la madre de Flickr, Caterina Fake, que está detrás de Pinwheel. ¿De qué se trata? Si Pinterest permite colgar imágenes en categorías en una especie de tablero (pin+interest, enganchar tus intereses), Pinwheel también permite geolocalizaciones. Ambos servicios todavía son por invitación.

¿Qué busca Flickr cambiando de cara y adoptando la de los recién llegados? La idea es dejar de lado la interfaz que estrenó en 2010 y que ya se considera old school -en Internet todo pasa de moderno a vintage entre un estornudo y el siguiente– y sustituirla por un modelo drag and drop (arratra y suelta) que quizá sea muy ágil para el comercio electrónico (llenar una e-cesta de productos a golpe de mouse) o las redes sociales más exhibicionistas (“éste es el gadget que me gusta”), pero al que no encuentro sentido cuando se trata de fotografía.

Captura de pantalla del nuevo 'uploader' de Flickr

Captura de pantalla del nuevo 'uploader' de Flickr

Hace más de dos años cerré los comentarios en mi cuenta de Flickr. Estaba cansado de la infantil carrera de ratas de conseguir adjetivos que de tan sobados olían a lixiviados (“stunning”, “awesone”, “massive”, “art”…) y de la loa de los prosélitos. Creo en las fotos como necesidad, no como acto social.

Este nueva perversión lleva a Flickr a un terreno que no deseo pisar (entre otras cosas, porque ya lo piso con otras redes sociales) y deja el interés por la fotografía muy al fondo del plano y en absoluto desenfoque.

Me costará irme (las cadenas viejas son las que más aprietan) y tardaré unos meses en bajar mis 5.000 imágenes y ordenarlas por fechas -una de las funciones para las que utilizo Flickr es como directorio cronológico para localizar negativos-, pero la historia se ha acabado.

Les consentí que fuesen cómplices de la censura, pero no voy a tragar que la ceremonia privada de la fotografía se convierta en verbena.

Ánxel Grove